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 Editorial
Queridos amigos y amigas,
Les presento la edición especial de Oración y servicio dedicada a los comentarios de
las intenciones del Papa. Los temas propuestos por el Santo Padre mes a mes son de gran
actualidad e importancia. Muchos de ellos nos hablan de graves situaciones de
injusticia o sufrimiento para tantos hermanos y hermanas nuestros. Mediante nuestra
generosa y fiel oración por estas intenciones, unida a la ofrenda de nuestra vida,
mostramos la magnífica vocación misionera y de apertura al mundo del Apostolado de la
Oración. La oración de los Apóstoles de la Oración es, como su nombre indica, antes
que nada una oración apostólica. La ofrenda cotidiana convierte nuestra misma vida en
el contenido y en el campo de la acción apostólica. Declaramos cada mañana que todo lo
queremos hacer por Dios, con Dios y al modo de Dios. Ofrecemos nuestros trabajos,
sacrificios y oraciones en solidaridad con el sufrimiento de las personas y con la
problemática de las situaciones a las que se refieren estas intenciones. De esta
manera no sólo ayudamos a otros, con verdadera oración de intercesión, sino que también
nos ayudamos a nosotros mismos al ensanchar el corazón y abrir la mente más allá de
nuestras preocupaciones habituales. Nos hacemos universales, uniendo nuestras vidas
y nuestra oración a las necesidades del mundo. Agradecemos entonces al Santo Padre
que, una vez más, nos invita a vivir toda nuestra vida cristiana como misión, en el
corazón de la gran misión de la Iglesia.
P. Claudio Barriga, S.J.
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INTENCION GENERAL
Para que los jóvenes sepan utilizar los medios modernos de
comunicación social para su crecimiento personal y para prepararse
mejor para servir a la sociedad.
Ante la proximidad de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, me es grato dirigirme a
vosotros para exponeros algunas de mis reflexiones sobre el tema elegido este año: Nuevas tecnologías,
nuevas relaciones. Promover una cultura de respeto, de diálogo y amistad. En efecto, las nuevas
tecnologías digitales están provocando hondas transformaciones en los modelos de comunicación y en las
relaciones humanas. Estos cambios resaltan más aún entre los jóvenes que han crecido en estrecho
contacto con estas nuevas técnicas de comunicación y que, por tanto, se sienten a gusto en el mundo
digital, que resulta sin embargo menos familiar a muchos de nosotros, adultos, que hemos debido empezar
a entenderlo y apreciar las oportunidades que ofrece para la comunicación. En el mensaje de este año,
pienso particularmente en quienes forman parte de la llamada generación digital. Quisiera compartir con
ellos algunas ideas sobre el extraordinario potencial de las nuevas tecnologías, cuando se usan para
favorecer la comprensión y la solidaridad humana. Estas tecnologías son un verdadero don para la
humanidad y por ello debemos hacer que sus ventajas se pongan al servicio de todos los seres humanos y
de todas las comunidades, sobre todo de los más necesitados y vulnerables.
El fácil acceso a teléfonos móviles y computadoras, unido a la dimensión global y a la presencia capilar
de Internet, han multiplicado los medios para enviar instantáneamente palabras e imágenes a grandes
distancias y hasta los lugares más remotos del mundo. Esta posibilidad era impensable para las precedentes
generaciones. Los jóvenes especialmente se han dado cuenta del enorme potencial de los nuevos medios para
facilitar la conexión, la comunicación y la comprensión entre las personas y las comunidades, y los utilizan
para estar en contacto con sus amigos, para encontrar nuevas amistades, para crear comunidades y redes, para
buscar información y noticias, para compartir sus ideas y opiniones. De esta nueva cultura de comunicación
se derivan muchos beneficios: las familias pueden permanecer en contacto aunque sus miembros estén muy lejos
unos de otros; los estudiantes e investigadores tienen acceso más fácil e inmediato a documentos, fuentes y
descubrimientos científicos, y pueden así trabajar en equipo desde diversos lugares; además, la naturaleza
interactiva de los nuevos medios facilita formas más dinámicas de aprendizaje y de comunicación que contribuyen
al progreso social.
Aunque nos asombra la velocidad con que han evolucionado las nuevas tecnologías en cuanto a su
fiabilidad y eficiencia, no debería de sorprendernos su popularidad entre los usuarios, pues ésta responde
al deseo fundamental de las personas de entrar en relación unas con otras. Este anhelo de comunicación y
amistad tiene su raíz en nuestra propia naturaleza humana y no puede comprenderse adecuadamente sólo como
una respuesta a las innovaciones tecnológicas. A la luz del mensaje bíblico, ha de entenderse como reflejo
de nuestra participación en el amor comunicativo y unificador de Dios, que quiere hacer de toda la
humanidad una sola familia. Cuando sentimos la necesidad de acercarnos a otras personas, cuando deseamos
conocerlas mejor y darnos a conocer, estamos respondiendo a la llamada divina, una llamada que está grabada
en nuestra naturaleza de seres creados a imagen y semejanza de Dios, el Dios de la comunicación y de la
comunión.
El deseo de estar en contacto y el instinto de comunicación, que parecen darse por descontados en la
cultura contemporánea, son en el fondo manifestaciones modernas de la tendencia fundamental y constante
del ser humano a ir más allá de sí mismo para entrar en relación con los demás. En realidad, cuando nos
abrimos a los demás, realizamos una de nuestras más profundas aspiraciones y nos hacemos más plenamente
humanos. En efecto, amar es aquello para lo que hemos sido concebidos por el Creador. Naturalmente, no
hablo de relaciones pasajeras y superficiales; hablo del verdadero amor, que es el centro de la enseñanza
moral de Jesús: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con
todas tus fuerzas", y "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (cf. Mc 12,30-31). Con esta luz, al reflexionar
sobre el significado de las nuevas tecnologías, es importante considerar no sólo su indudable capacidad de
favorecer el contacto entre las personas, sino también la calidad de los contenidos que se deben poner en
circulación. Deseo animar a todas las personas de buena voluntad, y que trabajan en el mundo emergente de
la comunicación digital, para que se comprometan a promover una cultura de respeto, diálogo y amistad.
Por lo tanto, quienes se ocupan del sector de la producción y difusión de contenidos de los nuevos
medios, han de comprometerse a respetar la dignidad y el valor de la persona humana. Si las nuevas
tecnologías deben servir para el bien de los individuos y de la sociedad, quienes las usan deben evitar
compartir palabras e imágenes degradantes para el ser humano, y excluir por tanto lo que alimenta el odio
y la intolerancia, envilece la belleza y la intimidad de la sexualidad humana, o lo que explota a los
débiles e indefensos.
Las nuevas tecnologías han abierto también caminos para el diálogo entre personas de diversos países,
culturas y religiones. El nuevo espacio digital, llamado ciberespacio, permite encontrarse y conocer los
valores y tradiciones de otros. Sin embargo, para que esos encuentros den fruto, se requieren formas
honestas y correctas de expresión, además de una escucha atenta y respetuosa. El diálogo debe estar
basado en una búsqueda sincera y recíproca de la verdad, para potenciar el desarrollo en la comprensión
y la tolerancia. La vida no es una simple sucesión de hechos y experiencias; es más bien la búsqueda de
la verdad, del bien, de la belleza. A dichos fines se encaminan nuestras decisiones y el ejercicio de
nuestra libertad, y en ellos —la verdad, el bien y la belleza— encontramos felicidad y alegría. No hay
que dejarse engañar por quienes tan sólo van en busca de consumidores en un mercado de posibilidades
indiferenciadas, donde la elección misma se presenta como el bien, la novedad se confunde con la belleza
y la experiencia subjetiva suplanta a la verdad.
El concepto de amistad ha tenido un nuevo auge en el vocabulario de las redes sociales digitales que
han surgido en los últimos años. Este concepto es una de las más nobles conquistas de la cultura humana.
En nuestras amistades, y a través de ellas, crecemos y nos desarrollamos como seres humanos. Precisamente
por eso, siempre se ha considerado la verdadera amistad como una de las riquezas más grandes que puede
tener el ser humano. Por tanto, se ha de tener cuidado de no banalizar el concepto y la experiencia de
la amistad. Sería una pena que nuestro deseo de establecer y desarrollar las amistades on line fuera en
deterioro de nuestra disponibilidad para la familia, los vecinos y quienes encontramos en nuestra realidad
cotidiana, en el lugar de trabajo, en la escuela o en el tiempo libre. En efecto, cuando el deseo de
conexión virtual se convierte en obsesivo, la consecuencia es que la persona se aísla, interrumpiendo su
interacción social real. Esto termina por alterar también los ritmos de reposo, de silencio y de reflexión
necesarios para un sano desarrollo humano.
La amistad es un gran bien para las personas, pero se vaciaría de sentido si fuese considerado como
un fin en sí mismo. Los amigos deben sostenerse y animarse mutuamente para desarrollar sus capacidades
y talentos, y para poner éstos al servicio de la comunidad humana. En este contexto es alentador ver
surgir nuevas redes digitales que tratan de promover la solidaridad humana, la paz y la justicia, los
derechos humanos, el respeto por la vida y el bien de la creación. Estas redes pueden facilitar formas
de cooperación entre pueblos de diversos contextos geográficos y culturales, permitiéndoles profundizar
en la humanidad común y en el sentido de corresponsabilidad para el bien de todos. Pero se ha de procurar
que el mundo digital en el que se crean esas redes sea realmente accesible a todos. Sería un grave daño
para el futuro de la humanidad si los nuevos instrumentos de comunicación, que permiten compartir saber e
información de modo más veloz y eficaz, no fueran accesibles a quienes ya están social y económicamente
marginados, o si contribuyeran tan sólo a acrecentar la distancia que separa a los pobres de las nuevas
redes que se desarrollan al servicio de la información y la socialización humana.
Quisiera concluir este mensaje dirigiéndome de manera especial a los jóvenes católicos, para exhortarlos
a llevar al mundo digital el testimonio de su fe. Amigos, sentíos comprometidos a sembrar en la cultura de
este nuevo ambiente comunicativo e informativo los valores sobre los que se apoya vuestra vida. En los
primeros tiempos de la Iglesia, los Apóstoles y sus discípulos llevaron la Buena Noticia de Jesús al mundo
grecorromano. Así como entonces la evangelización, para dar fruto, tuvo necesidad de una atenta comprensión
de la cultura y de las costumbres de aquellos pueblos paganos, con el fin de tocar su mente y su corazón,
así también ahora el anuncio de Cristo en el mundo de las nuevas tecnologías requiere conocer éstas en
profundidad para usarlas después de manera adecuada. A vosotros, jóvenes, que casi espontáneamente os
sentís en sintonía con estos nuevos medios de comunicación, os corresponde de manera particular la tarea de
evangelizar este "continente digital". Haceos cargo con entusiasmo del anuncio del Evangelio a vuestros
coetáneos. Vosotros conocéis sus temores y sus esperanzas, sus entusiasmos y sus desilusiones. El don más
valioso que les podéis ofrecer es compartir con ellos la "buena noticia" de un Dios que se hizo hombre,
padeció, murió y resucitó para salvar a la humanidad. El corazón humano anhela un mundo en el que reine
el amor, donde los bienes sean compartidos, donde se edifique la unidad, donde la libertad encuentre su
propio sentido en la verdad y donde la identidad de cada uno se logre en una comunión respetuosa. La fe
puede dar respuesta a estas aspiraciones: ¡sed sus mensajeros! El Papa está junto a vosotros con su
oración y con su bendición.
Benedicto XVI
Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales
24 de enero de 2009
© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana
Ver más en:
MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI PARA LA XLI JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES - 24 de enero de 2007
PONTIFICIO CONSEJO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES LA IGLESIA E INTERNET - 22 de febrero de 2002
POPE 2 YOU
COMENTARIO PASTORAL
El moderno Internet se comenzó a desarrollar en los años 80, pero en esa década se limitó aún a círculos
restringidos. Se difundió masivamente recién en la década de los 90. Por lo tanto, el enorme impacto que
ha tenido en la sociedad y en la cultura esta red comunicacional es un fenómeno muy reciente.
Su existencia ha marcado una innegable revolución tecnológica y cultural, tanto que el Papa se refiere a
los jóvenes de hoy como “la generación digital”. El crecimiento de usuarios de internet aumentó a nivel
mundial en 300% entre 2000 y 2008. Se proyecta que el 22 % de la población mundial usará internet
regularmente al año 2011, el 76% de la población de Estados Unidos estará “conectada”, e India, China y
Brasil tendrán los más altos ritmos de crecimiento en la incorporación de nuevos usuarios. Hoy, niños y
adolescentes encabezan la cantidad de usuarios si los distribuimos por fajas etarias.
Además del popular correo electrónico, se encuentra en la red todo tipo de información, noticias,
clubes de amigos, …hasta la posibilidad de escapar a un mundo virtual con una identidad ficticia para
vivir una segunda vida, donde se puede comprar tierras, conocer gente, participar en eventos, etc.,
todos virtuales. La promoción de la industria del sexo ocupa lamentablemente cientos de miles de
páginas de internet. En algunos países, 70% de los usuarios de internet varones entre 18 y 34 años
visitan con cierta regularidad sitios pornográficos. Esto último, además de video juegos y otros
atractivos de la red, hace que sea cada vez más frecuente el desarrollo de la adicción a internet,
muchas veces como un escape a las duras exigencias de la vida real.
Atentos a discernir los peligros, los cristianos también reconocemos en las nuevas tecnologías
digitales (que incluyen también la televisión y el teléfono celular, ya más antiguos) grandes oportunidades
para hacer el bien. El Papa nos dice que responden a un deseo de conectividad y comunicación muy propio del
ser humano. Nos invita a utilizarlas para crear una cultura de respeto, de diálogo y de amistad.
Las posibilidades tecnológicas para crear redes de movilización social a favor de causas nobles son
inigualables en comparación a otras épocas de la humanidad. El Papa desafía a los jóvenes a usar estos
medios “para su crecimiento personal y para prepararse mejor para servir a la sociedad”.
Su uso discernido les ha de ayudar a ser hombres y mujeres para los demás. Tocará a esta generación digital,
sobre todo, usar con creatividad esta gran tribuna universal para que el Reino de Dios sea cada día más real
y no solo una segunda vida virtual.
Vea otras estadísticas de internet en
http://www.internetworldstats.com/stats.htm
Concluyo recomendándoles algunos sitios de oración y formación cristiana a los cuales podemos acceder
por internet:
Ver más en:
Espacio Sagrado: http://sacredspace.ie/es/
Evangelio del Día: http://www.aciprensa.com/evangelio/evangeliodiario.php
Biblia digital: http://www.biblegateway.com/
Vaticano: www.vatican.va
PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
O EN GRUPO
¿Cuáles de los “medios modernos de comunicación social” uso más y para qué?
¿Estos medios me han ayudado a estar más al servicio de la misión de Cristo y del mundo nuevo que él hace nacer? ¿Cómo?
En mi opinión, ¿qué es lo más positivo y qué lo más negativo de internet?
TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION
Qo 3,1-8 Hay un tiempo para cada cosa (Eclesiastés)
Mt 28:16-20 El anuncio de la Buena Noticia
INTENCION MISIONERA
Para que todos los creyentes en Cristo tomen conciencia de que la unidad
entre todos los cristianos constituye una condición para hacer más eficaz
el anuncio del Evangelio.
Al cardenal PÉTER ERDO
presidente del Consejo de las Conferencias episcopales de Europa
y al pastor JEAN-ARNOLD DE CLERMONT
presidente de la Conferencia de las Iglesias de Europa
Con alegría dirijo mi saludo a todos los delegados y participantes en la III Asamblea ecuménica europea, en Sibiu,
que reflexiona sobre un importante tema para la nueva evangelización de Europa: "La luz de Cristo ilumina a todos los
hombres. Esperanza de renovación y unidad en Europa", y que se ha planteado la tarea de "reconocer una nueva luz en
Cristo crucificado y resucitado para favorecer el camino de la reconciliación entre los cristianos de Europa".
Os saludo a cada uno y, a través de vosotros, al Consejo de las Conferencias episcopales de Europa y a la
Conferencia de las Iglesias de Europa. Miro este importante encuentro con la viva esperanza de que impulse el camino
ecuménico hacia el restablecimiento de la unidad plena y visible de todos los cristianos. En efecto, esta es una
prioridad pastoral que he querido subrayar desde el inicio de mi pontificado. El compromiso en la búsqueda de la
unidad visible de todos los cristianos es esencial para que la luz de Cristo pueda resplandecer sobre todos los hombres.
Como afirmó mi venerado predecesor el Papa Juan Pablo II, con el concilio Vaticano II «la Iglesia católica se ha
comprometido de modo irreversible a recorrer el camino de la acción ecuménica, poniéndose a la escucha del Espíritu
del Señor, que enseña a leer atentamente los "signos de los tiempos"» (Ut unum sint, 3). "Creer en Cristo significa
querer la unidad; querer la unidad significa querer a la Iglesia" (ib., 9). Consciente de ello, la Iglesia católica
seguirá con confianza por el camino de la comunión y de la unidad de los cristianos, un camino ciertamente difícil,
pero lleno de alegría (cf. ib., 2).
¡Cuántos "signos de los tiempos" nos han sostenido y animado a proseguir por este camino durante los decenios y
durante las precedentes Asambleas ecuménicas europeas de Basilea (1989) y Graz (1997), hasta la firma de la Charta
oecumenica de Estrasburgo en 2001!
También los numerosos encuentros y celebraciones ecuménicas, juntamente con el trabajo paciente del diálogo
teológico a nivel local e internacional, nos han ofrecido signos alentadores y nos han hecho "tomar una conciencia
más viva de la Iglesia como misterio de unidad" (Novo millennio ineunte, 48). El verdadero diálogo se entabla donde
no sólo existe la palabra sino también la escucha, y donde en la escucha tiene lugar el encuentro; en el encuentro,
la relación; y en la relación, la comprensión, entendida como profundización y transformación de nuestro ser cristiano.
Por consiguiente, el diálogo no atañe sólo al campo del saber y de lo que somos capaces de hacer. Más bien, hace
hablar a la persona creyente, más aún, al Señor mismo en medio de nosotros.
Hay dos elementos que deben orientarnos en nuestro compromiso: el diálogo en la verdad y el encuentro en el signo
de la fraternidad. Ambos necesitan el ecumenismo espiritual como fundamento. El concilio Vaticano II ya había
constatado: "Esta conversión del corazón y esta santidad de vida, junto con las oraciones públicas y privadas por
la unidad de los cristianos, deben considerarse el alma de todo el movimiento ecuménico" (Unitatis redintegratio, 8).
La oración por la unidad representa el camino real hacia el ecumenismo. Permite a los cristianos de Europa mirar
de forma nueva a Cristo y la unidad de su Iglesia. Además, nos hace capaces de afrontar con valentía tanto los
recuerdos dolorosos, de los que no está exenta la historia europea, como los problemas sociales en la era del
relativismo hoy ampliamente predominante. En todas las épocas, hombres y mujeres de oración, entre los que se cuentan
los numerosos testigos de la fe de todas las confesiones, han sido los principales constructores de reconciliación y
de unidad. Han impulsado a los cristianos divididos a buscar el camino de la reconciliación y de la unidad
Los cristianos debemos ser conscientes de la tarea que se nos ha encomendado, que consiste en llevar a Europa y
al mundo la voz de Aquel que dijo: "Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que
tendrá la luz de la vida" (Jn 8, 12). Tenemos la misión de hacer que resplandezca la luz de Cristo ante los hombres
y las mujeres de hoy: no nuestra luz, sino la de Cristo. Pidamos, pues, a Dios la unidad y la paz para los europeos
y mostrémonos dispuestos a contribuir a un verdadero progreso de la sociedad en Europa, tanto en el este como en el
oeste. Estoy convencido de que el encuentro de Sibiu ofrecerá sugerencias valiosas para proseguir e intensificar la
vocación específica de Europa, sugerencias que luego deben ayudar a construir un futuro mejor para su población.
Deseo que la III Asamblea ecuménica europea de Sibiu logre crear espacios de encuentro para la unidad en la
legítima diversidad. En un clima de confianza recíproca y con la certeza de que nuestras raíces comunes son mucho
más profundas que nuestras divisiones, será posible evitar una falsa autosuficiencia y superar las divergencias,
experimentando espiritualmente el fundamento común de nuestra fe. Europa necesita lugares de encuentro y experiencias
de unidad en la fe guiadas por el Espíritu. Pido a Dios que, mediante su Espíritu, haga que vuestra Asamblea de Sibiu
sea uno de esos lugares.
Que la luz de Cristo ilumine el camino del continente europeo. El Señor bendiga a vuestras familias, a las
comunidades, a las Iglesias y a todos los que, en las diversas regiones de Europa, se declaran discípulos de Cristo.
Benedicto XVI
Carta a los participantes en la tercera Asamblea Ecuménica Europea
organizada por el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa
y por la Conferencia de las Iglesias de Europa
20 de agosto de 2007
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
COMENTARIO PASTORAL
“Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica” rezamos en el Credo cada domingo. La unidad de la
Iglesia es una de sus notas características. Cuando mostramos entre los cristianos divisiones y peleas, levantamos
un verdadero obstáculo para la eficacia del anuncio del Evangelio. La intención misionera de este mes constituye
un llamado más del Santo Padre a orar y trabajar por la necesaria unidad entre los cristianos.
No podemos banalizar la gravedad de esta situación objetiva de división. Ha habido avances que nos alientan,
como lo acordado con los ortodoxos en 1997 sobre El Primado del Obispo de Roma y la Declaración Conjunta sobre la
Doctrina de la Justificación con los luteranos en 1999. Podemos agradecer que en estas últimas cuatro décadas
hemos recuperado la fraternidad entre las distintas iglesias cristianas.
Pero hay aún un largo camino por recorrer para alcanzar el deseo de Nuestro Señor expresado en Jn 17,20-23:
Que sean uno. Será arduo para muchos creer “en” Cristo si con nuestros hechos les hacemos difícil creer “a” Cristo.
Nos pidió permanecer unidos a él y unidos entre nosotros. El mundo no creerá que Él es el enviado del Padre y que
el Padre ama a todos tanto como a Él, si sus discípulos contradecimos esto. Aún nos estremecen las palabras dichas
por Mahatma Ghandi: “si los Cristianos vivieran según el mensaje que proclaman, yo sería Cristiano”.
La unidad visible de la Iglesia es la que debe mostrar su identidad de ser “en Cristo como un sacramento, es
decir signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG 1, en el Vaticano II).
¿Cómo ser signo e instrumento de unidad, si no nos queremos? En el Decreto de Ecumenismo del mismo Concilio (1a) dice:
“promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los principales propósitos del Concilio
ecuménico Vaticano II”.
Nuestro empeño ecuménico exigirá que trabajemos con enorme honestidad y desde la clara afirmación de nuestra
identidad, pero alentados por la certeza que es mucho más lo que nos une que lo que nos divide. La Iglesia crecerá no
por proselitismo sino por atracción, como Cristo atrae todo a sí con la fuerza de su amor. La Iglesia atrae cuando vive
en comunión, pues los discípulos de Jesús serán reconocidos si se aman los unos a los otros como Él nos amó
Rm 12,4-13; Jn 13,14).)
Vea más en:
Unitatis Redintegratio, n.3;
Orientalium Ecclesiarum, n. 26;
Lumen Gentium n.8;
Ut unum sint, n. 58.
ÁNGELUS: Fiesta de la Conversión de San Pablo - 25 de enero de 2009
ADDRESS OF HIS HOLINESS BENEDICT XVI ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LA COMISIÓN MIXTA INTERNACIONAL
PARA EL DIÁLOGO ENTRE CATÓLICOS Y ORTODOXOS - 30 de enero de 2009
ALOCUCIÓN DEL PAPA BENEDICTO XVI
A UNA DELEGACIÓN ECUMÉNICA DE FINLANDIA - 19 de enero de 2009
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INTENCION GENERAL
Por todos los científicos y las personas de la cultura, para que por medio
de la sincera búsqueda de la verdad puedan llegar al conocimiento del
único Dios verdadero.
[...]
A diez años de distancia, una mirada atenta a la encíclica Fides et ratio permite percibir con
admiración su actualidad perdurable: en ella se revela la clarividente profundidad de mi
inolvidable predecesor. En efecto, la encíclica se caracteriza por su gran apertura con respecto
a la razón, sobre todo en una época en la que se ha teorizado la debilidad de la razón. Juan Pablo
ii subraya en cambio la importancia de conjugar la fe y la razón en su relación recíproca, aunque
respetando la esfera de autonomía propia de cada una.
La Iglesia, con este magisterio, se ha hecho intérprete de una exigencia emergente en el contexto
cultural actual. Ha querido defender la fuerza de la razón y su capacidad de alcanzar la verdad,
presentando una vez más la fe como una forma peculiar de conocimiento, gracias a la cual nos abrimos
a la verdad de la Revelación (cf. Fides et ratio, 13). En la encíclica se lee que hay que tener
confianza en la capacidad de la razón humana y no prefijarse metas demasiado modestas: "La fe
mueve a la razón a salir de todo aislamiento y a apostar de buen grado por lo que es bello, bueno
y verdadero. Así, la fe se hace abogada convencida y convincente de la razón" (n. 56).
Por lo demás, el paso del tiempo manifiesta cuántos objetivos ha sabido alcanzar la razón,
movida por la pasión por la verdad. ¿Quién podría negar la contribución que los grandes sistemas
filosóficos han dado al desarrollo de la autoconciencia del hombre y al progreso de las diversas
culturas? Estas, por otra parte, se hacen fecundas cuando se abren a la verdad, permitiendo a
cuantos participan en ellas alcanzar objetivos que hacen cada vez más humana la convivencia social.
La búsqueda de la verdad da sus frutos sobre todo cuando está sostenida por el amor a la verdad.
San Agustín escribió: "Lo que se posee con la mente se tiene conociéndolo, pero ningún bien se
conoce perfectamente si no se ama perfectamente" (De diversis quaestionibus 35, 2).
Con todo, no podemos ignorar que se ha verificado un deslizamiento desde un pensamiento
preferentemente especulativo a uno más experimental. La investigación se ha orientado sobre todo a
la observación de la naturaleza tratando de descubrir sus secretos. El deseo de conocer la naturaleza
se ha transformado después en la voluntad de reproducirla. Este cambio no ha sido indoloro:
la evolución de los conceptos ha menoscabado la relación entre la fides y la ratio con la
consecuencia de llevar a una y a otra a seguir caminos distintos. La conquista científica y
tecnológica, con que la fides es cada vez más provocada a confrontarse, ha modificado el antiguo
concepto de ratio; de algún modo, ha marginado a la razón que buscaba la verdad última de las
cosas para dar lugar a una razón satisfecha con descubrir la verdad contingente de las leyes de la
naturaleza.
La investigación científica tiene ciertamente su valor positivo. El descubrimiento y el incremento
de las ciencias matemáticas, físicas, químicas y de las aplicadas son fruto de la razón y expresan la
inteligencia con que el hombre consigue penetrar en las profundidades de la creación. La fe, por su
parte, no teme el progreso de la ciencia y el desarrollo al que conducen sus conquistas, cuando estas
tienen como fin al hombre, su bienestar y el progreso de toda la humanidad. Como recordaba el
desconocido autor de la Carta a Diogneto: "Lo que mata no es el árbol de la ciencia, sino la
desobediencia. No se tiene vida sin ciencia, ni ciencia segura sin vida verdadera" (XII, 2.4).
Sucede, sin embargo, que no siempre los científicos dirigen sus investigaciones a estos fines.
La ganancia fácil, o peor aún, la arrogancia de sustituir al Creador desempeñan, a veces, un papel
determinante. Esta es una forma de hybris de la razón, que puede asumir características peligrosas
para la propia humanidad. La ciencia, por otra parte, no es capaz de elaborar principios éticos;
puede sólo acogerlos en sí y reconocerlos como necesarios para erradicar sus eventuales patologías.
En este contexto, la filosofía y la teología son ayudas indispensables con las que es preciso
confrontarse para evitar que la ciencia avance sola por un sendero tortuoso, lleno de imprevistos y no
privado de riesgos. Esto no significa en absoluto limitar la investigación científica o impedir a la
técnica producir instrumentos de desarrollo; consiste, más bien, en mantener vigilante el sentido de
responsabilidad que la razón y la fe poseen frente a la ciencia, para que permanezca en su estela de
servicio al hombre.
La lección de san Agustín está siempre llena de significado, también en el contexto actual:
"¿A qué llega —se pregunta el santo obispo de Hipona— quien sabe usar bien la razón, sino a la verdad?
No es la verdad la que se alcanza a sí misma con el razonamiento, sino que a ella la buscan quienes
usan la razón. (...) Confiesa que no eres tú la verdad, porque ella no se busca a sí misma; en cambio,
tú no has llegado a ella pasando de un lugar a otro, sino buscándola con la disposición de la mente"
(De vera religione, 39, 72). Equivale a decir: venga de donde venga la búsqueda de la verdad,
permanece como dato que se ofrece y que puede ser reconocido ya presente en la naturaleza. De hecho,
la inteligibilidad de la creación no es fruto del esfuerzo del científico, sino condición que se le
ofrece para permitirle descubrir la verdad presente en ella. "El razonamiento no crea estas verdades
—continúa san Agustín en su reflexión— sino que las descubre. Por tanto, estas subsisten en sí antes
incluso de ser descubiertas, y una vez descubiertas nos renuevan" (ib., 39, 73). En síntesis, la razón
debe cumplir plenamente su recorrido, con su plena autonomía y su rica tradición de pensamiento.
La razón, por otro lado, siente y descubre que, más allá de lo que ya ha alcanzado y conquistado,
existe una verdad que nunca podrá descubrir partiendo de sí misma, sino sólo recibir como don gratuito.
La verdad de la Revelación no se sobrepone a la alcanzada por la razón; más bien purifica la razón y
la exalta, permitiéndole así dilatar sus propios espacios para insertarse en un campo de investigación
insondable como el misterio mismo. La verdad revelada, en la "plenitud de los tiempos" (Ga 4,4),
tomó el rostro de una persona, Jesús de Nazaret, que trae la respuesta última y definitiva a la
pregunta de sentido de todo hombre. La verdad de Cristo, en cuanto toca a cada persona que busca la
alegría, la felicidad y el sentido, supera ampliamente cualquier otra verdad que la razón pueda
encontrar. Por tanto, en torno al misterio es donde la fides y la ratio encuentran la posibilidad
real de un trayecto común. [...]
Benedicto XVI
A los participantes en un Congreso sobre el tema
"Confianza en la razón" con motivo del X aniversario
de ka Encíclica "Fides et Ratio"
16 de octubre 2008
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana
COMENTARIO PASTORAL
Hecho verídico ocurrido en 1892, hoy parte de una biografía.
Un señor de unos 70 años viajaba en el tren, teniendo a su lado un joven universitario que leía su
libro de Ciencias. El caballero, a su vez, leía un libro de portada negra. Fue cuando el joven percibió
que se trataba de la Biblia y que estaba abierta en el Evangelio de Marcos.
Sin mucha ceremonia, el muchacho interrumpió la lectura del viejo y le preguntó: - Señor, ¿usted
todavía cree en ese libro lleno de fábulas y cuentos?
- Si, mas no es un libro de cuentos, es la Palabra de Dios. ¿Estoy equivocado?
- Pero claro que lo está. Creo que el señor debería estudiar Historia Universal. Vería que la
Revolución Francesa , ocurrida hace más de 100 años, mostró la miopía de la religión. Solamente
personas sin cultura todavía creen que Dios hizo el mundo en 6 días. El señor debería conocer un poco
más lo que nuestros científicos dicen de todo eso.
- Y... ¿es eso mismo lo que nuestros científicos dicen sobre la Biblia?
- Bien, como voy a bajar en la próxima estación, no tengo tiempo de explicarle, pero déjeme su tarjeta
con su dirección para mandarle material científico por correo con la máxima urgencia.
El anciano entonces, con mucha paciencia, abrió cuidadosamente el bolsillo derecho de su bolso y le
dio su tarjeta al muchacho. Cuando éste leyó lo que allí decía, salió cabizbajo, sintiéndose más
pequeño que una ameba. En la tarjeta decía:
Profesor Doctor Louis Pasteur, Director General del Instituto de Investigaciones Científicas,
Universidad Nacional de Francia.
“Un poco de Ciencia nos aparta de Dios. Mucha, nos aproxima”. Louis Pasteur
La belleza y la extensión que ha alcanzado el saber científico en esta época nos permite llenarnos
de asombro al conocer los confines del universo y al escudriñar las partículas más mínimas y
esenciales de la materia. Estamos agradecidos por la generosa dedicación de muchos hombre y mujeres
de ciencia que nos han abierto los campos del saber humano. La capacidad científica aplicada en
beneficio del ser humano ha hecho posible grandes avances técnicos que han mejorado la vida de las
personas.
Pero la ciencia pierde su rol específico cuando se yergue como el único saber válido y legítimo,
descalificando otros. Aún en nuestros tiempos se escuchan voces provenientes sobre todo del ámbito
científico que llegan a dudar de que se pueda afirmar la existencia de Dios sin dejar de ser
rigurosos en los descubrimientos de la ciencia. No hace mucho, Stephen Hawking llegó a decir que
‘la ciencia no deja mucho espacio a Dios’.
Desde una teología renovada hemos aprendido que no hay contradicción entre la ciencia y la fe, pues
ambas aportan perspectivas distintas y complementarias entre sí. Ambos saberes tienen su autonomía
que debe ser respetada. Ambos están al servicio de la vida humana plena y del bienestar de todos.
La ciencia ha de permanecer abierta a dejarse guiar por una razón ética iluminada por la fe, que
orientará sus avances de acuerdo a criterios de justicia y del bien común. En la historia hay tristes
ejemplos de las graves aberraciones que se han cometido cuando el saber científico no ha ido acompañado
del juicio ético.
Sabemos que la lógica científica sola no es capaz de responder a las preguntas más hondas y
acuciantes del corazón humano. De hecho, a pesar de los ingentes logros científicos alcanzados, aún
un tercio de la humanidad pasa hambre, una cuarta parte no tiene ni siquiera acceso al agua potable.
Esto muestra que el saber científico y técnico no bastan para solucionar los problemas. Se requiere
de otros saberes que garanticen el buen uso de los recursos y la justa distribución de las
oportunidades que nos brinda el progreso.
La intención de oración del Santo Padre para este mes invita al científico a convertir su asombro
en adoración capaz de reconocer la huella de Dios en la vastedad y belleza de una creación que lo
sobrepasa. Los invita además a continuar en la sincera búsqueda de la verdad, que será siempre un
camino que conduce a Dios.
PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
O EN GRUPO
¿En qué consiste la “sincera búsqueda de la verdad” que el Papa pide a los científicos? ¿qué sería lo contrario?
¿Es posible encontrar a Dios a partir de la contemplación de la naturaleza?
¿Qué ejemplos puedo poner de ocasiones en que la ciencia ha servido para dañar a la humanidad en lugar de construir el verdadero progreso?
TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION
Rm 1,18-25: Dios se manifiesta en la creación
Mt 16,1-4: Interpretar los signos de los tiempos
INTENCION MISIONERA
Para que la Iglesia, consciente de su identidad misionera, se esfuerce en
seguir fielmente a Cristo y en proclamar su Evangelio a todos los pueblos.
Queridos hermanos y hermanas:
Con ocasión de la próxima Jornada mundial de las misiones quisiera invitar a todo el pueblo de
Dios —pastores, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos— a una reflexión común sobre la urgencia
y la importancia que tiene, también en nuestro tiempo, la acción misionera de la Iglesia. En efecto,
no dejan de resonar, como exhortación universal y llamada apremiante, las palabras con las que
Jesucristo, crucificado y resucitado, antes de subir al cielo, encomendó a los Apóstoles el mandato
misionero: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo
estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 19-20).
En la ardua labor de evangelización nos sostiene y acompaña la certeza de que él, el Dueño de la mies,
está con nosotros y guía sin cesar a su pueblo. Cristo es la fuente inagotable de la misión de la Iglesia.
Este año, además, un nuevo motivo nos impulsa a un renovado compromiso misionero: se celebra el 50°
aniversario de la encíclica Fidei donum del siervo de Dios Pío XII, con la que se promovió y estimuló la
cooperación entre las Iglesias para la misión ad gentes.
El tema elegido para la próxima Jornada mundial de las misiones —«Todas las Iglesias para todo el
mundo»— invita a las Iglesias locales de los diversos continentes a tomar conciencia de la urgente
necesidad de impulsar nuevamente la acción misionera ante los múltiples y graves desafíos de nuestro
tiempo. Ciertamente, han cambiado las condiciones en que vive la humanidad, y durante estos decenios,
especialmente desde el concilio Vaticano II, se ha realizado un gran esfuerzo con vistas a la difusión
del Evangelio.
Con todo, queda aún mucho por hacer para responder al llamamiento misionero que el Señor no deja de
dirigir a todos los bautizados. Sigue llamando, en primer lugar, a las Iglesias de antigua tradición,
que en el pasado proporcionaron a las misiones, además de medios materiales, también un número
consistente de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, llevando a cabo una eficaz cooperación
entre comunidades cristianas. De esa cooperación han brotado abundantes frutos apostólicos tanto
para las Iglesias jóvenes en tierras de misión como para las realidades eclesiales de donde procedían
los misioneros.
Ante el avance de la cultura secularizada, que a veces parece penetrar cada vez más en las
sociedades occidentales, considerando además la crisis de la familia, la disminución de las vocaciones
y el progresivo envejecimiento del clero, esas Iglesias corren el peligro de encerrarse en sí mismas,
de mirar con poca esperanza al futuro y de disminuir su esfuerzo misionero. Pero este es precisamente
el momento de abrirse con confianza a la Providencia de Dios, que nunca abandona a su pueblo y que,
con la fuerza del Espíritu Santo, lo guía hacia el cumplimiento de su plan eterno de salvación.
El buen Pastor invita también a las Iglesias de reciente evangelización a dedicarse generosamente a la
misión ad gentes. A pesar de encontrar no pocas dificultades y obstáculos en su desarrollo, esas comunidades
aumentan sin cesar. Algunas, afortunadamente, cuentan con abundantes sacerdotes y personas consagradas, no
pocos de los cuales, aun siendo numerosas las necesidades de sus diócesis, son enviados a desempeñar su
ministerio pastoral y su servicio apostólico a otras partes, incluso a tierras de antigua evangelización.
De este modo, se asiste a un providencial «intercambio de dones», que redunda en beneficio de todo
el Cuerpo místico de Cristo. Deseo vivamente que la cooperación misionera se intensifique, aprovechando
las potencialidades y los carismas de cada uno. Asimismo, deseo que la Jornada mundial de las misiones
contribuya a que todas las comunidades cristianas y todos los bautizados tomen cada vez mayor
conciencia de que la llamada de Cristo a propagar su reino hasta los últimos confines de la tierra
es universal.
«La Iglesia es misionera por su propia naturaleza —escribe Juan Pablo II en la encíclica Redemptoris
missio—, ya que el mandato de Cristo no es algo contingente y externo, sino que alcanza al corazón
mismo de la Iglesia. Por esto, toda la Iglesia y cada Iglesia es enviada a las gentes. Las mismas
Iglesias más jóvenes (...) deben participar cuanto antes y de hecho en la misión universal de la
Iglesia, enviando también ellas misioneros a predicar por todas las partes del mundo el Evangelio,
aunque sufran escasez de clero» (n. 62).
A cincuenta años del histórico llamamiento de mi predecesor Pío XII con la encíclica Fidei donum
para una cooperación entre las Iglesias al servicio de la misión, quisiera reafirmar que el anuncio
del Evangelio sigue teniendo suma actualidad y urgencia. En la citada encíclica Redemptoris missio,
el Papa Juan Pablo II, por su parte, reconocía que «la misión de la Iglesia es más vasta que la
"comunión entre las Iglesias"; esta (...) debe tener sobre todo una orientación con miras a la
específica índole misionera» (n. 64).
Por consiguiente, como se ha reafirmado muchas veces, el compromiso misionero sigue siendo el
primer servicio que la Iglesia debe prestar a la humanidad de hoy, para orientar y evangelizar los
cambios culturales, sociales y éticos; para ofrecer la salvación de Cristo al hombre de nuestro tiempo,
en muchas partes del mundo humillado y oprimido a causa de pobrezas endémicas, de violencia, de negación
sistemática de derechos humanos.
La Iglesia no puede eximirse de esta misión universal; para ella constituye una obligación. Dado que
Cristo encomendó el mandato misionero en primer lugar a Pedro y a los Apóstoles, ese mandato hoy
compete ante todo al Sucesor de Pedro, que la divina Providencia ha elegido como fundamento visible de
la unidad de la Iglesia, y a los obispos, directamente responsables de la evangelización, sea como
miembros del Colegio episcopal, sea como pastores de las Iglesias particulares (cf. ib., 63).
Por tanto, me dirijo a los pastores de todas las Iglesias, puestos por el Señor como guías de su
único rebaño, para que compartan el celo por el anuncio y la difusión del Evangelio. Fue precisamente
esta preocupación la que impulsó, hace cincuenta años, al siervo de Dios Pío XII a procurar que la
cooperación misionera respondiera mejor a las exigencias de los tiempos. Especialmente ante las
perspectivas de la evangelización, pidió a las comunidades de antigua evangelización que enviaran
sacerdotes para ayudar a las Iglesias de reciente fundación. Así dio vida a un nuevo
«sujeto misionero», que precisamente de las primeras palabras de la encíclica tomó el nombre de
"fidei donum".
A este respecto, escribió: «Considerando, por un lado, las innumerables legiones de hijos nuestros
que, sobre todo en los países de antigua tradición cristiana, participan del bien de la fe, y, por
otro, la masa aún más numerosa de los que todavía esperan el mensaje de la salvación, sentimos el
ardiente deseo de exhortaros, venerables hermanos, a que con vuestro celo sostengáis la causa santa de
la expansión de la Iglesia en el mundo». Y añadió: «Quiera Dios que, como consecuencia de nuestro
llamamiento, el espíritu misionero penetre más a fondo en el corazón de todos los sacerdotes y que,
a través de su ministerio, inflame a todos los fieles» (Fidei donum, 1: El Magisterio pontificio
contemporáneo, II, BAC, Madrid 1992, p. 57).
Demos gracias al Señor por los abundantes frutos que se han obtenido en África y en otras regiones
de la tierra mediante esta cooperación misionera. Incontables sacerdotes, abandonando sus comunidades
de origen, han puesto sus energías apostólicas al servicio de comunidades a veces recién fundadas, en
zonas pobres y en vías de desarrollo. Entre ellos ha habido no pocos mártires que, además del
testimonio de la palabra y la entrega apostólica, han ofrecido el sacrificio de su vida.
No podemos olvidar tampoco a los numerosos religiosos, religiosas y laicos voluntarios que,
juntamente con los presbíteros, se han prodigado por difundir el Evangelio hasta los últimos confines
del mundo. La Jornada mundial de las misiones es ocasión propicia para recordar en la oración a estos
hermanos y hermanas nuestros en la fe, y a los que siguen prodigándose en el vasto campo misionero.
Pidamos a Dios que su ejemplo suscite por doquier nuevas vocaciones y una renovada conciencia misionera
en el pueblo cristiano.
Efectivamente, toda comunidad cristiana nace misionera, y el amor de los creyentes a su Señor se
mide precisamente según su compromiso evangelizador. Podríamos decir que, para los fieles, no se trata
simplemente de colaborar en la actividad de evangelización, sino de sentirse ellos mismos protagonistas
y corresponsables de la misión de la Iglesia. Esta corresponsabilidad conlleva que crezca la comunión
entre las comunidades y se incremente la ayuda mutua, tanto en lo que atañe al personal (sacerdotes,
religiosos, religiosas y laicos voluntarios), como en la utilización de los medios hoy necesarios
para evangelizar.
Queridos hermanos y hermanas, verdaderamente el mandato misionero encomendado por Cristo a los
Apóstoles nos compromete a todos. Por tanto, la Jornada mundial de las misiones debe ser ocasión
propicia para tomar cada vez mayor conciencia de ese mandato y para elaborar juntos itinerarios
espirituales y formativos adecuados que favorezcan la cooperación entre las Iglesias y la preparación
de nuevos misioneros para la difusión del Evangelio en nuestro tiempo.
Con todo, no conviene olvidar que la primera y principal aportación que debemos dar a la acción
misionera de la Iglesia es la oración. «La mies es mucha —dice el Señor— y los obreros pocos. Rogad,
pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Lc 10, 2). "Orad, pues venerables hermanos y
amados hijos —escribió hace cincuenta años el Papa Pío XII de venerada memoria—: orad más y más, y
sin cesar. No dejéis de llevar vuestro pensamiento y vuestra preocupación hacia las inmensas
necesidades espirituales de tantos pueblos todavía tan alejados de la verdadera fe, o bien tan
privados de socorros para perseverar en ella" (Fidei donum, 13: El Magisterio pontificio
contemporáneo, II, BAC, Madrid 1992, p. 64). Y exhortaba a multiplicar las misas celebradas por las
misiones, pues «son las intenciones mismas de nuestro Señor, que ama a su Iglesia y que la quisiera
ver extendida y floreciente por todos los lugares de la tierra» (ib., p. 63).
Queridos hermanos y hermanas, también yo renuevo esta invitación tan actual. Es preciso que todas
las comunidades eleven su oración al «Padre nuestro que está en el cielo», para que venga su reino a
la tierra. Hago un llamamiento en particular a los niños y a los jóvenes, siempre dispuestos a
generosos impulsos misioneros. Me dirijo a los enfermos y a los que sufren, recordando el valor de su
misteriosa e indispensable colaboración en la obra de la salvación.
Pido a las personas consagradas, y especialmente a los monasterios de clausura, que intensifiquen
su oración por las misiones. Gracias al compromiso de todos los creyentes debe ampliarse en toda la
Iglesia la red espiritual de oración en apoyo de la evangelización.
Que la Virgen María, que acompañó con solicitud materna el camino de la Iglesia naciente, guíe
nuestros pasos también en esta época y nos obtenga un nuevo Pentecostés de amor. En particular, que
nos ayude a todos a tomar conciencia de que somos misioneros, es decir, enviados por el Señor a
ser sus testigos en todos los momentos de nuestra existencia.
A los sacerdotes "fidei donum", a los religiosos, a las religiosas, a los laicos voluntarios
comprometidos en las fronteras de la evangelización, así como a quienes de diversos modos se dedican
al anuncio del Evangelio, les aseguro un recuerdo diario en mi oración, a la vez que imparto con
afecto a todos la bendición apostólica.
Benedicto XVI
Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones
27 de mayo de 2007
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
COMENTARIO PASTORAL
Cada mes el Papa nos presenta una intención general y otra misionera. ¿Por qué son diferentes?
La segunda, la misionera, nos recuerda y refuerza esta dimensión ineludible de la fe. Antes era clara
la distinción de los “países de misión”, normalmente lejanos, por los que los católicos de la otra parte
del mundo rezaban especialmente. Para reforzar esta idea surgieron a partir de 1925 las intenciones
misioneras del Papa. Se añadieron cada mes a la intención general que ya promovía el Apostolado de la
Oración desde 1890.
Hoy ya no es tan claro cuáles son países de misión y cuáles no. En realidad, hoy hemos aprendido que
la misión es una dimensión permanente de la Iglesia esté donde esté. Es más, no es difícil encontrar
ejemplos de países tradicionalmente católicos que hoy se han vuelto religiosamente un desierto,
verdaderos campos de misión.
La intención del Papa para este mes nos empuja a reforzar la iniciativa misionera permanente de la
Iglesia. Además de tener todos por el bautismo el llamado a la misión ("profeta, rey y sacerdote"),
los miembros del AO tenemos una especial responsabilidad con la misión de la Iglesia. Nacimos como una
asociación misionera para hacer de todos los cristianos apóstoles por la oración, y fue precisamente el
día de la fiesta de San Francisco Javier allá por 1844. Oremos para que este mes crezca en nosotros y
en todos los cristianos la conciencia de ser responsables de comunicar la buena noticia del Evangelio.
“No hay peor tristeza que morir sin conocer a Dios”, afirmó alguna vez Juan Pablo II. Que vuelvan a
resonar con nuevo vigor en todos nosotros las palabras con que terminan los evangelios, enviando a la
Iglesia a ser testigos y a hacer discípulos.
Los dejo ahora con un testimonio misionero de un Secretario Nacional del AO de un país europeo:
En estos últimos cinco años, durante tres meses cada año (y continúo hoy día) voy con otros compañeros,
en itinerancia apostólica, por los caminos de las diócesis. Vamos sin dinero, vamos al servicio de las
comunidades cristianas, y tocamos a cualquier puerta no para hablar de Dios o del Evangelio, pero para
pedir comida y hospitalidad para dormir. Vulnerables, sin poder, haber o saber, pero como “sacerdotes
itinerantes”, nace otra relación con la gente que nos acoge, que nos abre su corazón sobre sus vidas,
sobre lo que cada día es camino de vida y de muerte. En este encuentro fraterno, en humanidad, hacemos
muchas veces la experiencia del Evangelio, una buena nueva para el enfermo, el aislado, el que perdió su
mujer, el que está divorciado y sufre, el que día a día, intenta dar a sus hijos una vida decente con su
trabajo pesado. Para muchos de ellos que alguien, y no cualquiera, sino la Iglesia, se interese a ellos,
les escuche sin condenarlos, es una buena noticia, es Evangelio, y camino hacia el. Me parece que
revelando a cada uno, en su vida cotidiana, el rostro presente del que hasta ahora les parecía ausente,
muchos se ponen en camino, y ven la Iglesia con otros ojos.
|
INTENCION GENERAL
Para que la economía mundial se desarrolle según criterios de justicia y
de equidad, teniendo en cuenta las exigencias reales de los pueblos,
especialmente de los más pobres.
[...]
9. En el campo del comercio internacional y de las transacciones financieras, se están
produciendo procesos que permiten integrar positivamente las economías, contribuyendo a
la mejora de las condiciones generales; pero existen también procesos en sentido opuesto,
que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras.
En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional de bienes y
servicios ha crecido con extraordinaria rapidez, con un dinamismo sin precedentes en la historia.
Gran parte del comercio mundial se ha centrado en los países de antigua industrialización, a los
que se han añadido de modo significativo muchos países emergentes, que han adquirido una cierta
relevancia. Sin embargo, hay otros países de renta baja que siguen estando gravemente marginados
respecto a los flujos comerciales. Su crecimiento se ha resentido por la rápida disminución de los
precios de las materias primas registrada en las últimas décadas, que constituyen la casi
totalidad de sus exportaciones. En estos países, la mayoría africanos, la dependencia de las
exportaciones de las materias primas sigue siendo un fuerte factor de riesgo. Quisiera renovar
un llamamiento para que todos los países tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado
mundial, evitando exclusiones y marginaciones.
10. Se puede hacer una reflexión parecida sobre las finanzas, que atañe a uno de los aspectos
principales del fenómeno de la globalización, gracias al desarrollo de la electrónica y a las
políticas de liberalización de los flujos de dinero entre los diversos países. La función objetivamente
más importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto,
el desarrollo, se manifiesta hoy muy frágil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de
intercambios financieros –en el plano nacional y global– basado en una lógica a muy corto plazo, que
busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gestión técnica de
las diversas formas de riesgo. La reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está
guiada a veces por criterios meramente autorrefenciales, sin consideración del bien común a
largo plazo. La reducción de los objetivos de los operadores financieros globales a un brevísimo
plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempeñar su función de puente entre el
presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de
trabajo a largo plazo. Una finanza restringida al corto o cortísimo plazo llega a ser peligrosa para
todos, también para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera[12].
11. De todo esto se desprende que la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el
plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los
países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas,
estableciendo un marco jurídico eficaz para la economía. Exige también incentivos para crear
instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y
promover una cultura de la legalidad. Por otro lado, es innegable que las políticas marcadamente
asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres. Parece que,
actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formación de las
personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades
económicas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer
la atención de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de
la renta per capita no puede ser el fin absoluto de la acción político-económica, no se ha de olvidar,
sin embargo, que ésta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra
el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que
una política de pura redistribución de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva.
En efecto, el valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera determinante de la
capacidad de crear rédito presente y futuro. Por eso, la creación de valor resulta un vínculo
ineludible, que se debe tener en cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la
pobreza material.
12. Finalmente, situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado para
una correcta lógica económica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta lógica
política por parte de los responsables institucionales y una correcta lógica participativa capaz de
valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la
valía y la ventaja de las iniciativas económicas de la sociedad civil o de las administraciones locales
para promover la emancipación y la inclusión en la sociedad de las capas de población que a menudo se
encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, difícilmente pueden
llegar las ayudas oficiales. La historia del desarrollo económico del siglo XX enseña cómo buenas políticas
de desarrollo se han confiado a la responsabilidad de los hombres y a la creación de sinergias positivas
entre mercados, sociedad civil y Estados. En particular, la sociedad civil asume un papel crucial en el
proceso de desarrollo, ya que el desarrollo es esencialmente un fenómeno cultural y la cultura nace y se
desarrolla en el ámbito de la sociedad civil[13].
Benedicto XVI
Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz
1 de Enero de 2009
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana
Vea más en:
INTERVENTION BY THE PERMANENT OBSERVER OF THE HOLY SEE AT THE SPECIAL SESSION OF THE HUMAN RIGHTS COUNCIL
ON THE WORLD FINANCIAL CRISIS - ADDRESS BY H.E. MSGR SILVANO MARIA TOMASI - 20 February 2009
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS OBISPOS DE HUNGRÍA EN VISITA "AD LIMINA" - 10 de mayo de 2008
COMENTARIO PASTORAL
La grave crisis financiera desencadenada el segundo semestre de 2007 ha sido una flagrante y trágica
demostración de las inciertas bases sobre las que está construido el entramado financiero mundial.
La crisis se gestó en un ambiente de exagerado optimismo en el sistema, que generó la ilusión que el
crecimiento sólo podía continuar. Unido a una “euforia constructiva”, se abusó del crédito y se
concedieron préstamos sin los debidos cuidados. Se acumularon los “malos pagadores”, muchos no
pudieron o no quisieron responder a sus deudas. Junto a esto aparecieron diversos productos
financieros carentes de control gubernamental y poco transparentes. La especulación desatada,
la oculta mentira, inversiones que prometían réditos imposibles, era el proceder normal de las
entidades financieras y nadie parecía poder ni querer impedirlo. Hasta que se rompió la burbuja.
Hoy sufrimos las consecuencias de un manejo económico global irresponsable, incapaz de limitar la
ambición y la avaricia de unos pocos. Nuevamente, el precio más alto lo pagan los más débiles y los
pobres, incapaces de cumplir con el pago de sus deudas, con la consecuente pérdida de millones de
empleos y, en muchos casos, la pérdida de sus viviendas. No han sido los codiciosos banqueros ni
los especuladores inescrupulosos los que más han sufrido los efectos de la crisis. Los causantes
de la catástrofe y sus instituciones han sido y siguen siendo ayudados en muchos países por las arcas
nacionales para impedir el derrumbe de todo el sistema, queriendo evitar consecuencias peores para
todos. Quedó muy a la vista el doble estándar del sistema vigente, que privatiza el lucro y
socializa las pérdidas. Unos pocos se beneficiaron en tiempos de riqueza, pero cuando hace agua el
sistema debido a sus errores y sus ambiciones desmedidas, ha debido pagar y seguirá pagando el Estado,
con el dinero de los ciudadanos.
Las causas reales de esta situación no son sólo defectos técnicos del sistema financiero, sino
obedecen a una profunda crisis moral. Gobernaron la ambición, la codicia sin reglas, la ley del más
fuerte. En consecuencia, y como único camino real de solución, se hace hoy necesaria una renovación
moral a gran escala de las sociedades y relaciones comerciales modernas. Este es el fondo de la
petición del Papa para este mes. Gestionar la economía mundial con responsabilidad para llegar a la
verdadera solidaridad. Aprender que se requiere un cambio de mentalidad en la convivencia mundial,
que produzca nuevos conceptos y modelos.
Oremos junto al Santo Padre para que esta crisis, que puede significar tanto un peligro como una
oportunidad, nos haga más capaces de llevar adelante cambios duraderos. No se puede seguir manteniendo
la insultante desigualdad entre el alto nivel de gasto de los ricos y la situación cada vez más trágica
de los pobres (trátese de países o de personas). La crisis es una oportunidad para caminar con seriedad
hacia formas alternativas de economía (como la creación de bancos de micro créditos, la instauración del
comercio justo, etc.). El mal momento demostró que cuando la voluntad política se combinó con la
preocupación por el bien común, se pudieron producir en pocos meses ingentes fondos para salvar los
mercados financieros. Es posible aunar grandes esfuerzos para grandes soluciones.
Concluyo este comentario con las palabras de Mons. Celestino Migliore, observador permanente de la
Santa Sede ante la ONU, el 1 de diciembre de 2008: “A pesar de que la incertidumbre y la ansiedad
parezcan prevalecer actualmente, permanecen las virtudes y los principios que han llevado a la comunidad
global a salir de muchas crisis. Por ejemplo, la solidaridad con nuestra comunidad global, la división
justa de recursos y oportunidades, el uso prudente del medio ambiente, la moderación en la búsqueda del
beneficio financiero y social a corto plazo a costa del desarrollo sostenible, y finalmente la audacia
política necesaria para construir un mundo en el que la vida humana esté en el centro de todas las
actividades sociales y económicas”.
‘Our economy is badly weakened, a consequence of greed and irresponsibility on the part of some, but
also of our collective failure to make hard choices and prepare the nation for a new age.’ B. Obama,
inaugural address, 2008.
Del P. Ernesto Cavassa, sj, una selección de párrafos de su artículo, OTRO MUNDO ES URGENTE,
publicado en Palabra de CPAL, Rio de Janeiro, 29 de diciembre de 2008:
La agilidad mostrada por los países desarrollados para impedir el colapso de las instituciones
financieras, producido por la avaricia y la codicia de unos pocos, contrasta enormemente con su lentitud
en materia de ayuda al desarrollo, lucha contra la pobreza, respeto a los derechos humanos y al medio
ambiente, las prioridades centrales para construir un mundo más justo. […]
No es difícil deducir que quienes más sufrirán las consecuencias son los pobres de siempre. Para ellos
esta sumatoria de crisis, la mayor después de la recesión del 29, es una cuestión de vida o muerte.
Basta ver quiénes padecen las continuas catástrofes ambientales que están afectando a varias regiones
del planeta debido al cambio climático. El alza de los productos alimenticios ya ha significado un golpe
fuerte para muchas economías frágiles. El desempleo está atacando duramente a los más vulnerables
(los campesinos, los migrantes, los jóvenes) y va a aumentar conforme se agudice la recesión. Se sabe,
además, que son pocos los países que van a poder honrar sus compromisos financieros para alcanzar, el
año 2015, la meta establecida en el primer Objetivo del Milenio que es “erradicar la pobreza extrema
y el hambre”. […]
La crisis económica no tiene que ver, pues, sólo con números. Detrás de éstos se encuentran personas
que van a sufrir las consecuencias de la tesis ciega e irresponsable de que el mercado se auto-regularía
por sí solo y evitaría los desajustes que ahora resultan evidentes. En el caso de una recesión económica
prolongada, como se teme cada vez más, los migrantes, refugiados, habitantes de la periferia de las
ciudades, jubilados y otros sectores de población en continuo riesgo se verán sometidos a situaciones
insostenibles. No sería extraño, entonces, que se produzcan expresiones colectivas de descontento social
que podrían llevar a los gobiernos a optar por la vía fácil de la represión abierta o solapada. Mientras
tanto, los verdaderos responsables de esta situación, los presidentes y CEOs de los bancos hundidos y
sus protectores en las funciones públicas, se encuentran gozando de una sustanciosa jubilación.
La crisis actual es, ante todo, una crisis ética, una crisis de valores. No sólo han quebrado bancos;
se ha roto la confianza que hace posible las relaciones entre las personas y las instituciones, incluso
las financieras. Lo que nos ha llevado a esta situación no es la ganancia legítima, fruto del trabajo
orientado a la producción de bienes (materiales o de otra índole) útiles a la sociedad, sino la
absolutización del lucro como criterio último y único de la actividad económica, sin reparar en las
consecuencias que este ídolo pueda acarrear en otros, particularmente en los más débiles. La crisis
que ahora padecemos repite y expone una de las prácticas más inmorales del sistema capitalista: se
privatizan las ganancias; las pérdidas, en cambio, se socializan. […]
Como toda crisis, ésta puede ser también una oportunidad. Aunque sea necesario cubrir los agujeros
generados por la codicia de unos pocos, es más necesario aún colocar en la agenda de la discusión el
sistema de valores que los han provocado y que fundamentan hoy el capitalismo realmente existente. Se
requiere, en este mundo interconectado, imaginar nuevas alternativas globales basadas en la dignidad de
toda persona y el respeto a sus derechos inalienables, en la justicia social y el desarrollo sustentable,
en una economía social de mercado que limite la concentración de la riqueza y abra posibilidades de
desarrollo integral para todos. La situación actual reclama con urgencia la elaboración de un nuevo
pacto social, realmente global, fruto de un diálogo multilateral que incluya a los gobiernos, las
iglesias y las organizaciones de la sociedad civil.
Sitios web interesantes en el tema de una economía alternativa:
www.commercequitable.org
www.éthique-sur-etiquette.org
www.developpement-durable.gouv.fr
www.lonelyplanet.org
www.alternatives-economiques.fr
PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
O EN GRUPO
¿Qué consecuencias o efectos hemos visto y sentido en nuestro país y en nuestra comunidad de la crisis económica mundial?
¿De qué manera esta situación me invita a un modo de vivir más evangélico?
¿Qué compromiso concreto puedo hacer para vivir en mi economía local (comunidad o familia) los signos de
solidaridad que nos pide el Papa?
TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION
Is 58,1-12 El verdadero ayuno es instaurar la justicia
Lc 6,20-23 Bienaventuranzas
Mt 6,19-24 No se puede servir a Dios y al dinero
INTENCION MISIONERA
Para que las Iglesias en Africa sean signo e instrumento de reconciliación y
de justicia en todas las regiones del Continente.
[...]
Entre los desafíos más urgentes que la Iglesia en vuestro país debe afrontar, se encuentran la paz y
la concordia nacional. De modo especial los más pobres son víctimas de situaciones dramáticas, que
llevan inevitablemente a profundas divisiones en la sociedad, así como al desaliento. La II Asamblea
especial para África del Sínodo de los obispos, que se está preparando, será un tiempo fuerte de
reflexión sobre el anuncio del Evangelio en un contexto marcado por numerosos signos de esperanza, pero
también por situaciones preocupantes. Deseo vivamente que ya no se olvide a África en este mundo que
cambia profundamente, y que surja una auténtica esperanza para los pueblos de ese continente.
La Iglesia tiene el deber de defender a los débiles y hacerse portavoz de los que no tienen voz.
Por tanto, quisiera alentar a las personas que se esfuerzan por suscitar la esperanza mediante un
compromiso decidido en favor de la defensa de la dignidad de la persona humana y de sus derechos
inalienables. Entre esos derechos se encuentra el bien fundamental de la paz y de una vida segura.
La promoción de la paz, de la justicia y de la reconciliación es una expresión de la fe cristiana en
el amor que Dios siente por cada ser humano. La Iglesia debe seguir anunciando decididamente la paz de
Cristo, fomentando, juntamente con todas las personas de buena voluntad, la justicia y la reconciliación.
Invito también a todos los fieles a implorar del Señor este don tan valioso, puesto que la oración
abre los corazones e inspira a los constructores de paz. Mediante sus obras sociales, especialmente en
los campos de la salud y de la educación de los jóvenes, la Iglesia contribuye también, a su modo, a la
edificación de la sociedad fraterna y solidaria a la que aspira vuestro pueblo. Invito en particular a
las comunidades religiosas y a los laicos, que participan con competencia en este compromiso esencial
para el futuro del país, a proseguir sus esfuerzos, sin desanimarse jamás, para que sean signos de la
confianza que el Señor deposita en toda persona humana.
Por otra parte, para que la sociedad pueda acceder a un desarrollo humano y espiritual auténtico, hay
que impulsar un cambio de mentalidad. Esta obra de amplio alcance concierne especialmente a la familia y
al matrimonio. Comprometiéndose resueltamente a vivir en la fidelidad conyugal y en la unidad de su
pareja, los cristianos muestran a todos la grandeza y la verdad del matrimonio. Mediante un "sí"
libremente pronunciado, para siempre, el hombre y la mujer expresan su humanidad auténtica y su
apertura a dar una vida nueva.
FLa preparación seria de los jóvenes para el matrimonio debe ayudarles a superar la reticencia a
fundar una familia estable, abierta al futuro. Os invito también a seguir apoyando a las familias, sobre
todo favoreciendo su educación cristiana. Así, podrán dar con más vigor razón de la fe que las anima,
tanto ante sus hijos como ante la sociedad.
Por lo que respecta a vuestros sacerdotes, cuya generosidad y celo alabo, ejercen, con vuestro
solícito apoyo a su vida personal y pastoral, una responsabilidad fundamental en la misión de vuestras
diócesis. En colaboración fraterna con todos los agentes pastorales, en primer lugar con los misioneros
y los catequistas, cuyo compromiso incansable al servicio del Evangelio conozco, los invito
encarecidamente a ser hombres apasionados del anuncio del Evangelio. Para lograrlo, han de encontrar
la unidad de su persona y la fuente de su dinamismo apostólico en la amistad personal con Cristo y en la
contemplación, en él, del rostro del Padre.
Una vida sacerdotal ejemplar, fundada en una búsqueda constante de la configuración con Cristo, es
una exigencia de cada día. [...]
Benedicto XVI
Discurso a la Conferencia Episcopal
de la República Centro Africana
en visita "Ad limina"
1 de junio de 2007
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
Ver más en:
II SPECIAL ASSEMBLY FOR AFRICA
THE CHURCH IN AFRICA IN SERVICE TO
RECONCILIATION, JUSTICE AND PEACE.
INSTRUMENTUM LABORIS - Vatican City, 2009
II SPECIAL ASSEMBLY FOR AFRICA - THE CHURCH IN AFRICA
IN SERVICE TO RECONCILIATION, JUSTICE AND PEACE
LINEAMENTA - Vatican City, 2006
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LA CONFERENCIA EPISCOPAL REGIONAL DEL NORTE DE ÁFRICA EN VISITA "AD LIMINA" - 9 de junio de 2007
COMUNICATO: 18a RIUNIONE DEL CONSIGLIO SPECIALE PER L’AFRICA DELLA SEGRETERIA GENERALE DEL SINODO DEI VESCOVI - 12 Febbraio 2009
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL ECCLESIA IN AFRICA DEL SANTO PADRE JUAN Pablo II -
1995
COMENTARIO PASTORAL
La Segunda Asamblea Especial para Africa del Sínodo de Obispos fue celebrada del 4 al 25 octubre de
2009 en Roma bajo el lema “La Iglesia en Africa al servicio de la reconciliación, de la justicia y de
la paz. Ustedes son la sal de la tierra… Ustedes son la luz del mundo”.
El Papa en esta intención nos pone en sintonía con los objetivos que tuvo este Encuentro y nos pide
orar para que se puedan llevar a cumplimiento sus conclusiones y propósitos. Oremos para que la luz
del Espíritu Santo guíe a los obispos y a toda la Iglesia en su desafío de anunciar la Buena Noticia
en medio de tensiones, explotación e injusticia. Que su renovada opción por los pobres sea signo que
la situación de miseria que aflige a muchos africanos no es irreversible.
Nos unimos a los deseos de todos los cristianos en el continente africano de hacer realidad la paz
y la reconciliación basada en la justicia (y no una falsa reconciliación que pretenda saltarse la
justicia). Nos comprometemos con nuestra oración y el ofrecimiento diario de nuestras vidas a
colaborar, desde nuestra realidad, a una mayor conciencia mundial del clamor por la justicia en
Africa. Podemos incluso realizar gestos concretos de ayuda, a través de organizaciones humanitarias
o de desarrollo, como por ejemplo el Servicio Jesuita de Refugiados (www.jrs.net) o el CERAP (Centre
de Recherche et d’Action pour la Paix) en Costa de Marfil (www.cerap-inades.org ), entre muchas
otras.
|
INTENCION GENERAL
Para que toda tendencia hacia el fundamentalismo y el extremismo sea
contrarrestada por el constante respeto, la tolerancia y el diálogo entre todos
los creyentes.
[...]
Todo esto es aún más necesario para afrontar los desafíos que la actual sociedad globalizada plantea
al anuncio y a la práctica coherente de la vida cristiana también en vuestras regiones. Aquí quiero
recordar cómo, además de las dificultades a las que aludí antes, se registran casi por doquier en el
mundo fenómenos preocupantes, que ponen en serio peligro la seguridad y la paz. Me refiero, en
particular, a la plaga de la violencia y del terrorismo, a la difusión del extremismo y del
fundamentalismo. Ciertamente, es preciso contrastar estos flagelos con intervenciones legislativas.
Pero la fuerza del derecho no puede transformarse nunca en injusticia; ni se puede limitar el libre
ejercicio de las religiones, puesto que profesar libremente la propia fe es uno de los derechos
humanos fundamentales, reconocidos universalmente.
Me parece útil reafirmar que la Iglesia no impone, sino que propone libremente la fe católica,
sabiendo bien que la conversión es el fruto misterioso de la acción del Espíritu Santo. La fe es don
y obra de Dios. Precisamente por eso está prohibida cualquier forma de proselitismo que obligue,
induzca o atraiga a alguien con medios inoportunos a abrazar la fe (cf. Ad gentes, 13). Una persona
puede abrirse a la fe después de una reflexión madura y responsable, y debe poder realizar libremente
esta íntima inspiración. Esto no sólo beneficia a la persona, sino también a toda la sociedad, dado que
la observancia fiel de los preceptos divinos ayuda a construir una convivencia más justa y solidaria. [...]
Benedicto XVI
Discurso a los Obispos de Asia Central
en visita "Ad limina apostolorum"
2 de octubre de 2008
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana
Ver más en:
MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI PARA LA CELEBRACIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ - 1 de enero de 2006
COMENTARIO PASTORAL
El fenómeno del extremismo y el fundamentalismo en distintos ámbitos de la convivencia humana parece haber aumentado
estos últimos años. Se entiende por fundamentalismo la observancia muy estricta de los principios fundamentales de un
grupo u organización. En lo religioso, el fundamentalismo considera sus dogmas como verdad absoluta, indiscutibles, y
por lo tanto, está cerrado al diálogo con quien es de otra creencia. Suele intentar imponer sus ideas a otros grupos,
incluso por la fuerza. En toda religión algunas personas pueden llegar a ser fundamentalistas.
Se llama extremismo la acción fanática de individuos o grupos que se han radicalizado y se encuentran más allá del
centro político de la sociedad. Hay grupos religiosos que usan métodos extremistas, léase la violencia, para promover
la obediencia a sus doctrinas mediante la coacción o el miedo. Lamentablemente el nombre de Dios no lo viven todos
como un nombre de paz. Hoy se multiplican los ejemplos de quienes usan su nombre para matar y destruir. Es claro
que la religión no es la causa real ni la verdadera inspiración para la violencia, ella es más bien la excusa que se
toma para reivindicar otras posiciones o para denunciar injusticias o defectos del sistema.
Las noticias nos alarman con el aumento de las tensiones y la violencia anti-cristiana en algunos estados de India,
o en Mosul, Irak, o en algunas partes de Indonesia, o Filipinas. Muchos países y regiones musulmanes implantan como
ley civil una interpretación de la sharia, la ley islámica, de manera estricta, intolerante y violenta hacia todo el
que no se somete a ella. En estos y otros lugares crece el poder político de grupos fanáticos y extremistas, donde
se ha prácticamente institucionalizado una violencia “de Estado”, justificada livianamente por ideologías que
desprecian la vida de quien no es “de los suyos”. Muchas veces la violencia sectaria de grupos fundamentalistas
cuenta con la connivencia e inercia de las autoridades políticas locales. Nos conmueven casos como la condena a
muerte de un joven periodista en Arabia Saudita convertido al cristianismo, descubierto en flagrante posesión de
una Biblia, o la historia de la joven iraquí asesinada por su padre y sus hermanos porque fue vista conversando con
un soldado británico, asesinato reivindicado como legítimo para salvar el honor de la familia. Podríamos citar
muchos otros ejemplos del crecimiento del fundamentalismo y el extremismo hoy para ilustrar la grave situación que
está detrás de la preocupación del Papa este mes.
La historia demuestra que cuando se quiere combatir el fundamentalismo y el extremismo con la sola fuerza de las
armas, este se fortalece. La guerra al terrorismo, la prepotencia de un pueblo ejercida contra otro, anulando toda
capacidad de diálogo, han exacerbado y en gran parte fortalecido a los movimientos extremistas que pretendían
combatir. Hoy, por ejemplo, en el conflicto palestino-israelí hay cada día más árabes dispuestos a ser atacantes
suicidas, empujados en gran parte por la violencia ejercida sobre ellos, que ha llegado a límites agónicos y
desesperantes. Años de violencia mutua y la falta de cumplimiento de los acuerdos alcanzados no han traído la paz,
han sembrado sólo dolor y muerte. Felizmente también encontramos grupos, nacidos en estos mismos lugares de
conflicto, que buscan la paz basada en el diálogo y el respeto mutuo. Apoyemos con nuestra oración estos caminos
de paz, como la Iglesia ha hecho siempre, unidos al Santo Padre que ha debido repetir una y otra vez: la violencia
nunca es la solución a los problemas, más bien los agrava.
También nosotros los cristianos, incluidos los católicos, podemos caer y hemos caído en actitudes fundamentalistas
e intolerantes. Cuando y donde hemos estado en posiciones mayoritarias, no siempre hemos respetado los derechos de
quienes profesaban otra religión. Actualmente, no siempre acogemos y defendemos al inmigrante, al de otra cultura o
religión. Muchas veces desde posiciones cristianas integristas despreciamos con poca humildad pensamientos distintos.
El juego con el poder nos ha hecho olvidar el estilo despojado y pacifista de Jesús, que venció la prepotencia y la
injusticia a través de un Amor que se dejó crucificar. Cuando sus discípulos quisieron impedir a uno que expulsaba
demonios en su nombre porque no era uno de ellos, les reprochó: “No se lo impidan, pues no hay nadie que pueda hacer
un milagro en mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por
nosotros.” « Ne l’empêchez pas, car il n’y a personne qui fasse un miracle en mon nom et puisse, aussitôt après, mal
parler de moi. Celui que n’est pas contre nous est pour nous. » (Mc 9,38-40). Deseamos hoy seguir el camino del
Maestro que nos enseñó a amar al enemigo y a poner la otra mejilla, pues somos todos hijos del mismo Padre, “que hace
salir el sol sobre los buenos y los malos” (Mt 5,45).
Junto al Santo Padre, oremos este mes para que en nuestro mundo pueda prevalecer el entendimiento por sobre el
enfrentamiento. Que seamos capaces de construir la paz basada en el constante respeto, la tolerancia y el diálogo.
Como miembros del AO queremos ser los primeros en cultivar la acogida y el respeto a quienes piensan distinto, y
caminar hacia el mundo en el que todos puedan vivir con dignidad.
PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
O EN GRUPO
¿Qué medios podemos utilizar los cristianos para contribuir a erradicar el fundamentalismo y el extremismo en la
sociedad actual?
¿Tengo yo el peligro de caer en estas actitudes intolerantes? ¿Cómo?
¿Qué actitudes debo cultivar en mi vida personal o debería promover en la sociedad para ser más respetuoso,
tolerante y dialogante con personas de otros grupos religiosos o de pensamiento diferente?
TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION
Hch 7,54-60 - Martirio de Esteban: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado”
Mc 9,38-40 - el que no está contra nosotros, está por nosotros.
Mt 5,38-48 - la ley del talión y el amor a los enemigos
INTENCION MISIONERA
Para que los cristianos perseguidos por causa del Evangelio, sostenidos por
el Espíritu Santo, perseveren en el fiel testimonio del amor de Dios por toda
la humanidad.
5. […] Respecto a la libre expresión de la propia fe, hay un síntoma preocupante de falta de paz en el mundo,
que se manifiesta en las dificultades que tanto los cristianos como los seguidores de otras religiones encuentran a
menudo para profesar pública y libremente sus propias convicciones religiosas.
Hablando en particular de los cristianos, debo notar con dolor que a veces no sólo se ven impedidos, sino que en
algunos Estados son incluso perseguidos, y recientemente se han debido constatar también trágicos episodios de feroz
violencia. Hay regímenes que imponen a todos una única religión, mientras que otros regímenes indiferentes alimentan
no tanto una persecución violenta, sino un escarnio cultural sistemático respecto a las creencias religiosas. En todo
caso, no se respeta un derecho humano fundamental, con graves repercusiones para la convivencia pacífica. Esto
promueve necesariamente una mentalidad y una cultura negativa para la paz.
Benedicto XVI
Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz
1 de enero de 2007
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
COMENTARIO PASTORAL
Los cristianos en India son grupos muy minoritarios en la sociedad, a nivel nacional son sólo el 2% de la población.
Muchas veces el trabajo desarrollado por la Iglesia, básicamente en obras educativas y de promoción de los más pobres,
es contestado con odio y violencia. Ante las persecuciones sufridas, ellos se han preguntado la razón de tanta
animadversión en su contra, siendo que son pocos y con poco poder. Es clara la razón. Sus esfuerzos por anunciar una
buena noticia a los más marginados de esa sociedad y el apoyo a sus legítimas reivindicaciones contrarían los intereses
de quienes los explotan, que se ven privados de un grupo humano sometido y dócil a sus abusos. Y lo que es más grave
para ellos, estas reivindicaciones apuntan a un cambio en injusticias que tienen raíces milenarias. La semilla del
evangelio quiere ser aquí la levadura en la masa para un nuevo modelo de cultura y convivencia, sin que eso anula nada
de la enorme riqueza de las tradiciones locales. En cada cultura el Evangelio está llamado a hacer posible la
convivencia como hijos de Dios para todos sin distinción, y esto encuentra resistencia en grupos fundamentalistas
fanatizados.
Esta semilla seguirá creciendo y los cristianos seguirán actuando, reconfortados por las palabras de Jesús a sus
discípulos:
Jn 15,18-21: Si el mundo los odia, sepan que a mí me odió primero
Lc 23,31: Si tratan así al leño verde, qué no harán con el seco
Mt 5,10: Felices los perseguidos por causa de la justicia
Mt 10,24 : El discípulo no es más que el maestro
La Iglesia seguirá trabajando por humanizar las vidas de los excluidos del sistema de castas, ayudándoles a tomar
conciencia de sus derechos. Serán (y son) perseguidos e incluso asesinados, acusados de subversivos y de atentar
contra la identidad religiosa de la India. ¿No nos resuenan estas acusaciones como las mismas causas
“político-religiosas” aducidas para dar muerte a Jesús?
Hay también otros modos de persecución a quienes profesan la fe, menos visibles y menos violentos, pero que
limitan la libre expresión de la fe. Me refiero a la dificultad que viven quienes son cristianos observantes en las
sociedades modernas fuertemente marcadas por el secularismo. Queda muy claro en el testimonio de una religiosa que
trabaja con el Movimiento Eucarístico Juvenil en Canadá:
El jueves pasado tuve un encuentro con jóvenes de entre 14 y 30 años… comenzamos hablando de San Pablo, y se toco
el punto de la persecución de los cristianos en ese tiempo… y luego nos referimos al tiempo actual. Ellos compartieron
algo muy serio, reflejando su propia experiencia. Explicaron cómo viven hoy en un ambiente de persecución. En
ciertos contextos sociales ya están prohibiendo el que se puedan poner imágenes religiosas, cuadros, crucifijos,
así como escuchamos en algunas noticias de América del Norte y Europa, la prohibición del árbol de Navidad. Ellos
hablaron de cómo son criticados y juzgados por los compañeros, quienes a veces no los saludan o hasta los insultan.
Esto se ve tanto en la escuela como en la universidad, incluso de parte de los mismos profesores que a veces se
burlan y ríen de la religión. Los jóvenes que practican y creen se siente ofendidos, pero no pueden hacer mucho y
lo sufren…
|
INTENCION GENERAL
Para que se ponga fin al vergonzoso e inicuo comercio de seres humanos,
que tristemente involucra a millones de mujeres y niños.
[...]
No se puede por menos de mencionar, en este contexto, el tráfico de seres humanos, sobre todo de
mujeres, que prospera donde son escasas las oportunidades de mejorar la propia condición de vida, o
simplemente de sobrevivir. Al traficante le resulta fácil ofrecer sus "servicios" a las víctimas, que
con frecuencia no albergan ni la más mínima sospecha de lo que deberán afrontar luego. En algunos
casos, hay mujeres y muchachas que son destinadas a ser explotadas, en el trabajo, casi como esclavas,
y a veces incluso en la industria del sexo. Al no poder profundizar aquí el análisis de las
consecuencias de esa migración, hago mía la condena que expresó Juan Pablo II contra "la difundida
cultura hedonista y comercial que promueve la explotación sistemática de la sexualidad" (Carta a las
mujeres, 29 de junio de 1995, n. 5). Aquí se halla todo un programa de redención y liberación, del que
los cristianos no pueden desentenderse. [...]
Benedicto XVI
Mensaje para la XCII Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado
18 de octubre de 2005
© Copyright 2005 - Libreria Editrice Vaticana
Ver más en:
VIENNA, FORUM ON THE FIGHT AGAINST "TRAFFICKING IN HUMAN BEINGS" ADDRESS OF H.E. MSGR. AGOSTINO MARCHETTO - 13-15 February 2008
COMENTARIO PASTORAL
Uno de los fenómenos más vergonzosos, injustos y ultrajantes de nuestros tiempos es la trata de personas para la
explotación sexual o laboral, contra la libre voluntad de las víctimas. No se trata de otra cosa que de esclavitud,
que aún en nuestro mundo moderno envuelve a millones de personas en todos los continentes.
La trata de personas es un delito que se ha incrementado en forma importante a nivel mundial desde la década del 90.
Entre los abusos que comúnmente experimentan las víctimas de trata se cuentan “la violación, la tortura, la servidumbre
por deuda, el confinamiento ilegal y las amenazas contra los familiares o personas allegadas a las víctimas así como
otras formas de violencia física, sexual y sicológica” aclara la Oficina Internacional para las Migraciones, OIM.
La entidad agrega que “la demanda de mano de obra barata, de servicios sexuales y de ciertas actividades delictivas
son las causas originarias de la trata de personas. La falta de oportunidades y recursos, así como de poder social son
otros factores que contribuyen a este fenómeno”.
Según información de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, a 2005 la trata de personas era uno de los
tres ilícitos más lucrativos a nivel mundial, aventajado sólo por el tráfico de drogas y de armas. Según estimaciones
esta actividad reporta al crimen organizado unos 32.000 millones de dólares anuales. Para la Oficina de Naciones
Unidas contra la Droga y el Delito, UNDOC, las víctimas de la trata de personas tienen como principal destino la
explotación sexual y los trabajos forzados.
Definición de conceptos asociados
TRAFICO DE PERSONAS:
El tráfico de personas o tráfico ilícito de inmigrantes es facilitar la entrada de personas al país de destino
de manera ilegal a cambio de dinero.
PROSTITUCIÓN:
El término «prostitución» proviene del latín prostitutio, que tiene el mismo significado que el actual y que a
su vez proviene de otro término latino, prostituere, que significa literalmente ‘exhibir para la venta’.
La prostitución consiste en la venta de servicios sexuales a cambio de dinero u otro tipo de retribución.
TRABAJOS FORZADOS:
Situaciones donde los trabajadores carecen de sus derechos laborales y trabajan ilegalmente.
ESCLAVITUD:
El estatuto o condición de una persona sobre la cual se ejerce todo o algún derecho de los poderes asociados al
derecho de propiedad. Esclavo es la persona que por estar bajo el dominio de otra, carece de libertad.
Fuentes: Acnur / Religiosas Adoratrices
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Dada la clandestinidad en la cual operan las mafias es muy difícil saber cuántas son las víctimas de esta grave
violación a la dignidad humana. Los números pueden oscilar entre 700 mil a dos millones de personas traficadas cada
año. La concentración más alta de tráfico humano o trata de personas se encuentra en Asia, pero es una realidad
presente también en los otros continentes.
Lo alarmante de esta situación es la virtual prescindencia de gran parte de las autoridades políticas de las
naciones en tomar medidas efectivas para hacerle frente. El silencio y el desconocimiento del tema en el ámbito
público sólo favorece a quienes amplían sus redes de abducción y extorsión. Son pocos los países que tienen
instrumentos legales para contrarrestar el tráfico de personas, y por lo general son insuficientes e inadecuadas.
Ningún país ha sido verdaderamente capaz de detener el constante crecimiento de este mal.
Resulta difícil imaginar la indecible angustia e impotencia que viven las víctimas que, generalmente, terminan en
drogadicción, padeciendo enfermedades de transmisión sexual y cuyo fin no es otro que la muerte en condiciones de
inhumana precariedad. Aún así, hay personas que han podido escapar a ese destino. Conozcamos algunos de sus
testimonios:
Sin protección para testigos:
“Cuando logré escapar tenía mucho miedo
y sufrí mucho cuando a mi hija la
amenazaron en mi país. Solicité ayuda y
protección para mi hija y que se protegiera
mi identidad en todo el proceso judicial,
pero no hicieron nada. Sigo teniendo miedo,
más cuando estas personas están en la calle.
No lo entiendo, cómo pueden continuar en
España cuando les condenaron a dos años
de prisión y tienen una orden de expulsión.”
Rumania
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Fuerza para ir hacia adelante
“Cuando salí de todo esto estaba muy deprimida y sobre todo
muy cansada. Me ayudó la buena gente que conocí y a nivel
personal tener mucha paciencia y fuerza para no rendirme.
Había momentos en que decía “no aguanto más, se va todo
a la mierda, no puedo”. Entonces fue muy importante tener a
alguien que me diera ánimo, que me ayudara a ir hacia
adelante. Mi pareja fue de gran ayuda, era quien me cogía
de la mano y me decía: “vamos, deja de dar vueltas”.
El recurso donde estaba me daba casa, comida, protección y
una información clara sobre todo lo relacionado con el juicio
y el tema de los papeles, de lo que yo no tenía ni idea.
Después de tanto tiempo sin poder ir al médico, para mí
poder hacerlo era disfrutar de un lujo de la vida. Y podía
también pedir un psicólogo. Además, tenía mi abogada y
por eso todo lo del juicio se movió más rápido y me ponían
más atención cuando llamaba por teléfono para ver cómo
iban mis papeles. Me sentía especial en el buen sentido.
Durante la investigación los policías hicieron bien su trabajo.
En esos nueve meses desde que denuncié hasta el juicio me
fueron informando de lo que encontraban y me daban
ánimos. Me decían que todo iba bien, que le iba a caer una
buena condena. Yo no creía que le iban a pillar, pues pensé
que si era español y tenía dinero seguramente le iban a
creer a él y no a mí. Cuando salió la sentencia, aunque no
me sentí recompensada, me sentí orgullosa de mí misma.
Era como decirle que conmigo no se juega.
Venía de vivir una situación brutal donde no podía decir
nada, ni salir de casa. Cuando la gente me trataba como
una persona, me parecía increíble. En uno de los trabajos
que tuve, mi jefe me dejó dinero prestado cuando me fui
dos meses a mi país. Este gesto fue muy importante para
mí. Le había contado mi historia, pero vi que no lo hacía por
pena, sino porque confiaba en mí. Siempre a un extranjero
le tratan como a extranjero, hay muy poca gente que
realmente te ve como persona, que primero ven que eres
una persona, y luego que vienes de otro país. Yo creo que
la luz que da la vida, es la gente como ésta, porque yo
entonces no confiaba en nadie. Me resultaba muy difícil
recuperar la confianza.
Mis padres no sabían dónde estaba, pensaban que estaba
en Ucrania, trabajando en la construcción. Les mentí
durante meses y llegó un momento en que ya no podía
más, así que les escribí una carta como de 25 páginas,
donde les contaba todo lo que había vivido. Llegué a pensar
que me iban a decir que ya no era su hija, pero ellos y mis
mejores amigos de mi país nunca me dieron la espalda. Ya
no podía seguir con la mentira, era un alivio enorme poder
hablar tranquilamente.
Cuando volví a Bielorrusia, apareció la policía por mi casa,
y me pidieron que denunciara la situación, pues estaban
controlando a las chicas jóvenes que salen del país para
que se no produzca la trata de mujeres. Yo no quería
denunciar porque tengo mi familia, y sé que el sujeto que me
vendió sabe donde vivo y no vamos a cambiar de casa por
eso. Ante la insistencia hablé con mis padres y llegamos a
un acuerdo en la familia, de que contaría lo que sabía. Me
alegré por mi país, de que por fin se moviera, porque eso a
lo mejor puede ayudar a alguien para no cometer el mismo
error. Si sirve para algo mi colaboración me alegro, así
siento que no he sufrido por nada, que por lo menos mi
experiencia sirva para otras personas.
En el futuro lo que quiero hacer con esta situación es
acabarla del todo, dejar sólo las cosas buenas que he
sacado de esta experiencia, la gente que conocí, lo que me
ayudó a mejorar como persona, las cosas que aprendí… y
el resto olvidarlo, quitarlo por completo de mi mente… Eso
ha pasado, pero no vamos a volver a hablar de ello.”
Bielorrusia
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La voz de alerta del Santo Padre nos invita a trabajar por oponernos, resistir y trabajar para eliminar esta lacra de
nuestra sociedad. La intención de oración de este mes constituye un llamado en primer lugar a informarnos sobre el
tema, darlo a conocer y evitar que nuestro silencio favorezca a los criminales. Interesémonos en saber cómo y a
quién denunciar situaciones sospechosas, esto es, a los organismos especializados de la policía de mi país (cuando
estos son fiables), o a otros. Podemos incluso colaborar activamente en instituciones que se encuentran ya trabajando
en el tema. Aquí podemos conocer algunas de estas:
www.proyectoesperanza.org
www.oim/int
www.acnur.org
www.unodc.org
www.un.org
www.acnur.org/biblioteca/pdf/6020.pdf
PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
O EN GRUPO
¿Qué sabemos de la situación de la trata de personas en nuestro país?
¿Qué acciones puedo emprender desde mi fe para contribuir a una mayor conciencia del problema del comercio de seres humanos?
¿Qué conductas de mi vida cotidiana pueden ayudar a promover un mayor respeto entre las personas?
TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION
Am 2,6-7 Ay de los que oprimen a los pobres
St 2,5-9 Dios elige a los pobres
Jn 8,1-12 Jesús aboga por la dignidad de la mujer
INTENCION MISIONERA
Para que los ministros ordenados, las religiosas, religiosos y los laicos
comprometidos en el apostolado, sepan infundir entusiasmo misionero a las
comunidades confiadas a su cuidado.
Señor cardenal;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos hermanos y hermanas:
Me alegra particularmente encontrarme con todos vosotros, que estáis comprometidos directamente en las Obras
misionales pontificias, organismos al servicio del Papa y de los obispos de las Iglesias particulares para realizar
el mandato misionero de evangelizar a las gentes hasta los confines de la tierra. En primer lugar, expreso mi cordial
agradecimiento al señor cardenal Ivan Dias, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, por las
palabras que me ha dirigido en nombre de todos los presentes. Extiendo mi saludo al secretario y a todos los
colaboradores del dicasterio misionero, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y laicas. Queridos hermanos,
gracias a vuestro intenso trabajo la afirmación del Concilio, según la cual "toda la Iglesia es misionera por su misma
naturaleza", se hace realidad efectiva.
Las Obras misionales pontificias tienen el carisma de promover entre los cristianos el celo por el reino de Dios,
que se ha de instaurar por doquier a través del anuncio del Evangelio. Surgidas con esta dimensión universal, fueron un
instrumento valioso en las manos de mis predecesores, que las elevaron al rango de pontificias, recomendando a los
obispos instituirlas en sus diócesis. El concilio Vaticano II les reconoció, con razón, el primer lugar en la
cooperación misionera, "pues son medios para infundir en los católicos, ya desde la infancia, el sentido verdaderamente
universal y misionero y para estimular la recogida eficaz de ayudas en favor de todas las misiones según las
necesidades de cada una" (Ad gentes, 38). El Concilio profundizó particularmente en la naturaleza y la misión de la
Iglesia particular, reconociendo su plena dignidad y su responsabilidad misionera.
La misión es tarea y deber de todas las Iglesias, que como vasos comunicantes comparten personas y recursos para
realizarla. Cada Iglesia particular es el pueblo elegido entre las gentes, convocado en la unidad del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo, para "anunciar las maravillas del que los llamó de las tinieblas a su luz admirable"
(Lumen gentium, 10). Es el lugar donde el Espíritu se manifiesta con la riqueza de sus carismas, suscitando en cada
fiel la llamada y la responsabilidad de la misión. Su misión consiste en promover la comunión. A los gérmenes de
disgregación entre los hombres, que la experiencia diaria muestra tan arraigados en la humanidad a causa del pecado, la
Iglesia particular contrapone la fuerza generadora de unidad del Cuerpo de Cristo.
El Papa Juan Pablo II afirmó con alegría que "se han multiplicado las Iglesias particulares provistas de obispo,
clero y personal apostólico propios; (...) la comunión entre las Iglesias lleva a un intercambio eficaz de bienes y
dones espirituales; (...) se está afianzando una conciencia nueva, según la cual la misión atañe a todos los
cristianos, a todas las diócesis y parroquias, a las instituciones y asociaciones eclesiales" (Redemptoris missio, 2).
Gracias a la reflexión que han desarrollado durante estos decenios, las Obras misionales pontificias se han insertado
en el contexto de los nuevos paradigmas de evangelización y del modelo eclesiológico de comunión entre las Iglesias.
Es evidente que son pontificias, pero por derecho son también episcopales, en cuanto instrumentos en las manos de
los obispos para realizar el mandato misionero de Cristo. "Las Obras misionales pontificias, aunque son las Obras del
Papa, lo son también del entero Episcopado y de todo el pueblo de Dios" (Pablo VI, Mensaje para la Jornada mundial de
las misiones de 1968). Son el instrumento específico, privilegiado y principal para la educación en el espíritu
misionero universal, para la comunión y la colaboración inter-eclesial al servicio del anuncio del Evangelio
(cf. Estatuto, 18)
También en esta fase de la historia de la Iglesia, considerada misionera por su naturaleza, el carisma y el trabajo
de las Obras misionales pontificias no se han agotado, y no deben faltar nunca. Sigue siendo urgente y necesaria la
misión de evangelizar a la humanidad. La misión es un deber, al que hay que responder: "¡Ay de mí si no predicara el
Evangelio!" (1Co 9,16). El apóstol san Pablo, a quien la Iglesia dedica un año especial conmemorando dos mil años de
su nacimiento, comprendió en el camino de Damasco, y experimentó después a lo largo de su ministerio, que la redención
y la misión son actos de amor. El amor a Cristo lo impulsó a recorrer las calles del Imperio romano, a ser heraldo,
apóstol, anunciador del Evangelio (cf. 2Tm 2,1.11) y a hacerse todo a todos, para salvar a toda costa a algunos
(cf. 1Co 9,22). "El que anuncia el Evangelio participa de la caridad de Cristo, que nos amó y se entregó por
nosotros (cf. Ef 5,2); es su emisario y suplica en nombre de Cristo: reconciliaos con Dios (cf. 2Co 5,20)"
(Congregación para la doctrina de la fe, Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización, n. 11:
L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 21 de diciembre de 2007, p. 12). El amor es lo que nos debe impulsar
a anunciar con franqueza y valentía a todos los hombres la verdad que salva (cf. Gaudium et spes, 28). Un amor que se
debe irradiar por doquier y alcanzar el corazón de todo hombre, pues los hombres esperan a Cristo.
Las palabras de Jesús, "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado" (Mt 28,19-20), constituyen aún
un mandato obligatorio para toda la Iglesia y para cada uno de los fieles de Cristo. Este compromiso apostólico es un
deber y también un derecho irrenunciable, expresión propia de la libertad religiosa, que tiene sus correspondientes
dimensiones ético-sociales y ético-políticas (cf. Dignitatis humanae, 6).
A las Obras misionales pontificias se les pide hacer de la missio ad gentes el paradigma de toda la actividad pastoral.
A ellas, y de modo particular a la Unión misional pontificia, les corresponde la tarea de "promover y difundir cada vez
más en el pueblo cristiano el misterio de la Iglesia, es decir, este eficaz espíritu misionero" (Pablo VI, Graves et
increscentes). Estoy seguro de que seguiréis comprometiéndoos con todo vuestro entusiasmo para que vuestras Iglesias
particulares asuman cada vez con más generosidad su parte de responsabilidad en la misión universal.
Benedicto XVI
Discours a la Asamblea Plenaria de los Directores de las Obras Misionales Pontificias
17 de mayo de 2008
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COMENTARIO PASTORAL
En la intención de este mes el Santo Padre nos recuerda la participación que todos tenemos en la tarea misionera de
la Iglesia. Cada miembro de la Iglesia, pero sobre todo los que tienen alguna responsabilidad pastoral, está invitado
a infundir entusiasmo misionero en la comunidad o en las personas que le han sido confiadas.
La forma en que está redactada la intención evidencia una realidad frecuente en muchos lugares: inicialmente por
escasez de sacerdotes, la atención pastoral de las comunidades ha pasado a estar muchas veces en manos de religiosas o
laicos. Este hecho ha servido para desarrollar más ampliamente la definición del rol de estos últimos en la Iglesia.
Hoy las estructuras eclesiales funcionan en general en una rica relación mutua de colaboración entre el clero y los
laicos. Ambos necesitan de la ayuda y del rol propio del otro.
Las Comunidades Eclesiales de Base, Círculos bíblicos, Pastorales Juveniles, Asociaciones y organizaciones eclesiales
fuertemente marcadas por el liderazgo de los laicos, han de ser comunidades pastoras. Estas a veces no cuentan
regularmente con la presencia de sacerdotes, y cuando sí pueden contar con un ministro ordenado, muchas veces es sólo
para la celebración de los sacramentos. Los líderes laicos asumen el encargo pastoral de cuidar de los más débiles y
de acercar a los alejados, como el de anunciar la Palabra a los que no la conocen. Parte integrante de su misión como
pastores de estas comunidades es la de infundir el entusiasmo misionero a los que están y de salir a invitar a los
que no están. Si un determinado grupo carece de impulso misionero, vive en forma truncada e incompleta su modo de ser
Iglesia.
La vocación misionera nos viene dada como semilla en el bautismo. Es parte esencial del ser cristiano que, como
en sus otras dimensiones, es gracia. Despertar ese entusiasmo misionero no será fruto de nuestra fuerza de voluntad,
es un don del Espíritu. Por lo tanto es una gracia que se debe pedir. Este es el sentido de la oración que nos
encarga el Santo Padre para este mes. Recordemos que el Apostolado de la Oración nació misionero, como una invitación
a todos los cristianos a colaborar mediante una vida santa con la obra apostólica de la Iglesia. Pidamos para que el
Espíritu Santo que hizo nacer la Iglesia en la experiencia pascual, la siga engendrando en tantas comunidades a través
de un nuevo fuego de entusiasmo misionero.
|
INTENCION GENERAL
Para que todas las instituciones nacionales y transnacionales se
comprometan a garantizar el respeto de la vida humana, desde la
concepción hasta su fin natural.
[…]
¿Cómo no preocuparse también de los continuos atentados a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural?
Tales atentados afectan incluso a regiones donde la cultura del respeto de la vida es tradicional, como en África,
donde se intenta trivializar subrepticiamente el aborto por medio del Protocolo de Maputo, así como por el Plan de
acción adoptado por los Ministros de Sanidad de la Unión Africana, y que dentro de poco se someterá a la Cumbre de
Jefes de Estado y de Gobierno. Se extienden también amenazas contra la estructura natural de la familia, fundada en
el matrimonio de un hombre y una mujer, así como los intentos de relativizarla dándole el mismo estatuto que a otras
formas de unión radicalmente diferentes. Todo esto ofende la familia y contribuye a desestabilizarla, violando su
carácter específico y su papel social único. Otras formas de agresión a la vida se cometen a veces al amparo de la
investigación científica. Se apoya en la convicción de que la investigación no está sometida más que a las leyes que
ella se da a sí misma, y que no tiene otro límite que sus propias posibilidades. Es el caso, por ejemplo, del intento
de legitimar la clonación humana para hipotéticos fines terapéuticos. […]
Benedicto XVI
Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede
8 de enero de 2007
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
* * *
El derecho a la vida y a la libertad religiosa
4. El deber de respetar la dignidad de cada ser humano, en el cual se refleja la imagen del Creador, comporta como
consecuencia que no se puede disponer libremente de la persona. Quien tiene mayor poder político, tecnológico o
económico, no puede aprovecharlo para violar los derechos de los otros menos afortunados. En efecto, la paz se basa
en el respeto de todos. Consciente de ello, la Iglesia se hace pregonera de los derechos fundamentales de cada
persona. En particular, reivindica el respeto de la vida y la libertad religiosa de todos. El respeto del derecho a
la vida en todas sus fases establece un punto firme de importancia decisiva: la vida es un don que el sujeto no tiene
a su entera disposición. Igualmente, la afirmación del derecho a la libertad religiosa pone de manifiesto la relación
del ser humano con un Principio trascendente, que lo sustrae a la arbitrariedad del hombre mismo. El derecho a la vida
y a la libre expresión de la propia fe en Dios no están sometidos al poder del hombre. La paz necesita que se
establezca un límite claro entre lo que es y no es disponible: así se evitarán intromisiones inaceptables en ese
patrimonio de valores que es propio del hombre como tal.
5. Por lo que se refiere al derecho a la vida, es preciso denunciar el estrago que se hace de ella en nuestra sociedad:
además de las víctimas de los conflictos armados, del terrorismo y de diversas formas de violencia, hay muertes
silenciosas provocadas por el hambre, el aborto, la experimentación sobre los embriones y la eutanasia. ¿Cómo no ver en
todo esto un atentado a la paz? El aborto y la experimentación sobre los embriones son una negación directa de la
actitud de acogida del otro, indispensable para establecer relaciones de paz duraderas. Respecto a la libre expresión
de la propia fe, hay un síntoma preocupante de falta de paz en el mundo, que se manifiesta en las dificultades que
tanto los cristianos como los seguidores de otras religiones encuentran a menudo para profesar pública y libremente
sus propias convicciones religiosas. Hablando en particular de los cristianos, debo notar con dolor que a veces no
sólo se ven impedidos, sino que en algunos Estados son incluso perseguidos, y recientemente se han debido constatar
también trágicos episodios de feroz violencia. Hay regímenes que imponen a todos una única religión, mientras que otros
regímenes indiferentes alimentan no tanto una persecución violenta, sino un escarnio cultural sistemático respecto a
las creencias religiosas. En todo caso, no se respeta un derecho humano fundamental, con graves repercusiones para
la convivencia pacífica. Esto promueve necesariamente una mentalidad y una cultura negativa para la paz.
La igualdad de naturaleza de todas las personas
6. En el origen de frecuentes tensiones que amenazan la paz se encuentran seguramente muchas desigualdades injustas
que, trágicamente, hay todavía en el mundo. Entre ellas son particularmente insidiosas, por un lado, las desigualdades
en el acceso a bienes esenciales como la comida, el agua, la casa o la salud; por otro, las persistentes desigualdades
entre hombre y mujer en el ejercicio de los derechos humanos fundamentales.
Un elemento de importancia primordial para la construcción de la paz es el reconocimiento de la igualdad esencial
entre las personas humanas, que nace de su misma dignidad trascendente. En este sentido, la igualdad es, pues, un bien
de todos, inscrito en esa “gramática” natural que se desprende del proyecto divino de la creación; un bien que no se
puede desatender ni despreciar sin provocar graves consecuencias que ponen en peligro la paz. Las gravísimas carencias
que sufren muchas poblaciones, especialmente del Continente africano, están en el origen de reivindicaciones violentas
y son por tanto una tremenda herida infligida a la paz.
7. La insuficiente consideración de la condición femenina provoca también factores de inestabilidad en el orden
social. Pienso en la explotación de mujeres tratadas como objetos y en tantas formas de falta de respeto a su dignidad;
pienso igualmente —en un contexto diverso— en las concepciones antropológicas persistentes en algunas culturas, que
todavía asignan a la mujer un papel de gran sumisión al arbitrio del hombre, con consecuencias ofensivas a su dignidad
de persona y al ejercicio de las libertades fundamentales mismas. No se puede caer en la ilusión de que la paz está
asegurada mientras no se superen también estas formas de discriminación, que laceran la dignidad personal inscrita por
el Creador en cada ser humano.[5]
Derechos humanos y Organizaciones internacionales
12. Una paz estable y verdadera presupone el respeto de los derechos del hombre. Pero si éstos se basan en una
concepción débil de la persona, ¿cómo evitar que se debiliten también ellos mismos? Se pone así de manifiesto la
profunda insuficiencia de una concepción relativista de la persona cuando se trata de justificar y defender sus
derechos. La aporía es patente en este caso: los derechos se proponen como absolutos, pero el fundamento que se aduce
para ello es sólo relativo. ¿Por qué sorprenderse cuando, ante las exigencias “incómodas” que impone uno u otro
derecho, alguien se atreviera a negarlo o decidera relegarlo? Sólo si están arraigados en bases objetivas de la
naturaleza que el Creador ha dado al hombre, los derechos que se le han atribuido pueden ser afirmados sin temor de
ser desmentidos. Por lo demás, es patente que los derechos del hombre implican a su vez deberes. A este respecto,
bien decía el mahatma Gandhi: «El Ganges de los derechos desciende del Himalaya de los deberes». Únicamente aclarando
estos presupuestos de fondo, los derechos humanos, sometidos hoy a continuos ataques, pueden ser defendidos
adecuadamente. Sin esta aclaración, se termina por usar la expresión misma de « derechos humanos », sobrentendiendo
sujetos muy diversos entre sí: para algunos, será la persona humana caracterizada por una dignidad permanente y por
derechos siempre válidos, para todos y en cualquier lugar; para otros, una persona con dignidad versátil y con
derechos siempre negociables, tanto en los contenidos como en el tiempo y en el espacio.
Benedicto XVI
Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz
8 de diciembre de 2006
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana
Ver más en:
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A UN GRUPO DE REPRESENTANTES DEL MOVIMIENTO POR LA VIDA EN ITALIA
- 12 mai 2008
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A UN CONGRESO ORGANIZADO POR LA ACADEMIA PONTIFICIA PARA LA VIDA - 27 de febrero de 2006
MENSAJE DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II PARA LA CELEBRACIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ - Especialmente n. 4 - 8 de diciembre de 1998
COMENTARIO PASTORAL
He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia, es la palabra de Jesús a los suyos (Jn 10,10). El Dios
de la vida se ha manifestado en nuestra tierra para conducir a todos sus hijos e hijas a una vida plena. Fiel a la
enseñanza del Maestro, la Iglesia siempre ha defendido la vida de las personas, desde su inicio antes de nacer, hasta
su fin natural. Garantizar este respeto por la vida humana es la preocupación del Papa en la intención de este mes.
No todos los grupos u organizaciones muestran coherencia en sus luchas por defender la vida. Algunos se proclaman
grandes defensores de los derechos humanos, y de hecho hacen una encomiable labor, pero fallan a la hora de defender
el derecho de los más indefensos, los no nacidos. Propugnan la inaceptable tesis que el aborto es un derecho de la
mujer sobre su cuerpo. El derecho a nacer es el primero y más básico de los derechos, no sujeto a la arbitraria
decisión de la madre. En ocasiones, estos mismos grupos apoyan la eutanasia, que es un modo de aprobar el dudoso
derecho a matar.
Por otro lado, hay quienes son enérgicos y activos en la lucha contra el aborto o la eutanasia, con gran celo por
la doctrina de la Iglesia, pero guardan silencio ante los atropellos a los derechos de los pobres y otras graves
injusticias sociales. Algunos de estos grupos en ciertos países desarrollados han incluso apoyado y sostenido la
injustificable guerra contra Iraq. Este planteamiento no es fiel al conjunto del magisterio de la Iglesia que
promueve siempre la paz y la justicia.
Las cifras del daño a la vida a nivel mundial son escalofriantes: 45 millones de abortos al año, 2000 millones de
personas en la miseria, 1500 de estos sin siquiera tener acceso al agua potable, 70 millones los refugiados y
desplazados, 300.000 los niños soldados …y mucho más.
La coherencia en la defensa de la vida desde su inicio hasta su fin natural pasa también hoy por la defensa del
medio ambiente. En el hábitat donde ha de nacer y crecer la vida, atentar contra él es atentar contra la vida.
La preocupación del Papa este mes constituye un llamado a las instituciones sociales nacionales e internacionales a
ejercer su misión de promover la vida en favor de sus pueblos. Se requiere el esfuerzo mancomunado de todos los
agentes sociales para contrarrestar las fuerzas de quienes siembran muerte en el mundo.
Son interminables los links de instituciones y personas que desarrollan acciones y proyectos a favor de la vida.
Nos limitamos a algunos:
Servicio Jesuita a Refugiados
Naciones Unidas - Declaración Universal de Derechos Humanos
Naciones Unidas - Derechos Humanos
Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos
Indice universal de los derechos humanos sobre los Documentos des las Naciones Unidas
The Refuge Media Project (is developing several video documentaries and other resources for those working with immigrant torture survivors)
FIDH (Federación Internacional para los Derechos Humanos)
Human Rights Watch
Acción por la Vida y la Paz (Organización peruana por la defensa de la vida y una cultura de Paz)
Un video de denuncia contra el aborto, con imágenes muy fuertes, impactante: (SPA – ENG)
Wikipedia ofrece un listado de numerosas organizaciones de defensa de la vida (contra el aborto) en distintos países del mundo
PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
O EN GRUPO
¿Qué situaciones o actitudes de nuestra sociedad constituyen amenazas a la vida (de los pobres, de los no-nacidos)?
¿Qué tipo de acciones podríamos emprender en nuestro medio en defensa de la vida? ¿cuáles serían las más urgentes?
¿Sé explicar los principios básicos o la doctrina que la Iglesia defiende en estos temas?
TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION
Gn 1,1 – 2,4 Relato de la creación
Lc 4,16-21 Misión profética de Jesús
Mc 10,13-16 Dejen que los niños vengan a mí
INTENCION MISIONERA
Para que las Iglesias en Asia, que constituyen "una pequeña grey" entre
poblaciones no cristianas, sepan comunicar el Evangelio y testimoniar con
gozo su adhesión a Cristo.
[…]
Aunque los católicos en la República de China representen poco más del uno por ciento de la población, desean
desempeñar su papel en la construcción de una sociedad humana, justa y caracterizada por un auténtico interés en
el bienestar de los miembros más débiles de la comunidad. Forma parte de la misión de la Iglesia compartir su ser
"experta en humanidad" con todas las personas de buena voluntad para contribuir al bienestar de la familia humana.
La Iglesia da su contribución de modo especial en los campos de la educación, la salud y la ayuda caritativa. El
compromiso firme de su Gobierno en favor de la libertad religiosa ha permitido a la Iglesia cumplir su misión de
amor y servicio, y expresarse abiertamente a través del culto y el anuncio del Evangelio. En nombre de todos los
católicos de Taiwan deseo manifestar mi aprecio por esta libertad de la que goza la Iglesia.
En las poblaciones de Asia, gracias a su "intuición espiritual innata" y a su "sabiduría moral" (
Ecclesia in Asia, 6), hay una gran vitalidad religiosa y capacidad de renovación. Por eso esa tierra es particularmente
fértil para que el diálogo interreligioso arraigue y crezca. Los asiáticos siguen demostrando "una apertura natural al
enriquecimiento recíproco de los pueblos, en la pluralidad de religiones y culturas" (ib.). En el mundo actual es muy
importante que pueblos diferentes sean capaces de escucharse en un clima de respeto y dignidad, conscientes de que su
humanidad común es un vínculo mucho más profundo que los cambios culturales que los dividen. Ese crecimiento en el
entendimiento mutuo presta un servicio muy necesario a la sociedad en general. "Al dar testimonio de las verdades
morales que tienen en común con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, los grupos religiosos ejercen una
influencia positiva sobre la cultura en su sentido más amplio" (Discurso durante el encuentro interreligioso,
Washington, el 17 de abril de 2008: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 25 de abril de 2008, p. 9).
Un diálogo sincero y constructivo es también la clave para la solución de los conflictos que amenazan la estabilidad
de nuestro mundo. A este respecto, la Santa Sede se congratula por los recientes progresos en las relaciones entre
Taiwan y la China continental. De hecho, la Iglesia católica desea promover soluciones pacíficas a conflictos de todo
tipo, "prestando atención y estímulo también a las más tenues señales de diálogo o deseo de reconciliación" (Discurso
a la Asamblea general de las Naciones Unidas, 18 de abril de 2008: L'Osservatore Romano, edición en lengua española,
25 de abril de 2008, p. 10). Así quiere apoyar los esfuerzos de los gobiernos de convertirse en "firmes defensores de
la dignidad humana y audaces constructores de paz" (Mensaje para la Jornada mundial de la paz de 2007, n. 16:
L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de diciembre de 2006, p. 6).
Benedicto XVI
Discurso al Señor Wang Larry Yu-Yuan
nuevo Embajador de la República de China ante la Santa Sede
8 de noviembre de 2008
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana
* * *
[…]
De hecho, el mundo tiene hambre del mensaje de esperanza que trae consigo el Evangelio. Incluso en países tan
altamente desarrollados como el vuestro, muchos están descubriendo que el éxito económico y la tecnología avanzada no
bastan por sí mismos para llenar el corazón humano. Quien no conoce a Dios, "en el fondo está sin esperanza, sin la
gran esperanza que sostiene toda la vida" (Spe salvi, 27). Recordad al pueblo que en la vida hay algo más que el éxito
profesional y el lucro. Mediante la práctica de la caridad, en la familia y en la comunidad, se puede llevar a los
hombres "al encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro" (Deus caritas est,
31).
Esta es la gran esperanza que los cristianos de Japón pueden ofrecer a sus compatriotas. No es ajena a la cultura
japonesa, sino que más bien la refuerza y da un nuevo impulso a todo lo que hay de bueno y noble en el patrimonio de
vuestra amada nación. El respeto bien merecido que los ciudadanos de vuestro país tienen hacia la Iglesia por su
importante contribución a la educación, a la sanidad, y en muchos otros campos, os brinda la oportunidad de entablar
un diálogo con ellos y hablarles con alegría de Cristo, la "luz verdadera que ilumina a todo hombre" (Jn 1, 9).
Los jóvenes, en especial, corren el riesgo de ser engañados por la fascinación de la cultura laica moderna. Pero,
como todas las grandes y pequeñas esperanzas que a primera vista parecen prometer mucho (cf. Spe salvi, 30), resulta
ser una falsa esperanza, y trágicamente la desilusión a menudo conduce a la depresión y a la desesperación, incluso al
suicidio. Si su energía y su entusiasmo juvenil se orientan hacia las cosas de Dios, las únicas que pueden satisfacer
sus anhelos más profundos, cada vez más jóvenes se sentirán estimulados a entregar su vida a Cristo, y algunos
reconocerán una llamada a servirlo en el sacerdocio o en la vida religiosa. Invitadlos a discernir si esta puede ser
su vocación. Nunca tengáis miedo de hacerlo. Asimismo, animad a vuestros sacerdotes y también a los religiosos a ser
activos en la promoción de las vocaciones, y guiad a vuestro pueblo en la oración, rogando al Señor que "envíe obreros
a su mies" (Mt 9, 38).
La mies del Señor en Japón está cada vez más constituida por personas de diversas nacionalidades, hasta el punto de
que más de la mitad de la población católica está formada por inmigrantes. Es una oportunidad para enriquecer la vida
de la Iglesia en vuestro país y para vivir la verdadera catolicidad del pueblo de Dios. Dando pasos para garantizar
que todos se sientan acogidos en la Iglesia, podéis aprovechar los muchos dones que aportan los inmigrantes. Al mismo
tiempo, debéis permanecer vigilantes para garantizar que se observen cuidadosamente las normas litúrgicas y
disciplinarias de la Iglesia universal. El Japón moderno ha elegido comprometerse sin reservas con el resto del
mundo, y la Iglesia católica, con su dimensión universal, puede dar una valiosa contribución a este proceso de
apertura cada vez mayor a la comunidad internacional.
También otras naciones pueden aprender de Japón, de la sabiduría de su antigua cultura y especialmente del testimonio
de paz que ha caracterizado su posición en el escenario político mundial durante los últimos sesenta años. Habéis hecho
oír la voz de la Iglesia sobre la importancia continua de este testimonio, con mayor razón en un mundo donde los
conflictos armados causan tantos sufrimientos a los inocentes. Os animo a seguir hablando sobre cuestiones de
interés público en la vida de vuestra nación, y a garantizar que vuestras declaraciones se promuevan y se difundan
ampliamente, para que puedan ser correctamente acogidas en todos los niveles de la sociedad. De este modo, el
mensaje de esperanza que el Evangelio conlleva tocará de verdad los corazones y las mentes, llevando a una mayor
confianza en el futuro, a un amor y un respeto más grandes por la vida, y una apertura creciente a los extranjeros
y a los que residen en medio de vosotros. "Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva"
(Spe salvi, 2).
A este respecto, la próxima beatificación de 188 mártires japoneses ofrece un signo claro de la fuerza y la vitalidad
del testimonio cristiano en la historia de vuestro país. Desde los primeros días, los hombres y mujeres japoneses han
estado dispuestos a derramar su sangre por Cristo. Gracias a la esperanza de esas personas, "tocadas por Cristo, ha
brotado esperanza para otros que vivían en la oscuridad y sin esperanza" (Spe salvi, 8). Me uno a vosotros en la
acción de gracias a Dios por el testimonio elocuente de Pedro Kibe y sus compañeros, que "han lavado sus vestiduras
y las han blanqueado con la sangre del Cordero" (Ap 7, 14 ss).
Benedicto XVI
Discurso a la Conferencia Episcopal de Japón en visita "Ad Limina"
15 de diciembre de 2007
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
* * *
[...]
Asia presenta, ante todo, unos países caracterizados por una población muy numerosa y un gran desarrollo económico.
Pienso en China y en la India, países en plena expansión, deseando que su presencia creciente en la escena
internacional conlleve beneficios para sus propias poblaciones y para las otras naciones. Igualmente, formulo votos
por Vietnam, recordando su reciente adhesión a la Organización Mundial del Comercio. Mi pensamiento se dirige a las
comunidades cristianas. En la mayor parte de los países de Asia se trata a menudo de comunidades pequeñas, pero
vivas, que desean legítimamente poder vivir y actuar en un clima de libertad religiosa. Éste es un derecho primordial
y al mismo tiempo una condición que les permitirá contribuir al progreso material y espiritual de la sociedad,
actuando como elementos de cohesión y concordia.
En Timor Oriental, la Iglesia católica se propone seguir ofreciendo su contribución, en particular en los sectores
de la educación, de la sanidad y de la reconciliación nacional. La crisis política sufrida por este joven Estado, así
como por otros países de la región, evidencia una cierta fragilidad de los procesos de democratización. Peligrosos focos
de tensión se fraguan en la Península de Corea. Debe perseguirse en el marco de la negociación el objetivo de la
reconciliación del pueblo coreano y la desnuclearización de la Península, que tantos efectos beneficiosos tendría en
toda la región. Conviene evitar los gestos que puedan comprometer las negociaciones, sin condicionar por ello a sus
resultados las ayudas humanitarias destinadas a las capas más vulnerables de la población norcoreana.
Quisiera llamar vuestra atención sobre otros dos países asiáticos que son motivo de preocupación. En Afganistán, es
necesario deplorar, a lo largo de los últimos meses, el aumento notable de la violencia y los ataques terroristas, que
dificultan el camino hacia una salida de la crisis gravando pesadamente sobre las poblaciones locales. En Sri Lanka, el
fracaso de las negociaciones de Ginebra entre el Gobierno y el Movimiento Tamil ha supuesto una intensificación del
conflicto, que provoca inmensos sufrimientos entre la población civil. Sólo la vía del diálogo podrá garantizar un
futuro mejor y más seguro para todos.
Benedicto XVI
Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede
8 de enero de 2007
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
Ver más en:
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS MIEMBROS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COREA Y AL PREFECTO APOSTÓLICO DE ULAN BATOR EN VISITA "AD LIMINA"
- 3 de diciembre de 2007
COMENTARIO PASTORAL
En los países asiáticos el porcentaje de católicos suele ser muy bajo. Con la excepción de Filipinas y Timor
Oriental, en todo el resto son grupos minoritarios y, en muchos de ellos, casi inexistentes en comparación al total de
la población. Viven su fe y desarrollan su misión cristiana rodeados de millones de personas que jamás han oído el
anuncio de Cristo. Muchas veces lo hacen en condiciones de sospecha o de abierta hostilidad, fruto de gobiernos
nacionales intolerantes o grupos fundamentalistas fanatizados (ver el comentario a la intención general de Abril).
Entre los países que Occidente llama “del lejano Oriente”, algunos han alcanzado altos niveles de desarrollo
económico y tecnológico (como Japón, Taiwán, Corea del Sur) y otros, como China, se encaminan a él a grandes pasos.
Pero en muchos casos el precio que se paga por este éxito material son altos índices de agotamiento(estrés) y de
insatisfacción en las personas, debido a la enorme presión y al exceso de trabajo a que se ven sometidos en aras de la
productividad. Esto se observa incluso en los niños, fuertemente exigidos por sus padres para alcanzar el éxito
académico. Podemos definirlas, en muchos casos, como sociedades en crisis: Crisis de valores y de ausencia de Dios,
aún cuando el budismo en algunas partes goza de vitalidad y popularidad entre la población. Han alcanzado el progreso
de acuerdo a patrones occidentales, pero se han debilitado sus estructures familiares, sociales y religiosas
tradicionales. Muchos no saben ya hacia dónde mirar.
Es aquí donde los cristianos en estos países tienen una oportunidad de testimoniar la Buena Nueva de Jesucristo, en
respuesta a la intención del Papa para este mes. Muchos hombres y mujeres cansados y desorientados aceptarían gustosos
un anuncio capaz de dar nuevo sentido a sus vidas. (Tanto en japonés como en chino, la palabra “crisis” significa dos
cosas: peligro y oportunidad.) En este contexto cultural y político difícil, que daña a muchas personas, los
cristianos encuentran la vida nueva de Jesucristo y la ofrecen a sus hermanos. La fuerza nueva del Resucitado
transforma la oscuridad en luminosidad, según las palabras del Señor, “agarrarán serpientes en sus manos y aunque
beban veneno no les hará daño” (Mc 16,18).
También constatamos con esperanza cómo la Iglesia en algunos de estos países, como India, Vietnam e Indonesia, vive
una vigorosa expansión y un sostenido florecimiento, también en el número de vocaciones a la vida religiosa. La sangre
de muchos mártires que en estas regiones han dado su vida por la fe está dando sus frutos. Oremos intensamente este
mes junto al Santo Padre para que este pequeño rebaño tenga la fuerza del Espíritu para poder, en un contexto
desafiante, “comunicar el Evangelio y testimoniar con gozo su adhesión a Cristo”.
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INTENCION GENERAL
Para que en todas las naciones del mundo las elecciones de los
gobernantes se realicen según la justicia, trasparencia y honestidad,
respetando las decisiones libres de los ciudadanos.
Una buena gestión de los asuntos públicos
110. Los Padres del Sínodo fueron unánimes al reconocer que el mayor desafío para realizar la justicia y la paz en
África consiste en administrar bien los asuntos públicos en los campos de la política y la economía, relacionados entre
sí. Ciertos problemas tienen origen fuera del continente y, por este motivo, no están completamente bajo el control de
los gobernantes y dirigentes nacionales. Pero la Asamblea sinodal reconoció que muchas problemáticas del continente son
consecuencia de un modo de gobernar frecuentemente degenerado por la corrupción. Es necesario un fuerte despertar de
las conciencias, unido a una firme determinación de la voluntad para poner en acto las soluciones que ya no es posible
dejar de lado.
Construir la nación
111. En la vertiente política, el arduo proceso de construcción de unidades nacionales encuentra en el continente
africano particulares obstáculos, ya que la mayor parte de los Estados son entidades políticas relativamente recientes.
Conciliar profundas diferencias, superar antiguas enemistades de naturaleza étnica e integrarse en un orden mundial
requiere una gran habilidad en el arte de gobernar. Por este motivo, la Asamblea sinodal elevó al Señor una ferviente
oración para que en África surjan políticos —hombres y mujeres— santos; para que se tengan santos Jefes de Estado, que
amen el propio pueblo hasta el fondo y que deseen servir antes que servirse[215].
La vía del derecho
112. Los fundamentos de un buen gobierno deben establecerse sobre la sólida base de las leyes, que protejan los
derechos y definan los deberes de los ciudadanos[216]. Con gran tristeza debo constatar que no pocas naciones africanas
están sufriendo todavía bajo regímenes autoritarios y opresivos, que niegan a sus súbditos la libertad personal y los
derechos humanos fundamentales, de modo particular la libertad de asociación y de expresión política, y el derecho de
elegir a sus propios gobernantes mediante elecciones libres y justas. Estas injusticias políticas provocan tensiones,
que a menudo degeneran en conflictos armados y en guerras internas, que llevan consigo graves consecuencias, como
carestías, epidemias y destrucciones, por no hablar de los exterminios, del escándalo y de la tragedia de los
refugiados. Por este motivo, el Sínodo afirmó con razón que una auténtica democracia, en el respeto del pluralismo, es
« uno de los principales caminos por los que la Iglesia avanza con el pueblo. (...) El laico cristiano, comprometido
en las luchas democráticas según el espíritu del Evangelio, es el signo de una Iglesia que quiere estar presente en
la construcción de un Estado de derecho, en toda África »[217].
Administrar el patrimonio común
113. El Sínodo hace además una llamada a los gobiernos africanos para que adopten políticas apropiadas con objeto de
promover el crecimiento económico y las inversiones, en vista de la creación de nuevos puestos de trabajo[218]. Esto
implica el compromiso de promover políticas económicas sanas, estableciendo correctas prioridades para la explotación y
distribución de los recursos a veces exiguos, de modo que se provea a las necesidades fundamentales de las personas y se
asegure una justa y equitativa distribución de beneficios y obligaciones. Los gobiernos tienen, en particular, el
inderogable deber de proteger el patrimonio común contra cualquier forma de despilfarro y de apropiación indebida por
parte de ciudadanos sin sentido cívico o de extranjeros sin escrúpulos. A los gobiernos corresponde también emprender
adecuadas iniciativas para mejorar las condiciones del comercio internacional.
Los problemas económicos de África se han agudizado por el comportamiento deshonesto de algunos gobernantes corruptos
que, en complicidad con intereses privados locales o extranjeros, derrochan en su provecho los recursos nacionales,
transfiriendo dinero público a cuentas privadas en bancos extranjeros. Se trata de verdaderos y auténticos robos, sea
cual fuere la cobertura legal. Deseo vivamente que los organismos internacionales y personas íntegras de los Países
africanos o de otros Países del mundo sepan disponer los medios jurídicos adecuados para hacer volver los capitales
indebidamente sustraídos. En la concesión de créditos es importante también asegurarse sobre la responsabilidad y la
transparencia de los destinatarios[219].
Juan Pablo II
Exhortación Apostólica Postsinodal "Ecclesia in Africa"
14 de septiembre de 1995
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
Ver más en:
ADDRESS OF HIS HOLINESS BENEDICT XVI TO H.E. Mr OBED WADZANI NEW AMBASSADOR OF THE FEDERAL REPUBLIC OF NIGERIA TO THE HOLY SEE - 29 May 2008
MENSAJE DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II PARA LA CELEBRACIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ - 8 de diciembre de 1998
COMENTARIO PASTORAL
Es difícil decir cuántos países, estados o ciudades del mundo son conducidos por gobiernos verdaderamente legítimos y
representativos de su gente. Son muchísimos los lugares que no califican en esta categoría. En muchas partes no existe
la práctica básica de la democracia para la elección de las autoridades. Gobiernos de facto se han instalado en el
poder, a veces por largos años, y parecen más interesados en perpetuarse en sus posiciones de privilegio que en servir
al pueblo. En muchos lugares se realizan parodias de sufragios controlados por el poder, que luego se presentan como
democráticos. Impedir a la oposición un equitativo acceso a la propaganda electoral previa a los comicios, comprar,
falsificar o manipular los votos, entre otras cosas, frustran la libre decisión de la gente y generan violencia.
Incluso las democracias tradicionales en los países occidentales suscitan muchas interrogantes respecto al modo
en que estas respetan la libre voluntad de los ciudadanos dado los altos costos de las campañas, los mecanismos
de designación de los candidatos por parte de los partidos, los juegos de poder y de intereses particulares, etc.
El Papa llama nuestra atención a esta grave situación presente en tantas partes del mundo. Nos invita como
cristianos a orar y actuar a fin que en las elecciones prevalezca el bienestar de la nación o la región por sobre los
intereses individuales. Pedimos con el Santo Padre que haya justicia, transparencia y honestidad en los procesos
eleccionarios de los pueblos. Creemos que construir sobre la base de la verdad es la única manera de establecer una
sociedad que crezca en paz y prosperidad para todos.
De hecho, la Iglesia siempre ha animado el compromiso de los cristianos en la política y en el debate público, en
vista a la construcción de un mundo más justo. Es más, la Iglesia está llamada a desarrollar un rol activo de educación
de la conciencia ciudadana, a fin de generar líderes cristianos dispuestos a servir a su pueblo. Ya lo indicó Jesús a
sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo” (Mt 5,13-14). Es misión del bautizado trabajar
por una sociedad más humana y justa, también en el ámbito político. El Evangelio ha de ser inspirador para los
políticos cristianos empeñados en construir la sociedad de hoy y del mañana.
Si no estamos dispuestos a comprometernos con nuestra oración y con nuestra acción también en el ámbito político, no
tendremos derecho a lamentarnos después de los malos gobernantes que hemos puesto en el poder.
PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
O EN GRUPO
¿Conozco la doctrina de la Iglesia respecto a la participación de los cristianos en política? ¿Qué nos toca a nosotros?
¿Cómo nos podemos implicar personal y comunitariamente para ayudar a la transparencia y honestidad de los procesos eleccionarios?
¿Soy transparente, honesto y respetuoso de los demás cuando me toca ejercer el poder, aunque sea a nivel familiar o comunitario?
TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION
Is 32,1-8 - Habrá un rey que reinará con rectitud
Is 59,13-15 - la justicia ha sido despreciada
1Tm 2,1-4 - oren por sus gobernantes
Mt 5,13-16 - sal y luz del mundo
INTENCION MISIONERA
Para que los cristianos se comprometan a ofrecer en todas partes,
especialmente en los grandes centros urbanos, una contribución válida a la
promoción de la cultura, de la justicia, de la solidaridad y de la paz.
[...]
3. El fenómeno de las megalópolis ya es antiguo y la Iglesia ha tratado de responder a él del mejor modo posible. En
su carta apostólica Octogesima adveniens, de 1971, el Papa Pablo VI afirmó que la urbanización creciente e irreversible
constituye un gran desafío para la sabiduría, la imaginación y la capacidad de organización de la humanidad (cf. n. 10).
Subrayó cómo la urbanización en una sociedad industrial altera los estilos y las estructuras tradicionales de vida,
produciendo en el hombre «una nueva soledad (...) en medio de una muchedumbre anónima (...) dentro de la cual se siente
como extraño» (ib.). También produce lo que el Papa definió «nuevos proletariados», en los arrabales de las grandes
ciudades, «cinturón de miseria que llega a asediar, mediante una protesta silenciosa, todo el lujo demasiado estridente
de las ciudades del consumo y del despilfarro» (ib.). Así, surge una cultura de discriminación e indiferencia, que «se
presta a nuevas formas de explotación y de dominio» (ib.) que hieren profundamente la dignidad humana.
Ésta no es toda la verdad sobre las megalópolis modernas, pero sí es una parte esencial, y plantea a la Iglesia,
especialmente a sus pastores, un desafío urgente e ineludible. Se ha de reconocer que la urbanización brinda nuevas
oportunidades, crea nuevos modelos de comunidad y estimula muchas formas de solidaridad; pero «en vuestra lucha contra
el pecado» (Hb 12, 4), es precisamente el aspecto oscuro de la urbanización el que concentra a menudo vuestra atención
pastoral inmediata.
Desde 1971, la verdad de las observaciones del Papa Pablo VI ha sido cada vez más patente, a medida que el proceso
de urbanización ha ido incrementándose. Los padres sinodales destacaron que el desplazamiento de la población hacia las
ciudades se debe con frecuencia a la pobreza, a la falta de oportunidades y a la escasez de servicios en las áreas
rurales (cf. Ecclesia in America, 21). La atracción aumenta cada vez más porque las ciudades prometen empleo y
entretenimiento, y se presentan como la respuesta a la pobreza y al aburrimiento cuando, de hecho, no hacen más que
engendrar nuevas formas de ambos.
Para muchas personas, especialmente para los jóvenes, la ciudad se convierte en una experiencia de desarraigo,
anonimato e injusticia, con la consiguiente pérdida de identidad y del sentido de la dignidad humana. El resultado es,
a menudo, la violencia, que ahora caracteriza a muchas de las grandes ciudades, incluso en vuestro país. En el centro
de esta violencia se halla una protesta que nace de una decepción profundamente arraigada: la ciudad promete mucho y da
muy poco a un gran número de personas. Este sentido de decepción está relacionado, asimismo, con una pérdida de
confianza en las instituciones políticas, jurídicas y educativas, pero también en la Iglesia y en la familia. En este
mundo, un mundo de grandes ausencias, se tiene la sensación de que los cielos se han cerrado (cf. Is 64, 1) y que
Dios está muy lejos. Es un mundo cada vez más secularizado, un mundo de una sola dimensión, que muchos sienten como
una cárcel. En esta «ciudad del hombre», estamos llamados a construir «la ciudad de Dios»; y frente a un cometido
tan arduo, tal vez sentimos la tentación de desalentarnos, como el profeta Jonás en Nínive, y renunciar a nuestra
misión (cf. Jon 4, 1-3; Octogesima adveniens, 12). Pero el Señor mismo, como hizo con Jonás, nos guiará
decididamente por el camino que ha elegido para nosotros.
4. Los padres del Sínodo no promovieron una nueva evangelización urbana de manera indeterminada: precisaron algunos
elementos de la actividad pastoral que requiere dicha evangelización. Hablaron de la necesidad de «una evangelización
urbana metódica y capilar mediante la catequesis, la liturgia y el modo de organizar las propias estructuras pastorales»
(Ecclesia in America, 21). Así pues, tenemos tres elementos muy precisos: la catequesis, la liturgia y la organización
de las propias estructuras pastorales; esos elementos están radicalmente unidos a las tres dimensiones del ministerio
del obispo: enseñar, santificar y gobernar. Aquí tocamos, queridos hermanos en el episcopado, el punto central de lo
que Cristo nos llama a ser y a hacer en la nueva evangelización.
Estas tres dimensiones tienen como objetivo una experiencia nueva y más profunda de la comunidad en Cristo, que es
la única respuesta eficaz y duradera a una cultura marcada por el desarraigo, el anonimato y las injusticias. Cuando
esta experiencia es frágil, es probable que aumente el número de fieles que se alejan de la religión o se desvían a las
sectas y a los grupos seudorreligiosos, que se aprovechan de su alienación y se desarrollan entre los cristianos
decepcionados de la Iglesia, cualquiera que sea el motivo. Ya no se puede esperar que las personas acudan
espontáneamente a nuestras comunidades; más bien, debe existir un nuevo impulso misionero en las ciudades, con hombres
y mujeres generosos, sobre todo jóvenes, que se comprometan en nombre de Cristo a invitar a la gente a unirse a la
comunidad eclesial. Se trata de un elemento central de la organización de las estructuras pastorales, necesario para
una nueva evangelización de las ciudades. Esa evangelización dará un nuevo impulso como el que permitió el nacimiento
de la Iglesia en vuestra tierra: me refiero, en particular, al compromiso heroico de Juan de Brébeuf e Isaac Jogues,
de Margarita Bourgeoys y Margarita d'Youville. Sin embargo, ahora el objetivo es la ciudad, y aquí el nuevo
heroísmo misionero debe resplandecer como lo hizo en el pasado, pero de manera diferente. Esto dependerá en gran
parte del impulso y de la entrega de los misioneros laicos urbanos; éstos necesitarán también contar con la ayuda
de sacerdotes verdaderamente celosos, que estén movidos por espíritu misionero y sepan cómo infundirlo en los
demás. Es vital que los seminarios y las casas de formación sean considerados claramente como escuelas para la
misión, formando sacerdotes que podrán ayudar a los fieles a convertirse en los nuevos evangelizadores que la
Iglesia necesita ahora.
[...]
7. En una comunidad más consciente de la presencia de Cristo la megalópolis encontrará el signo dado por Dios, que
señala algo más allá de una cultura de desarraigo, anonimato e injusticia. Se alimentará la cultura de la vida que
vosotros, queridos hermanos en el episcopado, os habéis esforzado con tanta constancia por promover; y esto, a su vez,
dará vida a una cultura de la dignidad humana, el verdadero humanismo que está enraizado en el acto creativo de Dios y
que es siempre un signo de la fuerza redentora de Cristo. Esta comunidad será la semilla de «la ciudad santa, la
nueva Jerusalén que baja del cielo, de junto a Dios» (cf. Ap 21, 2). Nosotros hemos tenido esa visión de la Iglesia:
por eso «hemos sabido que hay una ciudad de Dios y deseamos llegar a ser ciudadanos de ella» (san Agustín, La ciudad
de Dios, XI, 1), pues allí «descansaremos y veremos; veremos y amaremos; amaremos y alabaremos» (ib., XXII, 30).
Alabando con nuestro corazón y nuestros labios a la santísima Trinidad, nos dirigimos a María, «Madre de América»
(Ecclesia in America, 76). Que ella, por quien la luz surgió en la tierra, ilumine vuestro camino mientras avanzáis con
vuestro pueblo en medio de las tinieblas para encontraros con el Señor resucitado. Encomendando la Iglesia que está en
Ontario a su solicitud constante e invocando la infinita misericordia de Dios sobre vosotros, los sacerdotes, los
religiosos y los fieles laicos, os imparto de corazón mi bendición apostólica.
Juan Pablo II
a los Obispos de Ontario, Canadá, en Visita "Ad Limina Apostolorum"
4 de mayo de 1999
© Copyright 1999 - Libreria Editrice Vaticana
Ver más en:
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA DE SU SANTIDAD PABLO VI "EVANGELII NUNTIANDI" - La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas. (20) - 8 de diciembre de 1975
REDEMPTORIS MISSIO - POPE JUAN PABLO II - sobre la permanente Validez del Mandato Misionero, especialmente n. 52 - 7 de diciembre de 1990
COMENTARIO PASTORAL
La intención de este mes nos pone ante el desafío de la evangelización de la gran ciudad. Los grandes centros urbanos
se han convertido en nuestros días en el lugar dónde vive la mayor parte de la población, dejando atrás los tiempos en
que prevalecía una cultura rural.
Las sobre-pobladas metrópolis modernas han generado una cultura propia, o mejor, diversas culturas en su interior,
con grandes e importantes desafíos no sólo a la evangelización, sino también a la convivencia humana. Encontramos en
ellas el mundo del comercio y el trabajo, así como el de la cesantía, el mundo juvenil en sus múltiples expresiones, la
desigual distribución de la riqueza, el mundo de la miseria y marginación, los sin casa, el hacinamiento y la
promiscuidad, las pandillas y la violencia, el tráfico de drogas, la contaminación ambiental y acústica, la seguridad
(o inseguridad) ciudadana, los desafíos del transporte urbano, entre muchos otros aspectos que el ciudadano común debe
enfrentar cada día. También forman parte de la ciudad el mundo artístico, la educación, el deporte y la recreación,
la vida social y familiar, la diversidad cultural y el aporte de los inmigrantes, … y la vida en la ciudad moderna
cobra ritmos acelerados. Puede llegar a ser un mundo fraccionado y estresante, incluso amenazante y cruel para
algunos, donde a pesar de estar rodeados de millones de personas, se llega a experimentar la más profunda soledad.
Es en este contexto donde el hombre y la mujer de hoy buscan a Dios.
¿Cómo hablar de Dios en la gran ciudad? ¿Cómo testimoniar su presencia en un ambiente secularizado y desacralizado?
¿Cómo anunciar un mensaje evangélico que ha de ser levadura en la masa para gestar una sociedad más justa, solidaria y
pacífica? ¿Cuál es la nueva cultura que comienza a germinar con la semilla del evangelio, capaz de responder al corazón
del hombre moderno? ¿Cómo podemos los cristianos contribuir para hacer más fraternal y humana la vida en la ciudad?
La respuesta a estas preguntas nos pone en la línea de la intención misionera del Papa para este mes. Sin la
posibilidad de responderlas aquí, queremos al menos tomar conciencia de la problemática y situarnos en las pistas de
solución.
¿Por qué un tema como este puede ser considerado una intención misionera? No hay duda, la misión cristiana ha de
encontrar su cauce en la vida diaria de la gran ciudad. Parte fundamental de la misión propia del cristiano, recibida
en el bautismo, es promover activamente la nueva cultura de justicia, solidaridad y paz, según las palabras del Papa.
Es la Buena Noticia que en su época San Pablo, el gran misionero, salió a anunciar precisamente en los centros urbanos,
y que hoy estamos llamados a hacer presente en los nuevos areópagos (cf. Hch 17,19).
Orando junto al Santo Padre este mes comprometámonos a ser misioneros en la gran ciudad. Colaboremos con el Señor
para que aquí se vivan los valores del Reino, para que las minorías sean respetadas y los débiles sean socorridos, para
que los cristianos puedan hacer “una contribución válida a la promoción de la cultura, de la justicia, de la
solidaridad y de la paz”, según las palabras del Papa.
|
INTENCION GENERAL
Para que los sin trabajo, sin techo y cuantos viven en grave situación de
necesidad encuentren comprensión y acogida y sean ayudados de forma
concreta a superar sus dificultades.
[...]
Al inicio del año se nos invita a mirar la situación internacional para examinar los retos que debemos afrontar
juntos. Entre las cuestiones esenciales, ¿cómo no pensar en los millones de personas, especialmente mujeres y niños,
que carecen de agua, comida y vivienda? El escándalo del hambre, que tiende a agravarse, es inaceptable en un mundo
que dispone de bienes, de conocimientos y de medios para subsanarlo. Esto nos impulsa a cambiar nuestros modos de
vida y nos recuerda la urgencia de eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial, y
corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente y un
desarrollo humano integral para hoy y sobre todo para el futuro. Invito de nuevo a los Responsables de las Naciones
más ricas a tomar las iniciativas necesarias para que los países pobres, que a menudo poseen muchas riquezas
naturales, puedan beneficiarse de los frutos de sus propios bienes. Desde este punto de vista, es también motivo de
preocupación el retraso en el cumplimiento de los compromisos asumidos por la comunidad internacional en los años
recientes. Sería, pues, de desear la reanudación de las negociaciones comerciales de “Doha Development Round” de
la Organización Mundial del Comercio, así como la continuación y la aceleración del proceso de anulación y
reducción de la deuda de los países más pobres, sin que eso esté condicionado por medidas de ajuste estructural,
perjudiciales para las poblaciones más vulnerables.
Igualmente, en el ámbito del desarme, se multiplican los síntomas de una crisis progresiva, vinculada a las
dificultades en las negociaciones sobre las armas convencionales así como sobre las armas de destrucción masiva, y, por
otra parte, al aumento de los gastos militares a escala mundial. Las cuestiones de seguridad, agravadas por el
terrorismo que es necesario condenar firmemente, deben tratarse con un enfoque global y clarividente.
Por lo que se refiere a las crisis humanitarias, conviene tener en cuenta que las Organizaciones que las afrontan
necesitan un apoyo más fuerte, a fin de que puedan proporcionar protección y asistencia a las víctimas. Otra cuestión
que adquiere siempre más relieve es la de los movimientos de personas: millones de hombres y mujeres se ven obligados a
dejar sus hogares o su patria debido a violencias, o a buscar condiciones de vida más dignas. Es ilusorio pensar que los
fenómenos migratorios puedan ser bloqueados o controlados simplemente por la fuerza. Las migraciones y los problemas
que crean deben afrontarse con humanidad, justicia y compasión.[...]
Benedicto XVI
Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede
8 de enero de 2007
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
COMENTARIO PASTORAL
Al constatar la trágica situación de niños y adultos pobres que dormían en las calles bajo los puentes, San Alberto
Hurtado, jesuita chileno fallecido en 1952, no se quedó de brazos cruzados. Fundó el Hogar de Cristo, un albergue para
darles techo y comida, y salió a buscarlos a la calle. Hoy su obra ha crecido incluso más allá de las fronteras del
país y acoge a miles y miles de niños, jóvenes, adultos, enfermos, ancianos, personas toxico-dependientes, e incluso
desarrolla importantes proyectos de construcción de viviendas de bajo costo para los pobres.
La hermana Gonxha Agnes (María Teresa) Bojaxhiu, religiosa de Loreto, trabajaba en un colegio para niñas de familias
acomodadas en India. Pero su corazón estaba inquieto al ver cada día en la calle la miseria de los sin-hogar. Se
sintió muy claramente llamada por el Señor a hacer algo por ellos. Dejó su congregación y salió a encontrar y servir a
Jesús en "los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba". La Madre Teresa de Calcuta fue luego la
fundadora de las Misioneras de la Caridad.
En una ciudad del norte de Chile caracterizada, como muchas ciudades, por la presencia de numerosos enfermos mentales
adultos que deambulan abandonados por las calles, hace algunos años un grupo de cristianos decidió actuar. Se
organizaron para conseguir los fondos, arrendaron y más tarde compraron una casa para darles acogida. Brindándoles
techo, comida y afecto se realizó el milagro de dar humanidad y dignidad a quienes hasta hacía poco vivían en
condiciones infra-humanas. La obra ha perdurado y crecido y hoy sigue acogiendo al Cristo pobre y desamparado que
camina por las calles de la ciudad.
Siguiendo la inspiración del Espíritu de Jesús, el pobre de Nazaret, muchos a través de la historia han dado
respuestas concretas a la inquietud del corazón del Papa este mes. En Francia, el Abate Pierre, fundador de los
Traperos de Emaús, San Pedro Claver en Colombia, San Martín de Porres en Perú, San Damian de Molokai en Hawái, San
Francisco de Asís en Italia, entre tantos otros.
“La fe sin obras es una fe muerta”, nos recuerda el apóstol Santiago (2,17). “El amor se ha de poner más en las
obras que en las palabras”, enseña San Ignacio de Loyola. “La injusticia causa enormemente más males que los que puede
remediar la caridad”, sentencia San Alberto Hurtado. Preguntémonos qué podemos hacer para que nuestras vidas sean más
coherentes con lo que estaremos orando junto al Santo Padre este mes.
PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
O EN GRUPO
¿Qué hago y qué puedo hacer para aliviar la suerte de quienes viven en situación de grave necesidad?
¿Conozco algún grupo u organización de asistencia a los más necesitados donde podría participar como voluntario/a? ¿De qué forma enriquezco mi vida al participar?
¿Qué significa la frase de Alberto Hurtado: “la injusticia causa enormemente más males que los que puede remediar la caridad”?
TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION
Is 58,6-10 el ayuno que agrada al Señor
St 2,14-20 la fe se muestra con hechos
Lc 4,16-21 Cristo viene a dar buenas noticias a los pobres
INTENCION MISIONERA
Para que la Iglesia sea el "hogar" de todos, pronta a abrir sus puertas a
cuantos son obligados a emigrar a otros países por las discriminaciones
raciales y religiosas, el hambre y las guerras.
Queridos hermanos y hermanas:
Este año el Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado tiene por tema «San Pablo migrante,
‘Apóstol de los pueblos’», [...]
La proclamación del kerygma lo impulsó a atravesar los mares del Cercano Oriente y recorrer los caminos de Europa,
hasta llegar a Roma. Partió de Antioquía, donde se anunció el Evangelio a poblaciones que no pertenecían al judaísmo y
donde a los discípulos de Jesús por primera vez se les llamó «cristianos» (cf. Hch 11, 20. 26). Su vida y su predicación
estuvieron totalmente orientadas a hacer que Jesús fuera conocido y amado por todos, porque en él todos los pueblos
están llamados a convertirse en un solo pueblo.
También en la actualidad, en la era de la globalización, esta es la misión de la Iglesia y de todos los bautizados,
una misión que con atenta solicitud pastoral se dirige también al variado universo de los emigrantes —estudiantes fuera
de su país, inmigrantes, refugiados, prófugos, desplazados—, incluyendo los que son víctimas de las esclavitudes
modernas, como por ejemplo en la trata de seres humanos. También hoy es preciso proponer el mensaje de la salvación
con la misma actitud del Apóstol de los gentiles, teniendo en cuenta las diversas situaciones sociales y culturales,
y las dificultades particulares de cada uno como consecuencia de su condición de emigrante e itinerante. Formulo el
deseo de que cada comunidad cristiana tenga el mismo fervor apostólico de san Pablo, el cual, con tal de anunciar a
todos el amor salvífico del Padre (cf. Rm 8, 15-16; Ga 4, 6) a fin de «ganar para Cristo al mayor número posible»
(1 Co 9, 19) se hizo «débil con los débiles..., todo a todos, para salvar a toda costa a algunos» (1 Co 9, 22). Que
su ejemplo nos sirva de estímulo también a nosotros para que seamos solidarios con estos hermanos y hermanas
nuestros, y promovamos, en todas las partes del mundo y con todos los medios posibles, la convivencia pacífica entre
las diversas etnias, culturas y religiones.
Pero, ¿cuál fue el secreto del Apóstol de los gentiles? El celo misionero y la pasión del luchador, que lo
caracterizaron, brotaban del hecho de que él, «conquistado por Cristo» (Flp 3, 12), permaneció tan íntimamente unido a
él que se sintió partícipe de su misma vida, a través de «la comunión en sus padecimientos» (Flp 3, 10; cf. también
Rm 8, 17; 2 Co 4, 8-12; Col 1, 24). Aquí está la fuente del celo apostólico de san Pablo, el cual narra: «Aquel que me
separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelarme a mí a su Hijo, para que lo anunciara
entre los gentiles» (Ga 1, 15-16; cf. también Rm 15, 15-16). Se sintió «crucificado con Cristo» hasta el punto de
poder afirmar: «Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20). Y ninguna dificultad le impidió
proseguir su valiente acción evangelizadora en ciudades cosmopolitas como Roma y Corinto, que en aquel tiempo
estaban pobladas por un mosaico de etnias y culturas.
Al leer los Hechos de los Apóstoles y las Cartas que san Pablo dirige a varios destinatarios, se aprecia un modelo de
Iglesia no exclusiva, sino abierta a todos, formada por creyentes sin distinción de cultura y de raza, pues todo
bautizado es miembro vivo del único Cuerpo de Cristo. Desde esta perspectiva, cobra un relieve singular la solidaridad
fraterna, que se traduce en gestos diarios de comunión, de participación y de solicitud gozosa por los demás. Sin
embargo, como enseña también san Pablo, no es posible realizar esta dimensión de acogida fraterna recíproca sin estar
dispuestos a la escucha y a la acogida de la Palabra predicada y practicada (cf. 1 Ts 1, 6), Palabra que impulsa a
todos a la imitación de Cristo (cf. Ef 5, 1-2) imitando al Apóstol (cf. 1 Co 11, 1). Por tanto, cuanto más unida a
Cristo está la comunidad, tanto más solicita se muestra con el prójimo, evitando juzgarlo, despreciarlo o
escandalizarlo, y abriéndose a la acogida recíproca (cf. Rm 14, 1-3; 15, 7). Los creyentes, configurados con Cristo,
se sienten en Él «hermanos» del mismo Padre (cf. Rm 8, 14-16; Ga 3, 26; 4, 6). Este tesoro de fraternidad los hace
«practicar la hospitalidad» (Rm 12, 13), que es hija primogénita del agapé (cf. 1 Tm 3, 2; 5, 10; Tt 1, 8; Flm 17).
Así se realiza la promesa del Señor: «Yo os acogeré y seré para vosotros padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas» (2 Co 6, 17-18).
Si somos conscientes de esto, ¿cómo no hacernos cargo de las personas que se encuentran en penurias o en condiciones
difíciles, especialmente entre los refugiados y los prófugos? ¿Cómo no salir al encuentro de las necesidades de
quienes, de hecho, son más débiles e indefensos, marcados por precariedad e inseguridad, marginados, a menudo
excluidos de la sociedad? A ellos es preciso prestar una atención prioritaria, pues, parafraseando un conocido texto
paulino, «Dios eligió lo necio del mundo para confundir a los sabios, (...), lo plebeyo y despreciable del mundo, y
lo que no es, para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios» (1 Co 1, 27-29).
Queridos hermanos y hermanas, la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que se celebrará el día 18 de enero
de 2009, ha de ser para todos un estímulo a vivir en plenitud el amor fraterno sin distinciones de ningún tipo y sin
discriminaciones, con la convicción de que nuestro prójimo es cualquiera que tiene necesidad de nosotros y a quien
podemos ayudar (cf. Deus caritas est, 15). Que la enseñanza y el ejemplo de san Pablo, humilde y gran Apóstol y
emigrante, evangelizador de pueblos y culturas, nos impulse a comprender que el ejercicio de la caridad constituye
el culmen y la síntesis de toda la vida cristiana. Como sabemos bien, el mandamiento del amor se alimenta cuando
los discípulos de Cristo participan unidos en la mesa de la Eucaristía que es, por excelencia, el Sacramento de
la fraternidad y del amor. Y, del mismo modo que Jesús en el Cenáculo unió el mandamiento nuevo del amor fraterno
al don de la Eucaristía, así sus «amigos», siguiendo las huellas de Cristo, que se hizo «siervo» de la humanidad,
y sostenidos por su gracia, no pueden menos de dedicarse al servicio recíproco, ayudándose unos a otros según lo
que recomienda el mismo san Pablo: «Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo»
(Ga 6, 2). Sólo de este modo crece el amor entre los creyentes y el amor a todos (cf. 1 Ts 3, 12).
Queridos hermanos y hermanas, no nos cansemos de proclamar y testimoniar esta «Buena Nueva» con entusiasmo, sin miedo
y sin escatimar esfuerzos. En el amor está condensado todo el mensaje evangélico, y los auténticos discípulos de Cristo
se reconocen por su amor mutuo y por acoger a todos. Que nos obtenga este don el Apóstol san Pablo y especialmente
María, Madre de la acogida y del amor. A la vez que invoco la protección divina sobre todos los que están
comprometidos en ayudar a los emigrantes y, más en general, en el vasto mundo de la emigración, aseguro un constante
recuerdo en la oración por cada uno e imparto con afecto a todos la Bendición Apostólica.
Benedicto XVI
Mensaje para la 95ª Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado
24 de agosto de 2008
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana
Ver más en:
MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL EMIGRANTE Y EL REFUGIADO - 18 de octubre de 2007
COMENTARIO PASTORAL
Habitantes de Zimbabwe han debido huir a Sudáfrica, Sudaneses de Darfur se han refugiado en el Chad, miembros de
minorías discriminadas de Myanmar han huido a Tailandia, bhutaneses han tenido que huir a Nepal, miles de iraquíes, a
Jordania. También pakistaníes, afganos, congoleses, colombianos, somalíes, nigerianos, personas de Sri-Lanka, entre
otros, han debido desplazarse dentro de sus fronteras para escapar de la muerte y el terror de los combates. Sin contar
los cientos de miles de africanos que emprenden penosas travesías para alcanzar Europa en busca de mejores
perspectivas, o lo mismo, innumerables centroamericanos y mexicanos que pasan durísimas pruebas para llegar a Estados
Unidos.
La lista de los millones y millones de personas inocentes, honestas y trabajadoras, que se ven forzadas a huir de sus
hogares dejando atrás todo por miedo o por hambre es mucho más larga. Huyen aterrorizados hacia donde puedan y con lo
poco que puedan cargar, muchos de ellos habiendo sufrido crueles maltratos o la muerte de los suyos. Casi el 80% son
mujeres y niños cuyas familias han sido truncadas o divididas por los conflictos.
Hoy la migración, forzada y no forzada, es un fenómeno mundial. De hecho, en todos los países, seguramente también el
nuestro, hay quienes han dejado sus tierras y sus costumbres para buscar mejores condiciones de vida.
¿Quién los acoge?
Son rechazados, temidos, se les niegan sus derechos de asilo; son discriminados y tratados como delincuentes,
perseguidos y hasta asesinados. ¿Por qué? Porque son diferentes, hablan otra lengua, vienen de otra parte. Son vistos
como una amenaza por quienes llegaron antes.
La Biblia da testimonio que el Pueblo de Dios fue siempre un pueblo de migrantes y que pasó por duros sufrimientos en
su destierro. El mismo Jesús y su familia, cuando él era niño, fueron obligados a emigrar a Egipto, también buscando
una puerta abierta…
El Papa nos invita este mes a abrir las puertas de la Iglesia a los más necesitados, sobre todo a los refugiados.
Que encuentren en nosotros, en nuestra comunidad cristiana y en nuestras sociedades un hogar, una mano tendida, una
sonrisa y un corazón comprensivo. Que todos los bautizados, hijos e hijas del mismo Padre, independiente de dónde
hayan nacido, puedan sentir que en la Iglesia llegan a su casa.
Hoy son numerosos los ejemplos de organismos e instituciones, de Iglesia y laicales, donde los más pobres encuentran
acogida y apoyo.
Conozca algunas de ellas:
Servicio Jesuita a Refugiados (JRS)
La Cimade est une association de solidarité active avec les migrants, les réfugiés et les demandeurs d'asile, à Paris, France
Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados – ACNUR
SERPAJ-AL - Servicio Paz y Justicia en América Latina
Amnesty International
ECRE - European Council on Refugees and Exiles
Refugees International
Save the Children
U.S. Committee for Refugees
|
INTENCION GENERAL
Para que en las regiones menos desarrolladas del mundo el anuncio de la
Palabra de Dios renueve el corazón de las personas, alentándolas a ser
protagonistas de un auténtico progreso social.
La Palabra de Dios y el servicio de la caridad
39. La diakonia o servicio de la caridad es una vocación de la Iglesia de Jesucristo, en correspondencia con la
caridad que el Verbo de Dios ha manifestado con sus palabras y con sus obras.
Es necesario que la Palabra de Dios lleve al amor del prójimo. En muchas comunidades se afirma que el encuentro con
la Palabra no se agota en la escucha y en la celebración en sí misma, sino que está orientado al empeño concreto,
personal y comunitario, hacia el mundo de los pobres, en cuanto signo de la presencia del Señor.
[...]
Dado que tantas páginas de la Sagrada Escritura no solo sugieren, sino que ordenan el respeto de la justicia hacia el
prójimo (cf. Dt 24, 14-15; Am 2, 6-7; Jer 22, 13; St 5, 4), habrá fidelidad a la Palabra cuando la primera forma de
caridad se realice en el respeto de los derechos de la persona humana, en la defensa de los oprimidos y de los que
sufren. A este propósito se tenga presente la importancia de las comunidades de fe, formadas también por pobres y
animadas por la lectura de la Biblia. Es necesario dar consolación y esperanza a los pobres del mundo. El Señor, que
ama la vida, con su Palabra desea iluminar, guiar y confortar toda la vida de los creyentes en cada circunstancia, en
el trabajo y en la fiesta, en el sufrimiento, en el tiempo libre, en los empeños familiares y sociales, y en cada
situación de la vida, de modo que cada uno pueda discernir en cada caso y optar por lo que es bueno (cf. 1 Tes 5, 21),
reconociendo así la voluntad de Dios y poniéndola en práctica (cf. Mt 7, 21).
[...]
La Palabra de Dios, fermento de las culturas modernas
57. En el curso de los siglos el libro de la Biblia ha entrado en las culturas, llegando a inspirar varios ámbitos
del saber filosófico, pedagógico, científico, artístico y literario. El pensamiento bíblico ha penetrado tanto, que ha
llegado a ser síntesis y alma de la misma cultura. Como afirmaba el entonces Cardenal Ratzinger en un comentario a la
Encíclica Fides et Ratio: «Ya en la misma Biblia se encuentra un patrimonio de pensamiento religioso y filosófico
pluralístico derivado de diversos mundos culturales. La Palabra de Dios se desarrolla en el contexto de una serie de
encuentros mientras el hombre busca dar una respuesta a sus preguntas últimas. La Biblia no cayó directamente desde
el cielo, sino que es verdaderamente una síntesis de las culturas»[109]. Las influencias económicas y tecnológicas
de inspiración secularista, potenciadas por el amplio servicio de los mass media, requieren un diálogo más intenso
entre Biblia y cultura, diálogo a veces dialéctico, pero pleno de potencialidad para el anuncio, pues es rico de
preguntas con sentido, que encuentran en la Palabra del Señor una respuesta liberadora.
Esto significa que la Palabra de Dios tiene que entrar como fermento en un mundo pluralista y secularizado, en los
areópagos modernos, llevando «la fuerza del evangelio al corazón de la cultura y de las culturas»[110] para
purificarlas, elevarlas y transformarlas en instrumentos del Reino de Dios. Esto requiere una inculturación de la
Palabra de Dios, realizada no con superficialidad, sino con una adecuada preparación en relación con las otras
situaciones, de manera que aparezca la identidad del misterio cristiano y su benéfica eficacia hacia cada persona. En
este contexto ha de ser atentamente estudiada la investigación de la llamada “historia de los efectos”
(Wirkungsgeschichte) de la Biblia en la cultura y en el ethos común, por lo cual la Biblia justamente es llamada y
considerada como “gran código”, especialmente en Occidente. El Santo Padre Benedicto XVI ha afirmado: «Hoy, más que
nunca, la apertura recíproca entre las culturas es un terreno privilegiado para el diálogo entre hombres comprometidos
en la búsqueda de un humanismo auténtico, por encima de las divergencias que los separan. También en el campo cultural
el cristianismo ha de ofrecer a todos la fuerza de renovación y de elevación más poderosa, es decir, el amor de Dios
que se hace amor humano»[111]. De todo esto se hacen cargo con gran empeño y mérito muchos centros culturales
esparcidos en el mundo.
Sínodo de los Obispos
XII Asamblea General Ordinaria
Instrumentum Laboris
11 de mayo de 2008
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COMENTARIO PASTORAL
Yo hago nuevas todas las cosas (Apoc 21,5)
La intención de oración del Santo Padre para septiembre, mes en que muchas Iglesias celebran el Mes de la Biblia,
nos invita a poner la Palabra de Dios al centro. Él nos llama a renovar nuestra confianza en la fuerza transformadora
de la Palabra, capaz de hacer nuevas todas las cosas, aún en las regiones menos desarrolladas del mundo.
Así como la lluvia y la nieve bajan sobre la tierra y no regresan sin antes empaparla, fecundarla y hacerla
germinar, así la palabra de Dios no vuelve a Él sin producir frutos (Is 55,10-11).
La Palabra renueva la esperanza y moviliza a la acción en situaciones donde hay mucho dolor, en las regiones en
conflicto o aquellas que padecen grave pobreza:
Haré brotar ríos en los cerros desiertos
y manantiales en medio de los valles. (Is 41,18)
Miren, yo voy a crear
un cielo nuevo y una tierra nueva.
Lo pasado quedará olvidado,
nadie se acordará más de ello. […]
Allí no habrá niños que mueran a los pocos días,
ni ancianos que no completen su vida. […]
La gente construirá casas y vivirá en ellas,
sembrará viñedos y comerá sus uvas. […]
El lobo y el cordero comerán juntos,
el león comerá pasto como el buey,
y la serpiente se alimentará de tierra.
En todo mi monte santo,
no habrá quien haga ningún daño.
El Señor lo ha dicho. (Is 65,17-25)
La Palabra trae el consuelo y la ternura de Dios:
El Dios de ustedes dice:
Consuelen, consuelen a mi pueblo;
hablen con cariño a Jerusalén
y díganle que su esclavitud ha terminado. […]
Llega ya el Señor con poder,
sometiéndolo todo a la fuerza de su brazo. […]
Viene como un pastor que cuida su rebaño;
levanta los corderos en sus brazos,
los lleva junto al pecho
y atiende con cuidado a las recién paridas. (Is 40,1-11)
La Palabra de Dios es de fiar:
La hierba se seca y la flor se marchita,
pero la Palabra de nuestro Dios
permanece firme para siempre (Is 40,8)
La formulación de la intención del Papa expresa su fe en la potencialidad de la Palabra de Dios para gestar el
“auténtico progreso social”. Actúa en nosotros y nos moviliza a hacer real el gozoso anuncio de la salvación que viene
del Señor:
El espíritu del Señor está sobre mí,
porque el Señor me ha consagrado;
me ha enviado a dar buenas noticias a los pobres,
a aliviar a los afligidos,
a anunciar libertad a los presos, […]
a anunciar el año favorable del Señor. (Is 61,1-2)
Todos los que tengan sed,
vengan a beber agua;
los que no tengan dinero, vengan,
consigan trigo de balde y coman… (Is 55,1)
Dios interviene a favor de sus pobres, y lo hace suscitando profetas que anuncian y llevan adelante su obra de
salvación:
Yo no dejo que se cumplan las predicciones de los falsos profetas […]
Pero hago que se cumplan las palabras de mis siervos
y que salgan bien los planes de mis enviados. (Is 44,25-26)
Así dice el Señor:
Los de Israel han cometido tantas maldades
que no dejaré de castigarlos:
pues venden al inocente por dinero
y al pobre por un par de sandalias.
Oprimen y humillan a los pobres
y se niegan a hacer justicia a los humildes. (Amós 2,6-7)
Que la intención de este mes renueve nuestro amor por la Palabra y nos estimule a abrir el Libro Santo con
frecuencia. Que su asidua lectura haga de nosotros nuevos profetas, comprometidos en el nacimiento de una nueva cultura
y un auténtico progreso social.
El Cardenal Josip Bozanić enviado especial del Papa para la celebración del XVII centenario del martirio del obispo
San Quirino, expresaba en Croacia: “Los perseguidores nunca han tenido la última palabra. […] No puede existir ni
sistema político ni persecución que logre eliminar la fuerza de la Palabra de Dios.” 09/06/2009
PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
O EN GRUPO
¿Puedo contar algún testimonio de la fuerza transformadora de la Palabra de Dios en mi vida?
¿Qué dificultades encuentran los cristianos para la lectura personal de la Biblia?
¿Cómo podemos aprender más de la Biblia para entenderla mejor y amarla más?
TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION
Is 29,17-24 el Líbano está a punto de convertirse en un vergel…
Is 41,13-20 Yo el Señor, no los abandonaré
Jr 30,8 Libraré a mi pueblo del yugo de la esclavitud
Hb 1,1 En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado
1Jn 1,1-4 lo que hemos visto y oído y tocado de la Palabra de Vida
Jn 1,14 - la Palabra se hizo carne
Mc 2,27 - La ley es para el hombre, y no el hombre para la ley
INTENCION MISIONERA
Para que abriendo el corazón al amor, se ponga fin a tantas guerras y
conflictos que aún ensangrientan el mundo.
[...]
Al considerar la situación política en los distintos continentes, encontramos aún muchos motivos de preocupación y de
esperanza. Constatamos en primer lugar que la paz es a menudo muy frágil e incluso ridiculizada. No podemos olvidar el
Continente africano. El drama de Darfour continúa y se extiende a las regiones fronterizas del Chad y de la República
Centroafricana. La comunidad internacional parece impotente desde hace casi cuatro años, a pesar de las iniciativas
destinadas a aliviar a las poblaciones indefensas y a aportar una solución política. Estos medios sólo podrán ser
eficaces mediante una colaboración activa entre las Naciones Unidas, la Unión Africana, los Gobiernos implicados y
otros protagonistas. Les invito a todos a actuar con determinación: no podemos aceptar que tantos inocentes sigan
sufriendo y muriendo así.
La situación en el Cuerno de África se ha agravado recientemente con la reanudación de las hostilidades y la
internacionalización del conflicto. Al llamar a todas las partes a que abandonen las armas y a la negociación, me
permito recordar a Sor Leonella Sgorbati, que dio su vida al servicio de los más desfavorecidos, invocando el perdón
para sus asesinos. Que su ejemplo y su testimonio inspiren a todos los que buscan realmente el bien de Somalia.
En Uganda, es preciso alentar los avances de las negociaciones entre las partes, de cara a poner fin a un conflicto
cruel en el que se han reclutado incluso numerosos niños obligados a hacer de soldados. Esto permitirá a muchos
desplazados volver a su casa y reemprender una vida digna. La colaboración de los jefes religiosos y la reciente
designación de un Representante del Secretario General de las Naciones Unidas son un buen augurio. Repito: no olvidemos
África y sus numerosas situaciones de guerra y tensión. Es necesario recordar que sólo las negociaciones entre los
diferentes protagonistas pueden abrir la vía para una justa solución de los conflictos y dejar entrever un progreso
en la consolidación de la paz.
La Región de los Grandes Lagos se ha visto ensangrentada, después de años, por guerras feroces. Con satisfacción y
esperanza conviene acoger la reciente evolución positiva, en particular la conclusión de la fase de transición política
en Burundi y más recientemente en la República Democrática del Congo. Sin embargo, es urgente que los países se
esfuercen en recuperar el funcionamiento de las instituciones del estado de derecho, para poner freno a todas las
arbitrariedades y permitir el desarrollo social. Para Ruanda, deseo que el largo proceso de reconciliación nacional
después del genocidio alcance su fruto en la justicia, y también en la verdad y el perdón. La Conferencia
internacional sobre la Región de los Grandes Lagos, con la participación de una delegación de la Santa Sede y de
representantes de numerosas conferencias episcopales nacionales y regionales de África Central y Oriental, deja
entrever nuevas esperanzas. Finalmente, quisiera mencionar Costa de Marfil, exhortando a las partes implicadas a
crear un clima de confianza recíproca que pueda llevar al desarme y a la pacificación, y, por otra parte, África
Austral: en estos países, millones de personas se ven reducidas a una situación muy vulnerable, que exige la
atención y el apoyo de la comunidad internacional.
Señales positivas para África vienen igualmente de la voluntad, expresada por la comunidad internacional, de mantener
este continente en el centro de su atención, y también de reforzar las instituciones continentales y regionales, que
da prueba de la intención de los países interesados de hacerse cada vez más responsables de su propio destino.
Asimismo, es necesario alabar la digna actitud de las personas que cada día, sobre el terreno, se comprometen con
determinación a promover proyectos que contribuyen al desarrollo y a la organización de la vida económica y social. [...]
Benedicto XVI
Discurso al Cuerpo Diplómatico acreditado ante la Santa Sede
8 de enero de 2007
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
Ver más en:
Pacem in terris (Juan XXIII - 1963)
Populorum progressio (Pablo VI - 1967)
Sollicitudo rei socialis (Juan Pablo II - 1987)
INTERVENTO DELLA SANTA SEDE ALLA TERZA E ULTIMA SESSIONE
DEL COMITATO PREPARATORIO DELL'OTTAVA CONFERENZA DI ESAME DEL TRATTATO DI NON PROLIFERAZIONE DELLE ARMI NUCLEARI - DISCORSO DI S.E. MONS. CELESTINO MIGLIORE - 5 maggio 2009 (only in italian)
COMENTARIO PASTORAL
El anhelo de paz está en todos. El deseo de trabajar por la paz, en muchos. La acción por la paz, en pocos. Para
alcanzarla, no basta con no hacer la guerra. La paz se forja mediante el compromiso de la vida y mediante acciones
decididas, contrarias a la lógica de la guerra y de la violencia.
“Felices los constructores de paz, porque Dios los llamará hijos suyos”, enseña Jesús (Mt 5,9).
Por lo tanto la paz es una construcción, un resultado de acciones concretas. La paz es fruto de obras, obras de
justicia y de reconciliación. La paz es fruto del respeto a las personas, del diálogo paciente, de la perseverancia,
de la humildad. Requerirá muchas veces de gran valentía, pues quienes proponen acciones de paz serán perseguidos por
quienes se benefician de la injusticia.
“Felices los perseguidos por hacer lo que es justo, porque de ellos es el reino de Dios” (Mt 5,10).
Sabemos que se juegan muchos intereses personales y grandes beneficios económicos en la multimillonaria industria
bélica. Llama la atención que las principales industrias de armamentos se encuentran en los países ricos, mientras
que todas las guerras actualmente se libran en los países pobres. Cabe preguntarse en muchos casos si de parte de los
primeros hay verdadera voluntad de lograr la paz, o más bien prevalecen intereses comprometidos que mantienen activas
las guerras en las naciones pobres.
El sitio web italiano Conflitti dimenticati (Las guerras olvidadas) destaca 22 áreas de crisis en el mundo, que han
estado o están ahora en conflicto. Siete de éstas se encuentran en Africa: Algeria, Burundi, Uganda, Ruanda, Liberia,
R.D. del Congo y Sudan; otras seis en Asia: India (Cachemira), Nepal, Filipinas, Myanmar (ex Birmania), Sri Lanka y
Pakistán; cuatro en el Medio Oriente: Iraq, Afganistán, Israel-Palestina y Turquía; otras tres en el continente
americano: Colombia, El Salvador y Perú; dos, por último, en Europa: Rusia (Chechenia) y Georgia. Podemos de nuestra
parte añadir a la lista Somalia. Hoy felizmente algunos de estos conflictos han cesado, como la guerra civil en El
Salvador y la guerrilla en Perú.
Desde los años 90 - continúa la misma fuente - se han combatido 57 guerras en el suelo de 45 países. Si incluimos
el período entre 1945-1999, se registran 25 guerras entre Estados, que han producido unos 3.3 millones de muertos en
combate. En el mismo período, se han producido 127 guerras civiles que han dejado 16.2 millones de muertos. Los daños
que causa la guerra muchas veces continúan por largo tiempo después del fin oficial del conflicto, por las miles de
minas antipersonales que siguen activas por muchos años, mutilando o matando más que nada a la población civil.
La Iglesia siempre ha sido activa en su apoyo a las iniciativas mundiales de paz y, en este último tiempo, a los
tratados de no proliferación nuclear. La voz de la Iglesia ha sido constante en denunciar que la guerra nunca es la
solución a los problemas, constatando que más bien los agrava. El Papa con frecuencia expresa su dolor ante los
conflictos y pide con insistencia por la paz en aquellos lugares del mundo que hoy se desangran en guerras. Oremos
intensamente este mes con el Santo Padre por el fin de las guerras que causan indecibles sufrimientos.
Cita que se encuentra en un monumento en el jardín
de la sede de la Naciones Unidas en Nueva York:
El Señor juzgará entre las naciones
y decidirá los pleitos de pueblos numerosos.
Ellos convertirán sus espadas en arados
y sus lanzas en hoces.
Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro
ni a recibir instrucción para la guerra.
(Is 2,4 y también Miq 4,3)
Links interesantes :
Stockholm International Peace Research Institute
Caritas: Resource Kits for Peace Builders
Conflitti Dimenticati
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INTENCION GENERAL
Para que las Universidades Católicas sean cada vez más lugares donde,
gracias a la luz del Evangelio, sea posible experimentar la armónica unidad
que hay entre fe y razón.
[...]
De este modo, la teología y la filosofía forman una peculiar pareja de gemelos, en la que ninguna de las dos puede
separarse totalmente de la otra y, sin embargo, cada una debe conservar su propia tarea y su propia identidad.
Históricamente, es mérito de santo Tomás de Aquino —ante la diferente respuesta de los Padres a causa de su contexto
histórico— el haber puesto de manifiesto la autonomía de la filosofía y, con ello, el derecho y la responsabilidad
propios de la razón que se interroga basándose en sus propias fuerzas. Los Padres, diferenciándose de las filosofías
neoplatónicas, en las que la religión y la filosofía estaban unidas de manera inseparable, habían presentado la fe
cristiana como la verdadera filosofía, subrayando también que esta fe corresponde a las exigencias de la razón que
busca la verdad; que la fe es el "sí" a la verdad, con respecto a las religiones míticas, que se habían convertido en
mera costumbre. Pero luego, en el momento del nacimiento de la universidad, en Occidente ya no existían esas
religiones, sino sólo el cristianismo; por eso, era necesario subrayar de modo nuevo la responsabilidad propia de la
razón, que no queda absorbida por la fe. A santo Tomás le tocó vivir en un momento privilegiado: por primera vez, los
escritos filosóficos de Aristóteles eran accesibles en su integridad; estaban presentes las filosofías judías y
árabes, como apropiaciones y continuaciones específicas de la filosofía griega. Por eso el cristianismo, en un nuevo
diálogo con la razón de los demás, con quienes se venía encontrando, tuvo que luchar por su propia racionalidad. La
Facultad de filosofía que, como "Facultad de los artistas" —así se llamaba—, hasta aquel momento había sido sólo
propedéutica con respecto a la teología, se convirtió entonces en una verdadera Facultad, en un interlocutor autónomo
de la teología y de la fe reflejada en ella. Aquí no podemos detenernos en la interesante confrontación que se derivó
de ello. Yo diría que la idea de santo Tomás sobre la relación entre la filosofía y la teología podría expresarse
en la fórmula que encontró el concilio de Calcedonia para la cristología: la filosofía y la teología deben
relacionarse entre sí "sin confusión y sin separación". "Sin confusión" quiere decir que cada una de las dos debe
conservar su identidad propia. La filosofía debe seguir siendo verdaderamente una búsqueda de la razón con su propia
libertad y su propia responsabilidad; debe ver sus límites y precisamente así también su grandeza y amplitud. La
teología debe seguir sacando de un tesoro de conocimiento que ella misma no ha inventado, que siempre la supera y
que, al no ser totalmente agotable mediante la reflexión, precisamente por eso siempre suscita de nuevo el
pensamiento. Junto con el "sin confusión" está también el "sin separación": la filosofía no vuelve a comenzar
cada vez desde el punto cero del sujeto pensante de modo aislado, sino que se inserta en el gran diálogo de la
sabiduría histórica, que acoge y desarrolla una y otra vez de forma crítica y a la vez dócil; pero tampoco debe
cerrarse ante lo que las religiones, y en particular la fe cristiana, han recibido y dado a la humanidad como
indicación del camino. La historia ha demostrado que varias cosas dichas por teólogos en el decurso de la
historia, o también llevadas a la práctica por las autoridades eclesiales, eran falsas y hoy nos confunden.
Pero, al mismo tiempo, es verdad que la historia de los santos, la historia del humanismo desarrollado sobre
la base de la fe cristiana, demuestra la verdad de esta fe en su núcleo esencial, convirtiéndola así también
en una instancia para la razón pública. Ciertamente, mucho de lo que dicen la teología y la fe sólo se puede
hacer propio dentro de la fe y, por tanto, no puede presentarse como exigencia para aquellos a quienes
esta fe sigue siendo inaccesible. Al mismo tiempo, sin embargo, es verdad que el mensaje de la fe cristiana
nunca es solamente una "comprehensive religious doctrine" en el sentido de Rawls, sino una fuerza
purificadora para la razón misma, que la ayuda a ser más ella misma. El mensaje cristiano, en virtud de
su origen, debería ser siempre un estímulo hacia la verdad y, así, una fuerza contra la presión del poder
y de los intereses.
Bien; hasta ahora he hablado sólo de la universidad medieval, pero tratando de aclarar la naturaleza permanente de
la universidad y de su tarea. En los tiempos modernos se han abierto nuevas dimensiones del saber, que en la universidad
se valoran sobre todo en dos grandes ámbitos: ante todo, en el de las ciencias naturales, que se han desarrollado sobre
la base de la conexión entre experimentación y presupuesta racionalidad de la materia; en segundo lugar, en el de las
ciencias históricas y humanísticas, en las que el hombre, escrutando el espejo de su historia y aclarando las
dimensiones de su naturaleza, trata de comprenderse mejor a sí mismo. En este desarrollo no sólo se ha abierto a la
humanidad una cantidad inmensa de saber y de poder; también han crecido el conocimiento y el reconocimiento de los
derechos y de la dignidad del hombre, y de esto no podemos por menos de estar agradecidos. Pero nunca puede decirse
que el camino del hombre se haya completado del todo y que el peligro de caer en la inhumanidad haya quedado
totalmente descartado, como vemos en el panorama de la historia actual. Hoy, el peligro del mundo occidental —por
hablar sólo de éste— es que el hombre, precisamente teniendo en cuenta la grandeza de su saber y de su poder, se
rinda ante la cuestión de la verdad. Y eso significa al mismo tiempo que la razón, al final, se doblega ante la
presión de los intereses y ante el atractivo de la utilidad, y se ve forzada a reconocerla como criterio último.
Dicho desde el punto de vista de la estructura de la universidad: existe el peligro de que la filosofía, al no
sentirse ya capaz de cumplir su verdadera tarea, degenere en positivismo; que la teología, con su mensaje dirigido
a la razón, quede confinada a la esfera privada de un grupo más o menos grande. Sin embargo, si la razón, celosa
de su presunta pureza, se hace sorda al gran mensaje que le viene de la fe cristiana y de su sabiduría, se seca
como un árbol cuyas raíces no reciben ya las aguas que le dan vida. Pierde la valentía por la verdad y así no se
hace más grande, sino más pequeña. Eso, aplicado a nuestra cultura europea, significa: si quiere sólo construirse
a sí misma sobre la base del círculo de sus propias argumentaciones y de lo que en el momento la convence, y,
preocupada por su laicidad, se aleja de las raíces de las que vive, entonces ya no se hace más razonable y más
pura, sino que se descompone y se fragmenta.
Con esto vuelvo al punto de partida. ¿Qué tiene que hacer o qué tiene que decir el Papa en la universidad?
Seguramente no debe tratar de imponer a otros de modo autoritario la fe, que sólo puede ser donada en libertad. Más
allá de su ministerio de Pastor en la Iglesia, y de acuerdo con la naturaleza intrínseca de este ministerio pastoral,
tiene la misión de mantener despierta la sensibilidad por la verdad; invitar una y otra vez a la razón a buscar la
verdad, a buscar el bien, a buscar a Dios; y, en este camino, estimularla a descubrir las útiles luces que han surgido
a lo largo de la historia de la fe cristiana y a percibir así a Jesucristo como la Luz que ilumina la historia y
ayuda a encontrar el camino hacia el futuro.
Benedicto XVI
Discurso preparado para el encuentro con la Universidad de Roma "La Sapienza"
17 de enero de 2008
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana
Ver más en:
Constitución apostólica Ex Corde Ecclesiae de Juan Pablo II
DISCURSO DEL PAPA BENEDICTO XVI A LOS PARTICIPANTES EN UN CONGRESO SOBRE EL TEMA "CONFIANZA EN LA RAZÓN" CON MOTIVO DEL X ANIVERSARIO DE LA ENCÍCLICA "FIDES ET RATIO"
- 16 de octubre de 2008
Palabras del Papa Benedicto a los obispos italianos
Palabras del Papa Benedicto a los Educadores Católicos en Estados Unidos
Encíclica Fides et Ratio de Juan Pablo II
COMENTARIO PASTORAL
¿Cuál ha de ser el aporte específico de una Universidad Católica a la sociedad y a la tarea evangelizadora de la
Iglesia? ¿Qué rasgos deberían distinguir una universidad que lleva el adjetivo de “católica”? ¿Bastaría que haya
capillas disponibles y que ofrezca a sus alumnos la misa diaria? ¿O más bien su tarea es la de formar agentes de cambio
social, inspirados en los criterios del Evangelio? Lo religioso y lo litúrgico, por un lado, la conciencia social que
lucha por la justicia del Reino de Dios, por otro lado. Ambas dimensiones parecen importantes y necesarias. ¿Qué
rasgos específicos deberían caracterizar la malla curricular en las distintas carreras para lograr esto? ¿Cómo ha de
organizarse la pastoral universitaria en el campus?
Estas son algunas de las preguntas que deberá responderse una universidad que se llama católica. Es el tema de la
intención de oración del Papa este mes. Sin duda él espera que las universidades católicas sean lugares de elaboración
de cultura cristiana, donde los grandes problemas de la humanidad sean tratados en profundidad y con excelencia
académica. Han de ser plataformas de diálogo con la sociedad actual que muestren “la armónica unidad que hay entre
fe y razón”, según sus palabras, que es otra manera de hablar de inculturación. La universidad está llamada a ser el
lugar de encuentro de la fe en dialogo con las ciencias humanas y la filosofía contemporánea, con el mundo científico
y artístico. Ha de ofrecer de modo inteligente al mundo moderno una razón iluminada por la fe. Ha de elaborar una
respuesta convincente al secularismo y materialismo actual, ofreciendo una fe razonada y razonable. Ha de tener
presente y buscar soluciones a los problemas que cada día enfrentan los más pobres de la sociedad. Ha de ser capaz de
cuestionar las raíces profundas de las estructuras sociales y económicas que mantienen a gran parte de la humanidad en
la pobreza y el subdesarrollo, y proponer alternativas para caminar hacia un mundo más justo.
Concluyo con las claras palabras del Padre P. H. Kolvenbach pronunciadas al mundo universitario, en dos ocasiones
distintas, que se complementan muy bien entre sí.
En México el 16 de febrero de 2003:
Una universidad no es tal si silencia lo inhumano de la actual abundancia global, ni si mira a otro lado para no ver
las iniquidades que claman al cielo. Tampoco basta denunciar la pobreza, la injusticia, o el deterioro del medio
ambiente. Es necesario hacerlo universitariamente, con sabiduría espiritual, y con el cultivo existente de los saberes
necesarios para construir nuevas realidades más justas y humanas. Tenemos que ordenar los medios a sus fines
correspondientes. Por eso hoy más que nunca necesitamos una Universidad que en la formación de los jóvenes, en
sus investigaciones, y en su voz en la sociedad, se distinga por su conexión con las necesidades de los pobres
y sus aspiraciones legítimas, al mismo tiempo que hace de puente con el mundo empresarial y con la gestión
pública, para que juntos puedan construir una sociedad inclusiva con oportunidades de vida digna para todos.
(MENSAJE A LA UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA CON OCASIÓN DE LA CELEBRACIÓN DE LOS SESENTA AÑOS DE SU FUNDACIÓN)
En Santiago de Chile, el 2 mayo de 2006:
¿Es esta la visión de una Universidad ideal que sólo se da en sueños? De todas maneras, si una Universidad se llama
católica, cristiana, si desea inspirarse en la tradición educativa ignaciana, deberá tomarse en serio el esfuerzo de
encarnar el evangelio del amor cristiano en la vida académica, en la vida estudiantil y en su promoción de la fe y la
justicia en el mundo. (Lectio Inauguralis en la Universidad Alberto Hurtado)
“La primera misión de la Universidad es inquietar al mundo y la primera virtud del universitario es sentir esa
inquietud, ese inconformismo frente al mundo prisionero”. (San Alberto Hurtado)
PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
O EN GRUPO
¿Qué podemos esperar de parte de una universidad católica en el diálogo con la sociedad actual? ¿Cuál debería ser su contribución específica a la convivencia nacional?
Las universidades católicas en nuestro país ¿tienen presente los problemas de los pobres y buscan caminos para hacer este mundo más justo?
Los alumnos pobres de nuestra ciudad o país ¿tienen acceso a estudios universitarios? ¿podría mejorar esta situación?
TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION
Dt 5,1-21: los diez mandamientos
Mt 5,1-12: la verdadera sabiduría (las bienaventuranzas)
Lc 12,54-56: saber interpretar los signos de los tiempos
INTENCION MISIONERA
Para que la celebración de la Jornada Misionera Mundial sea ocasión para
comprender que la tarea de anunciar a Cristo es un servicio necesario e
irrenunciable que la Iglesia está llamada a desempeñar en favor de la
humanidad.
Con ocasión de la próxima Jornada mundial de las misiones quisiera invitar a todo el pueblo de Dios —pastores,
sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos— a una reflexión común sobre la urgencia y la importancia que tiene,
también en nuestro tiempo, la acción misionera de la Iglesia. En efecto, no dejan de resonar, como exhortación
universal y llamada apremiante, las palabras con las que Jesucristo, crucificado y resucitado, antes de subir al
cielo, encomendó a los Apóstoles el mandato misionero: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he
aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 19-20).
En la ardua labor de evangelización nos sostiene y acompaña la certeza de que él, el Dueño de la mies, está con
nosotros y guía sin cesar a su pueblo. Cristo es la fuente inagotable de la misión de la Iglesia. Este año, además, un
nuevo motivo nos impulsa a un renovado compromiso misionero: se celebra el 50° aniversario de la encíclica Fidei donum
del siervo de Dios Pío XII, con la que se promovió y estimuló la cooperación entre las Iglesias para la misión
ad gentes.
El tema elegido para la próxima Jornada mundial de las misiones —«Todas las Iglesias para todo el mundo»— invita a
las Iglesias locales de los diversos continentes a tomar conciencia de la urgente necesidad de impulsar nuevamente la
acción misionera ante los múltiples y graves desafíos de nuestro tiempo. Ciertamente, han cambiado las condiciones en
que vive la humanidad, y durante estos decenios, especialmente desde el concilio Vaticano II, se ha realizado un gran
esfuerzo con vistas a la difusión del Evangelio.
Con todo, queda aún mucho por hacer para responder al llamamiento misionero que el Señor no deja de dirigir a todos
los bautizados. Sigue llamando, en primer lugar, a las Iglesias de antigua tradición, que en el pasado proporcionaron
a las misiones, además de medios materiales, también un número consistente de sacerdotes, religiosos, religiosas y
laicos, llevando a cabo una eficaz cooperación entre comunidades cristianas. De esa cooperación han brotado
abundantes frutos apostólicos tanto para las Iglesias jóvenes en tierras de misión como para las realidades
eclesiales de donde procedían los misioneros.
Ante el avance de la cultura secularizada, que a veces parece penetrar cada vez más en las sociedades occidentales,
considerando además la crisis de la familia, la disminución de las vocaciones y el progresivo envejecimiento del clero,
esas Iglesias corren el peligro de encerrarse en sí mismas, de mirar con poca esperanza al futuro y de disminuir su
esfuerzo misionero. Pero este es precisamente el momento de abrirse con confianza a la Providencia de Dios, que nunca
abandona a su pueblo y que, con la fuerza del Espíritu Santo, lo guía hacia el cumplimiento de su plan eterno de
salvación.
El buen Pastor invita también a las Iglesias de reciente evangelización a dedicarse generosamente a la misión ad
gentes. A pesar de encontrar no pocas dificultades y obstáculos en su desarrollo, esas comunidades aumentan sin cesar.
Algunas, afortunadamente, cuentan con abundantes sacerdotes y personas consagradas, no pocos de los cuales, aun siendo
numerosas las necesidades de sus diócesis, son enviados a desempeñar su ministerio pastoral y su servicio apostólico a
otras partes, incluso a tierras de antigua evangelización.
De este modo, se asiste a un providencial «intercambio de dones», que redunda en beneficio de todo el Cuerpo místico
de Cristo. Deseo vivamente que la cooperación misionera se intensifique, aprovechando las potencialidades y los carismas
de cada uno. Asimismo, deseo que la Jornada mundial de las misiones contribuya a que todas las comunidades cristianas
y todos los bautizados tomen cada vez mayor conciencia de que la llamada de Cristo a propagar su reino hasta los
últimos confines de la tierra es universal.
«La Iglesia es misionera por su propia naturaleza —escribe Juan Pablo II en la encíclica Redemptoris missio—, ya que
el mandato de Cristo no es algo contingente y externo, sino que alcanza al corazón mismo de la Iglesia. Por esto, toda
la Iglesia y cada Iglesia es enviada a las gentes. Las mismas Iglesias más jóvenes (...) deben participar cuanto
antes y de hecho en la misión universal de la Iglesia, enviando también ellas misioneros a predicar por todas las
partes del mundo el Evangelio, aunque sufran escasez de clero» (n. 62).
[…]
Por consiguiente, como se ha reafirmado muchas veces, el compromiso misionero sigue siendo el primer servicio que
la Iglesia debe prestar a la humanidad de hoy, para orientar y evangelizar los cambios culturales, sociales y éticos;
para ofrecer la salvación de Cristo al hombre de nuestro tiempo, en muchas partes del mundo humillado y oprimido a
causa de pobrezas endémicas, de violencia, de negación sistemática de derechos humanos.
La Iglesia no puede eximirse de esta misión universal; para ella constituye una obligación. Dado que Cristo encomendó
el mandato misionero en primer lugar a Pedro y a los Apóstoles, ese mandato hoy compete ante todo al Sucesor de Pedro,
que la divina Providencia ha elegido como fundamento visible de la unidad de la Iglesia, y a los obispos, directamente
responsables de la evangelización, sea como miembros del Colegio episcopal, sea como pastores de las Iglesias
particulares (cf. ib., 63).
Benedicto XVI
Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones
27 de mayo de 2007
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
COMENTARIO PASTORAL
Cito al Pbro. Guillermo Alberto Morales Martínez, Director Nacional de las Obras Misionales Pontificio Episcopales
en México:
“La Jornada Misionera Mundial —denominada "DOMUND" en los países de habla hispana— es una llamada a todos los
cristianos del mundo a colaborar desde su condición en el anuncio de la Buena Nueva. La Obra Pontificia de la
Propagación de la Fe convoca actualmente a todo el pueblo Dios a participar en esta jornada, pero este llamado tiene
su raíz más profunda en el mandato misionero: Jesús después de resucitado se les apareció a los discípulos “y les dijo:
"Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación... " (Mc 16, 15)”. Respondiendo a este mandato, ya
en los tiempos de las primeras comunidades cristianas, se han presentado algunas formas por medio de las cuales los
cristianos han cooperado en el anuncio de la Buena Nueva. Tenemos así la oración (Hech 6, 5; 1, 24. Fil 4, 6) y la
ayuda material: recordemos, por ejemplo, las colectas que se hicieron en favor de la comunidad de Jerusalén
(1 Co 16, 1ss; Rom, 15 26-28; Ga 2, 10; 2 Co 8-9; Hech 24, 17), acompañadas siempre de sacrificios y ayunos gratos
a los ojos de Dios. La siguiente historia de la Iglesia, a lo largo de casi veinte siglos, es una historia llena de
distintas respuestas a este mandato que han dado muchos cristianos sirviendo con generosidad y entrega, y cooperando
así, desde su condición, en la difusión y construcción del Reino.”
El Padre Morales refiere cómo en el Siglo 19, llamado “el siglo de las misiones” por el ambiente eclesial que lo
caracterizó, se fundó propiamente la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe (en 1822). La Jornada Misionera
Mundial es resultado de un largo caminar que comenzó en ese siglo, hasta que abril de 1926 la Obra de la Propagación
de la Fe hizo tres peticiones a S.S. Pío XI:
1. Que se fije un domingo, concretamente el penúltimo de octubre, como "Jornada de Oraciones y Propaganda Misional"
en todo el mundo católico.
2. Que en dicho Domingo se añada en todas las Misas, una colecta imperada "pro re gravi", la oración "Pro
Propagatione Fidei" (por la propagación de la fe).
3. Que la predicación en tal Domingo sea de carácter misionero, con aplicación especial a la Obra de la
Propagación de la Fe, excitando a los fieles a inscribirse en ella (sin la intención de limitar necesariamente la
predicación a sólo las misiones).
A partir de ese año quedó instituida esta Jornada, que logró una clara aceptación de parte de los obispos y
feligreses de todo el mundo. Hoy la seguimos celebrando cada año el penúltimo domingo de octubre.
Oramos junto al Santo Padre este mes para que, motivados por la celebración de esta fecha, cada cristiano asuma
como propia la tarea de anunciar a Cristo como “un servicio necesario e irrenunciable que la Iglesia está llamada a
desempeñar en favor de la humanidad”, según sus palabras.
(Ver más en: http://www.vicariadepastoral.org.mx/domund_6/hojas/2006_04.htm)
Encíclicas papales sobre el tema:
Evangelii Nuntiandi, de Pablo VI
Redemptoris Missio, de Juan Pablo II
|
INTENCION GENERAL
Para que cuantos son víctimas de la droga y de toda forma de adicción
encuentren en el poder de Dios Salvador la fuerza de cambiar radicalmente
su vida, gracias al apoyo de la comunidad cristiana.
[...]
3. "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con
él y él conmigo" (Ap 3, 20). Son palabras divinas que llegan al fondo del alma y que mueven hasta sus raíces más
profundas.
En un momento determinado de la vida, Jesús viene y llama, con toques suaves, en el fondo de los corazones bien
dispuestos. Con vosotros, lo hizo a través de una persona amiga o de un sacerdote; quizá, su providencia dispuso una
serie de coincidencias para daros a entender que sois objeto de predilección divina. Mediante la institución que os
alberga, el Señor os ha proporcionado esta experiencia de recuperación física y espiritual de vital importancia para
vosotros y vuestros familiares. Además, la sociedad espera que sepáis divulgar entre vuestros amigos y entre los
miembros de toda la comunidad el bien precioso de la salud.
Debéis ser los embajadores de la esperanza. Brasil posee una de las estadísticas más notables en lo que respecta a
dependencia química de drogas y estupefacientes. Y América Latina no se queda atrás. Por eso, digo a los que comercian
con la droga que piensen en el mal que están provocando a una multitud de jóvenes y de adultos de todas las clases
sociales: Dios les pedirá cuentas de lo que han hecho. No se puede pisotear de esta manera la dignidad humana. El mal
provocado recibe el mismo reproche que hizo Jesús a los que escandalizaban a los "más pequeños", los preferidos de Dios
(cf. Mt 18, 7-10).
4. Mediante una terapia, que incluye la asistencia médica, psicológica y pedagógica, pero también mucha oración,
trabajo manual y disciplina, ya son numerosas las personas, sobre todo jóvenes, que han conseguido librarse de la
dependencia química y del alcohol, y recobrar el sentido de la vida.
Deseo manifestar mi aprecio por esta Obra, que tiene como base espiritual el carisma de san Francisco y la
espiritualidad del Movimiento de los Focolares.
La reinserción en la sociedad constituye, sin duda, una prueba de la eficacia de vuestra iniciativa. Pero lo que más
llama la atención, y confirma la validez del trabajo, son las conversiones, el reencuentro con Dios y la participación
activa en la vida de la Iglesia. No basta curar el cuerpo; es necesario adornar el alma con los dones divinos más
preciosos recibidos en el bautismo.
Demos gracias a Dios por haber puesto tantas almas en el camino de una esperanza renovada, con la ayuda del
sacramento del perdón y de la celebración de la Eucaristía. [...]
Benedicto XVI
Viaje Apostólico a Brasil con ocasión del V Conferencia General
del Episcopado Latinoamericano y del Caribe
Discurso a la Comunidad de la Hacienda de la Esperanza
12 de mayo de 2007
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana
COMENTARIO PASTORAL
Historias reales:
Pedro tenía 26 años y era un buen muchacho, tal vez algo débil de carácter, pero trabajaba bien como
albañil-constructor. Vivía en casa de sus padres, a quienes ayudaba con lo que ganaba, y tenía una pequeña hija que lo
adoraba, fruto de una relación que no perduró. Su tragedia se precipitó cuando se dejó arrastrar a la droga por los
que él llamaba sus amigos del barrio. Comenzó a vivir sólo para la droga, todo lo que ganaba en su trabajo era para
comprarla… eso mientras tuvo trabajo, pues luego fue incapaz de mantener sus compromisos laborales y comenzó con
pequeños robos en su propia casa y en casas de parientes. Esto lo llevó a ser rechazado por su propia gente, que le
tenía miedo. Comenzó a vivir prácticamente en la calle, descuidó su aseo personal y se pasaba toda la noche en la
esquina con el grupo de drogadictos. Casi no dormía y casi no comía, sólo le interesaba la droga. Adelgazó hasta
parecer un espectro que deambulaba por el barrio dando lástima. Los vecinos meneaban la cabeza diciendo: “tan buen
muchacho que era…” La tristeza y la vergüenza de sus padres llevó a su mamá a decir un día: “preferiría que mi hijo
estuviese muerto…”
Alejandra, una joven drogadicta de sólo 16 años, muy linda, que vivía más en la calle que en su casa, sin una
verdadera familia, sin estudios, me dijo un día: Padre, yo quiero ir a la cárcel, pues allí es el único lugar donde
no tendré acceso a la droga. Su dependencia de la droga la había destruido físicamente, su bello rostro estaba
demacrado, por lo demás con una cicatriz en la frente fruto de alguna pelea callejera. Con unos amigos se metió en el
robo de un automóvil, y al día siguiente me dijo contenta que esto le resultaría para irse presa, como de hecho
ocurrió.
Elsa era la menor y la única niña de una familia pobre en la que sólo había hijos hombres. A pesar de su pobreza,
fue la niña mimada, que siempre tuvo lo que pedía. De adolescente empezó a alternar con los conocidos de la esquina
y pronto entró en el mundo de las drogas. De tal manera envolvió su vida en lógica del narcotráfico, que más tarde
cuando tuvo un hijo, ella y el papá del niño lo obligaban a vender droga en la escuela. Se decía en el barrio que le
daban droga al pequeño ya desde sus primeros años, para calmarlo cuando lloraba...
Las historias de Pedro, Alejandra y Elsa con su hijo son muy frecuentes y lamentablemente se siguen repitiendo hoy
en muchos de nuestros países y en innumerables barrios populares de nuestras ciudades. Los pobres suelen ser los más
afectados por la dependencia de la droga, pues aunque esta también se encuentra en sectores más acomodados, estos
últimos tienen más recursos para un día salir del círculo de destrucción. Son muchos los factores que llevan al
consumo de drogas, entre ellos la inestable situación familiar junto a la carencia de estímulo y afecto en la
infancia, que a su vez produce inseguridad, falta de autovaloración y de confianza para enfrentar las dificultades de
la vida, por nombrar los más importantes. Sin embargo, la pobreza y la falta de oportunidades en la juventud, si
bien no son determinantes para la incidencia en la droga, sí lo son para la permanencia en lo que llamo ‘el círculo
de destrucción’ de la droga. La inestabilidad personal unida a su pobreza hizo de los protagonistas de estas
historias blancos vulnerables a los traficantes. Por lo tanto, al orar junto al Santo Padre por esta intención,
pedimos también por una sociedad más justa, donde nuestros jóvenes tengan acceso a una buena educación, a sentirse
queridos, valorados y respetados, y que pueda crecer en un ambiente sano y digno.
Pedimos este mes por todos aquellos que han perdido su libertad interior y por consiguiente su dignidad humana.
Oramos por los que están esclavizados por la droga o también por otros tipos de dependencias: el alcohol, los juegos
de azar, la adicción al sexo y la pornografía, la desmesurada ambición y afición al dinero y al poder y, más
recientemente, la adicción al internet, entre las más frecuentes. Pedimos que estas personas puedan encontrar en el
poder salvador de Dios la fuerza para el cambio, y que ellos sean ayudados por la acogida y el apoyo de las
comunidades cristianas.
Para ser libres nos libertó Cristo, afirma San Pablo (Gal 5,1), sin duda fruto de su propia experiencia de ser
salvado de esclavitudes de su vida pasada. En la carta a los Filipenses da testimonio de su completo cambio de
valores: lo que antes era prioritario y lo obsesionaba, pasó a ser considerado como basura al conocer a Cristo y ser
alcanzado por él (3,1-14). Al seguir a Cristo, San Pablo se hizo interiormente libre, y descubrió que ese era el
camino para alcanzar la auténtica humanidad y la verdadera felicidad.
Oremos entonces junto al Papa por una vida digna y humana, interiormente libre y feliz para todos. Será también
ocasión de reflexión para nosotros mismos, que deberemos estar más atentos a las pequeñas o grandes esclavitudes que
truncan nuestra libertad, por ejemplo: vicios, adicciones, miedos, una baja auto-estima, inseguridades, etc. La
intención de oración de este mes nos ayudará a una vida personal más coherente.
Final de la historia: Pedro se rehabilitó, ayudado por tres factores: el heroico y perseverante amor de sus padres,
el largo proceso que siguió en un centro de rehabilitación de drogadictos de la Iglesia católica, y el posterior apoyo
que recibió en la comunidad cristiana de su barrio. De Alejandra no supe más. Elsa murió hace algunos años de SIDA en
un hogar de la Iglesia Católica. Su hijo, que prácticamente nació adicto, hoy es un habitual consumidor de drogas y
violento delincuente.
PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
O EN GRUPO
¿Qué tipos de adicción o dependencias son más frecuentes en nuestro entorno y en nuestra sociedad?
¿Qué debemos hacer para ayudar a una persona adicta a dejar su dependencia?
¿Tengo conciencia de cuáles son las dependencias o fijaciones que me pueden llevar o que de hecho me llevan a perder la propia libertad?
TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION
Fil 3,3-11 - lo de antes me pareció basura
Gal 5,1-15 - La verdadera libertad: amar al prójimo
Mt 5,3-12 - Las bienaventuranzas: la alegría y la libertad del Reino
Mt 6,24 - No se puede servir a Dios y al dinero
INTENCION MISIONERA
Para que las Iglesias de América Latina prosigan la misión continental
propuesta por sus Obispos, insertándola en la tarea misionera universal del
Pueblo de Dios.
[...]
4. El amor y la adhesión a la Sede Apostólica es una de las características más relevantes de los pueblos
latinoamericanos y del Caribe. Por eso, mi encuentro con ustedes me hace recordar los días que pasé en Aparecida,
cuando comprobé emocionado las manifestaciones de colegialidad y comunión fraterna en el ministerio episcopal de los
representantes de las Conferencias Episcopales de aquellos nobles países. Con mi presencia allí, quise alentar a los
obispos en su reflexión sobre algo fundamental para avivar la fe de la Iglesia que peregrina en aquellas amadas
tierras: llevar a todos nuestros fieles a ser "discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en
Él tengan vida".
Les invito a asociarse con entusiasmo a ese espíritu, mostrado en el dinamismo con el que todas aquellas diócesis
han iniciado, o lo están haciendo, la «Misión continental» impulsada en Aparecida, iniciativa que facilitará la puesta
en marcha de programas catequéticos y pastorales destinados a la formación y desarrollo de comunidades cristianas
evangelizadas y misioneras. Acompañen estos propósitos con su ferviente oración, para que los fieles conozcan, se
entreguen e imiten cada vez más a Jesucristo, participando frecuentemente en las celebraciones dominicales de cada
comunidad y dando testimonio de Él, de modo que se conviertan en instrumentos eficaces de esa «Nueva Evangelización»,
a la cual convocó repetidamente el Siervo de Dios Juan Pablo II, mi venerado predecesor. [...]
Benedicto XVI
Discurso a la Comunidad del Pontificio Colegio Pío Latino Americano de Roma
19 de febrero de 2009
© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana
COMENTARIO PASTORAL
Una de las conclusiones de la reunión de los obispos de América Latina en Aparecida, Brasil, el 2007, y que provocó
gran entusiasmo en las iglesias locales, fue la propuesta de lanzar una misión continental en todos los países de la
región. Dijeron los obispos al concluir:
Al terminar la Conferencia de Aparecida, en el vigor del Espíritu Santo, convocamos a todos nuestros hermanos y
hermanas, para que, unidos, con nuevo entusiasmo misionero realicemos la Gran Misión Continental. Será un nuevo
Pentecostés que nos impulse a ir, de manera especial, en búsqueda de los católicos alejados y de los que poco o nada
conocen a Jesucristo, para que formemos con alegría la comunidad de amor de nuestro Padre Dios. Misión que debe llegar
a todos, ser permanente y profunda. (Mensaje Final, 5)
La idea prosperó y fue oficialmente lanzada por los respectivos episcopados el 17 de agosto de 2008, debiendo cada
país establecer el calendario sucesivo de acuerdo a su realidad.
¿Qué objetivos se plantea la misión continental? Poner a la Iglesia en estado permanente de misión e impregnar de
espíritu misionero la vida de todos los bautizados. Se espera que también pueda impregnar de este espíritu las mismas
estructuras de la Iglesia, de manera que estar en misión se convierta en un modo habitual de ser y vivir de las
comunidades cristianas del continente (ver más en el inserto).
El continente con el mayor número de católicos del mundo, sigue, para vergüenza nuestra, marcado por graves
injusticias y fuertes contrastes sociales. El renovado anuncio de la buena nueva tiene el desafío de penetrar la
cultura y las culturas para provocar un nuevo modo de vivir. Especialmente urgente es evangelizar la cultura política
de nuestros países, la de la familia, la del consumo, la de los jóvenes, entre otras. La misión continental pretende
llevar a Jesucristo a estos y a todos los ámbitos de la vida de los caribeños y latinoamericanos.
Entre el 10 y 12 de marzo de 2009 se reunieron en Bogotá, Colombia, los secretarios generales de las Conferencias
Episcopales de América Latina y el Caribe junto a los responsables de la Misión Continental de cada Episcopado. En
esa fecha comprobaron que en la mayoría de los países la misión ya se estaba consolidando, al constatar cómo sus
objetivos están integrados en los planes pastorales nacionales. Entre otras cosas, se planteó la necesidad de
trabajar para que se siga destacando el carácter central de la Palabra de Dios en todo el proceso, y para que uno
de los frutos de la Misión sea la promoción de un liderazgo católico que responda a los desafíos actuales de América
Latina.
Ahora a todos nos toca nuestra parte, sea participando activamente en la misión, sea orando por ella según nuestra
vocación de apóstoles de la oración… y, si vivo en América Latina, puedo participar de ambas maneras!
Por lo tanto, junto al Santo Padre renovemos este mes la conciencia que todos los fieles están llamados a ser
“discípulos y misioneros de Cristo, para que nuestros pueblos en él tengan vida”, como reza el lema con que fue
convocada la Conferencia de Aparecida.
Tomado del blog CVX Chile (http://cvxchile.blogspot.com):
• Después de dos días intensos de reunión en la sede del CELAM en Bogotá, Colombia, la Comisión Especial para la
Misión Continental elaboró un plan que servirá de base para la planificación y proyección de la Misión Continental que,
como ha sugerido Aparecida, tendrá carácter de permanente y se desarrollará tomando en cuenta los distintos niveles de
Iglesia.
• La propuesta de la Misión Continental presenta los siguientes objetivos:
- Promover una profunda conversión personal y pastoral de todos los agentes pastorales y evangelizadores, para que,
con actitud de discípulos, todos podamos recomenzar desde Cristo una vida nueva en el Espíritu.
- Fomentar una formación kerigmática, integral y permanente que, siguiendo las orientaciones de Aparecida, impulse
una espiritualidad de la acción misionera, teniendo como eje la vida plena en Jesucristo.
- Hacer que las comunidades, organizaciones, asociaciones y movimientos eclesiales se pongan en estado de misión
permanente, a fin de llegar hasta los sectores más alejados de la Iglesia y a los indiferentes y no creyentes.
- Destacar en todo momento que la Vida plena en Cristo es una actitud y un servicio que se ofrece a la sociedad y a
las personas que la componen para que puedan crecer y superar sus dolores y conflictos con un profundo sentido de
humanidad.
El Plan considera que estos objetivos se tienen que alcanzar al desarrollarse 5 etapas que pueden variar en el
tiempo, según las realidades de cada Conferencia Episcopal y diócesis. Las etapas planteadas son a) Período
introductorio, donde se daría una profundización en el conocimiento de las Conclusiones de Aparecida; b) Misión con
agentes pastorales y evangelizadores; c) Misión con grupos prioritarios; d) Misión sectorial y e) Misión territorial.
La comisión considera que cada una de estas etapas tiene que tener un período de preparación, uno de realización
intensiva, y una continuidad, que es lo que dará el carácter permanente a la misión. Se definieron también los roles
del CELAM, de las Conferencias Episcopales y de diócesis para la concretización de la misión.
Desde ya se anuncia que durante la realización del Congreso Misionero Americano, a desarrollarse en Quito en agosto
del 2008, se hará el anuncio de la misión y el envío misionero a todo el continente (para más información
ver: www.celam.org/noticelam.
(Fuente: CPAL)
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INTENCION GENERAL
Para que la experiencia del sufrimiento sea ocasión para comprender las
situaciones de malestar y de dolor de las personas solas, enfermos y
ancianos, y estimule a todos a salir a su encuentro con generosidad.
[...]
Santo Padre, soy don Willi Fusaro, tengo 42 años y estoy enfermo desde el año de mi ordenación sacerdotal.
Fui ordenado en junio de 1991. Luego, en septiembre de ese mismo año me diagnosticaron esclerosis múltiple. Soy
cooperador parroquial en la parroquia del Corpus Christi de Bolzano. Me impresionó mucho la figura del Papa Juan
Pablo II, sobre todo en el último tiempo de su pontificado, cuando llevaba con valentía y humildad, ante el mundo
entero, su debilidad humana. Dado que usted estuvo muy cerca de su amado predecesor, y de acuerdo con su experiencia
personal, ¿qué palabras me puede comunicar, nos puede comunicar a todos, para ayudar realmente a los sacerdotes
ancianos y enfermos a vivir bien y fructuosamente su sacerdocio en el presbiterio y en la comunidad cristiana? Muchas
gracias.
Gracias, padre. Para mí las dos partes del pontificado del Papa Juan Pablo II son igualmente importantes. En la
primera parte lo vimos como gigante de la fe: con una valentía increíble, con una fuerza extraordinaria, con una
verdadera alegría de la fe, con una gran lucidez, llevó hasta los confines de la tierra el mensaje del Evangelio.
Habló con todos, abrió nuevos caminos con los Movimientos, con el diálogo interreligioso, con los encuentros
ecuménicos, con la profundización de la escucha de la palabra de Dios, con todo, con su amor a la sagrada liturgia.
Realmente, podemos decir que hizo caer no los muros de Jericó, sino los muros entre dos mundos, precisamente con la
fuerza de su fe. Este testimonio sigue siendo inolvidable, sigue siendo una luz para este nuevo milenio.
Ahora bien, para mí sus últimos años de pontificado no tuvieron una importancia menor, por el testimonio humilde de
su pasión. ¡Cómo llevó la cruz del Señor ante todos nosotros y realizó las palabras del Señor: "Seguidme, llevando la
cruz juntamente conmigo y siguiéndome a mí"! Esta humildad, esta paciencia con la que aceptó casi la destrucción de su
cuerpo, la incapacidad cada vez mayor de usar la palabra, él que había sido maestro de la palabra. Y así, creo yo, nos
mostró visiblemente la verdad profunda de que el Señor nos redimió con su cruz, con la Pasión, como acto supremo de su
amor. Nos mostró que el sufrimiento no es sólo un "no", algo negativo, la falta de algo, sino que es una realidad
positiva; que el sufrimiento aceptado por amor a Cristo, por amor a Dios y a los demás, es una fuerza redentora, una
fuerza de amor y no menos poderosa que los grandes actos que había realizado en la primera parte de su pontificado. Nos
enseñó un nuevo amor a los que sufren y nos hizo comprender lo que quiere decir: "en la cruz y por la cruz hemos sido
salvados".
También en la vida del Señor tenemos estos dos aspectos. La primera parte, en la que enseña la alegría del reino de
Dios, da sus dones a los hombres; y luego, en la segunda parte, el sumergirse en la Pasión, hasta el último grito en la
cruz. Precisamente así nos enseñó quién es Dios, que Dios es amor y que, al identificarse con nuestro sufrimiento de
seres humanos, nos toma en sus manos y nos sumerge en su amor, y sólo el amor es el baño de redención, de purificación
y de un nuevo nacimiento.
Por eso, me parece que todos nosotros —siempre en un mundo que vive de activismo, de juventud, de ser joven, fuerte,
hermoso, de lograr hacer grandes cosas— debemos aprender la verdad del amor que se convierte en pasión y precisamente
así redime al hombre y lo une a Dios amor.
Por consiguiente, quiero dar las gracias a todos los que aceptan el sufrimiento, a los que sufren con el Señor. Y
quiero animar a todos a tener un corazón abierto a los que sufren, a los ancianos, para comprender que precisamente su
pasión es una fuente de renovación para la humanidad y crea en nosotros amor, nos une al Señor. Pero, al final, siempre
es difícil sufrir.
Recuerdo a la hermana del cardenal Mayer: estaba muy enferma, y, cuando perdía la paciencia, él le decía: "Mira, tú
estás ahora con el Señor". Y ella le respondía: "Para ti es fácil decir eso, porque tú estás sano, pero yo estoy en la
pasión". Es verdad; en la pasión verdadera siempre resulta difícil unirse realmente al Señor y permanecer en esta
disposición de unión con el Señor doliente.
Oremos, pues, por todos los que sufren y hagamos lo que esté de nuestra parte para ayudarles; mostremos nuestra
gratitud por su sufrimiento y ayudémosles en la medida en que podamos, con gran respeto por el valor de la vida humana,
precisamente de la vida que sufre hasta el final. Y este es un mensaje fundamental del cristianismo, que viene de la
teología de la cruz: que el sufrimiento, la pasión, es presencia del amor de Cristo, es desafío para nosotros a
unirnos a su Pasión.
Debemos amar a los que sufren, no sólo con palabras, sino con toda nuestra acción y nuestro compromiso. Sólo así
somos cristianos realmente. En mi encíclica Spe salvi escribí que la capacidad de aceptar el sufrimiento y a los que
sufren es la medida de la humanidad que se posee (cf. Spe salvi, 38). Donde falta esta capacidad, el hombre queda
limitado, redimensionado. Por tanto, oremos al Señor para que nos ayude en nuestro sufrimiento y nos impulse a estar
cerca de todos los que sufren en este mundo. [...]
Benedicto XVI
Encuentro con el Clero de la Diócesis de Bolzano-Bressanone
6 de agosto de 2008
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana
COMENTARIO PASTORAL
A Santa Josefina Bakhita, joven africana secuestrada y hecha esclava a partir de sus nueve años, fallecida en 1947
y canonizada el 2000, le preguntaron, cuando ya era religiosa en Italia, qué haría si se encontrase de nuevo con los
negreros que la secuestraron y la torturaron. Su respuesta: “me pondría de rodillas y les besaría las manos, porque si
no hubiera ocurrido eso no sería ahora cristiana y religiosa.” Un matrimonio que perdió a sus cuatro hijos en un
accidente automovilístico fue capaz más tarde de agradecer al Señor al reconocer que él se había servido de ese
intenso dolor para atraerlos hacia la Iglesia y el servicio de Dios, cambiando y mejorando sus vidas. No agradecían
la muerte de sus hijos, sino la bondad del Señor que les transformó el corazón. Los padres de la pequeña Laurita,
espiritualmente transformados a través de la dolorosa experiencia de ver a su hija morir de cáncer, aprendieron a
descubrir a un Dios lleno de ternura que siempre los acompañaba…
Son muchas las historias que podríamos relatar para ilustrar cómo experiencias de dolor resultan ser finalmente
ocasiones de conversión y crecimiento espiritual. El dolor y el sufrimiento nunca es bueno ni querido por Dios.
Dios no quería la esclavitud ni los innumerables sufrimientos que padeció Bakhita, ni provocó el accidente donde
murieron esos cuatro jóvenes, ni envió el cáncer que mató a Laurita… Pero en su amor y providencia es capaz de valerse
incluso del mal y de esas intensas experiencias de dolor para traer salvación. De la cruz, Dios hace brotar
resurrección. Es la experiencia pascual que está en el corazón del cristianismo. De la muerte, brota la vida.
Más precisamente, es del amor que brota la vida. La muerte siempre es un mal. Es más, la muerte cruel e injusta de
un inocente nunca es algo querido por Dios. El Padre Dios no estaba contento cuando estaban matando a su Hijo en la
cruz, a todas luces una infamia y un crimen. Pero gracias al amor de Jesús, ese crimen y esa injusticia se transformó
en la muestra de cuánto nos quiere Dios y en la causa de nuestra salvación. No fue la muerte de Jesús la que nos
salvó, sino su amor, amor que todo lo transformó, como ocurrió en las vidas de las personas antes citadas.
El Santo Padre con esta intención de oración nos invita a hacer una reflexión personal, a partir de nuestras propias
experiencias de sufrimiento. Nos ayuda a descubrir en el amor la clave que nos abre a los demás, que rompe el círculo
de nuestro egoísmo, que nos impulsa a servir a las personas solas, enfermas, ancianas. El amor hace posible que una
experiencia dura de dolor se convierta en causa de nuestra salvación, pues nos abre a una nueva comprensión del
sufrimiento y da otro sentido a toda la vida.
Tengamos esto presente al hacer cada día nuestra oración de ofrenda, que puede así dar sentido a nuestros
sufrimientos aparentemente “absurdos” o “inútiles”. Es el amor y la generosidad con que ofrecemos la vida, unidos a la
donación de la vida de Cristo, lo que cambia todo.
PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
O EN GRUPO
¿Conozco casos de personas que han sabido dar sentido cristiano a su sufrimiento? Comparto sus historias.
Hay quienes se sienten abandonados de Dios y se alejan de la fe cuando viene el momento de dolor. ¿Cómo hemos reaccionado nosotros al pasar por situaciones de sufrimiento personal?
En Navidad celebramos la Encarnación de Dios, que siendo rico se hizo pobre, en solidaridad con las miserias de la humanidad. ¿Qué relación tiene esta intención de oración del Papa con el verdadero espíritu de Navidad?
TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION
1Tim 2,1-13 el sentido del sufrimiento del apóstol
Mt 8,1-17 Jesús se acerca a los enfermos y los sana
Lc 19,1-10 Zaqueo recibió a Jesús en su casa, salió de su egoísmo, cambió su vida
INTENCION MISIONERA
Para que los pueblos de la tierra abran las puertas a Cristo y a su Evangelio
de paz, fraternidad y justicia.
[...]
5. ¡Hermanos y hermanas! ¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad!
¡Ayudad al Papa y a todos los que quieren servir a Cristo y, con la potestad de Cristo, servir al hombre y a la
humanidad entera! ¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad
salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura. de
la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce «lo que hay dentro del hombre». ¡Sólo El lo conoce!
Con frecuencia el hombre actual no sabe lo que lleva dentro, en lo profundo de su ánimo, de su corazón. Muchas veces
se siente inseguro sobre el sentido de su vida en este mundo. Se siente invadido por la duda que se transforma en
desesperación. Permitid, pues, —os lo ruego, os lo imploro con humildad y con confianza— permitid que Cristo hable al
hombre. ¡Sólo El tiene palabras de vida, sí, de vida eterna! [...]
Benedicto XVI
Homilía en el comienzo de su pontificado
22 de agosto de 1978
© Copyright 1978 - Libreria Editrice Vaticana
* * *
[...]
8. Una de las vías maestras para construir la paz es una globalización que tienda a los intereses de la gran familia
humana[8]. Sin embargo, para guiar la globalización se necesita una fuerte solidaridad global[9], tanto entre países
ricos y países pobres, como dentro de cada país, aunque sea rico. Es preciso un «código ético común»[10], cuyas normas
no sean sólo fruto de acuerdos, sino que estén arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia
de todo ser humano (cf. Rm 2,14-15). Cada uno de nosotros ¿no siente acaso en lo recóndito de su conciencia la
llamada a dar su propia contribución al bien común y a la paz social? La globalización abate ciertas barreras, pero
esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y
en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los
pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre
se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos
humanos vinculadas a ellas. La Iglesia, que es «signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de
todo el género humano»[11], continuará ofreciendo su aportación para que se superen las injusticias e
incomprensiones, y se llegue a construir un mundo más pacífico y solidario. [...]
Benedicto XVI
Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz
8 de diciembre de 2008
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana
COMENTARIO PASTORAL
Todos recordamos el amable y sonriente rostro de Juan Pablo II repitiendo una de sus frases favoritas: “No teman,
abran las puertas a Cristo.” Este mes, en tiempos de Navidad, su sucesor nos anima a su vez a dejar a Cristo y su
Evangelio entrar más y más en nuestras vidas. Abrámosle esas puertas “en la prensa, la radio, la TV, el cine y el
internet”, insistió el Papa Juan Pablo el 27 de Marzo de 2002. Acoger a Cristo es acoger el don gratuito de la paz,
la fraternidad y la justicia para todos. Es don gratuito porque no depende de nuestros méritos personales y no pide
nada de nuestra parte, sólo nos pide abrirle las puertas.
Compartamos como reflexión un extracto de las lúcidas palabras de Oscar Arias, presidente de Costa Rica, premio Nobel
de la Paz en 1987, pronunciadas ante todos sus colegas presidentes del continente latinoamericano y el Caribe, en abril
de 2009. No es un discurso religioso ni habla de abrir las puertas a Cristo, pero nos permite soñar que las cosas
pueden ser diferentes.
En mi intervención de esta mañana me referí a un hecho que para mí es grotesco y que demuestra que el sistema de
valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, está equivocado.
Porque no puede ser que el mundo rico dedique cien mil millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la
población del mundo en un planeta que tiene dos mil quinientos millones de seres humanos con un ingreso de dos dólares
por día, y que, por otra parte, gaste trece veces más (un billón trescientos mil millones de dólares) en armas y
soldados.
Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina gaste cincuenta mil millones de dólares en armas y
soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro?... El enemigo nuestro es la desigualdad, es la falta de
educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura
necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios
para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es
producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.
(Discurso pronunciado en la Cumbre de las Américas, en Trinidad Tobago, en abril de 2009, reproducido por la
revista chilena Mensaje, en su número de junio 2009)
Que la contemplación del Dios que llega desarmado, que se hace vulnerable, que “entra a la historia por la puerta
de servicio”, como ha dicho algún teólogo, que viene como Príncipe de la Paz, traiga en esta Navidad la Buena Noticia
de un nuevo modo de vivir para todas las naciones de la tierra.
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