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Orar con la Iglesia 2011
COMENTARIOS A LAS INTENCIONES DE 2011
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Editorial


Queridos amigos,

Los saludo en la alegría del Resucitado, deseando que todos estén bien y animados en nuestra vocación de servicio a la Iglesia y al Santo Padre.
Les ofrezco los comentarios a las intenciones del Papa para 2011.
Para cada Intención General hay Textos del Magisterio, un Comentario Pastoral, Textos Bíblicos para la Celebración y Preguntas para la Reflexión. Para las Intenciones Misioneras, en cambio, ofrezco los Textos del Magisterio y “Puntos Pastorales”, esto es, ideas para tomar en cuenta, pero no un comentario unitario.
Desde julio en adelante, los comentarios tienen un tono diferente, ya que los he encomendado a personas específicas cuyas competencias en esos temas nos ayudarán con una opinión más informada.
Espero que este material les sea útil para seguir invitando y desafiando a los cristianos a ser verdaderos apóstoles por la oración y el servicio.
Les deseo una fructífera misión, unidos al Corazón de Jesús.

P. Claudio Barriga, S.J.


Holy Father's Intentions
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INTENCION GENERAL - ENERO


Cuidar la creación Para que las riquezas de la creación sean conservadas, valorizadas y puestas a disposición de todos, como don precioso de Dios a la humanidad.


SI QUIERES PROMOVER LA PAZ, PROTEGE LA CREACIÓN


4. Sin entrar en la cuestión de soluciones técnicas específicas, la Iglesia, «experta en humanidad», se preocupa de llamar la atención con energía sobre la relación entre el Creador, el ser humano y la creación. En 1990, Juan Pablo II habló de «crisis ecológica» y, destacando que ésta tiene un carácter predominantemente ético, hizo notar «la urgente necesidad moral de una nueva solidaridad»[7]. Este llamamiento se hace hoy todavía más apremiante ante las crecientes manifestaciones de una crisis, que sería irresponsable no tomar en seria consideración. ¿Cómo permanecer indiferentes ante los problemas que se derivan de fenómenos como el cambio climático, la desertificación, el deterioro y la pérdida de productividad de amplias zonas agrícolas, la contaminación de los ríos y de las capas acuíferas, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de sucesos naturales extremos, la deforestación de las áreas ecuatoriales y tropicales? ¿Cómo descuidar el creciente fenómeno de los llamados «prófugos ambientales», personas que deben abandonar el ambiente en que viven —y con frecuencia también sus bienes— a causa de su deterioro, para afrontar los peligros y las incógnitas de un desplazamiento forzado? ¿Cómo no reaccionar ante los conflictos actuales, y ante otros potenciales, relacionados con el acceso a los recursos naturales? Todas éstas son cuestiones que tienen una repercusión profunda en el ejercicio de los derechos humanos como, por ejemplo, el derecho a la vida, a la alimentación, a la salud y al desarrollo.

5. No obstante, se ha de tener en cuenta que no se puede valorar la crisis ecológica separándola de las cuestiones ligadas a ella, ya que está estrechamente vinculada al concepto mismo de desarrollo y a la visión del hombre y su relación con sus semejantes y la creación. Por tanto, resulta sensato hacer una revisión profunda y con visión de futuro del modelo de desarrollo, reflexionando además sobre el sentido de la economía y su finalidad, para corregir sus disfunciones y distorsiones. Lo exige el estado de salud ecológica del planeta; lo requiere también, y sobre todo, la crisis cultural y moral del hombre, cuyos síntomas son patentes desde hace tiempo en todas las partes del mundo.[8] La humanidad necesita una profunda renovación cultural; necesita redescubrir esos valores que constituyen el fundamento sólido sobre el cual construir un futuro mejor para todos. Las situaciones de crisis por las que está actualmente atravesando —ya sean de carácter económico, alimentario, ambiental o social— son también, en el fondo, crisis morales relacionadas entre sí. Éstas obligan a replantear el camino común de los hombres. Obligan, en particular, a un modo de vivir caracterizado por la sobriedad y la solidaridad, con nuevas reglas y formas de compromiso, apoyándose con confianza y valentía en las experiencias positivas que ya se han realizado y rechazando con decisión las negativas. Sólo de este modo la crisis actual se convierte en ocasión de discernimiento y de nuevas proyecciones.

[…]

7. Se ha de constatar por desgracia que numerosas personas, en muchos países y regiones del planeta, sufren crecientes dificultades a causa de la negligencia o el rechazo por parte de tantos a ejercer un gobierno responsable respecto al medio ambiente. El Concilio Ecuménico Vaticano II ha recordado que «Dios ha destinado la tierra y todo cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos»[14]. Por tanto, la herencia de la creación pertenece a la humanidad entera. En cambio, el ritmo actual de explotación pone en serio peligro la disponibilidad de algunos recursos naturales, no sólo para la presente generación, sino sobre todo para las futuras[15]. Así, pues, se puede comprobar fácilmente que el deterioro ambiental es frecuentemente el resultado de la falta de proyectos políticos de altas miras o de la búsqueda de intereses económicos miopes, que se transforman lamentablemente en una seria amenaza para la creación. Para contrarrestar este fenómeno, teniendo en cuenta que «toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral»[16], es también necesario que la actividad económica respete más el medio ambiente. Cuando se utilizan los recursos naturales, hay que preocuparse de su salvaguardia, previendo también sus costes —en términos ambientales y sociales—, que han de ser considerados como un capítulo esencial del costo de la misma actividad económica. Compete a la comunidad internacional y a los gobiernos nacionales dar las indicaciones oportunas para contrarrestar de manera eficaz una utilización del medio ambiente que lo perjudique. Para proteger el ambiente, para tutelar los recursos y el clima, es preciso, por un lado, actuar respetando unas normas bien definidas incluso desde el punto de vista jurídico y económico y, por otro, tener en cuenta la solidaridad debida a quienes habitan las regiones más pobres de la tierra y a las futuras generaciones.

[…]

11. Cada vez se ve con mayor claridad que el tema del deterioro ambiental cuestiona los comportamientos de cada uno de nosotros, los estilos de vida y los modelos de consumo y producción actualmente dominantes, con frecuencia insostenibles desde el punto de vista social, ambiental e incluso económico. Ha llegado el momento en que resulta indispensable un cambio de mentalidad efectivo, que lleve a todos a adoptar nuevos estilos de vida, «a tenor de los cuales, la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un desarrollo común, sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones»[26]. Se ha de educar cada vez más para construir la paz a partir de opciones de gran calado en el ámbito personal, familiar, comunitario y político. Todos somos responsables de la protección y el cuidado de la creación. Esta responsabilidad no tiene fronteras. Según el principio de subsidiaridad, es importante que todos se comprometan en el ámbito que les corresponda, trabajando para superar el predominio de los intereses particulares. Un papel de sensibilización y formación corresponde particularmente a los diversos sujetos de la sociedad civil y las Organizaciones no gubernativas, que se mueven con generosidad y determinación en favor de una responsabilidad ecológica, que debería estar cada vez más enraizada en el respeto de la «ecología humana». Además, se ha de requerir la responsabilidad de los medios de comunicación social en este campo, con el fin de proponer modelos positivos en los que inspirarse. Por tanto, ocuparse del medio ambiente exige una visión amplia y global del mundo; un esfuerzo común y responsable para pasar de una lógica centrada en el interés nacionalista egoísta a una perspectiva que abarque siempre las necesidades de todos los pueblos. No se puede permanecer indiferentes ante lo que ocurre en nuestro entorno, porque la degradación de cualquier parte del planeta afectaría a todos. Las relaciones entre las personas, los grupos sociales y los Estados, al igual que los lazos entre el hombre y el medio ambiente, están llamadas a asumir el estilo del respeto y de la «caridad en la verdad». En este contexto tan amplio, es deseable más que nunca que los esfuerzos de la comunidad internacional por lograr un desarme progresivo y un mundo sin armas nucleares, que sólo con su mera existencia amenazan la vida del planeta, así como por un proceso de desarrollo integral de la humanidad de hoy y del mañana, sean de verdad eficaces y correspondidos adecuadamente.

[…]

14. Si quieres promover la paz, protege la creación. La búsqueda de la paz por parte de todos los hombres de buena voluntad se verá facilitada sin duda por el reconocimiento común de la relación inseparable que existe entre Dios, los seres humanos y toda la creación. Los cristianos ofrecen su propia aportación, iluminados por la divina Revelación y siguiendo la Tradición de la Iglesia. Consideran el cosmos y sus maravillas a la luz de la obra creadora del Padre y de la redención de Cristo, que, con su muerte y resurrección, ha reconciliado con Dios «todos los seres: los del cielo y los de la tierra» (Col 1,20). Cristo, crucificado y resucitado, ha entregado a la humanidad su Espíritu santificador, que guía el camino de la historia, en espera del día en que, con la vuelta gloriosa del Señor, serán inaugurados «un cielo nuevo y una tierra nueva» (2 P 3,13), en los que habitarán por siempre la justicia y la paz. Por tanto, proteger el entorno natural para construir un mundo de paz es un deber de cada persona. He aquí un desafío urgente que se ha de afrontar de modo unánime con un renovado empeño; he aquí una oportunidad providencial para legar a las nuevas generaciones la perspectiva de un futuro mejor para todos. Que los responsables de las naciones sean conscientes de ello, así como los que, en todos los ámbitos, se interesan por el destino de la humanidad: la salvaguardia de la creación y la consecución de la paz son realidades íntimamente relacionadas entre sí. Por eso, invito a todos los creyentes a elevar una ferviente oración a Dios, Creador todopoderoso y Padre de misericordia, para que en el corazón de cada hombre y de cada mujer resuene, se acoja y se viva el apremiante llamamiento: Si quieres promover la paz, protege la creación.



BENEDICTO XVI
XLIII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
8 de diciembre de 2009


© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana



Ver el texto completo:

  • XLIII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ - 1 DE ENERO DE 2010



  • Otros textos magisteriales:


  • Benedicto XVI, Caritas in Veritate, 48



  • COMENTARIO PASTORAL

    Siempre ha habido desastres naturales que han causado daños y estragos a la población humana. La diferencia de la situación actual con las anteriores está en que empezamos a tener conciencia que muchos de los males climáticos que nos afectan tienen causas humanas. El poder del hombre sobre la naturaleza es hoy día, por la primera vez en la historia, una amenaza contra su propia supervivencia. Esta convicción, clara entre los científicos, ha ganado terreno entre los dirigentes políticos, aunque sigue habiendo quienes niegan la validez de las conclusiones que atribuyen el recalentamiento global y los cambios climáticos a causas humanas. Cuidar la creación, dice el Papa Benedicto en su mensaje de Año Nuevo 2010, “se ha hecho hoy esencial para la convivencia pacífica de la humanidad.”(1). Pero hay aún mucho camino que recorrer, como lo demuestra el fracaso de la cumbre ecológica en Copenhague en diciembre de 2009, donde primaron los intereses económicos de las naciones poderosas, impidiendo el logro de acuerdos más significativos. La reunión constituyó una desilusión mundial y se pagará caro, en perjuicio de toda la raza humana.

    La intención de oración del Papa este mes apela a nuestra responsabilidad de salvaguardar la creación para las generaciones futuras. Nos dice que hace falta una “revisión profunda y con visión de futuro del modelo de desarrollo, reflexionando además sobre el sentido de la economía y su finalidad, para corregir sus disfunciones y distorsiones” (5), a la vez que exhorta a un cambio de mentalidad y a una revisión de nuestros estilos de vida (cf. 11).

    Hoy el discurso por la justicia social incluye necesariamente el tema ecológico; hoy el tema ecológico no puede dejar fuera la promoción de la justicia. Ambos se condicionan mutuamente, como lo enseña la Doctrina Social de la Iglesia. Constatamos que las naciones que más consumen y por lo tanto que más contaminan no son las que más sufren los daños causados a la creación. Las consecuencias las pagan, a altísimos precios, como siempre, los más pobres, que tienen menos posibilidad de defenderse de las alteraciones climáticas. Sólo como ejemplo: en las regiones del mundo afectadas por ciclones, el año pasado hubo cuatro veces más tormentas y tifones que lo que era habitual hasta hace pocos años atrás. Otro ejemplo es la descarga de residuos tóxicos, prohibidos en la legislación de países ricos, que se hace de modo clandestino en países pobres donde la corrupción hace fácil la transgresión de sus propias leyes. Lo mismo pasa con la deforestación ilegal de grandes extensiones en países pobres. El trágico derrame de petróleo en el Golfo de México hace unos meses ha dejado en evidencia la fragilidad de nuestra defensa ante este tipo de desastres.

    El tema ecológico es hoy ineludible en la agenda política, cultural, artística… como también en la agenda religiosa y eclesial. Está presente en la lucha de los cristianos por un mundo más justo, en el diálogo ecuménico, o en nuestros programas de formación, etc. Prueba de esto último son los numerosos y cada vez más frecuentes pronunciamientos del Papa y los Obispos sobre este tema.

    Han surgido movimientos mundiales para crear conciencia sobre la contaminación y la sobre-explotación de la creación, como por ejemplo “La hora del Planeta”, que consiste en apagar la luz durante una hora a partir de las 20:30 hrs. El 27 de marzo del año 2010 adhirieron 121 países. No es mala idea que nos sumemos a estas iniciativas.

    Oremos este mes junto al Santo Padre para unir nuestra fuerza espiritual a tantas personas que luchan por defender la belleza de nuestra creación para el uso de todos, de modo especial para los que vendrán después que nosotros.



    PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
    O EN GRUPO

  • ¿Cómo educamos a las nuevas generaciones a cuidar la naturaleza?
  • ¿Qué medidas prácticas, domésticas, hemos tomado o podemos tomar para ahorrar energía y cuidar la naturaleza?
  • ¿Cómo contribuimos como cristianos y como miembros del Apostolado de la Oración a crear conciencia mundial de las graves consecuencias para todos si no cuidamos el planeta?


  • TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION

  • Génesis 1,1-2,4 Primer relato de la creación.
  • Rm 8, 19-23: “sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto”: comprobamos la profunda solidaridad que hay entre el ser humano y la creación.
  • Apoc 21,1-5 La nueva creación “Yo hago nuevas todas las cosas”.



  • INTENCION MISIONERA - ENERO

    Para que los cristianos puedan alcanzar la plena unidad, testimoniando a toda la humanidad la paternidad universal de Dios.


    La unidad de los cristianos

    La elección del tema de la Semana de oración por la unidad de los cristianos de este año, es decir, la invitación a dar un testimonio común de Cristo resucitado según el mandato que él encomendó a sus discípulos, está vinculada al recuerdo del centésimo aniversario de la Conferencia misionera de Edimburgo, en Escocia, que muchos consideran un acontecimiento determinante para el nacimiento del movimiento ecuménico moderno. En el verano de 1910, en la capital escocesa se encontraron más de mil misioneros, pertenecientes a distintas ramas del protestantismo y del anglicanismo, a los que se unió un huésped ortodoxo, para reflexionar juntos sobre la necesidad de alcanzar la unidad para anunciar de modo creíble el Evangelio de Jesucristo. De hecho, precisamente el deseo de anunciar a Cristo a los demás y de llevar al mundo su mensaje de reconciliación hace experimentar la contradicción de la división de los cristianos. ¿Cómo podrán los incrédulos acoger el anuncio del Evangelio si los cristianos, aunque todos se refieren al mismo Cristo, están en desacuerdo entre ellos? Por lo demás, como sabemos, el Maestro mismo, al final de la última Cena, había pedido al Padre para sus discípulos: "Que todos sean uno... para que el mundo crea" (Jn 17, 21). La comunión y la unidad de los discípulos de Cristo es, por tanto, una condición particularmente importante para una mayor credibilidad y eficacia de su testimonio.

    Un siglo después del acontecimiento de Edimburgo, la intuición de aquellos valientes precursores sigue revistiendo gran actualidad. En un mundo marcado por la indiferencia religiosa e incluso por una creciente aversión hacia la fe cristiana, es necesaria una nueva e intensa actividad de evangelización, no sólo entre los pueblos que nunca han conocido el Evangelio, sino también en aquellos donde el cristianismo se ha difundido y forma parte de su historia. No faltan, lamentablemente, cuestiones que nos separan a los unos de los otros y que esperamos se puedan superar mediante la oración y el diálogo, pero hay un contenido central del mensaje de Cristo que podemos anunciar juntos: la paternidad de Dios, la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte con su cruz y resurrección, la confianza en la acción transformadora del Espíritu. Mientras caminamos hacia la comunión plena, estamos llamados a dar un testimonio común frente a los desafíos cada vez más complejos de nuestro tiempo, como la secularización y la indiferencia, el relativismo y el hedonismo, los delicados temas éticos relativos al principio y el fin de la vida, los límites de la ciencia y de la tecnología, y el diálogo con las demás tradiciones religiosas. Hay también otros campos en los que desde ahora debemos dar un testimonio común: la salvaguardia de la creación, la promoción del bien común y de la paz, la defensa de la centralidad de la persona humana, el compromiso para acabar con las miserias de nuestro tiempo, como el hambre, la indigencia, el analfabetismo, la distribución no equitativa de los bienes.

    El compromiso por la unidad de los cristianos no es sólo tarea de algunos, ni una actividad accesoria para la vida de la Iglesia. Cada uno está llamado a ofrecer su aportación para dar los pasos que lleven a la comunión plena entre todos los discípulos de Cristo, sin olvidar nunca que es, ante todo, un don de Dios que debemos invocar constantemente. En efecto, la fuerza que promueve la unidad y la misión brota del encuentro fecundo y apasionante con Cristo resucitado, como le sucedió a san Pablo en el camino de Damasco y a los Once y a los demás discípulos reunidos en Jerusalén. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, haga que se realice cuanto antes el deseo de su Hijo: "Que todos sean uno... para que el mundo crea" (Jn 17, 21).


    Benedicto XVI
    Homilía, Fiesta de la conversión del apóstol san Pablo
    25 de enero de 2010


    © Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana



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  • HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI - Fiesta de la conversión del apóstol san Pablo - 25 de enero de 2010



  • PUNTOS PASTORALES

    • Ver Jn 17,21 “que todos ellos estén unidos, como tú Padre, estás en mí y yo en ti”: la unidad de los cristianos de distintas culturas es signo de la paternidad del único Dios sobre todas las naciones, y es una gracia necesaria en estos tiempos en que crecen las divisiones, la intolerancia, las luchas religiosas.

    • La división entre nosotros los cristianos es un anti testimonio. Visita el sitio internacional de Taizé, una comunidad ecuménica fundada en Francia por el hermano Roger, que sigue siendo un testimonio profético de unidad entre los cristianos y de renovación espiritual: http://www.taize.fr/es

    • Muchas veces la unidad religiosa se da en el barrio, a pequeña escala, entre vecinos, al tiempo que declaraciones de unidad a nivel oficial y jerárquico son fatigosas y escasas. Entre estas últimas, las más recientes son

    - El acuerdo con la Iglesia Ortodoxa en 1997 sobre El Primado del Obispo de Roma.

    - La Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación con los luteranos en 1999.

    - La declaración alcanzada por la Comisión Conjunta del episcopado alemán y la Iglesia Ortodoxa en Alemania sobre el domingo, el 2 de marzo de 2010, llamada El año eclesiástico en la tradición del Oriente y del Occidente – El Domingo, día de fiesta originada en los cristianos.


    • La cultura, ambiente o clima de unidad parte de cada uno de nosotros y se debe ir contagiando hacia nuestro grupo familiar, vecinal, de amistad y comunitario. Si cada uno de los millones de miembros del AO nos unimos este mes en torno a esta petición, en la fuerza de nuestra oración y ofrecimiento diario, podemos contribuir a que crezca esta unidad con acciones solidarias concretas, con el respeto a quienes piensan distinto, con un modo de vida distinto.

    - Ante un mundo crecientemente secularizado e indiferente ante Dios, cuando no hostil…

    - ante el crecimiento del fanatismo y de la intolerancia por parte de grupos que se dicen muy religiosos…

    - ante los graves desafíos de la inhumana pobreza y las graves injusticias del mundo…

    …Resulta cada vez más absurda y sin sentido la falta de unidad entre los seguidores de Cristo en sus distintas denominaciones.


    • ROMA, domingo, 14 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- Benedicto XVI visitó en la tarde de este domingo la iglesia evangélico-luterana luterana de Roma, como él mismo reconoció, para seguir impulsando la unidad de manera que católicos e hijos de la Reforma den testimonio común de Cristo. "Escuchamos tantas quejas por el hecho de que no se dan nuevos desarrollos en el ecumenismo, pero tenemos que decir --y podemos decirlo con mucha gratitud-- que ya se dan muchos elementos de unidad", afirmó el Papa en un discurso que pronunció en alemán, dejando a un lado los papeles. El pontífice invitó a dar gracias por el hecho "de que estamos aquí presentes, por ejemplo, en este domingo, porque cantamos juntos, porque escuchamos la Palabra de Dios, porque nos escuchamos los unos a los otros mirando todos juntos hacia Cristo, y de este modo damos testimonio del único Cristo".






    INTENCION GENERAL - FEBRERO


    La familia

    Para que la familia sea respetada por todos en su identidad y sea reconocida su insustituible contribución a toda la sociedad.


    3. La familia es un fundamento indispensable para la sociedad y los pueblos, así como un bien insustituible para los hijos, dignos de venir a la vida como fruto del amor, de la donación total y generosa de los padres. Como puso de manifiesto Jesús honrando a la Virgen María y a San José, la familia ocupa un lugar primario en la educación de la persona. Es una verdadera escuela de humanidad y de valores perennes. Nadie se ha dado el ser a sí mismo. Hemos recibido de otros la vida, que se desarrolla y madura con las verdades y valores que aprendemos en la relación y comunión con los demás. En este sentido, la familia fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer expresa esta dimensión relacional, filial y comunitaria, y es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral. (Cf. Homilía en la Santa Misa del V Encuentro Mundial de las Familias, Valencia, 9 de julio de 2006).

    Sin embargo, esta labor educativa se ve dificultada por un engañoso concepto de libertad, en el que el capricho y los impulsos subjetivos del individuo se exaltan hasta el punto de dejar encerrado a cada uno en la prisión del propio yo. La verdadera libertad del ser humano proviene de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, y por ello debe ejercerse con responsabilidad, optando siempre por el bien verdadero para que se convierta en amor, en don de sí mismo. Para eso, más que teorías, se necesita la cercanía y el amor característicos de la comunidad familiar. En el hogar es donde se aprende a vivir verdaderamente, a valorar la vida y la salud, la libertad y la paz, la justicia y la verdad, el trabajo, la concordia y el respeto.

    4. Hoy más que nunca se necesita el testimonio y el compromiso público de todos los bautizados para reafirmar la dignidad y el valor único e insustituible de la familia fundada en el matrimonio de un hombre con una mujer y abierto a la vida, así como el de la vida humana en todas sus etapas. Se han de promover también medidas legislativas y administrativas que sostengan a las familias en sus derechos inalienables, necesarios para llevar adelante su extraordinaria misión. Los testimonios presentados en la celebración de ayer muestran que también hoy la familia puede mantenerse firme en el amor de Dios y renovar la humanidad en el nuevo milenio.



    BENEDICTO XVI
    MISA DE CLAUSURA DEL VI ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS
    EN CIUDAD DE MÉXICO
    18 de enero de 2009


    © Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana




    Ver el texto completo:

  • BENEDICTO XVI - MISA DE CLAUSURA DEL VI ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS EN CIUDAD DE MÉXICO - 18 de enero de 2009



  • Otros textos del Magisterio:


  • BENEDICTO XVI - A LOS PARTICIPANTES EN LA ASAMBLEA PLENARIA DEL CONSEJO PONTIFICIO PARA LA FAMILIA - 13 de mayo de 2006

  • BENEDICTO XVI - Homilía en la Santa Misa del V Encuentro Mundial de las Familias - 9 de julio de 2006




  • COMENTARIO PASTORAL

    Si se daña o debilita la familia como célula básica de la sociedad, toda la sociedad se daña y debilita. El respeto por el rol central de la institución familiar en su contribución a toda la sociedad humana es el tema de oración que nos recuerda el Santo Padre este mes.

    Hoy se constata, particularmente en la cultura occidental, una crisis en la identidad de la familia. ¿Qué es lo que podemos llamar “familia”? Además del “modelo tradicional”, las hay de tipo mono parental (vivir solo con el padre o la madre), las hay aquellas fruto de nuevas uniones: vivir con mi madre y su segundo marido, o con los hermanos/as del marido de mi madre, y otros hijos de mi madre y de su nuevo marido, etc.. Puedo vivir con mi madre, mientras una parte de mis hermanos están con mi primer padre. Hoy se puede hasta tener padres homosexuales. El bajo índice de natalidad que se ve en tantos países occidentales es otro indicador de la falta de confianza en la vida, en la sociedad y en la familia.

    Si hay crisis en la familia es porqué también hay una crisis en la paternidad. ¿Cuál es el rol del padre y de la madre?, ¿qué relación y qué educación se debe dar a los niños? ¿Cómo definimos hoy una familia? Para nosotros se basa en la relación entre un hombre y una mujer, pero hoy hay quienes propugnan otros modelos.

    Una familia sin estabilidad en sus relaciones afectivas ni es capaz de dar una educación basada en valores evangélicos ni podrá ayudar a la sociedad. De familias con valores salen líderes políticos, sociales y religiosos con valores. La familia es el lugar donde se ha de aprender a vivir el amor incondicional, imagen del amor de Dios. La realidad es que muchas veces la familia se convierte en el lugar donde se encuentra el sufrimiento y se hace daño a las personas queridas. Es necesario ejercitar el perdón, el diálogo basado en el amor, la aceptación y comprensión incondicional, para sanar y cicatrizar. Este difícil desafío hace de la familia un lugar excepcional de aprendizaje y de preparación para la vida.

    Como Iglesia hay muchas iniciativas a nivel local, en parroquias, movimientos y colegios, para fortalecer las familias: las catequesis pre-sacramentales, en especial la prematrimonial; los Encuentros Matrimoniales; Cursos para padres; Paseos familiares; propuestas para orar en familia, etc. Al mismo tiempo es tarea de los gobiernos civiles, independiente de sus posturas religiosas, apoyar la institución familiar a través de legislaciones adecuadas y medidas efectivas. Lamentablemente hoy vemos numerosos ejemplos de lo contrario en los gobiernos de muchos países, sobre todo en Europa. Leyes de aborto, de divorcio, de contracepción, de matrimonios homosexuales y otras, son un atentado a la familia, constituyen una grave ceguera, y traerán consecuencias nefastas para las nuevas generaciones.

    No dejemos de orar intensamente este mes, junto al Santo Padre, por esta cuestión delicada y fundamental. Preguntémonos qué hacemos y qué más podemos hacer por apoyar la familia. Invocamos la inspiración de la Sagrada Familia de Nazaret, en la que tenemos un modelo familiar de sencillez, trabajo, unidad… donde Dios se siente en su casa



    PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
    O EN GRUPO

  • ¿Qué ejemplos podemos dar de medidas prácticas, domésticas, que favorecen un ambiente familiar que ayuda a todos a encontrarse, a dialogar, a crecer (por ejemplo, el control de la TV o el internet, paseos familiares, etc.)?
  • ¿Cuál es el rol de la sociedad civil en el cuidado y promoción de la institución familiar? ¿qué podemos hacer nosotros por promover en nuestra ciudad y país la visión cristiana de la familia?
  • “Familia que ora unida, permanece unida”, hemos oído decir. ¿Qué modos prácticos tenemos para promover la oración en la familia, de modo de interesar e involucrar a todos los miembros del hogar?


  • TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION

  • Mt 2,41-51 El niño Jesús en el templo
  • Col 3,12-21 el amor en la familia cristiana
  • Mt 19,1-12 enseñanzas sobre el matrimonio


  • INTENCION MISIONERA - FEBRERO

    Para que en los territorios de misión donde es urgente la lucha contra las enfermedades, las comunidades cristianas sepan testimoniar la presencia de Cristo junto a los que sufren.


    Cercanía a los que sufren

    He deseado vivamente pasar estos momentos con vosotros, y me es grato poder saludaros. Os dirijo un saludo particular a vosotros, hermanos y hermanas que soportáis el peso de la enfermedad y el sufrimiento. Sabéis que no estáis solos en vuestro dolor, porque Cristo mismo es solidario con los que sufren. Él revela a quienes padecen el lugar que tienen en el corazón de Dios y en la sociedad. El evangelista Marcos nos ofrece como ejemplo la curación de la suegra de Pedro. Dice que le hablan a Jesús de la enferma sin más preámbulos, y «Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó» (Mc 1,30-31). En este pasaje del Evangelio, vemos a Jesús pasar un día con los enfermos para confortarlos. Así, con gestos concretos, nos manifiesta su ternura y bondad para con todos los que tienen el corazón roto y el cuerpo herido.

    Desde este Centro que lleva el nombre del Cardenal Paul-Émile Léger, que vino de Canadá a estar con vosotros para curar los cuerpos y las almas, no me olvido de los que en su casa, en el hospital, en los ambientes especializados o en los ambulatorios, tienen una discapacidad motriz o mental, ni de los que llevan en su cuerpo la marca de la violencia o la guerra. Pienso también en todos los enfermos y, sobre todo aquí, en África, en los que padecen enfermedades como el sida, la malaria y la tuberculosis. Sé bien que, entre vosotros, la Iglesia católica está intensamente comprometida en una lucha eficaz contra estos males terribles, y la animo a proseguir con determinación esta obra urgente. Deseo portaros a todos vosotros, probados por la enfermedad y el dolor, así como a vuestras familias, un poco de consuelo de parte del Señor, renovaros mi cercanía e invitaros a dirigiros a Cristo y a María, que Él nos ha dado como Madre. Ella conoció el dolor y siguió a su Hijo en el camino del Calvario, guardando en su corazón el mismo amor que Jesús vino a traer a todos los hombres.

    Ante el sufrimiento, la enfermedad y la muerte, el hombre tiene la tentación de gritar a causa del dolor, como hizo Job, cuyo nombre significa «el que sufre» (cf. Gregorio Magno, Moralia in Job, I, 1,15). Jesús mismo gritó poco antes de morir (cf. Mc 15,37; Hb 5,7). Cuando nuestra condición se deteriora, aumenta la ansiedad; a algunos les viene la tentación de dudar de la presencia de Dios en su vida. Por el contrario, Job es consciente de que Dios está presente en su existencia; su grito no es de rebelión, sino que, desde lo más hondo de su desventura, hace asomar su confianza (cf. Jb 19; 42,2-6). Sus amigos, como todos nosotros ante el sufrimiento de un ser querido, tratan de consolarlo, pero utilizan palabras vanas.

    Ante la presencia de sufrimientos atroces, nos sentimos desarmados y no encontramos las palabras adecuadas. Ante un hermano o hermana sumido en el misterio de la Cruz, el silencio respetuoso y compasivo, nuestra presencia apoyada por la oración, una mirada, una sonrisa, pueden valer más que tantos razonamientos. Un pequeño grupo de hombres y mujeres vivió esta experiencia, entre ellos la Virgen María y el Apóstol Juan, que siguieron a Jesús hasta el culmen de su sufrimiento en su pasión y muerte en la cruz. Entre ellos, nos dice el Evangelio, había un africano, Simón de Cirene. A él le encargaron ayudar a Jesús a llevar su cruz en el camino del Gólgota. Este hombre, aunque involuntariamente, ha ayudado al Hombre de dolores, abandonado por todos y entregado a una violencia ciega. La historia, pues, nos recuerda que un africano, un hijo de vuestro Continente, participó con su propio sufrimiento en la pena infinita de Aquel que ha redimido a todos los hombres, incluidos sus perseguidores. Simón de Cirene no podía saber que tenía ante sí a su Salvador. Fue «reclutado» para ayudar (cf. Mc 15,21); se vio obligado, forzado a hacerlo. Es difícil aceptar llevar la cruz de otro. Sólo después de la resurrección pudo entender lo que había hecho. Así sucede con cada uno de nosotros, hermanos y hermanas: en la cúspide de la desesperación, de la rebelión, Cristo nos propone su presencia amorosa, aunque cueste entender que Él está a nuestro lado. Sólo la victoria final del Señor nos revelará el sentido definitivo de nuestras pruebas.


    BENEDICTO XVI
    VIAJE APOSTÓLICO A CAMERÚN Y ANGOLA
    ENCUENTRO CON EL MUNDO DEL SUFRIMIENTO
    19 de marzo de 2009


    © Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana



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  • BENEDICTO XVI - VIAJE APOSTÓLICO A CAMERÚN Y ANGOLA - ENCUENTRO CON EL MUNDO DEL SUFRIMIENTO - 19 de marzo de 2009



  • PUNTOS PASTORALES

    • La vulnerabilidad y necesidad de afecto de los enfermos en los hospitales es una ocasión privilegiada en que les podemos mostrar el rostro bondadoso del Padre y la maternidad de la Iglesia. Tal vez debemos aprender de nuestros hermanos protestantes, que esto lo hacen muy bien.

    • En Africa no existe otra institución que haga tanto por los enfermos y los abandonados como la Iglesia Católica, en innumerables obras e instituciones en todos los países. Oremos este mes para que en Africa y en todo el mundo ese servicio sea vivido de parte de los cristianos como fruto de su unión al Corazón misericordioso de Jesús. Que los cristianos actúen con una mirada contemplativa, conscientes de que por su medio Cristo mismo se hace cercano a los que sufren, y que así sean recibidos y reconocidos por los enfermos. Esta intención de oración nos recuerda la relación privilegiada que tenia Jesús con los enfermos y con los que sufren, que se encuentra en el corazón del Evangelio.

    • El dolor y el sufrimiento son también una visita de Dios, decía el santo chileno Alberto Hurtado. La experiencia de la enfermedad, vivida desde la fe, nos hace capaces de descubrir de nuevas maneras la misericordia de Dios, solidario con nuestro dolor, cercano para darnos consolación.

    • Conviene tener en cuenta que en los países del llamado “primer mundo”, que también son países de misión, pues hay muchos que no conocen a Jesucristo, hay muchisima gente que sufre de enfermedades mentales, cansancio y depresión de difícil curación. El Santo Padre nos llama a testimoniarles también a ellos la presencia cercana de Cristo.






    INTENCION GENERAL - MARZO


    Los países de América Latina

    Para que los países de América Latina puedan avanzar en la fidelidad al Evangelio y progresar en la justicia social y la paz.



    4. "Para que en él tengan vida"


    Los pueblos latinoamericanos y caribeños tienen derecho a una vida plena, propia de los hijos de Dios, con unas condiciones más humanas: libres de las amenazas del hambre y de toda forma de violencia. Para estos pueblos, sus pastores han de fomentar una cultura de la vida que permita, como decía mi predecesor Pablo VI, "pasar de la miseria a la posesión de lo necesario, a la adquisición de la cultura... a la cooperación en el bien común... hasta el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin" (Populorum progressio, 21).

    En este contexto me es grato recordar la encíclica Populorum progressio, cuyo 40° aniversario recordamos este año. Este documento pontificio pone en evidencia que el desarrollo auténtico ha de ser integral, es decir, orientado a la promoción de todo el hombre y de todos los hombres (cf. n. 14), e invita a todos a suprimir las graves desigualdades sociales y las enormes diferencias en el acceso a los bienes. Estos pueblos anhelan, sobre todo, la plenitud de vida que Cristo nos ha traído: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Con esta vida divina se desarrolla también en plenitud la existencia humana, en su dimensión personal, familiar, social y cultural.

    […]


    Los problemas sociales y políticos


    Llegados a este punto podemos preguntarnos: ¿Cómo puede contribuir la Iglesia a la solución de los urgentes problemas sociales y políticos, y responder al gran desafío de la pobreza y de la miseria? Los problemas de América Latina y del Caribe, así como del mundo de hoy, son múltiples y complejos, y no se pueden afrontar con programas generales. Sin embargo, la cuestión fundamental sobre el modo como la Iglesia, iluminada por la fe en Cristo, deba reaccionar ante estos desafíos, nos concierne a todos. En este contexto es inevitable hablar del problema de las estructuras, sobre todo de las que crean injusticia. En realidad, las estructuras justas son una condición sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad. Pero, ¿cómo nacen?, ¿cómo funcionan? Tanto el capitalismo como el marxismo prometieron encontrar el camino para la creación de estructuras justas y afirmaron que éstas, una vez establecidas, funcionarían por sí mismas; afirmaron que no sólo no habrían tenido necesidad de una precedente moralidad individual, sino que ellas fomentarían la moralidad común. Y esta promesa ideológica se ha demostrado que es falsa. Los hechos lo ponen de manifiesto. El sistema marxista, donde ha gobernado, no sólo ha dejado una triste herencia de destrucciones económicas y ecológicas, sino también una dolorosa opresión de las almas. Y lo mismo vemos también en Occidente, donde crece constantemente la distancia entre pobres y ricos y se produce una inquietante degradación de la dignidad personal con la droga, el alcohol y los sutiles espejismos de felicidad.

    Las estructuras justas son, como he dicho, una condición indispensable para una sociedad justa, pero no nacen ni funcionan sin un consenso moral de la sociedad sobre los valores fundamentales y sobre la necesidad de vivir estos valores con las necesarias renuncias, incluso contra el interés personal.

    Donde Dios está ausente —el Dios del rostro humano de Jesucristo— estos valores no se muestran con toda su fuerza, ni se produce un consenso sobre ellos. No quiero decir que los no creyentes no puedan vivir una moralidad elevada y ejemplar; digo solamente que una sociedad en la que Dios está ausente no encuentra el consenso necesario sobre los valores morales y la fuerza para vivir según la pauta de estos valores, aun contra los propios intereses.

    Por otro lado, las estructuras justas han de buscarse y elaborarse a la luz de los valores fundamentales, con todo el empeño de la razón política, económica y social. Son una cuestión de la recta ratio y no provienen de ideologías ni de sus promesas. Ciertamente existe un tesoro de experiencias políticas y de conocimientos sobre los problemas sociales y económicos, que evidencian elementos fundamentales de un Estado justo y los caminos que se han de evitar. Pero en situaciones culturales y políticas diversas, y en el cambio progresivo de las tecnologías y de la realidad histórica mundial, se han de buscar de manera racional las respuestas adecuadas y debe crearse —con los compromisos indispensables— el consenso sobre las estructuras que se han de establecer.


    BENEDICTO XVI
    DISCURSO INAUGURAL
    V CONFERENCIA GENERAL DEL CELAM - APARECIDA
    13 de mayo de 2007


    © Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana



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  • BENEDICTO XVI - DISCURSO INAUGURAL - V CONFERENCIA GENERAL DEL CELAM - APARECIDA - 13 de mayo de 2007



  • Otros textos del Magisterio:


  • BENEDICTO XVI - DISCURSO A LOS PARTICIPANTES EN LA PLENARIA DE LA PONTIFICIA COMISIÓN PARA AMÉRICA LATINA - 20 February 2009



  • COMENTARIO PASTORAL

    1492 es la fecha de la llegada al continente americano de los primeros conquistadores y misioneros de España y Portugal. Una nueva sociedad, fruto del encuentro de dos mundos y dos culturas, se comenzó a gestar. Hubo aciertos y desaciertos, hubo bellos ejemplos de esforzados evangelizadores, pero también innumerables abusos e injusticias contra la población indígena y mestiza, en algunos casos calificados de genocidio, sumados al poco tiempo al horror indecible de la esclavitud africana. La nueva sociedad que se había fundado estaba lejos de ser coherente con el evangelio que había llegado con los colonizadores.

    Diversas circunstancias de la historia llevaron a que entre 1810 y 1811 movimientos independentistas separaran las naciones de América Latina de la corona europea. Una nueva etapa histórica se abría para estas regiones. La independencia que conquistaron no significó que se solucionaran las grandes injusticias sociales ni los graves problemas de pobreza de las mayorías. La tarea de una sociedad más justa y más fiel al evangelio siguió pendiente después de estas fechas y sigue pendiente hasta hoy. A lo largo de esos 500 años, muchos han anunciado a Jesucristo. Los mártires y los profetas tampoco han faltado, asesinados o perseguidos por la causa de la justicia del evangelio. Muchos han luchado por hacer avanzar la sociedad hacia condiciones de mayor igualdad y bienestar para todos, alzando la voz para denunciar abusos y atropellos. En tiempos más recientes, en el oscuro período de represión de parte de las dictaduras militares del siglo pasado, muchos fueron perseguidos, torturados y asesinados, entre los que destaca Monseñor Oscar Romero, arzobispo de El Salvador, asesinado cobardemente en 1980.

    Esta intención de oración del Santo Padre llega cuando estos países, el año pasado y el actual, están celebrando sus 200 años de vida independiente. La voz del Papa se suma a tantos que desean para el así llamado “continente católico” una sociedad donde todos puedan tener vida en Cristo, y vida en abundancia. La persistencia de graves injusticias y pobreza, corrupción y populismos, discriminación y clasismo, la secularización y el consumismo propios del mundo globalizado, etc., atentan contra la vida plena de los hijos e hijas de Dios. La Iglesia quiere asumir la misión, siguiendo al Maestro, de trabajar al servicio del Reino de Dios, para “que los países de América Latina puedan avanzar en la fidelidad al Evangelio y progresar en la justicia social y la paz”.



    “…en toda Latinoamérica, el «nosotros» de la Iglesia es factor de identidad, plenitud de verdad y caridad que no puede ser reemplazado por ninguna ideología, un llamamiento al respeto de los derechos inalienables de cada persona y a su desarrollo integral, anuncio de justicia y hermandad, fuente de unidad.”

    (Benedicto XVI, Mensaje de Navidad, 2009)








    PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
    O EN GRUPO

  • ¿Cómo puede y debe contribuir el evangelio a una mayor justicia y paz social?
  • ¿Cómo podemos contribuir con nuestras vidas y responder desde el Apostolado de la Oración a los desafíos y necesidades planteados por la Doctrina Social de la Iglesia y por los obispos latinoamericanos en la Conferencia de Aparecida?
  • Grandes desigualdades y cuotas escandalosas de miseria siguen siendo graves desafíos en América latina, “el continente católico”, y en muchas otras partes del mundo. ¿Qué podemos hacer, a nivel personal y a nivel comunitario, para que nuestro país avance “en la fidelidad al Evangelio y progrese en la justicia social y la paz”?


  • TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION

  • Is 58,5-12 El ayuno que agrada al Señor es hacer justicia
  • Is 9,2-7 La luz de Dios brilla en medio de su pueblo
  • Mt 25,31-46 El juicio final: Jesús sufre en los pobres


  • INTENCION MISIONERA - MARZO

    Para que el Espíritu Santo dé luz y fuerza a las comunidades cristianas y a los fieles perseguidos o discriminados a causa del Evangelio en muchos lugares del mundo.


    Los cristianos perseguidos

    4. Llamados a evangelizar también mediante el martirio

    En esta Jornada dedicada a las misiones, recuerdo en la oración a quienes han hecho de su vida una exclusiva consagración al trabajo de evangelización. Una mención particular es para aquellas Iglesias locales, y para aquellos misioneros y misioneras que se encuentran testimoniando y difundiendo el Reino de Dios en situaciones de persecución, con formas de opresión que van desde la discriminación social hasta la cárcel, la tortura y la muerte. No son pocos quienes actualmente son llevados a la muerte por causa de su “Nombre”. Es aún de una actualidad tremenda lo que escribía mi venerado Predecesor, el Papa Juan Pablo II: “La memoria jubilar nos ha abierto un panorama sorprendente, mostrándonos nuestro tiempo particularmente rico en testigos que, de una manera u otra, han sabido vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecución, a menudo hasta dar su propia sangre como prueba suprema” (Novo millennio ineunte, 41).

    La participación en la misión de Cristo, en efecto, marca también la vida de los anunciadores del Evangelio, para quienes está reservado el mismo destino de su Maestro. “Recordad lo que os dije: No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Jn 15,20). La Iglesia sigue el mismo camino y sufre la misma suerte de Cristo, porque no actúa según una lógica humana o contando con las razones de la fuerza, sino siguiendo la vía de la Cruz y haciéndose, en obediencia filial al Padre, testigo y compañera de viaje de esta humanidad.

    A las Iglesias antiguas como a las de reciente fundación les recuerdo que han sido colocadas por el Señor como sal de la tierra y luz del mundo, llamadas a difundir a Cristo, Luz de las gentes, hasta los extremos confines de la tierra. La missio ad gentes debe constituir la prioridad de sus planes pastorales.


    BENEDICTO XVI
    JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES
    29 de junio de 2009


    © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana



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  • BENEDICTO XVI - JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES - 29 de junio de 2009



  • * * *

    Dondequiera que haya un «nosotros» que acoge el amor de Dios, allí resplandece la luz de Cristo, incluso en las situaciones más difíciles. La Iglesia, como la Virgen María, ofrece al mundo a Jesús, el Hijo que ella misma ha recibido como un don, y que ha venido para liberar al hombre de la esclavitud del pecado. Como María, la Iglesia no tiene miedo, porque ese Niño es su fuerza. Pero no se lo guarda para sí: lo ofrece a cuantos lo buscan con corazón sincero, a los humildes de la tierra y a los afligidos, a las víctimas de la violencia, a todos los que desean ardientemente el bien de la paz. También hoy, dirigiéndose a la familia humana profundamente marcada por una grave crisis económica, pero antes de nada de carácter moral, y por las dolorosas heridas de guerras y conflictos, la Iglesia repite con los pastores, queriendo compartir y ser fiel al hombre: «Vamos derechos a Belén» (Lc 2, 15), allí encontraremos nuestra esperanza.

    El «nosotros» de la Iglesia vive donde nació Jesús, en Tierra Santa, para invitar a sus habitantes a que abandonen toda lógica de violencia y venganza, y se comprometan con renovado vigor y generosidad en el camino hacia una convivencia pacífica. El «nosotros» de la Iglesia está presente en los demás países de Oriente Medio. ¿Cómo no pensar en la borrascosa situación en Irak y en el pequeño rebaño de cristianos que vive en aquella Región. Sufre a veces violencias e injusticias, pero está siempre dispuesto a dar su propia contribución a la edificación de la convivencia civil, opuesta a la lógica del enfrentamiento y del rechazo de quien está al lado. El «nosotros» de la Iglesia está activo en Sri Lanka, en la Península coreana y en Filipinas, como también en otras tierras asiáticas, como fermento de reconciliación y de paz. En el continente africano, no cesa de elevar su voz a Dios para implorar el fin de todo abuso en la República Democrática del Congo; invita a los ciudadanos de Guinea y de Níger al respeto de los derechos de toda persona y al diálogo; pide a los de Madagascar que superen las divisiones internas y se acojan mutuamente; recuerda a todos que están llamados a la esperanza, a pesar de los dramas, las pruebas y las dificultades que los siguen afligiendo.

    En Europa y en América septentrional, el «nosotros» de la Iglesia impulsa a superar la mentalidad egoísta y tecnicista, a promover el bien común y a respetar a los más débiles, comenzando por los que aún no han nacido. En Honduras, ayuda a retomar el camino institucional; en toda Latinoamérica, el «nosotros» de la Iglesia es factor de identidad, plenitud de verdad y caridad que no puede ser reemplazado por ninguna ideología, un llamamiento al respeto de los derechos inalienables de cada persona y a su desarrollo integral, anuncio de justicia y hermandad, fuente de unidad.

    Fiel al mandato de su Fundador, la Iglesia es solidaria con los afectados por las calamidades naturales y por la pobreza, también en las sociedades opulentas. Ante el éxodo de quienes emigran de su tierra y a causa del hambre, la intolerancia o el deterioro ambiental se ven forzados a marchar lejos, la Iglesia es una presencia que llama a la acogida. En una palabra, la Iglesia anuncia por doquier el Evangelio de Cristo, no obstante las persecuciones, las discriminaciones, los ataques y la indiferencia, a veces hostil, que más bien le permiten compartir la suerte de su Maestro y Señor.


    BENEDICTO XVI
    MENSAJE URBI ET ORBI
    25 de diciembre de 2009


    © Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana



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  • BENEDICTO XVI - MENSAJE URBI ET ORBI - 25 de diciembre de 2009



  • PUNTOS PASTORALES

    • El siglo XX fue el siglo con más mártires por la fe en la historia de la Iglesia, con muestras de violencia anti-cristiana en todos los continentes, violencia que en muchas partes no ha cesado.

    • Según la organización francesa Ayuda a la Iglesia en sufrimiento (Aide à l’Eglise en détresse), hoy son 200 millones los cristianos en el mundo que no pueden vivir su fe libremente. Visita su página web: http://www.aed-france.org/

    • ¿Cuál sería hoy el mapa de la persecución de cristianos en el mundo? ¿Cuántos países estarían en la lista? Habría que nombrar a India, China, Vietnam, Indonesia, Filipinas, Egipto, Bielorrusia, Cuba, Pakistán, Arabia Saudita, Irak y casi todos los países árabes. Hay también muchas regiones dentro de los países latinoamericanos y africanos donde se persigue y asesina a quienes en nombre de su fe sirven y defienden a los pobres… Sin decir mucho de países europeos, como España o Francia, donde actualmente quiénes desean vivir su fe encuentran más y más dificultades e incluso hostilidad.

    • La persecución a cualquier grupo minoritario, cristianos o no (como por ejemplo la persecución en Myanmar a ciertos grupos tribales), o la discriminación de personas por su afiliación religiosa, muestra una humanidad incapaz de dialogar, que se destruye a sí misma, que no sabe respetar opiniones o creencias distintas a las propias.

    • Ya lo anunció el Maestro y no nos debería extrañar: “si a mí me han odiado, también a ustedes los odiarán.” Si nuestra vida es demasiado pacífica y no perturbamos a nadie, si no nos persiguen, si nadie se siente cuestionado con nuestra vida cristiana, tal vez debemos interrogarnos acerca de la calidad de nuestra fe.

    • Recordamos la frase de Tertuliano “sangre de mártires, semilla de nuevos cristianos”. La persecución es señal de que seguimos el Evangelio y participamos en el misterio de la cruz, que es fuente de esperanza en el futuro.

    • La historia demuestra que cuando hay dificultades y persecuciones, abundan las vocaciones, pero cuando la vida es fácil y cómoda, estas escasean.


    Reproducimos para ustedes el comentario de Chris Chatteris, de Sud Africa, a la Intención Misionera de Mayo del 2010, similar a la de este mes: Para que los cristianos perseguidos por causa del Evangelio puedan perseverar, sostenidos por el Espíritu Santo, en el fiel testimonio del amor de Dios por toda la raza humana.


    Como Iglesia, somos muy modestos con respecto a nuestros mártires. Cada año un gran número de cristianos son asesinados, golpeados, violados, expulsados de sus casas incendiadas y de sus tierras. En el Estado de Orissa, India, sucedió el año pasado a gran escala. Los medios mundiales de comunicación apenas lo informaron.

    Se puede pensar de otras religiones que habrían hecho mucho más escándalo. El hecho de que los cristianos perseguidos tiendan a poner la otra mejilla y la idea de que es correcto maltratar a los cristianos porque están asociados con Occidente, hace que la persecución a los cristianos resulte a veces aceptable y a menudo invisible.

    Sorprendentemente en una era de derechos humanos universales, algunos países han legalizado la persecución anti-cristiana – como China, Pakistán y Arabia Saudita. Ocho estados en la India han decretado leyes anti-conversión. En otros lugares la discriminación religiosa es ilegal pero se practica abiertamente.

    Aunque la persecución al cristianismo a menudo tiene un núcleo de odio a la fe, casi siempre hay factores políticos y económicos involucrados. En la India los fundamentalistas hindúes se oponen a la conversión de las castas inferiores, porque trastorna el status quo social y político.

    ¿Cómo deberíamos responder? Tal vez no hemos elaborado suficientemente el consejo de poner la otra mejilla, ni la asombrosa oración de Jesús por los que lo crucificaron. Ambas son poderosas y desafiantes afirmaciones de la verdad, con una fuerza moral y espiritual que trasciende la violencia. También debemos recordar la respuesta del Señor en su juicio, cuando le golpean la cara: desafía al atacante a justificarse, confrontándolo no-violentamente con el poder de la verdad, la injusticia y la violencia sin-sentido del hecho.

    Así como perdonamos y oramos por los que persiguen a nuestros hermanos\as, tenemos también derecho a plantearles la misma pregunta en su defensa: “Si han hecho algo malo, digan qué es; y si no, ¿por qué los persiguen?”.






    INTENCION GENERAL - ABRIL


    Evangelizar las nuevas generaciones Para que por el anuncio creíble del Evangelio, la Iglesia sepa ofrecer a las nuevas generaciones razones siempre nuevas de vida y esperanza.



    Todos advertimos la necesidad de esperanza, pero no de cualquier esperanza, sino de una esperanza firme y creíble, como he subrayado en la Encíclica Spe salvi. La juventud, en particular, es tiempo de esperanzas, porque mira hacia el futuro con diversas expectativas. Cuando se es joven se alimentan ideales, sueños y proyectos; la juventud es el tiempo en el que maduran opciones decisivas para el resto de la vida. Y tal vez por esto es la etapa de la existencia en la que afloran con fuerza las preguntas de fondo: ¿Por qué estoy en el mundo? ¿Qué sentido tiene vivir? ¿Qué será de mi vida? Y también, ¿cómo alcanzar la felicidad? ¿Por qué el sufrimiento, la enfermedad y la muerte? ¿Qué hay más allá de la muerte? Preguntas que son apremiantes cuando nos tenemos que medir con obstáculos que a veces parecen insuperables: dificultades en los estudios, falta de trabajo, incomprensiones en la familia, crisis en las relaciones de amistad y en la construcción de un proyecto de pareja, enfermedades o incapacidades, carencia de recursos adecuados a causa de la actual y generalizada crisis económica y social. Nos preguntamos entonces: ¿Dónde encontrar y cómo mantener viva en el corazón la llama de la esperanza?


    En búsqueda de la «gran esperanza»


    La experiencia demuestra que las cualidades personales y los bienes materiales no son suficientes para asegurar esa esperanza que el ánimo humano busca constantemente. Como he escrito en la citada Encíclica Spe salvi, la política, la ciencia, la técnica, la economía o cualquier otro recurso material por sí solos no son suficientes para ofrecer la gran esperanza a la que todos aspiramos. Esta esperanza «sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar» (n. 31). Por eso, una de las consecuencias principales del olvido de Dios es la desorientación que caracteriza nuestras sociedades, que se manifiesta en la soledad y la violencia, en la insatisfacción y en la pérdida de confianza, llegando incluso a la desesperación. Fuerte y clara es la llamada que nos llega de la Palabra de Dios: «Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien» (Jr 17,5-6).

    La crisis de esperanza afecta más fácilmente a las nuevas generaciones que, en contextos socio-culturales faltos de certezas, de valores y puntos de referencia sólidos, tienen que afrontar dificultades que parecen superiores a sus fuerzas. Pienso, queridos jóvenes amigos, en tantos coetáneos vuestros heridos por la vida, condicionados por una inmadurez personal que es frecuentemente consecuencia de un vacío familiar, de opciones educativas permisivas y libertarias, y de experiencias negativas y traumáticas. Para algunos –y desgraciadamente no pocos–, la única salida posible es una huída alienante hacia comportamientos peligrosos y violentos, hacia la dependencia de drogas y alcohol, y hacia tantas otras formas de malestar juvenil. A pesar de todo, incluso en aquellos que se encuentran en situaciones penosas por haber seguido los consejos de «malos maestros», no se apaga el deseo del verdadero amor y de la auténtica felicidad. Pero ¿cómo anunciar la esperanza a estos jóvenes? Sabemos que el ser humano encuentra su verdadera realización sólo en Dios. Por tanto, el primer compromiso que nos atañe a todos es el de una nueva evangelización, que ayude a las nuevas generaciones a descubrir el rostro auténtico de Dios, que es Amor. A vosotros, queridos jóvenes, que buscáis una esperanza firme, os digo las mismas palabras que san Pablo dirigía a los cristianos perseguidos en la Roma de entonces: «El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo» (Rm 15,13). Durante este año jubilar dedicado al Apóstol de las gentes, con ocasión del segundo milenio de su nacimiento, aprendamos de él a ser testigos creíbles de la esperanza cristiana.

    […]


    La gran esperanza está en Cristo


    Para Pablo, la esperanza no es sólo un ideal o un sentimiento, sino una persona viva: Jesucristo, el Hijo de Dios. Impregnado en lo más profundo por esta certeza, podrá decir a Timoteo: «Hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo» (1 Tm 4,10). El «Dios vivo» es Cristo resucitado y presente en el mundo. Él es la verdadera esperanza: Cristo que vive con nosotros y en nosotros y que nos llama a participar de su misma vida eterna. Si no estamos solos, si Él está con nosotros, es más, si Él es nuestro presente y nuestro futuro, ¿por qué temer? La esperanza del cristiano consiste por tanto en aspirar «al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1817).


    BENEDICTO XVI
    A LOS JÓVENES DEL MUNDO CON OCASIÓN
    DE LA XXIV JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2009
    22 febbraio 2009


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  • BENEDICTO XVI - A LOS JÓVENES DEL MUNDO CON OCASIÓN DE LA XXIV JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2009 - 22 febbraio 2009



  • * * *


    Quisiera concluir este mensaje dirigiéndome de manera especial a los jóvenes católicos, para exhortarlos a llevar al mundo digital el testimonio de su fe. Amigos, sentíos comprometidos a sembrar en la cultura de este nuevo ambiente comunicativo e informativo los valores sobre los que se apoya vuestra vida. En los primeros tiempos de la Iglesia, los Apóstoles y sus discípulos llevaron la Buena Noticia de Jesús al mundo grecorromano. Así como entonces la evangelización, para dar fruto, tuvo necesidad de una atenta comprensión de la cultura y de las costumbres de aquellos pueblos paganos, con el fin de tocar su mente y su corazón, así también ahora el anuncio de Cristo en el mundo de las nuevas tecnologías requiere conocer éstas en profundidad para usarlas después de manera adecuada. A vosotros, jóvenes, que casi espontáneamente os sentís en sintonía con estos nuevos medios de comunicación, os corresponde de manera particular la tarea de evangelizar este "continente digital". Haceos cargo con entusiasmo del anuncio del Evangelio a vuestros coetáneos. Vosotros conocéis sus temores y sus esperanzas, sus entusiasmos y sus desilusiones. El don más valioso que les podéis ofrecer es compartir con ellos la "buena noticia" de un Dios que se hizo hombre, padeció, murió y resucitó para salvar a la humanidad. El corazón humano anhela un mundo en el que reine el amor, donde los bienes sean compartidos, donde se edifique la unidad, donde la libertad encuentre su propio sentido en la verdad y donde la identidad de cada uno se logre en una comunión respetuosa. La fe puede dar respuesta a estas aspiraciones: ¡sed sus mensajeros! El Papa está junto a vosotros con su oración y con su bendición.


    BENEDICTO XVI
    MENSAJE PARA LA XLIII JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
    24 de mayo de 2009


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  • BENEDICTO XVI - MENSAJE PARA LA XLIII JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES - 24 de mayo de 2009



  • COMENTARIO PASTORAL


    Ofrecer la buena noticia del Evangelio a las nuevas generaciones, de un modo creíble y significativo, es un desafío permanente y siempre apasionante de la Iglesia. No hay duda que vivimos un tiempo confuso y de honda crisis, también al interior de la Iglesia. Crecen en el mundo las intolerancias y la incertidumbres, la injusticia, las guerras, la violencia, la pobreza, el hambre. La cultura occidental dominante está marcada por el secularismo y el materialismo, que parece no necesitar de Dios. Pero también, tal vez por esto mismo, somos protagonistas de un tiempo de intensa búsqueda espiritual de parte de muchos de nuestros contemporáneos. Hay un renacer de la espiritualidad y del deseo de Dios. Los progresos de la ciencia y la abundancia de cosas materiales no han logrado responder a la pregunta por el sentido de la vida y a las necesidades más quemantes del corazón humano. Hoy múltiples ofertas religiosas entran al mercado para ofrecer respuestas al vacío existencial de quienes no quieren un mundo sin Dios.

    Estamos por eso ante un momento histórico que constituye una oportunidad para la Iglesia y para el Apostolado de la Oración. Queremos aprovechar nuestra rica tradición espiritual, los Padres de la Iglesia, los Padres del desierto, los místicos de todos los tiempos, para dar una respuesta a nuestros contemporáneos. Hay necesidad de Dios y nosotros hemos encontrado el tesoro escondido. Queremos y debemos anunciarlo, en primer lugar a partir de nuestro propio testimonio, contando a otros lo que hemos descubierto. Concluyo citando al respecto al Papa Juan Pablo II: “Hoy la gente confía más en testigos que en profesores, en la experiencia que en la enseñanza… (“El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros; cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y los hechos que en las teorías. El testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de la misión: Cristo, de cuya misión somos continuadores, es el « Testigo » por excelencia (Ap 1, 5; 3, 14) y el modelo del testimonio cristiano”) (Redemptoris Missio 42)




    La juventud es la edad del heroísmo, y la gracia de Dios depositada en los corazones, fuerza por abrirse paso en muchas almas, hacia planos superiores”.

    (San Alberto Hurtado)





    PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
    O EN GRUPO

  • ¿Qué tipo de experiencia espiritual es la que hoy resulta atractiva para las nuevas generaciones? ¿Se las ofrecemos a los jóvenes, en nuestra comunidad?
  • ¿Cómo y por qué la amistad con Jesucristo puede dar nuevo sentido a la vida de los jóvenes? ¿podemos dar ejemplos concretos?
  • ¿Conocemos la propuesta juvenil del Apostolado de la Oración, el Movimiento Eucarístico Juvenil? ¿Qué podemos hacer para promoverla o fortalecerla?


  • TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION

  • Rm 12,1-3 - no conformarse al tiempo presente
  • Mc 1,14-15 el anuncio de la Buena Noticia
  • Mc 8, 27-30 Y ustedes, ¿quién dicen que soy?


  • INTENCION MISIONERA - ABRIL

    Para que los misioneros, mediante la proclamación del Evangelio y el testimonio de vida, sepan llevar a Cristo a los que aún no lo conocen.


    La expansión misionera

    “Las naciones caminarán en su luz” (Ap 21, 24)

    “Las naciones caminarán en su luz” (Ap 21,24). Objetivo de la misión de la Iglesia es en efecto iluminar con la luz del Evangelio a todos los pueblos en su camino histórico hacia Dios, para que en Él tengan su realización plena y su cumplimiento. Debemos sentir el ansia y la pasión por iluminar a todos los pueblos, con la luz de Cristo, que brilla en el rostro de la Iglesia, para que todos se reúnan en la única familia humana, bajo la paternidad amorosa de Dios.

    Es en esta perspectiva que los discípulos de Cristo dispersos por todo el mundo trabajan, se esfuerzan, gimen bajo el peso de los sufrimientos y donan la vida. Reafirmo con fuerza lo que ha sido varias veces dicho por mis venerados Predecesores: la Iglesia no actúa para extender su poder o afirmar su dominio, sino para llevar a todos a Cristo, salvación del mundo. Nosotros no pedimos sino el ponernos al servicio de la humanidad, especialmente de aquella más sufriente y marginada, porque creemos que “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo... es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad” (Evangelii nuntiandi, 1), la cual “está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia” (Redemptoris missio, 2).

    […]

    2. Iglesia peregrina

    La Iglesia universal, sin confines y sin fronteras, se siente responsable del anuncio del Evangelio a pueblos enteros (cf. Evangelii nuntiandi, 53). Ella, germen de esperanza por vocación, debe continuar el servicio de Cristo al mundo. Su misión y su servicio no son a la medida de las necesidades materiales o incluso espirituales que se agotan en el marco de la existencia temporal, sino de una salvación trascendente, que se actúa en el Reino de Dios (cf. Evangelii nuntiandi, 27). Este Reino, aun siendo en su plenitud escatológico y no de este mundo (cf. Jn 18,36), es también en este mundo y en su historia fuerza de justicia, de paz, de verdadera libertad y de respeto de la dignidad de cada hombre. La Iglesia busca transformar el mundo con la proclamación del Evangelio del amor, “que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar... y así llevar la luz de Dios al mundo” (Deus caritas est, 39). Es a esta misión y servicio que, con este Mensaje, llamo a participar a todos los miembros e instituciones de la Iglesia.

    3. Missio ad gentes

    De este modo, la misión de la Iglesia es la de llamar a todos los pueblos a la salvación operada por Dios a través de su Hijo encarnado. Es necesario por lo tanto renovar el compromiso de anunciar el Evangelio, que es fermento de libertad y de progreso, de fraternidad, de unidad y de paz (cf. Ad gentes, 8). Deseo “confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” (Evangelii nuntiandi, 14), tarea y misión que los amplios y profundos cambios de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Está en cuestión la salvación eterna de las personas, el fin y la realización misma de la historia humana y del universo. Animados e inspirados por el Apóstol de las gentes, debemos ser conscientes de que Dios tiene un pueblo numeroso en todas las ciudades recorridas también por los apóstoles de hoy (cf. Hch 18,10). En efecto “la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor nuestro Dios, aunque estén lejos” (Hch 2,39).

    La Iglesia entera debe comprometerse en la missio ad gentes, hasta que la soberanía salvadora de Cristo se realice plenamente: “Pero ahora no vemos todavía que todo le esté sometido” (Hb 2,8).

    […]

    5. Conclusión

    El empuje misionero ha sido siempre signo de vitalidad de nuestras Iglesias (cf. Redemptoris missio, 2). Es necesario, sin embargo, reafirmar que la evangelización es obra del Espíritu y que incluso antes de ser acción es testimonio e irradiación de la luz de Cristo (cf. Redemptoris missio, 26) por parte de la Iglesia local, que envía sus misioneros y misioneras para ir más allá de sus fronteras. Pido por lo tanto a todos los católicos que recen al Espíritu Santo para que aumente en la Iglesia la pasión por la misión de difundir el Reino de Dios, y que sostengan a los misioneros, las misioneras y las comunidades cristianas comprometidas en primera línea en esta misión, a veces en ambientes hostiles de persecución.

    Al mismo tiempo invito a todos a dar un signo creíble de comunión entre las Iglesias, con una ayuda económica, especialmente en la fase de crisis que está atravesando la humanidad, para colocar a las Iglesias locales en condición de iluminar a las gentes con el Evangelio de la caridad.

    Nos guíe en nuestra acción misionera la Virgen María, estrella de la Nueva Evangelización, que ha dado al mundo a Cristo, puesto como luz de las gentes, para que lleve la salvación “hasta el extremo de la tierra” (Hch 13,47).


    BENEDICTO XVI
    JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES
    29 de junio de 2009


    © Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana



    PUNTOS PASTORALES

    • Hoy las “tierras de misión” no se definen geográficamente ni en contraposición a los países “cristianos”, como se concebía un tiempo atrás. El mundo entero es tierra de misión, ya que hoy en todas partes se ve la falta, sea de una primera o de una nueva evangelización. Y pareciera que una segunda evangelización es más difícil que la primera. Sacar del neopaganismo es más difícil que evangelizar por vez primera a personas que no han recibido aún el anuncio de Cristo.

    • En Occidente empieza a faltar el fundamento, el Dios Creador del cielo y de la tierra. ¿Cómo dar a conocer a Jesucristo, revelación de Dios, cuando para nuestros contemporáneos éste no existe? ¿Con la proclamación del Evangelio y el testimonio de vida? Sí, pero la proclamación del Evangelio tiene que tocar los fundamentos de la vida, las coordenadas de la existencia que encontramos en el Principio y Fundamento del libro de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola: la Creación, la relación con los demás, la imagen de Dios, la libertad interior frente a las esclavitudes, etc. Queremos evangelizar la antropología personal de cada uno, proponiéndoles un modo nuevo de vivir.

    • La proclamación del Evangelio y el testimonio de vida van unidos. Lucas en su Evangelio presenta a Jesucristo Resucitado diciendo que su pasión, resurrección, y la conversión para el perdón de los pecados se anunciaría a todas las naciones (“el kerigma”); y que los discípulos serían testigos de todas estas cosas. También en los Hechos de los Apóstoles Lucas les anuncia que ellos serian sus testigos hasta los confines de la tierra. Está claro que los discípulos son los llamados a ser testigos de su mensaje, de la Buena Noticia de Salvacion, y de su Persona, transparentando a Jesus en sus vidas.






    INTENCION GENERAL - MAYO


    Los Medios de Comunicación

    Para que los que trabajan en los medios de comunicación respeten siempre la verdad, la solidaridad y la dignidad de cada persona.


    El deseo de estar en contacto y el instinto de comunicación, que parecen darse por descontados en la cultura contemporánea, son en el fondo manifestaciones modernas de la tendencia fundamental y constante del ser humano a ir más allá de sí mismo para entrar en relación con los demás. En realidad, cuando nos abrimos a los demás, realizamos una de nuestras más profundas aspiraciones y nos hacemos más plenamente humanos. En efecto, amar es aquello para lo que hemos sido concebidos por el Creador. Naturalmente, no hablo de relaciones pasajeras y superficiales; hablo del verdadero amor, que es el centro de la enseñanza moral de Jesús: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas", y "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (cf. Mc 12, 30-31). Con esta luz, al reflexionar sobre el significado de las nuevas tecnologías, es importante considerar no sólo su indudable capacidad de favorecer el contacto entre las personas, sino también la calidad de los contenidos que se deben poner en circulación. Deseo animar a todas las personas de buena voluntad, y que trabajan en el mundo emergente de la comunicación digital, para que se comprometan a promover una cultura de respeto, diálogo y amistad.

    Por lo tanto, quienes se ocupan del sector de la producción y difusión de contenidos de los nuevos medios, han de comprometerse a respetar la dignidad y el valor de la persona humana. Si las nuevas tecnologías deben servir para el bien de los individuos y de la sociedad, quienes las usan deben evitar compartir palabras e imágenes degradantes para el ser humano, y excluir por tanto lo que alimenta el odio y la intolerancia, envilece la belleza y la intimidad de la sexualidad humana, o lo que explota a los débiles e indefensos.

    Las nuevas tecnologías han abierto también caminos para el diálogo entre personas de diversos países, culturas y religiones. El nuevo espacio digital, llamado ciberespacio, permite encontrarse y conocer los valores y tradiciones de otros. Sin embargo, para que esos encuentros den fruto, se requieren formas honestas y correctas de expresión, además de una escucha atenta y respetuosa. El diálogo debe estar basado en una búsqueda sincera y recíproca de la verdad, para potenciar el desarrollo en la comprensión y la tolerancia. La vida no es una simple sucesión de hechos y experiencias; es más bien la búsqueda de la verdad, del bien, de la belleza. A dichos fines se encaminan nuestras decisiones y el ejercicio de nuestra libertad, y en ellos —la verdad, el bien y la belleza— encontramos felicidad y alegría. No hay que dejarse engañar por quienes tan sólo van en busca de consumidores en un mercado de posibilidades indiferenciadas, donde la elección misma se presenta como el bien, la novedad se confunde con la belleza y la experiencia subjetiva suplanta a la verdad.

    El concepto de amistad ha tenido un nuevo auge en el vocabulario de las redes sociales digitales que han surgido en los últimos años. Este concepto es una de las más nobles conquistas de la cultura humana. En nuestras amistades, y a través de ellas, crecemos y nos desarrollamos como seres humanos. Precisamente por eso, siempre se ha considerado la verdadera amistad como una de las riquezas más grandes que puede tener el ser humano. Por tanto, se ha de tener cuidado de no banalizar el concepto y la experiencia de la amistad. Sería una pena que nuestro deseo de establecer y desarrollar las amistades on line fuera en deterioro de nuestra disponibilidad para la familia, los vecinos y quienes encontramos en nuestra realidad cotidiana, en el lugar de trabajo, en la escuela o en el tiempo libre. En efecto, cuando el deseo de conexión virtual se convierte en obsesivo, la consecuencia es que la persona se aísla, interrumpiendo su interacción social real. Esto termina por alterar también los ritmos de reposo, de silencio y de reflexión necesarios para un sano desarrollo humano.

    La amistad es un gran bien para las personas, pero se vaciaría de sentido si fuese considerado como un fin en sí mismo. Los amigos deben sostenerse y animarse mutuamente para desarrollar sus capacidades y talentos, y para poner éstos al servicio de la comunidad humana. En este contexto es alentador ver surgir nuevas redes digitales que tratan de promover la solidaridad humana, la paz y la justicia, los derechos humanos, el respeto por la vida y el bien de la creación. Estas redes pueden facilitar formas de cooperación entre pueblos de diversos contextos geográficos y culturales, permitiéndoles profundizar en la humanidad común y en el sentido de corresponsabilidad para el bien de todos. Pero se ha de procurar que el mundo digital en el que se crean esas redes sea realmente accesible a todos. Sería un grave daño para el futuro de la humanidad si los nuevos instrumentos de comunicación, que permiten compartir saber e información de modo más veloz y eficaz, no fueran accesibles a quienes ya están social y económicamente marginados, o si contribuyeran tan sólo a acrecentar la distancia que separa a los pobres de las nuevas redes que se desarrollan al servicio de la información y la socialización humana. (Vaticano, 24 de enero 2009, Fiesta de San Francisco de Sales.)


    BENEDICTO XVI
    MENSAJE PARA LA XLIII JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
    24 de enero de 2009


    © Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana



    Ver más en:

  • BENEDICTO XVI - MENSAJE PARA LA XLII JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES - 24 de enero de 2008



  • COMENTARIO PASTORAL

    Los Medios de Comunicación son poderosas herramientas de influencia en toda sociedad. Su uso adecuado puede hacer mucho bien a la promoción de auténticos valores y a la defensa del derecho de las personas. Su uso inadecuado se presenta cuando los Medios son serviles a intereses particulares, sean económicos, políticos, o incluso religiosos, si estos son sesgados, y así no cumplen su misión al servicio de la verdad y el bien común. Se recurre al sensacionalismo en lugar de ofrecer una información ponderada, se manipula la imagen de la mujer y del erotismo en la propaganda para vender más, se distorsiona la verdad para sustentar en la mentira las propias ideologías, se censura la información para mantener en la ignorancia a la población o para exacerbar posiciones radicalizadas. Algunas de estas situaciones se ven en las sociedades liberales donde predomina el afán de lucro. Otras se dan más bien en países no democráticos que restringen la libertad de opinión, que controlan y combaten con intransigencia todos los Medios de Comunicación que sean independientes del poder gubernamental. Se repite a lo largo de la historia la tendencia de los dictadores o de los que actúan como tales a censurar, a veces violentamente, todo lo que les parezca un pensamiento distinto al suyo. El miedo y la represión ocupan el lugar del diálogo y la libertad.

    Existen muchos ejemplos de buen periodismo que contribuye a hacer luz sobre situaciones de atropellos y abusos, que de otra manera se habrían mantenido en la oscuridad y la impunidad. Campañas solidarias de apoyo a grupos o regiones del mundo oprimidos o golpeados por catástrofes han ayudado a aliviar el sufrimiento de muchos. Alabamos y alentamos al periodismo comprometido con la verdad y la justicia, insobornable a los intereses de los poderosos.

    El Papa nos pide orar este mes por los trabajadores de los medios masivos de comunicación. Pedimos que ellos, cristianos o no cristianos, cumplan su rol en la construcción de un mundo más justo, con respeto a “la verdad, la solidaridad y la dignidad de cada persona”. El hecho que el Santo Padre haya elegido esta intención de oración, uniéndola a la 44ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebra este mes, es señal de la importancia que él da a este tema e indica su preocupación al ver tantos ejemplos de una inadecuada gestión de estos medios. Oremos para que el medio periodístico y de las comunicaciones pueda contar con muchos reporteros honestos y valientes, al servicio del bien común. Ayudará el que las escuelas de periodismo les aseguren una adecuada formación ética en valores humanos y espirituales. Oremos para que nosotros mismos sepamos comunicarnos unos con otros en la sencillez y en la verdad, como comunicaba Jesús.




    PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
    O EN GRUPO

  • ¿Qué ejemplos de buen periodismo podemos compartir, en que se ha contribuido a la defensa de los pobres y al bien común?
  • Como cristianos, ¿nos preocupamos de seguir las noticias y de estar informados sobre el acontecer nacional y mundial? ¿por qué esto es importante?
  • ¿Cómo podemos aprender a tener una mirada crítica de la prensa escrita y la televisión? ¿Por qué es importante educarnos y educar a los jóvenes en este sentido?


  • TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION

  • 2 Tim 3,14 — 4,3 para qué es útil la Sagrada Escritura
  • Hb 1,1-4 Dios se ha comunicado por los profetas y ahora por su Hijo
  • Mt 13,10-17 Jesús, el gran comunicador, explica todo en parábolas



  • INTENCION MISIONERA - MAYO

    Para que la Iglesia en China reciba el don de perseverar en la fidelidad al Evangelio y de crecer en la unidad.


    La Iglesia en China

    (3) « ¡Duc in altum! (Lc 5,4). Esta palabra resuena también hoy para nosotros y nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro: “Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre” (Hb 13,8) »[7]. También en China la Iglesia está llamada a ser testigo de Cristo, a mirar hacia adelante con esperanza y a tomar conciencia —en el anuncio del Evangelio— de los nuevos desafíos que el pueblo chino tiene que afrontar.

    La Palabra de Dios nos ayuda, una vez más, a descubrir el sentido misterioso y profundo del camino de la Iglesia en el mundo. En efecto, « una de las principales visiones del Apocalipsis tiene por objeto este Cordero en el momento en que abre un libro, que antes estaba sellado con siete sellos, y que nadie era capaz de soltar. San Juan se presenta incluso llorando, porque nadie era digno de abrir el libro y de leerlo (cf. Ap 5,4). La historia es indescifrable, incomprensible. Nadie puede leerla. Quizás este llanto de san Juan ante el misterio tan oscuro de la historia expresa el desconcierto de las Iglesias asiáticas por el silencio de Dios ante las persecuciones a las que estaban sometidas en aquel momento. Es un desconcierto en el que puede reflejarse muy bien nuestra sorpresa ante las graves dificultades, incomprensiones y hostilidades que también hoy sufre la Iglesia en varias partes del mundo. Son sufrimientos que ciertamente la Iglesia no se merece, como tampoco Jesús se mereció el suplicio. Ahora bien, revelan la maldad del hombre, cuando se deja llevar por las sugestiones del mal, y la dirección superior de los acontecimientos por parte de Dios »[8].

    Hoy, como ayer, anunciar el Evangelio significa anunciar y dar testimonio de Jesucristo crucificado y resucitado, el Hombre nuevo, vencedor del pecado y de la muerte. Él permite a los seres humanos entrar en un nueva dimensión donde la misericordia y el amor, incluso para con el enemigo, dan fe de la victoria de la Cruz sobre toda debilidad y miseria humana. También en vuestro País, el anuncio de Cristo crucificado y resucitado será posible en la medida en que con fidelidad al Evangelio, en comunión con el Sucesor del apóstol Pedro y con la Iglesia universal, sepáis poner en práctica los signos del amor y de la unidad (« que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros [...]. Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado »: Jn 13,34-35; 17,21).


    BENEDICTO XVI
    CARTA A LOS OBISPOS, PRESBÍTEROS, PERSONAS CONSAGRADAS Y FIELES LAICOS
    DE LA IGLESIA CATÓLICA EN LA REPÚBLICA POPULAR CHINA
    27 de mayo de 2007


    © Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana



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  • BENEDICTO XVI - CARTA A LOS OBISPOS, PRESBÍTEROS, PERSONAS CONSAGRADAS Y FIELES LAICOS DE LA IGLESIA CATÓLICA EN LA REPÚBLICA POPULAR CHINA - 27 de mayo de 2007



  • PUNTOS PASTORALES

    • En un escenario político de mayor apertura que en el pasado, en la mayor parte de China la evangelización y el crecimiento de la Iglesia ya no dependen del permiso o las restricciones de las autoridades civiles, sino de nuestras propias fuerzas y capacidad de tener misioneros y testigos del evangelio para un pueblo bien dispuesto y necesitado de Dios.

    • Aunque es verdad que persiste una profunda y dolorosa división en la Iglesia china, hoy el 80% de los obispos católicos han recibido la aprobación tanto del Vaticano como del Gobierno chino. La Iglesia Católica oficial tolerada por el Estado chino, la Asociación Patriótica, tiene hoy pocas restricciones a la acción pastoral. Hoy prácticamente no hay necesidad de “ser clandestino” para vivir la fe católica en China. Es abundante y fructífera la generosa labor de sacerdotes, laicos y sobre todo de tantas religiosas al servicio de los más pobres. La división se produce fruto de esta nueva apertura, pues a quienes durante años y años han soportado persecuciones, sufrimientos y hasta la muerte de sus seres queridos por ser fieles a su Iglesia y al Papa, no les resulta fácil integrarse tan rápidamente a la Iglesia oficial. Ellos denuncian que estos cambios están motivados ante todo por motivos políticos y humanos, decididos por quienes están lejos de la fe, y en parte tienen razón. Pero también es una realidad que la mayoría de los católicos más jóvenes pertenecen a la que en sus diócesis es la única Iglesia Católica, dentro de la Asociación Patriótica, donde se anuncia a Jesucristo y donde crecen en su fe .

    • Se comprueba hoy en la sociedad China un despertar del interés religioso y una creciente búsqueda de Dios. Se dice que incluso miembros del gobierno se encuentran entre los numerosos chinos desilusionados e insatisfechos que llegan a golpear las puertas de la Iglesia en búsqueda de un mensaje distinto. Ya nadie cree en los supuestos ideales de un sistema social que ha intentado suprimir a Dios y que no ofrece respuestas al sentido profundo de la vida. La corrupción generalizada y el desgaste de un modelo autoritario ha producido desazón y la necesidad de nuevos paradigmas y nuevas respuestas. La nueva abundancia material para millones de chinos, fruto del rápido y sorprendente crecimiento económico del país, tampoco ha dado respuesta a las necesidades del espíritu. Las conversiones al catolicismo se multiplican en muchas partes del país. Hoy se vive en China una oportunidad favorable para la evangelización, un tiempo propicio, que no queremos desaprovechar.

    • Junto al Papa oremos pidiendo que el Espiritu ilumine a ambas secciones de la Iglesia en China para que imiten la magnanimidad de Dios y lleguen a un perdón y aceptación mutuos, que les ayude a construir un futuro de cara a Dios y en beneficio del país.






    INTENCION GENERAL - JUNIO


    Los sacerdotes

    Para que los sacerdotes, unidos al Corazón de Cristo, siempre sean verdaderos testigos del amor solícito y misericordioso de Dios.



    Celebramos la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y con la liturgia echamos una mirada, por así decirlo, dentro del corazón de Jesús, que al morir fue traspasado por la lanza del soldado romano. Sí, su corazón está abierto por nosotros y ante nosotros; y con esto nos ha abierto el corazón de Dios mismo. La liturgia interpreta para nosotros el lenguaje del corazón de Jesús, que habla sobre todo de Dios como pastor de los hombres, y así nos manifiesta el sacerdocio de Jesús, que está arraigado en lo íntimo de su corazón; de este modo, nos indica el perenne fundamento, así como el criterio válido de todo ministerio sacerdotal, que debe estar siempre anclado en el corazón de Jesús y ser vivido a partir de él. Quisiera meditar hoy, sobre todo, los textos con los que la Iglesia orante responde a la Palabra de Dios proclamada en las lecturas. En esos cantos, palabra y respuesta se compenetran. Por una parte, están tomados de la Palabra de Dios, pero, por otra, son ya al mismo tiempo la respuesta del hombre a dicha Palabra, respuesta en la que la Palabra misma se comunica y entra en nuestra vida. El más importante de estos textos en la liturgia de hoy es el Salmo 23 [22] – «El Señor es mi pastor» –, en el que el Israel orante acoge la autorevelación de Dios como pastor, haciendo de esto la orientación para su propia vida. «El Señor es mi pastor, nada me falta». En este primer versículo se expresan alegría y gratitud porque Dios está presente y cuida del hombre.

    La lectura tomada del Libro de Ezequiel empieza con el mismo tema: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro» (Ez 34,11). Dios cuida personalmente de mí, de nosotros, de la humanidad. No me ha dejado solo, extraviado en el universo y en una sociedad ante la cual uno se siente cada vez más desorientado. Él cuida de mí. No es un Dios lejano, para quien mi vida no cuenta casi nada. Las religiones del mundo, por lo que podemos ver, han sabido siempre que, en último análisis, sólo hay un Dios. Pero este Dios era lejano. Abandonaba aparentemente el mundo a otras potencias y fuerzas, a otras divinidades. Había que llegar a un acuerdo con éstas. El Dios único era bueno, pero lejano. No constituía un peligro, pero tampoco ofrecía ayuda. Por tanto, no era necesario ocuparse de Él. Él no dominaba. Extrañamente, esta idea ha resurgido en la Ilustración. Se aceptaba no obstante que el mundo presupone un Creador. Este Dios, sin embargo, habría construido el mundo, para después retirarse de él. Ahora el mundo tiene un conjunto de leyes propias según las cuales se desarrolla, y en las cuales Dios no interviene, no puede intervenir. Dios es sólo un origen remoto. Muchos, quizás, tampoco deseaban que Dios se preocupara de ellos. No querían que Dios los molestara. Pero allí donde la cercanía del amor de Dios se percibe como molestia, el ser humano se siente mal. Es bello y consolador saber que hay una persona que me quiere y cuida de mí. Pero es mucho más decisivo que exista ese Dios que me conoce, me quiere y se preocupa por mí. «Yo conozco mis ovejas y ellas me conocen» (Jn 10,14), dice la Iglesia antes del Evangelio con una palabra del Señor. Dios me conoce, se preocupa de mí. Este pensamiento debería proporcionarnos realmente alegría. Dejemos que penetre intensamente en nuestro interior. En ese momento comprendemos también qué significa: Dios quiere que nosotros como sacerdotes, en un pequeño punto de la historia, compartamos sus preocupaciones por los hombres. Como sacerdotes, queremos ser personas que, en comunión con su amor por los hombres, cuidemos de ellos, les hagamos experimentar en lo concreto esta atención de Dios. Y, por lo que se refiere al ámbito que se le confía, el sacerdote, junto con el Señor, debería poder decir: «Yo conozco mis ovejas y ellas me conocen». «Conocer», en el sentido de la Sagrada Escritura, nunca es solamente un saber exterior, igual que se conoce el número telefónico de una persona. «Conocer» significa estar interiormente cerca del otro. Quererle. Nosotros deberíamos tratar de «conocer» a los hombres de parte de Dios y con vistas a Dios; deberíamos tratar de caminar con ellos en la vía de la amistad con Dios.


    BENEDICTO XVI
    HOMILÍA EN LA MISA DE CLAUSURA DEL AÑO SACERDOTAL
    11 de junio de 2010


    © Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana



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  • BENEDICTO XVI - HOMILÍA EN LA MISA DE CLAUSURA DEL AÑO SACERDOTAL - 11 de junio de 2010



  • * * *

    "El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús", repetía con frecuencia el Santo Cura de Ars.2 Esta conmovedora expresión nos da pie para reconocer con devoción y admiración el inmenso don que suponen los sacerdotes, no sólo para la Iglesia, sino también para la humanidad misma. Tengo presente a todos los presbíteros que con humildad repiten cada día las palabras y los gestos de Cristo a los fieles cristianos y al mundo entero, identificándose con sus pensamientos, deseos y sentimientos, así como con su estilo de vida. ¿Cómo no destacar sus esfuerzos apostólicos, su servicio infatigable y oculto, su caridad que no excluye a nadie? Y ¿qué decir de la fidelidad entusiasta de tantos sacerdotes que, a pesar de las dificultades e incomprensiones, perseveran en su vocación de "amigos de Cristo", llamados personalmente, elegidos y enviados por Él?

    Todavía conservo en el corazón el recuerdo del primer párroco con el que comencé mi ministerio como joven sacerdote: fue para mí un ejemplo de entrega sin reservas al propio ministerio pastoral, llegando a morir cuando llevaba el viático a un enfermo grave. También repaso los innumerables hermanos que he conocido a lo largo de mi vida y últimamente en mis viajes pastorales a diversas naciones, comprometidos generosamente en el ejercicio cotidiano de su ministerio sacerdotal.

    Pero la expresión utilizada por el Santo Cura de Ars evoca también la herida abierta en el Corazón de Cristo y la corona de espinas que lo circunda. Y así, pienso en las numerosas situaciones de sufrimiento que aquejan a muchos sacerdotes, porque participan de la experiencia humana del dolor en sus múltiples manifestaciones o por las incomprensiones de los destinatarios mismos de su ministerio: ¿Cómo no recordar tantos sacerdotes ofendidos en su dignidad, obstaculizados en su misión, a veces incluso perseguidos hasta ofrecer el supremo testimonio de la sangre?

    […]

    Todos los sacerdotes hemos de considerar como dirigidas personalmente a nosotros aquellas palabras que él ponía en boca de Jesús: "Encargaré a mis ministros que anuncien a los pecadores que estoy siempre dispuesto a recibirlos, que mi misericordia es infinita".24 Los sacerdotes podemos aprender del Santo Cura de Ars no sólo una confianza infinita en el sacramento de la Penitencia, que nos impulse a ponerlo en el centro de nuestras preocupaciones pastorales, sino también el método del "diálogo de salvación" que en él se debe entablar. El Cura de Ars se comportaba de manera diferente con cada penitente. Quien se acercaba a su confesonario con una necesidad profunda y humilde del perdón de Dios, encontraba en él palabras de ánimo para sumergirse en el "torrente de la divina misericordia" que arrastra todo con su fuerza. Y si alguno estaba afligido por su debilidad e inconstancia, con miedo a futuras recaídas, el Cura de Ars le revelaba el secreto de Dios con una expresión de una belleza conmovedora: "El buen Dios lo sabe todo. Antes incluso de que se lo confeséis, sabe ya que pecaréis nuevamente y sin embargo os perdona. ¡Qué grande es el amor de nuestro Dios que le lleva incluso a olvidar voluntariamente el futuro, con tal de perdonarnos!".25 A quien, en cambio, se acusaba de manera fría y casi indolente, le mostraba, con sus propias lágrimas, la evidencia seria y dolorosa de lo "abominable" de su actitud: "Lloro porque vosotros no lloráis",26 decía. "Si el Señor no fuese tan bueno... pero lo es. Hay que ser un bárbaro para comportarse de esta manera ante un Padre tan bueno".27 Provocaba el arrepentimiento en el corazón de los tibios, obligándoles a ver con sus propios ojos el sufrimiento de Dios por los pecados como "encarnado" en el rostro del sacerdote que los confesaba. Si alguno manifestaba deseos y actitudes de una vida espiritual más profunda, le mostraba abiertamente las profundidades del amor, explicándole la inefable belleza de vivir unidos a Dios y estar en su presencia: "Todo bajo los ojos de Dios, todo con Dios, todo para agradar a Dios... ¡Qué maravilla!".28 Y les enseñaba a orar: "Dios mío, concédeme la gracia de amarte tanto cuanto yo sea capaz".29


    BENEDICTO XVI
    CARTA A LOS SACERDOTES CON MOTIVO DE LA APERTURA DEL AÑO SACERDOTAL
    16 de junio de 2009


    © Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana



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  • BENEDICTO XVI - CARTA A LOS SACERDOTES CON MOTIVO DE LA APERTURA DEL AÑO SACERDOTAL - 16 de junio de 2009



  • COMENTARIO PASTORAL

    La petición de oración del Papa este mes nos invita a orar con cariño por los sacerdotes y por su servicio al pueblo de Dios. Pedimos en primer lugar que ellos estén unidos al Corazón de Cristo. No puede ser de otra manera, dado que su ministerio brota del Corazón del Único Sacerdote, Jesucristo, mediador de la Nueva Alianza. Es en su Corazón que Cristo ha superado el antiguo sacerdocio, externo, ritual, y lo ha cambiado por un sacerdocio existencial, interior, basado en el amor. Su Corazón mismo es el centro y la fuente de la Nueva Alianza. Su sacerdocio sigue activo para siempre en el cielo, donde no cesa de interceder por nosotros ante el Padre.

    El Corazón sacerdotal de Jesús es también el centro y fundamento del sacerdocio común de los fieles que recibimos por el bautismo. Porque Jesús es sacerdote en su Corazón, todos los cristianos pueden también serlo con Él y en Él, ofreciendo sus vidas al Padre por los hermanos, uniendo el propio corazón a su Corazón. Este es el sacerdocio interior, existencial, que los bautizados están llamados a ejercer en favor de los demás. Se convierten así en apóstoles por medio de la oración, ofreciendo en el altar interior del corazón las tareas cotidianas vividas para Dios: los trabajos, las oraciones, las alegrías y los sufrimientos de cada día.

    El sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio bautismal. Vemos que en la segunda parte de la intención de oración del Papa pedimos que los sacerdotes “siempre sean verdaderos testigos del amor solícito y misericordioso de Dios.” Los ministros ordenados celebran los sacramentos para alimentar la vida de la Iglesia. Ellos son los pastores del pueblo, en especial de los más pobres. Acompañan las personas, las familias, las comunidades, a quienes están llamados a reflejar el Corazón de Cristo. En la Iglesia en Occidente, son los que siguen el camino del celibato consagrado, imitando más estrechamente a Jesús, que vivió célibe, para ser signos de su amor por todos (en las Iglesias Católicas Orientales es común ver sacerdotes casados).

    El Papa Benedicto XVI, en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones de 2008, nos habla del rol del sacerdote en la comunidad:

    5. Entre las personas dedicadas totalmente al servicio del Evangelio se encuentran de modo particular los sacerdotes llamados a proclamar la Palabra de Dios, administrar los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Reconciliación, entregados al servicio de los más pequeños, de los enfermos, de los que sufren, de los pobres y de cuantos pasan por momentos difíciles en regiones de la tierra donde hay tal vez multitudes que aún hoy no han tenido un verdadero encuentro con Jesucristo.

    Por el hecho que se trata de seres humanos débiles, como todos, susceptibles a sentirse desanimados, tristes y solitarios, es que el Papa nos invita a orar por los sacerdotes. Ellos necesitan el apoyo de nuestra oración. También necesitan sentirse apoyados y queridos por sus comunidades. Por eso, junto a nuestra oración, podemos también promover acciones concretas encaminadas a consolidar en las parroquias, colegios y movimientos un ambiente de aprecio y valoración de sus sacerdotes, no de crítica o animadversión. Queremos educar a nuestros hijos y a los miembros de nuestras comunidades cristianas a ser cercanos a sus sacerdotes, a colaborar con ellos, a ofrecerles su cercanía y apoyo concreto. Crear un clima de cariño y respeto por el ministerio sacerdotal en la comunidad cristiana y en las familias tendrá también una incidencia en las vocaciones sacerdotales que necesitamos, pedimos y esperamos. (Más sobre esto último en el comentario que viene a continuación, en la Intención Misionera de este mismo mes de junio, sobre las vocaciones misioneras.)



  • HAGA CLIC PARA VER UN VIDEO QUE HABLA DE GRATITUD POR LOS SACERDOTES



  • PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
    O EN GRUPO

  • ¿Qué hacemos o podemos hacer en nuestra comunidad por favorecer el aprecio por los sacerdotes y por la vocación sacerdotal?
  • ¿Qué significa para nosotros vivir el sacerdocio común de los bautizados? ¿qué relación tiene con el sacerdocio ministerial?
  • En estos tiempos en que la imagen del sacerdocio está desprestigiada por los casos de abusos a menores, ¿qué ejemplos de buenos sacerdotes podemos compartir para agradecer a Dios por sus vidas?


  • TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION

  • 1 Tim 3,1-13 rol de los sacerdotes y diáconos en la comunidad
  • Hb 4,4-14—5,10 el sacerdocio compasivo de Cristo
  • Lc 22,14-20 la institución del sacerdocio y de la Eucaristía


  • INTENCION MISIONERA - JUNIO

    Para que el Espíritu Santo haga surgir en nuestras comunidades numerosas vocaciones misioneras, dispuestas a consagrarse plenamente a difundir el Reino de Dios.


    Las vocaciones misioneras

    1. Para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 13 de abril de 2008, he escogido como tema: Las vocaciones al servicio de la Iglesia–misión. Jesús Resucitado confió a los Apóstoles el mensaje: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19), garantizándoles: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). La Iglesia es misionera en su conjunto y en cada uno de sus miembros. Si por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación cada cristiano está llamado a dar testimonio y a anunciar el Evangelio, la dimensión misionera está especial e íntimamente unida a la vocación sacerdotal. En la alianza con Israel, Dios confió a hombres escogidos, llamados por Él y enviados al pueblo en su nombre, la misión profética y sacerdotal. Así lo hizo, por ejemplo, con Moisés: «Ve, pues, –le dijo el Señor– yo te envío al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo… cuando hayas sacado al pueblo de Egipto, me daréis culto en este monte» (Ex 3, 10.12). Y lo mismo hizo con los profetas.

    […]

    3. Precisamente porque el Señor los envía, los Doce son llamados «apóstoles», destinados a recorrer los caminos del mundo anunciando el Evangelio como testigos de la muerte y resurrección de Cristo. San Pablo escribe a los cristianos de Corinto: «Nosotros –es decir, los Apóstoles– predicamos a Cristo crucificado» (1 Co 1, 23). En ese proceso de evangelización, el libro de los Hechos de los Apóstoles atribuye un papel muy importante también a otros discípulos, cuya vocación misionera brota de circunstancias providenciales, incluso dolorosas, como el ser expulsados de la propia tierra por ser seguidores de Jesús (cf. 8, 1-4). El Espíritu Santo permite que esta prueba se transforme en ocasión de gracia, y se convierta en oportunidad para que el nombre del Señor sea anunciado a otras gentes y se ensanche así el círculo de la comunidad cristiana. Se trata de hombres y mujeres que, como escribe Lucas en el libro de los Hechos, «han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo» (15, 26). El primero de todos, llamado por el mismo Señor a ser un verdadero Apóstol, es sin duda alguna Pablo de Tarso. La historia de Pablo, el mayor misionero de todos los tiempos, lleva a descubrir, bajo muchos puntos de vista, el vínculo que existe entre vocación y misión. Acusado por sus adversarios de no estar autorizado para el apostolado, recurre repetidas veces precisamente a la vocación recibida directamente del Señor (cf. Rm 1, 1; Ga 1, 11-12.15-17).

    4. Al principio, como también después, lo que «apremia» a los Apóstoles (cf. 2 Co 5, 14) es siempre «el amor de Cristo». Fieles servidores de la Iglesia, dóciles a la acción del Espíritu Santo, innumerables misioneros han seguido a lo largo de los siglos las huellas de los primeros apóstoles. El Concilio Vaticano II hace notar que «aunque la tarea de propagar la fe incumbe a todo discípulo de Cristo según su condición, Cristo Señor llama siempre de entre sus discípulos a los que quiere para que estén con Él y para enviarlos a predicar a las gentes (cf. Mc 3, 13–15)» (Decr. Ad gentes, 23). El amor de Cristo, de hecho, viene comunicado a los hermanos con ejemplos y palabras; con toda la vida. «La vocación especial de los misioneros ad vitam –escribió mi venerado predecesor Juan Pablo II– conserva toda su validez: representa el paradigma del compromiso misionero de la Iglesia, que siempre necesita donaciones radicales y totales, impulsos nuevos y valientes» (Encl. Redemptoris missio, 66).

    […]

    6. Siempre ha habido en la Iglesia muchos hombres y mujeres que, movidos por la acción del Espíritu Santo, han escogido vivir el Evangelio con radicalidad, haciendo profesión de los votos de castidad, pobreza y obediencia. Esas pléyades de religiosos y religiosas, pertenecientes a innumerables Institutos de vida contemplativa y activa, «han tenido hasta ahora y siguen teniendo gran participación en la evangelización del mundo» (Decr. Ad gentes, 40). Con su oración continua y comunitaria, los religiosos de vida contemplativa interceden incesantemente por toda la humanidad; los de vida activa, con su multiforme acción caritativa, dan a todos el testimonio vivo del amor y de la misericordia de Dios. Refiriéndose a estos apóstoles de nuestro tiempo, el Siervo de Dios Pablo VI escribió: «Gracias a su consagración religiosa, ellos son, por excelencia, voluntarios y libres para abandonar todo y lanzarse a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Ellos son emprendedores y su apostolado está frecuentemente marcado por una originalidad y una imaginación que suscitan admiración. Son generosos: se les encuentra no raras veces en la vanguardia de la misión y afrontando los más grandes riesgos para su santidad y su propia vida. Sí, en verdad, la Iglesia les debe muchísimo» (Exhort. apost. Evangelii nuntiandi, 69).


    BENEDICTO XVI
    MENSAJE PARA LA XLV JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
    3 diciembre 2007


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  • BENEDICTO XVI - MENSAJE PARA LA XLV JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES - 3 diciembre 2007



  • PUNTOS PASTORALES

    • Pedimos en esta intención de oración que el Espíritu Santo haga surgir vocaciones misioneras. Pero no se trata aquí de una petición para que el Espíritu Santo sólo actúe en otras personas, los que serán llamados a la vocación religiosa, y no en nosotros mismos. El quiere tocar también nuestros corazones e implicarnos personalmente en esta petición. Toca también a de cada uno de nosotros un activo compromiso para hacer realidad lo que estamos pidiendo. Se trata de asumir un rol activo y eficaz en la promoción de las vocaciones. Toda la comunidad cristiana, no sólo los sacerdotes y religiosas, son responsables de promover y trabajar por las vocaciones que necesitamos. Debemos crear en nuestros ambientes lo que se llama una “cultura vocacional”, esto es, un clima parroquial y eclesial que acoja y aprecie la vocación religiosa, que fomente el terreno propicio para el surgimiento de las vocaciones.

    • Podemos trabajar por crear una cultura vocacional en primer lugar mediante la oración: que se escuche con frecuencia en nuestras liturgias el pedir por las vocaciones. Pero hay otras acciones concretas que ayudarán: Podemos establecer grupos específicos de oración por esta intención en las parroquias y colegios, que tengan la misión de recordarlo y hacerlo presente al resto de la comunidad. Estos grupos pueden pedir las listas de los seminaristas o religiosos/as de la diócesis y asignarles “madrinas” o “padrinos” de oración a cada uno, es decir, miembros de la comunidad que se hacen responsables de orar específicamente por ese o esa joven. De esta manera en las misas de la comunidad se escucharán en voz alta los nombres de sus futuros sacerdotes o religiosas, y todos orarán por ellos. Se puede también dar un carácter de “misa por las vocaciones” a una misa de la semana en la parroquia, por ejemplo los días jueves, para intensificar esta oración por los jóvenes seminaristas y religiosos/as. Será de gran ayuda que los padrinos y madrinas de oración establezcan contacto personal con sus “ahijados”, que puedan conocerse, aunque sea por carta o por teléfono.

    • Dicha cultura vocacional hace posible un ambiente de aprecio y valoración del rol del sacerdote, como está dicho un poco más arriba en el comentario para la intención general de este mismo mes de junio, por los sacerdotes. Si un joven ve que en su entorno se aprecia lo que es y lo que hace un consagrado, estará más propicio a considerar para sí mismo esta opción.

    • Lo específico de este mes es pedir por vocaciones misioneras, es decir, personas dispuestas a gastar sus vidas en las fronteras de la fe, anunciando a Jesucristo en ambientes difíciles. Ya hemos mencionado antes que hoy podemos encontrar esas tierras de misión también en países occidentales tradicionalmente católicos. Muchos de estos países, antes ricos en vocaciones, se han paganizado y hoy la misión está en sus propios confines.

    • Pedimos también en esta oración para que se afiance la vocación misionera de todo cristiano, también entre los laicos. Hoy es más frecuente que haya laicos que ofrecen sus servicios por un período determinado en una región o país distintos del propio. Es un servicio misionero específico, distinto de otros tipos de voluntariados, realizado por laicos debidamente preparados que cumplen un contrato claramente establecido con la diócesis o institución que los acoge.

    • Para el tema de la promoción vocacional, ver también el comentario a la intención de Oración y Servicio para mayo de 2009.






    INTENCION GENERAL - JULIO


    Los enfermos de SIDA

    Para que los cristianos contribuyan a aliviar el sufrimiento físico y espiritual de los enfermos de SIDA, especialmente en los países más pobres.



    Cristo, esperanza de África

    3. Por lo que respecta al drama del sida, ya he subrayado en otras circunstancias que se presenta también como una "patología del espíritu". Para combatirla de modo responsable, es preciso aumentar su prevención mediante la educación en el respeto del valor sagrado de la vida y la formación en la práctica correcta de la sexualidad. En efecto, aunque son numerosas las infecciones que se transmiten por contagio a través de la sangre especialmente durante la gestación -infecciones que hay que combatir con todo empeño-, mucho más numerosas son las que se producen por vía sexual, y que pueden evitarse sobre todo con una conducta responsable y la observancia de la virtud de la castidad.

    Los obispos que participaron en el mencionado Sínodo para África de 1994, refiriéndose al influjo que los comportamientos sexuales irresponsables tienen en la difusión de la enfermedad, formularon una recomendación que quisiera volver a proponer aquí: "El afecto, la alegría, la felicidad y la paz que proporcionan el matrimonio cristiano y la fidelidad, así como la seguridad que da la castidad, deben ser siempre presentados a los fieles, sobre todo a los jóvenes" (ib., 116).

    4. En la lucha contra el sida todos deben sentirse implicados. Corresponde a los gobernantes y a las autoridades civiles proporcionar, sobre este tema, informaciones claras y correctas al servicio de los ciudadanos, así como dedicar recursos suficientes a la educación de los jóvenes y al cuidado de la salud. Aliento a los organismos internacionales a promover, en este campo, iniciativas inspiradas en la sabiduría y en la solidaridad, buscando siempre defender la dignidad humana y tutelar el derecho inviolable a la vida.

    Merecen nuestra felicitación las industrias farmacéuticas que se comprometen a mantener bajos los precios de los medicamentos necesarios para la curación del sida. Ciertamente, hacen falta recursos económicos para la investigación científica en el campo sanitario, y también resultan necesarios otros recursos para comercializar los medicamentos descubiertos, pero ante emergencias como la del sida, la salvaguardia de la vida humana debe anteponerse a cualquier otra valoración.

    A los agentes pastorales les pido que "ofrezcan a los hermanos y hermanas afectados por el sida todo el alivio posible, moral y espiritual. A los hombres de ciencia y a los responsables políticos de todo el mundo suplico con viva insistencia que, movidos por el amor y el respeto que se deben a toda persona humana, no escatimen medios capaces de poner fin a este azote" (ib.).

    En particular, quisiera recordar aquí con admiración a los numerosos profesionales de la salud, a los asistentes religiosos y a los voluntarios que, como buenos samaritanos, gastan su vida junto a las víctimas del sida y cuidan de sus familiares. A este propósito, es valioso el servicio que prestan miles de instituciones sanitarias católicas socorriendo, a veces de modo heroico, a cuantos en África están afectados por todo tipo de enfermedades, especialmente el sida, la malaria y la tuberculosis.

    Durante los últimos años he podido constatar que mis exhortaciones en favor de las víctimas del sida no han sido vanas. He comprobado con satisfacción que diversos países e instituciones han sostenido, coordinando los esfuerzos, campañas concretas de prevención y asistencia a los enfermos.

    […]

    María santísima nos ofrece una anticipación elocuente de esta realidad escatológica, especialmente a través de los misterios de su Inmaculada Concepción y de su Asunción al cielo. En ella, concebida sin ninguna sombra de pecado, es total la disponibilidad tanto a la voluntad divina como al servicio de los hombres, y, en consecuencia, es plena la armonía profunda de la que brota la alegría.

    Por tanto, con razón nos dirigimos a ella invocándola como "Causa de nuestra alegría". La alegría que nos da la Virgen es una alegría que permanece incluso en medio de las pruebas. Sin embargo, pensando en el África dotada de inmensos recursos humanos, culturales y religiosos, pero afligida también por indecibles sufrimientos, aflora espontáneamente a los labios una ferviente oración:

    María, Virgen Inmaculada,
    Mujer del dolor y de la esperanza,
    sé benigna con toda persona que sufre
    y obtén a cada uno la plenitud de vida.

    Dirige tu mirada materna
    especialmente hacia los que en África
    se encuentran más necesitados,
    al estar afectados por el sida
    o por alguna otra enfermedad mortal.

    Mira a las madres que lloran por sus hijos;
    mira a los abuelos que carecen
    de suficientes recursos
    para sostener a sus nietos
    que han quedado huérfanos.

    Abraza a todos con tu corazón de Madre.
    Reina de África y del mundo entero,
    Virgen santísima, ruega por nosotros.



    JUAN PABLO II
    MENSAJE PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO DEL AÑO 2005
    8 de septiembre de 2004


    © Copyright 2004 - Libreria Editrice Vaticana



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  • JUAN PABLO II - MENSAJE PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO DEL AÑO 2005 - 8 de septiembre de 2004



  • COMENTARIO PASTORAL

    Actualmente el World Resources Report toma en cuenta el porcentaje de gente con SIDA como una pista para estimar el crecimiento futuro social y económico de las naciones. Esa Agencia provee datos en colaboración con el Banco Mundial, el PNUD, el programa de medio ambiente de la ONU y el World Resources Institute. En el estado actual del SIDA, la pandemia se ha vuelto una enfermedad crónica para la humanidad. Una vez contagiados, el VIH y el SIDA no se pueden curar. Nos acompañan mientras dure la vida. Ciertamente el uso de drogas anti-retrovirales con su "efecto Lázaro" ha sido efectivo en reducir la actividad e influencia del VIH en el cuerpo mientras se sigan tomando. Lamentablemente ahora surge una serie de preguntas sobre sus posibles efectos secundarios, el peligro de la resistencia y un optimismo injustificado. En cuanto a su costo, es imposible para los países más pobres.

    Corazón, espíritu mente y alma son una sola realidad con el cuerpo de los hombres y mujeres infectados y afectados por el SIDA. El corazón se alegra cuando el enfermo experimenta alivio del dolor físico. Con apoyo de donantes de los países más ricos, los cristianos en los países más pobres inesperadamente logran organizarse para atender a sus prójimos con SIDA. Lo hacen en pequeños Centros y comunidades cristianas. Cuando en nombre del perdón y la reconciliación se provee asistencia médica a los enfermos de SIDA, es Cristo quien se hace presente. Paz, caridad, bienestar y perdón son algunos de los nuevos valores del Reino que Él vino a proclamar. Los cristianos confían en Cristo y lo ven como Aquel que escucha al Padre y también las necesidades, esperanzas, gozos, angustias y dolores de los que redimió. (Is 50, 4-5)

    Dice el refrán: "un gramo de prevención vale por un kilo de curación". Junto con atender a los enfermos hay que tomar medidas preventivas para mantener lejos el contagio. El fundamento para enfrentar la pandemia es la educación. Crecen las pruebas y evidencias que es lo que más protege del contagio. Mientras más entreguemos la necesaria educación, menos SIDA. El Congreso Internacional del SIDA comenzó su Sesión 18a en Viena el 18th de Julio del 2010. Se habló con énfasis de métodos innovadores para detener el VIH, que de hecho son más económicos. En su informe final, la organización afirma que los jóvenes están prontos para ser agentes de cambio en la revolución preventiva.


    Thuadingoma Antoine, S.J. (Nairobi, Kenya)
    De AJAN, la red jesuita para HIV/SIDA en Africa




    PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
    O EN GRUPO

  • ¿Hay semejanza entre la situación actual de los enfermos de HIV/SIDA y los leprosos de tiempos de Jesús? ¿Cómo son tratados en nuestra sociedad y cuál sería la actitud de Jesús hacia ellos si estuviera aquí?
  • ¿En qué ha cambiado nuestra percepción y la percepción social de la enfermedad y de los enfermos de HIV/SIDA, en la medida que hemos tenido más información?
  • ¿Realizamos o podríamos realizar algún servicio concreto por aliviar el dolor de estos u otros enfermos?


  • TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION

  • 2Re 5,1-14 Eliseo sana a Naaman, el leproso
  • Hch 3,1-10 La iglesia al servicio de los enfermos
  • Mt 8,1-4 Jesús sana a un leproso


  • INTENCION MISIONERA - JULIO

    Por las religiosas que trabajan en tierras de misión, para que sean testigos del gozo del Evangelio y signo viviente del amor de Cristo.


    Religiosas en el Chad

    4. Al principio, como también después, lo que «apremia» a los Apóstoles (cf. 2 Co 5, 14) es siempre «el amor de Cristo». Fieles servidores de la Iglesia, dóciles a la acción del Espíritu Santo, innumerables misioneros han seguido a lo largo de los siglos las huellas de los primeros apóstoles. El Concilio Vaticano II hace notar que «aunque la tarea de propagar la fe incumbe a todo discípulo de Cristo según su condición, Cristo Señor llama siempre de entre sus discípulos a los que quiere para que estén con Él y para enviarlos a predicar a las gentes (cf. Mc 3, 13–15)» (Decr. Ad gentes, 23). El amor de Cristo, de hecho, viene comunicado a los hermanos con ejemplos y palabras; con toda la vida. «La vocación especial de los misioneros ad vitam –escribió mi venerado predecesor Juan Pablo II– conserva toda su validez: representa el paradigma del compromiso misionero de la Iglesia, que siempre necesita donaciones radicales y totales, impulsos nuevos y valientes» (Encl. Redemptoris missio, 66).

    [...]

    6. Siempre ha habido en la Iglesia muchos hombres y mujeres que, movidos por la acción del Espíritu Santo, han escogido vivir el Evangelio con radicalidad, haciendo profesión de los votos de castidad, pobreza y obediencia. Esas pléyades de religiosos y religiosas, pertenecientes a innumerables Institutos de vida contemplativa y activa, «han tenido hasta ahora y siguen teniendo gran participación en la evangelización del mundo» (Decr. Ad gentes, 40). Con su oración continua y comunitaria, los religiosos de vida contemplativa interceden incesantemente por toda la humanidad; los de vida activa, con su multiforme acción caritativa, dan a todos el testimonio vivo del amor y de la misericordia de Dios. Refiriéndose a estos apóstoles de nuestro tiempo, el Siervo de Dios Pablo VI escribió: «Gracias a su consagración religiosa, ellos son, por excelencia, voluntarios y libres para abandonar todo y lanzarse a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Ellos son emprendedores y su apostolado está frecuentemente marcado por una originalidad y una imaginación que suscitan admiración. Son generosos: se les encuentra no raras veces en la vanguardia de la misión y afrontando los más grandes riesgos para su santidad y su propia vida. Sí, en verdad, la Iglesia les debe muchísimo» (Exhort. apost. Evangelii nuntiandi, 69).


    BENEDICTO XVI
    MENSAJE PARA LA XLV JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
    13 DE ABRIL DE 2008


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    * * *

    Queridos hermanos, a los hombres y a las mujeres consagrados se les reconoce con razón como "testigos y artífices de aquel "proyecto de comunión" que constituye la cima de la historia del hombre según Dios" (Vita consecrata, 46). Os ruego que aseguréis a los religiosos y religiosas de vuestros territorios mi aprecio por la contribución profética que están dando a la vida eclesial en vuestras naciones. Confío en que, fieles a su naturaleza esencial y a sus respectivos carismas, den un testimonio valiente del "don de sí mismo por amor al Señor Jesús y, en él, a cada miembro de la familia humana" (ib. 3), don específicamente cristiano.


    BENEDICTO XVI
    DISCURSO A LOS MIEMBROS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COREA
    Y AL PREFECTO APOSTÓLICO DE ULAN BATOR
    EN VISITA "AD LIMINA"
    3 de diciembre de 2007


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  • BENEDICTO XVI - DISCURSO A LOS MIEMBROS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COREA Y AL PREFECTO APOSTÓLICO DE ULAN BATOR EN VISITA "AD LIMINA" - 3 de diciembre de 2007



  • * * *

    (4) De una manera muy especial, vuestras diócesis pueden contar con el testimonio y la labor de muchos religiosos y religiosas que, entregándose libremente, contribuyen en gran medida a la vida y a la vitalidad de vuestras comunidades. Su consagración específica al Señor los capacita para dar un testimonio especialmente eficaz del amor de Dios a su pueblo y los convierte en signos vivos de la verdad según la cual «el reino de Dios está cerca» (Mc 1, 15). Representan un elemento fundamental de la vida y de la misión de la Iglesia en Nigeria. Que no les falte nunca vuestra atención y solicitud paterna; estad cerca de ellos y apreciad sus carismas como un don extraordinario del Señor.

    6. Los miembros de las Iglesias particulares encomendadas a vuestra solicitud son ciudadanos de una nación que ahora debe afrontar varios desafíos importantes con miras a realizar cambios políticos y sociales. En este contexto, cobra un significado aún mayor vuestro papel de líderes de la comunidad católica, que reconocen la conveniencia y la necesidad de un diálogo constructivo con todos los sectores de la sociedad sobre las justas y sólidas bases de la vida social. Ese diálogo, a la vez que trata de mantener abiertos todos los canales de comunicación con paciencia y buena voluntad, no os impide exponer abiertamente y con respeto las convicciones de la Iglesia, sobre todo las que atañen a asuntos tan importantes como la justicia y la imparcialidad para todos los ciudadanos, el respeto a los derechos humanos, la libertad religiosa y la verdad moral objetiva, que deberían reflejarse en la legislación civil.

    Es de suma importancia que todos los nigerianos colaboren con el fin de garantizar que los cambios necesarios se realicen pacíficamente y sin que sufran indebidamente los sectores más débiles de la población. Así pues, es evidente que los generosos esfuerzos de los pastores y de los fieles, en estrecha colaboración con los cristianos de otras Iglesias y comunidades eclesiales, desempeñan un papel importante para garantizar una solución positiva a este período de transición. En efecto, como afirmaron los padres del concilio Vaticano II, una acción común de este tipo «expresa vivamente aquella conjunción por la cual están ya unidos entre sí» los cristianos y, si todos se unen al servicio del bien común, «presenta bajo una luz más plena el rostro de Cristo siervo» (Unitatis redintegratio, 12).


    JUAN PABLO II
    Discurso a los miembros de la Conferencia episcopal de Nigeria
    23 de marzo 1998


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    COMENTARIO PASTORAL

    La intención de este mes se enmarca en la tarea que todos tenemos de hacer presente una Iglesia misionera y viva. Este mes, en particular el Papa nos invita a rezar y agradecer por tantas mujeres que con gozo, esperanza y por amor han ofrecido su vida al Señor y en particular lo han hecho entregándose a la misión lejos de su tierra natal.

    Son numerosas las mujeres que desde los primeros siglos han querido vivir esta profunda unión y conformidad con Jesús y su causa. Son muchas las que lo hacen en sus países, dedicándose a misiones en distintos ámbitos de la vida, en la educación, la promoción humana, la justicia, … y muchas también las que, por un llamado particular, han dejado su tierra, para acercarse a lugares donde la Palabra de Dios aun no ha sido anunciada. Por estas últimas, mujeres llamadas a vivir su tarea misionera con entusiasmo, generosidad y entrega, pedimos este mes.

    Dos veces he tenido la oportunidad de compartir y acompañar la misión de la Iglesia en Chad, África. Siento que esa tierra se ha convertido para mí en tierra sagrada, un lugar privilegiado donde Dios me ha hablado al corazón, donde me ha seducido. Allí él me ha hecho descubrir su presencia en lo fundamental de la vida: lejos de la riqueza y del poder, él está en lo humilde y lo sencillo, en el día a día del que comparte el gozo y el dolor; en las penas y las alegrías; él está en las búsquedas y las esperanzas de los pobres. Ha sido oportunidad para reconocerme hermana, para entrar en diálogo, a pesar de la dificultad del idioma y las diferencias culturales, porque el amor de Dios es más grande y traspasa todo tipo de fronteras. No siempre fue fácil, es sin duda una vida sacrificada, solitaria, pero para mí fue siempre una posibilidad de encontrarme con Cristo pobre, Cristo sufriente, Cristo hermano.

    Que la petición del Papa nos ayude a incrementar nuestra oración, para pedir al Señor que sostenga y anime a tantas religiosas que hoy sirven en distintas tierras de misión de África, Asia, América Latina. Pedimos que ellas sepan transparentar el rostro materno de Dios en los lugares en que se encuentran. Pidamos también para que el Señor siga suscitando muchas vocaciones misioneras femeninas.


    Hermana Quena Valdés O. rscj
    Religiosa chilena del Sagrado Corazón de Jesús
    que fue misionera en Chad, Africa, durante varios años



    Durante esos días de campamento con los niños, pude gozar de la naturaleza; del encuentro gratuito; de la alegría de los niños cuando jugaban fútbol a pie pelado, en un suelo disparejo, lleno de piedras, y además con una pelota media desinflada.

    Gocé al verlos bailar al son del tam-tam (tambores), moviendo sus cuerpos con la destreza propia del Caribe y sus raíces africanas…

    Gocé cuando caía la lluvia a torrentes y eso nos aliviaba el calor, y nos solucionaba el problema de agua para lavar, cocinar, bañarnos.

    Gocé con el encuentro matutino con el Señor, reconociendo su presencia en lo sencillo, e invitándome a aprender más aun de esa simpleza.

    Terminé con el corazón muy agradecido y emocionado con todo lo vivido. Una de las cosas que me conmovió profundamente fue ser testigo de la capacidad de la gente de sobreponerse a la adversidad, sus esperanzas y sus deseos de soñar. Los jóvenes animadores me sorprendieron con su expresividad, su alegría y entusiasmo, dando lo mejor de sí para los niños.

    Después de estas semanas, Haití es tierra hermana y forma parte de mi historia… GRACIAS SEÑOR!!!


    Testimonio de la hermana Quena en Haití, donde estuvo algunos meses, después del terremoto. Allí pudo colaborar en un campamento de dos semanas para niños, organizado en el campo por las hermanas de su congregación







    INTENCION GENERAL - AGOSTO


    La Jornada Mundial de la Juventud

    Para que la Jornada Mundial de la Juventud que se realiza en Madrid aliente a todos los jóvenes del mundo a fundar y arraigar su vida en Cristo.



    Queridos amigos:

    Este año celebramos el 25 aniversario de la institución de la Jornada Mundial de la Juventud, querida por el Siervo de Dios Juan Pablo II como una cita anual de los jóvenes creyentes de todo el mundo. Fue una iniciativa profética que ha dado abundantes frutos, ofreciendo a las nuevas generaciones la oportunidad de encontrarse, de ponerse a la escucha de la Palabra de Dios, de descubrir la belleza de la Iglesia y de vivir experiencias fuertes de fe, que han llevado a muchos a la decisión de entregarse totalmente a Cristo.

    Esta XXV Jornada representa una etapa hacia el próximo Encuentro Mundial de jóvenes, que tendrá lugar en agosto de 2011 en Madrid, con la esperanza de que seáis muchos los que podáis vivir este evento de gracia.

    Para prepararnos a esta celebración, quisiera proponeros algunas reflexiones sobre el tema de este año, tomado del pasaje evangélico del encuentro de Jesús con el joven rico: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” (Mc 10,17). Un tema que ya trató, en 1985, el Papa Juan Pablo II en una Carta bellísima, la primera dirigida a los jóvenes.


    1. Jesús encuentra a un joven

    «Cuando salía Jesús al camino, —cuenta el Evangelio de San Marcos— se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”. Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno mas que Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre”. Él replicó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño”. Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo—, y luego sígueme”. Ante estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico» (Mc 10, 17-22).

    Esta narración expresa de manera eficaz la gran atención de Jesús hacia los jóvenes, hacia vosotros, hacia vuestras ilusiones, vuestras esperanzas, y pone de manifiesto su gran deseo de encontraros personalmente y de dialogar con cada uno de vosotros. De hecho, Cristo interrumpe su camino para responder a la pregunta de su interlocutor, manifestando una total disponibilidad hacia aquel joven que, movido por un ardiente deseo de hablar con el «Maestro bueno», quiere aprender de Él a recorrer el camino de la vida. Con este pasaje evangélico, mi Predecesor quería invitar a cada uno de vosotros a «desarrollar el propio coloquio con Cristo, un coloquio que es de importancia fundamental y esencial para un joven» (Carta a los jóvenes, n. 2).


    2. Jesús lo miró y lo amó

    En la narración evangélica, San Marcos subraya como «Jesús se le quedó mirando con cariño» (Mc 10,21). La mirada del Señor es el centro de este especialísimo encuentro y de toda la experiencia cristiana. De hecho lo más importante del cristianismo no es una moral, sino la experiencia de Jesucristo, que nos ama personalmente, seamos jóvenes o ancianos, pobres o ricos; que nos ama incluso cuando le volvemos la espalda.

    Comentando esta escena, el Papa Juan Pablo II añadía, dirigiéndose a vosotros, jóvenes: «¡Deseo que experimentéis una mirada así! ¡Deseo que experimentéis la verdad de que Cristo os mira con amor!» (Carta a los jóvenes, n. 7). Un amor, que se manifiesta en la Cruz de una manera tan plena y total, que san Pablo llegó a escribir con asombro: «me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Ga 2,20). «La conciencia de que el Padre nos ha amado siempre en su Hijo, de que Cristo ama a cada uno y siempre, —sigue escribiendo el Papa Juan Pablo II—, se convierte en un sólido punto de apoyo para toda nuestra existencia humana» (Carta a los jóvenes, n. 7), y nos hace superar todas las pruebas: el descubrimiento de nuestros pecados, el sufrimiento, la falta de confianza.

    En este amor se encuentra la fuente de toda la vida cristiana y la razón fundamental de la evangelización: si realmente hemos encontrado a Jesús, ¡no podemos renunciar a dar testimonio de él ante quienes todavía no se han cruzado con su mirada!


    3. El descubrimiento del proyecto de vida

    En el joven del evangelio podemos ver una situación muy parecida a la de cada uno de vosotros. También vosotros sois ricos de cualidades, de energías, de sueños, de esperanzas: ¡recursos que tenéis en abundancia! Vuestra misma edad constituye una gran riqueza, no sólo para vosotros, sino también para los demás, para la Iglesia y para el mundo.

    El joven rico le pregunta a Jesús: «¿Qué tengo que hacer?». La etapa de la vida en la que estáis es un tiempo de descubrimiento: de los dones que Dios os ha dado y de vuestras propias responsabilidades. También es tiempo de opciones fundamentales para construir vuestro proyecto de vida. Por tanto, es el momento de interrogaros sobre el sentido auténtico de la existencia y de preguntaros: «¿Estoy satisfecho de mi vida? ¿Me falta algo?».

    Como el joven del evangelio, quizá también vosotros vivís situaciones de inestabilidad, de confusión o de sufrimiento, que os llevan a desear una vida que no sea mediocre y a preguntaros: ¿Qué es una vida plena? ¿Qué tengo que hacer? ¿Cuál puede ser mi proyecto de vida? «¿Qué he de hacer para que mi vida tenga pleno valor y pleno sentido?» (ibíd., n. 3).

    ¡No tengáis miedo a enfrentaros con estas preguntas! Ya que mas que causar angustia, expresan las grandes aspiraciones que hay en vuestro corazón. Por eso hay que escucharlas. Esperan respuestas que no sean superficiales, sino capaces de satisfacer vuestras auténticas esperanzas de vida y de felicidad.

    Para descubrir el proyecto de vida que realmente os puede hacer felices, poneos a la escucha de Dios, que tiene un designio de amor para cada uno de vosotros. Decidle con confianza: «Señor, ¿cuál es tu designio de Creador y de Padre sobre mi vida? ¿Cuál es tu voluntad? Yo deseo cumplirla». Tened la seguridad de que os responderá. ¡No tengáis miedo de su respuesta! «Dios es mayor que nuestra conciencia y lo sabe todo» (1Jn 3,20).


    4. ¡Ven y sígueme!

    Jesús invita al joven rico a ir mucho más allá de la satisfacción de sus aspiraciones y proyectos personales, y le dice: «¡Ven y sígueme!». La vocación cristiana nace de una propuesta de amor del Señor, y sólo puede realizarse gracias a una respuesta de amor: «Jesús invita a sus discípulos a la entrega total de su vida, sin cálculo ni interés humano, con una confianza sin reservas en Dios. Los santos aceptan esta exigente invitación y emprenden, con humilde docilidad, el seguimiento de Cristo crucificado y resucitado. Su perfección, en la lógica de la fe a veces humanamente incomprensible, consiste en no ponerse ellos mismos en el centro, sino en optar por ir contracorriente viviendo según el Evangelio» (Benedicto XVI, Homilía en ocasión de las canonizaciones, 11 de octubre de 2009).

    Siguiendo el ejemplo de tantos discípulos de Cristo, también vosotros, queridos amigos, acoged con alegría la invitación al seguimiento, para vivir intensamente y con fruto en este mundo. En efecto, con el bautismo, Él llama a cada uno a seguirle con acciones concretas, a amarlo sobre todas las cosas y a servirle en los hermanos. El joven rico, desgraciadamente, no acogió la invitación de Jesús y se fue triste. No tuvo el valor de desprenderse de los bienes materiales para encontrar el bien más grande que le ofrecía Jesús.

    La tristeza del joven rico del evangelio es la que nace en el corazón de cada uno cuando no se tiene el valor de seguir a Cristo, de tomar la opción justa. ¡Pero nunca es demasiado tarde para responderle!

    Jesús nunca se cansa de dirigir su mirada de amor y de llamar a ser sus discípulos, pero a algunos les propone una opción más radical. En este Año Sacerdotal, quisiera invitar a los jóvenes y adolescentes a estar atentos por si el Señor les invita a recibir un don más grande, en la vida del Sacerdocio ministerial, y a estar dispuestos a acoger con generosidad y entusiasmo este signo de especial predilección, iniciando el necesario camino de discernimiento con un sacerdote, con un director espiritual. No tengáis miedo, queridos jóvenes y queridas jóvenes, si el Señor os llama a la vida religiosa, monástica, misionera o de una especial consagración: ¡Él sabe dar un gozo profundo a quien responde con generosidad!

    También invito, a quienes sienten la vocación al matrimonio, a acogerla con fe, comprometiéndose a poner bases sólidas para vivir un amor grande, fiel y abierto al don de la vida, que es riqueza y gracia para la sociedad y para la Iglesia.



    BENEDICTO XVI
    MENSAJE PARA LA XXV JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD
    22 de febrero de 2010


    © Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana



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  • BENEDICTO XVI - MENSAJE PARA LA XXV JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD - 22 de febrero de 2010



  • COMENTARIO PASTORAL

    Cuando era joven y escuché que venía la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), no quería asistir. Era universitario y vivía de un modo no muy arraigado en Cristo. Pero mi abuela, a quien quería mucho, me convenció de ir. ¡Gracias a Dios por las abuelas!

    La gracia que encontré en esa JMJ fue lo que el Papa Benedicto nos pide que oremos este mes: que los jóvenes se atrevan a arraigar y construir sus vidas en Jesucristo. Esa JMJ convirtió mi vida de fe como joven adulto y fue también el momento en que se plantaron las semillas de mi vocación a la vida religiosa y el sacerdocio.

    La JMJ 2011 será del 16 al 21 de Agosto en Madrid, España. Consiste en un encuentro de una semana de jóvenes católicos que se celebra cada 2-3 años en diferentes ciudades del mundo. El Papa Juan Pablo II los inició en los 1980s, y la tradición continúa con Benedicto XVI. Los últimos tres fueron en Sydney, Australia (2008); Colonia, Alemania (2005); y Toronto, Canada (2002). Cientos de miles de peregrinos de todo el mundo llegan a unirse a estas celebraciones de la Iglesia universal.

    El tema bíblico para esta JMJ es: “Plantados y Construidos en Jesucristo, Firmes en la Fe” (Col. 2:7). Es claro que la intención general del Papa para el mes en que se celebra el Día Mundial se refiere a este versículo de San Pablo. Pablo escribe a los cristianos en la iglesia de Colosas cuando ya han recibido a Cristo, pero están siendo tentados a volverse a otras formas de vida que contradicen una auténtica vida arraigada en Jesús. ¿No es este un desafío para muchos jóvenes cristianos de nuestro tiempo? Para mí sí lo fue cuando mi abuela me motivó a la Jornada Mundial de la Juventud.

    Por eso pedimos con el Papa y nuestros hermanos\as del Apostolado de la Oración de todo el Mundo que los cientos de miles de jóvenes que se juntan en Madrid este mes sean pues alentados – por el mismo Papa, por sus pares reunidos en fe y gozo y en especial por el amor al Corazón de Cristo – a seguir viviendo arraigados y cimentados en Cristo. ¡Cómo cambiaría el mundo con esto!

    Para más información, ver http://en.madrid11.com


    Fr. Phil Hurley, S.J.
    AO, U.S.A.
    Director de Jóvenes y Jóvenes adultos




    PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
    O EN GRUPO

  • ¿Qué significa para un joven “fundar y arraigar su vida en Cristo”? ¿Qué significa para mí personalmente, en lo concreto?
  • ¿A qué nos invita hoy, a cada uno de nosotros, la mirada llena de cariño de Jesús?
  • ¿De qué manera podemos como comunidad apoyar y sostener a los jóvenes que participan de la JMJ?


  • TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION

  • Col 2,6-7 construir la vida fundada en Cristo
  • Fil 3,7-11 Cristo cambia toda la vida
  • Mc 10,17-22 Jesús invita al joven rico


  • INTENCION MISIONERA - AGOSTO

    Para que los cristianos de Occidente, dóciles a la acción del Espíritu Santo, reencuentren la frescura y el entusiasmo de su fe.


    Una parroquia en Suecia

    …Recogiendo [la] herencia [de mi predecesor, Juan Pablo II], afirmé al inicio de mi ministerio petrino que la Iglesia es joven, abierta al futuro. Y lo repito hoy, cerca del sepulcro de san Pablo: en el mundo la Iglesia es una inmensa fuerza renovadora, ciertamente no por sus fuerzas, sino por la fuerza del Evangelio, en el que sopla el Espíritu Santo de Dios, el Dios creador y redentor del mundo. Los desafíos de la época actual están ciertamente por encima de las capacidades humanas: lo están los desafíos históricos y sociales, y con mayor razón los espirituales. A los pastores de la Iglesia a veces nos parece revivir la experiencia de los Apóstoles, cuando miles de personas necesitadas seguían a Jesús, y él preguntaba: ¿Qué podemos hacer por toda esta gente? Ellos entonces experimentaban su impotencia. Pero precisamente Jesús les había demostrado que con la fe en Dios nada es imposible, y que unos pocos panes y peces, bendecidos y compartidos, podían saciar a todos. Pero no sólo había —y no sólo hay— hambre de alimento material: hay un hambre más profunda, que sólo Dios puede saciar. También el hombre del tercer milenio desea una vida auténtica y plena, tiene necesidad de verdad, de libertad profunda, de amor gratuito. También en los desiertos del mundo secularizado, el alma del hombre tiene sed de Dios, del Dios vivo. Por eso Juan Pablo II escribió: «La misión de Cristo redentor, confiada a la Iglesia, está aún lejos de cumplirse», y añadió: «Una mirada global a la humanidad demuestra que esta misión se halla todavía en los comienzos y que debemos comprometernos con todas nuestras energías en su servicio» (Redemptoris missio, 1). Hay regiones del mundo que aún esperan una primera evangelización; otras, que la recibieron, necesitan un trabajo más profundo; y hay otras en las que el Evangelio ha echado raíces durante mucho tiempo, dando lugar una verdadera tradición cristiana, pero en las que en los últimos siglos —con dinámicas complejas— el proceso de secularización ha producido una grave crisis del sentido de la fe cristiana y de la pertenencia a la Iglesia.

    En esta perspectiva, he decidido crear un nuevo organismo, en la forma de «Consejo pontificio», con la tarea principal de promover una renovada evangelización en los países donde ya resonó el primer anuncio de la fe y están presentes Iglesias de antigua fundación, pero que están viviendo una progresiva secularización de la sociedad y una especie de «eclipse del sentido de Dios», que constituyen un desafío a encontrar medios adecuados para volver a proponer la perenne verdad del Evangelio de Cristo.

    Queridos hermanos y hermanas, el desafío de la nueva evangelización interpela a la Iglesia universal, y nos pide también proseguir con empeño la búsqueda de la unidad plena entre los cristianos. Un signo elocuente de esperanza en este sentido es la costumbre de las visitas recíprocas entre la Iglesia de Roma y la de Constantinopla con ocasión de las fiestas de sus respectivos santos patronos. Por esto acogemos hoy con renovada alegría y reconocimiento la delegación enviada por el Patriarca Bartolomé I, al cual dirigimos el saludo más cordial. Que la intercesión de san Pedro y san Pablo obtenga a toda la Iglesia fe ardiente y valentía apostólica para anunciar al mundo la verdad que todos necesitamos, la verdad que es Dios, origen y fin del universo y de la historia, Padre misericordioso y fiel, esperanza de vida eterna. Amén.


    BENEDICTO XVI
    HOMILÍA - SOLEMNIDAD DE LOS APÓSTOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO
    28 de junio de 2010


    © Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana



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  • BENEDICTO XVI - HOMILÍA - SOLEMNIDAD DE LOS APÓSTOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO - 28 de junio de 2010



  • COMENTARIO PASTORAL

    La Buena Noticia de Jesucristo vino de Asia. Hubo quienes cruzaron el Mediterráneo hacia Roma, la capital del Imperio romano, o la Galia en el S. II, como San Ireneo, para dar a conocer el Evangelio. La evangelización de Europa Occidental se hizo poco a poco.

    A partir del S. XII la Iglesia está marcada por la «teología monástica» (más bíblica y espiritual), y la «teología escolástica» (más racional), que fueron fecundas y marcaron la forma de pensar la fe y de organizar la Iglesia latina. Desde 1215, en el IV Concilio de Letrán se terminó por imponer un modelo parroquial en la Iglesia que atravesó los siglos hasta hoy. Los cristianos de occidente, en su diversidad, son herederos de esa historia en que se elaboraron la comprensión de su fe y sus caminos espirituales, una historia con heridas, desgarros y reconciliaciones. También una historia de generosidad y luz, de gran renovación espiritual.

    Hoy, en medio de un cambio cultural sin precedentes en occidente, en un contexto de globalización de culturas y religiones, sobre todo con las que llegan desde Asia, los cristianos quedan paralizados, como si hubieran perdido la frescura y el entusiasmo de su fe. Una imagen de Iglesia desaparece ante nuestros ojos. El modelo pastoral que estructuró tanto tiempo a la Iglesia católica, en tiempos en que la sociedad y la Iglesia estaban muy entrelazadas, hoy ya no es viable. Sin embargo, ahora en que para algunos parece ser el ocaso, algo nuevo está a punto de nacer. No logramos verlo, o muy poco, porque buscamos reproducir el pasado. El fermento evangélico ha trabajado pacientemente nuestras sociedades y el Evangelio, hoy como ayer, comienza a emerger desde las profundidades de la historia. El tesoro del texto bíblico es reconocido por todos. El humus cultural está amasado con el Evangelio. El empobrecimiento de la Iglesia la reconduce a menudo «hacia el principio evangélico de su existencia », por los caminos de Galilea. La gente de hoy tiene más y más sed de vida espiritual aunque no siempre sigan los caminos de Cristo. De a poco la Iglesia reencuentra sus raíces y su « pulmón oriental », del que se había alejado. Sí, nuestra época es un tiempo favorable para el Evangelio, ¡un tiempo favorable para la misión !

    A lo largo de la historia siempre hubo momentos en que el talante evangélico de los comienzos reaparece, como con San Francisco de Asís, o San Ignacio de Loyola, y aún Santa Teresita de Lisieux. Hoy en día, en este tiempo favorable, a través de la lectura de las Escrituras en comunidad, la oración y la vida sacramental, el Espíritu Santo ayuda a las personas a reencontrar el sabor del Evangelio y a entrar en el estilo de vida de Jesus, al servicio de la justicia del Reino. La frescura y el entusiasmo de la fe no se puede reencontrar sino dejando que el Espíritu Santo nos conduzca a un encuentro personal con Jesucristo, el Resucitado.


    Padre Frédéric Fornos, S.J.
    Secretario Nacional del Apostolado de la Oración en Francia





    INTENCION GENERAL - SEPTIEMBRE


    Una profesora en India

    Por todos los docentes, para que sepan trasmitir el amor a la verdad y educar en los valores morales y espirituales auténticos.



    Queridos fieles de Roma:

    He querido dirigirme a vosotros con esta carta para hablaros de un problema que vosotros mismos experimentáis y en el que están comprometidos los diversos componentes de nuestra Iglesia: el problema de la educación. Todos nos preocupamos por el bien de las personas que amamos, en particular por nuestros niños, adolescentes y jóvenes. En efecto, sabemos que de ellos depende el futuro de nuestra ciudad. Por tanto, no podemos menos de interesarnos por la formación de las nuevas generaciones, por su capacidad de orientarse en la vida y de discernir el bien del mal, y por su salud, no sólo física sino también moral. Ahora bien, educar jamás ha sido fácil, y hoy parece cada vez más difícil. Lo saben bien los padres de familia, los profesores, los sacerdotes y todos los que tienen responsabilidades educativas directas. Por eso, se habla de una gran "emergencia educativa", confirmada por los fracasos en los que muy a menudo terminan nuestros esfuerzos por formar personas sólidas, capaces de colaborar con los demás y de dar un sentido a su vida. Así, resulta espontáneo culpar a las nuevas generaciones, como si los niños que nacen hoy fueran diferentes de los que nacían en el pasado. Además, se habla de una "ruptura entre las generaciones", que ciertamente existe y pesa, pero es más bien el efecto y no la causa de la falta de transmisión de certezas y valores.

    Por consiguiente, ¿debemos echar la culpa a los adultos de hoy, que ya no serían capaces de educar? Ciertamente, tanto entre los padres como entre los profesores, y en general entre los educadores, es fuerte la tentación de renunciar; más aún, existe incluso el riesgo de no comprender ni siquiera cuál es su papel, o mejor, la misión que se les ha confiado. En realidad, no sólo están en juego las responsabilidades personales de los adultos o de los jóvenes, que ciertamente existen y no deben ocultarse, sino también un clima generalizado, una mentalidad y una forma de cultura que llevan a dudar del valor de la persona humana, del significado mismo de la verdad y del bien; en definitiva, de la bondad de la vida. Entonces, se hace difícil transmitir de una generación a otra algo válido y cierto, reglas de comportamiento, objetivos creíbles en torno a los cuales construir la propia vida.

    Queridos hermanos y hermanas de Roma, ante esta situación quisiera deciros unas palabras muy sencillas: ¡No tengáis miedo! En efecto, todas estas dificultades no son insuperables. Más bien, por decirlo así, son la otra cara de la medalla del don grande y valioso que es nuestra libertad, con la responsabilidad que justamente implica. A diferencia de lo que sucede en el campo técnico o económico, donde los progresos actuales pueden sumarse a los del pasado, en el ámbito de la formación y del crecimiento moral de las personas no existe esa misma posibilidad de acumulación, porque la libertad del hombre siempre es nueva y, por tanto, cada persona y cada generación debe tomar de nuevo, personalmente, sus decisiones. Ni siquiera los valores más grandes del pasado pueden heredarse simplemente; tienen que ser asumidos y renovados a través de una opción personal, a menudo costosa.

    Pero cuando vacilan los cimientos y fallan las certezas esenciales, la necesidad de esos valores vuelve a sentirse de modo urgente; así, en concreto, hoy aumenta la exigencia de una educación que sea verdaderamente tal. La solicitan los padres, preocupados y con frecuencia angustiados por el futuro de sus hijos; la solicitan tantos profesores, que viven la triste experiencia de la degradación de sus escuelas; la solicita la sociedad en su conjunto, que ve cómo se ponen en duda las bases mismas de la convivencia; la solicitan en lo más íntimo los mismos muchachos y jóvenes, que no quieren verse abandonados ante los desafíos de la vida. Además, quien cree en Jesucristo posee un motivo ulterior y más fuerte para no tener miedo, pues sabe que Dios no nos abandona, que su amor nos alcanza donde estamos y como somos, con nuestras miserias y debilidades, para ofrecernos una nueva posibilidad de bien.

    Queridos hermanos y hermanas, para hacer aún más concretas mis reflexiones, puede ser útil identificar algunas exigencias comunes de una educación auténtica. Ante todo, necesita la cercanía y la confianza que nacen del amor: pienso en la primera y fundamental experiencia de amor que hacen los niños —o que, por lo menos, deberían hacer— con sus padres. Pero todo verdadero educador sabe que para educar debe dar algo de sí mismo y que solamente así puede ayudar a sus alumnos a superar los egoísmos y capacitarlos para un amor auténtico.

    Además, en un niño pequeño ya existe un gran deseo de saber y comprender, que se manifiesta en sus continuas preguntas y peticiones de explicaciones. Ahora bien, sería muy pobre la educación que se limitara a dar nociones e informaciones, dejando a un lado la gran pregunta acerca de la verdad, sobre todo acerca de la verdad que puede guiar la vida.

    También el sufrimiento forma parte de la verdad de nuestra vida. Por eso, al tratar de proteger a los más jóvenes de cualquier dificultad y experiencia de dolor, corremos el riesgo de formar, a pesar de nuestras buenas intenciones, personas frágiles y poco generosas, pues la capacidad de amar corresponde a la capacidad de sufrir, y de sufrir juntos.

    Así, queridos amigos de Roma, llegamos al punto quizá más delicado de la obra educativa: encontrar el equilibrio adecuado entre libertad y disciplina. Sin reglas de comportamiento y de vida, aplicadas día a día también en las cosas pequeñas, no se forma el carácter y no se prepara para afrontar las pruebas que no faltarán en el futuro. Pero la relación educativa es ante todo encuentro de dos libertades, y la educación bien lograda es una formación para el uso correcto de la libertad. A medida que el niño crece, se convierte en adolescente y después en joven; por tanto, debemos aceptar el riesgo de la libertad, estando siempre atentos a ayudarle a corregir ideas y decisiones equivocadas. En cambio, lo que nunca debemos hacer es secundarlo en sus errores, fingir que no los vemos o, peor aún, que los compartimos como si fueran las nuevas fronteras del progreso humano.

    Así pues, la educación no puede prescindir del prestigio, que hace creíble el ejercicio de la autoridad. Es fruto de experiencia y competencia, pero se adquiere sobre todo con la coherencia de la propia vida y con la implicación personal, expresión del amor verdadero. Por consiguiente, el educador es un testigo de la verdad y del bien; ciertamente, también él es frágil y puede tener fallos, pero siempre tratará de ponerse de nuevo en sintonía con su misión.

    Queridos fieles de Roma, estas sencillas consideraciones muestran cómo, en la educación, es decisivo el sentido de responsabilidad: responsabilidad del educador, desde luego, pero también, y en la medida en que crece en edad, responsabilidad del hijo, del alumno, del joven que entra en el mundo del trabajo. Es responsable quien sabe responder a sí mismo y a los demás. Además, quien cree trata de responder ante todo a Dios, que lo ha amado primero.

    La responsabilidad es, en primer lugar, personal; pero hay también una responsabilidad que compartimos juntos, como ciudadanos de una misma ciudad y de una misma nación, como miembros de la familia humana y, si somos creyentes, como hijos de un único Dios y miembros de la Iglesia. De hecho, las ideas, los estilos de vida, las leyes, las orientaciones globales de la sociedad en que vivimos, y la imagen que da de sí misma a través de los medios de comunicación, ejercen gran influencia en la formación de las nuevas generaciones para el bien, pero a menudo también para el mal.

    Ahora bien, la sociedad no es algo abstracto; al final, somos nosotros mismos, todos juntos, con las orientaciones, las reglas y los representantes que elegimos, aunque los papeles y las responsabilidades de cada uno sean diversos. Por tanto, se necesita la contribución de cada uno de nosotros, de cada persona, familia o grupo social, para que la sociedad, comenzando por nuestra ciudad de Roma, llegue a crear un ambiente más favorable a la educación.

    Por último, quisiera proponeros un pensamiento que desarrollé en mi reciente carta encíclica Spe salvi, sobre la esperanza cristiana: sólo una esperanza fiable puede ser el alma de la educación, como de toda la vida. Hoy nuestra esperanza se ve asechada desde muchas partes, y también nosotros, como los antiguos paganos, corremos el riesgo de convertirnos en hombres "sin esperanza y sin Dios en este mundo", como escribió el apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso (Ef 2, 12). Precisamente de aquí nace la dificultad tal vez más profunda para una verdadera obra educativa, pues en la raíz de la crisis de la educación hay una crisis de confianza en la vida.

    Por consiguiente, no puedo terminar esta carta sin una cordial invitación a poner nuestra esperanza en Dios. Sólo él es la esperanza que supera todas las decepciones; sólo su amor no puede ser destruido por la muerte; sólo su justicia y su misericordia pueden sanar las injusticias y recompensar los sufrimientos soportados. La esperanza que se dirige a Dios no es jamás una esperanza sólo para mí; al mismo tiempo, es siempre una esperanza para los demás: no nos aísla, sino que nos hace solidarios en el bien, nos estimula a educarnos recíprocamente en la verdad y en el amor.

    Os saludo con afecto y os aseguro un recuerdo especial en la oración, a la vez que envío a todos mi bendición.



    BENEDICTO XVI
    MENSAJE A LA DIÓCESIS DE ROMA
    SOBRE LA TAREA URGENTE DE LA EDUCACIÓN
    21 de enero de 2008


    © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana



    Ver más en:


  • BENEDICTO XVI - DISCURSO A UN GRUPO DE PROFESORES DE RELIGIÓN EN ESCUELAS ITALIANAS - 25 de abril de 2009

  • BENEDICTO XVI - SALUDO A LOS PROFESORES, RELIGIOSOS Y ALUMNOS - 17 de septiembre de 2010



  • COMENTARIO PASTORAL

    Quizás una de las cuestiones más debatidas de nuestro siglo y de nuestro mundo, sea hoy la educación, la enseñanza, el aprendizaje… A penas nos sentimos ya seguros a la hora de escoger la palabra para designarla, ¡mucho menos nos ponemos de acuerdo en la metodología más adecuada, en la jerarquía de sus fines, en las prioridades de los valores en ella implicados! Tema de grandes discusiones intelectuales, políticas, económicas en algunas latitudes, y tema sangrante por su ausencia, en otras. Millones de mujeres analfabetas, millones de niños sin escolarizar, millones de escuelas destruidas por las guerras…

    Mientras en Europa nos debatimos acaloradamente sobre las ventajas y desventajas de la aplicación de los acuerdos de Bolonia sobre la educación superior, miles de niños en África caminan durante horas descalzos para poder asistir a la escuela... Pero en cualquiera que sea el lugar nos encontramos con la figura del docente, del educador. Una figura que ha sufrido en occidente una devaluación alarmante y una progresiva falta de reconocimiento y por quien el Papa nos invita a pedir. Y pedir algo muy concreto: “que sepa trasmitir el amor a la verdad”. Porque la educación no es sólo, ni principalmente instrucción, transmisión de conocimientos… sino a aquel cuidado de un sujeto personal al que mirar cada día y al que quisiéramos ofrecer algo más que un conjunto de saberes dirigidos a su mera razón.

    El docente debe asumir una misión tan preciosa como difícil. Cada vida es una historia en potencia y la posibilidad en ciernes de un nuevo mundo. El influjo que cada persona que frecuenta nuestras aulas puede tener en nuestra sociedad nos es desconocido. Es posible frenar y anular ese futuro, o apoyarlo, nutrirlo y dejarlo abierto.

    El reto para el docente se agranda: enseñar a aprender, enseñar a pensar, enseñar a buscar, a discernir, a integrar, a madurar la propia conciencia hasta lograr enseñar a amar la verdad. Y para ello debe ser capaz de suscitar el deseo de saber de cosas y saber de vida, debe introducir en la realidad e invitar tanto a la inmersión en la interioridad enigmática de cada uno, como a la abertura al misterio del mundo y del otro. Educar hombres y mujeres apasionados por buscar la verdad. No la verdad filosófica, no la verdad considerada como una selección de contenidos que se imponen sobre otros… sino la verdad ofrecida por el Evangelio, la que es inseparable del amor, la que se manifiesta en la íntima coherencia entre el hacer y el decir, entre el saber y el obrar, en el testimonio de una vida que lo es, por ser para los demás.

    Ciertamente hay motivos sobrados para pedir por los docentes. A ellos les es entregada la difícil tarea de encaminar hacia esta verdad, mostrándola como amable, es decir, suscitando la fascinación por ella, hasta el punto que ella misma configure a quien la busca, y de tal manera, que se sienta impelido a actuarla con gozo y alegría. Esa verdad se nos ha revelado en la persona de Jesucristo. Sólo esa verdad es amable, digna de fe, camino y vida. Y sólo el Espíritu podrá en último término guiarlos hacia ella.


    Hermana Nurya Gayol
    Esclavas del Sagrado Corazón
    Docente en la Universidad de Comillas, Madrid




    PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
    O EN GRUPO

  • ¿Qué tipo de maestro es Jesús, en contraposición a los fariseos y maestros de la ley?
  • ¿De los maestros o profesores que hemos tenido en la vida, qué les agradecemos, qué hemos valorado más en ellos?
  • ¿Qué contribución podemos hacer nosotros los cristianos para mejorar el nivel de educación de los niños y jóvenes en nuestro país?


  • TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION

  • Hch 12,27-31 ser maestro, un don del Espíritu al servicio de la comunidad
  • Mt 23, 1-36 Jesús denuncia a los maestros de la ley
  • Jn 13,1-20 Jesús Maestro lava los pies a los suyos


  • INTENCION MISIONERA - SEPTIEMBRE

    Para que las comunidades cristianas dispersas en el continente asiático proclamen el Evangelio con fervor, dando testimonio de su belleza con la alegría de la fe.


    Un encuentro del AO en Filipinas

    Queridos hermanos en el episcopado:

    En vuestros países la Iglesia ha hecho notables progresos desde la llegada de los misioneros a la región hace más de cuatrocientos años, y desde su regreso a Mongolia hace exactamente quince años. Este desarrollo se debe en gran parte al testimonio excepcional de los mártires coreanos y de otros en toda Asia, que han permanecido firmemente fieles a Cristo y a su Iglesia. La constancia de su testimonio habla elocuentemente del concepto fundamental de comunión, que unifica y vivifica la vida eclesial en todas sus dimensiones.

    Las numerosas exhortaciones del evangelista san Juan a permanecer en el amor y en la verdad de Cristo evocan la imagen de una casa segura y estable. Dios nos ama primero y nosotros, atraídos hacia su don de agua viva, "hemos de beber siempre de nuevo de la primera y originaria fuente que es Jesucristo, de cuyo corazón traspasado brota el amor de Dios" (Deus caritas est, 7). Pero san Juan también exhorta a sus comunidades a permanecer en ese amor porque algunos ya habían sido seducidos por las distracciones que llevan a la debilidad interior y a una posible separación de la comunión de los creyentes.

    Esta exhortación a permanecer en el amor de Cristo también tiene un significado particular para vosotros hoy. Vuestras relaciones quinquenales atestiguan la atracción que ejerce el materialismo y los efectos negativos de una mentalidad laicista. Cuando los hombres y las mujeres se alejan de la casa del Señor vagan inevitablemente en un desierto de aislamiento individual y de fragmentación social, porque "el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado" (Gaudium et spes, 22).

    Queridos hermanos, desde esta perspectiva es evidente que para ser pastores eficientes de esperanza debéis esforzaros por garantizar que el vínculo de comunión que une a Cristo con todos los bautizados sea salvaguardado y experimentado como el centro del misterio de la Iglesia (cf. Ecclesia in Asia, 24). Con los ojos fijos en el Señor, los fieles deben repetir de nuevo el grito de fe de los mártires: "Hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene" (1 Jn 4, 16). Esta fe se mantiene y alimenta mediante un encuentro continuo con Jesucristo, que viene a los hombres y a las mujeres a través de la Iglesia: el signo y el sacramento de unión íntima con Dios y de unidad de todo el género humano (cf. Lumen gentium, 1).

    Desde luego, el acceso a este misterio de comunión con Dios es el bautismo. Este sacramento de iniciación, lejos de ser un rito social o de bienvenida a una comunidad particular, es iniciativa de Dios (cf. Rito del bautismo, 98). Los que han renacido por el agua de la vida nueva entran a formar parte de la Iglesia universal y se insertan en el dinamismo de la vida de fe. En efecto, la profunda importancia de este sacramento subraya vuestra creciente preocupación por el hecho de que no pocos de los numerosos adultos que cada año entran a formar parte de la Iglesia en vuestra región no mantienen su compromiso de "participación plena (...) en las celebraciones litúrgicas, (...) que constituye un derecho y una obligación en virtud del bautismo" (Sacrosanctum Concilium, 14). Os animo a garantizar, especialmente a través de una gozosa mistagogia, que "la llama de la fe" se mantenga "viva en el corazón" (Rito del bautismo, 100) de los nuevos bautizados.

    Como enseña elocuentemente san Pablo (cf. 1 Co 10, 16-17), la palabra comunión también se refiere al centro eucarístico de la Iglesia. La Eucaristía arraiga nuestra comprensión de la Iglesia en el encuentro íntimo entre Jesús y la humanidad, y revela la fuente de la unidad eclesial: el gesto de Cristo de entregarse a sí mismo a nosotros nos convierte en su cuerpo. La conmemoración de la muerte y resurrección de Cristo en la Eucaristía es "la suprema manifestación sacramental de la comunión en la Iglesia" (Ecclesia de Eucharistia, 38), por la cual las Iglesias locales se dejan atraer hacia los brazos abiertos del Señor y se fortalecen en la unidad dentro del único Cuerpo (cf. Sacramentum caritatis, 15).

    Vuestros programas concebidos para poner de relieve la importancia de la misa dominical deberían aplicarse mediante una sana y estimulante catequesis sobre la Eucaristía. Esto fomentará una comprensión renovada del auténtico dinamismo de la vida cristiana entre vuestros fieles. Me uno a vosotros al exhortar a los fieles laicos, y en especial a los jóvenes de vuestra región, a explorar la profundidad y la amplitud de nuestra comunión eucarística. Congregados cada domingo en la casa del Señor, somos imbuidos por el amor y la verdad de Cristo, y recibimos la fuerza para llevar la esperanza al mundo.


    BENEDICTO XVI
    DISCURSO A LOS MIEMBROS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COREA
    Y AL PREFECTO APOSTÓLICO DE ULAN BATOR
    EN VISITA "AD LIMINA"
    3 de diciembre de 2007


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  • BENEDICTO XVI - DISCURSO A LOS MIEMBROS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COREA Y AL PREFECTO APOSTÓLICO DE ULAN BATOR EN VISITA "AD LIMINA" - 3 de diciembre de 2007



  • COMENTARIO PASTORAL

    Asia es el continente más grande, más poblado y posiblemente el que tiene la mayor diversidad cultural en el mundo. En Asia se encuentran los nuevos gigantes económicos, China e India, y otros centros globales de prosperidad, como Corea del Sur, Singapur y Hong Kong. La mayor nación musulmana en el mundo es Indonesia, cuya población sobrepasa los 230 millones de habitantes (de los cuales el 87% son musulmanes suni). En Asia millones de personas continúan viviendo bajo regímenes represivos, como en Myanmar; muchos otros siguen sufriendo la guerra y la violencia en lugares como Afganistán e Irak; cientos de millones de pobres, particularmente los afectados por desastres naturales como las recientes inundaciones en Pakistán.

    Asia es la cuna de las grandes religiones del mundo, y más de mil millones de asiáticos han abrazado el Budismo, el Hinduismo, el Confucionismo y el Islamismo por siglos. En contraste, la Iglesia Católica sigue siendo un “pequeño rebaño”, un pequeñísimo porcentaje de la población de Asia, con excepción de Filipinas y Timor Oriental, que son ampliamente católicos. Al mismo tiempo, las antiguas religiones y culturas tradicionales asiáticas también están confrontadas con el crecimiento de la secularización, especialmente en la medida que la cultura global postmoderna y el consumismo se difunden por los medios de comunicación. Llama la atención, por ejemplo, que un lugar como Japón, que hasta el año pasado era la segunda potencia económica en el mundo, ostenta también el mayor índice de suicidios – unos 30,000 al año.

    En todo esto vemos que Asia, que es crucial para el futuro de la historia mundial, está buscando una vida más plena: una vida con sentido y esperanza, sin pobreza y guerra, libre y pacífica. Como el Papa Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Ecclesia in Asia (1999) nos recuerda, la plenitud de la vida que busca Asia es un regalo que Jesús quiere compartir con el pueblo asiático: Jesús viene ”para que ellos tengan vida y vida en abundancia” (Jn10,10). De este modo, el Papa Juan Pablo II llama a los “Discípulos de Cristo en Asia” a un “nuevo compromiso con la misión” (Ecclesia in Asia, No. 4). Esta misión solo puede ser exitosa si se lleva adelante fervor y convicción interior: Un fuego solo puede ser encendido por algo que en si mismo está ya ardiendo“ (Ecclesia in Asia, No. 23).

    Por lo demás, esta misión no consiste en imponer nuevas creencias o códigos morales a otros, en un espíritu de competencia o superioridad. Más bien, como nos recuerda Ecclesia in Asia, el evangelio es un regalo que los cristianos en Asia han recibido con gratitud. Proclamar el evangelio en Asia significa compartir un regalo: es compartir la alegría de haber encontrado la fuente de la vida, del sentido y del amor en Jesucristo. Es un modo de mostrar lo bella que la vida humana puede ser cuando está tocada y transformada por la Buena Noticia de Jesús.

    En Asia, donde hay tantas y tan diversas tradiciones religiosas antiguas, y donde Jesús y su evangelio han sido a menudo vistos como “extranjeros”, las palabras del Papa Pablo VI suenan particularmente verdaderas: “La gente hoy cree más a los testigos que a los profesores, a la experiencia que a la enseñanza, a la vida y la acción que a las teorías.” La gente de Asia será atraída al evangelio sólo si ven las vidas transformadas de quiénes creen en Jesús: su alegría, su respeto, su humildad, su libertad ante el temor, su amorosa compasión y servicio a los pobres.

    Con estas motivaciones, entonces, acompañemos al Santo Padre este mes en su oración por las comunidades cristianas de Asia, para que puedan anunciar con alegría el evangelio.


    P. Danny Huang, S.J.
    Asistente del Padre General de los Jesuitas para la región de Asia






    INTENCION GENERAL - OCTUBRE


    Ministerio a los enfermos en RD del Congo

    Por los enfermos terminales, para que en sus sufrimientos sean sostenidos por la fe en Dios y el amor de sus hermanos.



    Una vez más la Iglesia vuelve sus ojos a quienes sufren y llama la atención hacia los enfermos incurables, muchos de los cuales están muriendo a causa de enfermedades terminales. Se encuentran presentes en todos los continentes, particularmente en los lugares donde la pobreza y las privaciones causan miseria y dolor inmensos. Consciente de estos sufrimientos, estaré espiritualmente presente en la Jornada mundial del enfermo, unido a los participantes, que discutirán sobre la plaga de las enfermedades incurables en nuestro mundo, y alentando los esfuerzos de las comunidades cristianas en su testimonio de la ternura y la misericordia del Señor.

    La enfermedad conlleva inevitablemente un momento de crisis y de seria confrontación con la situación personal. Los avances de las ciencias médicas proporcionan a menudo los medios necesarios para afrontar este desafío, por lo menos con respecto a los aspectos físicos. Sin embargo, la vida humana tiene sus límites intrínsecos, y tarde o temprano termina con la muerte.

    Esta es una experiencia a la que todo ser humano está llamado, y para la cual debe estar preparado.

    A pesar de los avances de la ciencia, no se puede encontrar una curación para todas las enfermedades; por consiguiente, en los hospitales, en los hospicios y en los hogares de todo el mundo nos encontramos con el sufrimiento de numerosos hermanos nuestros enfermos incurables y a menudo en fase terminal. Además, muchos millones de personas en el mundo viven aún en condiciones insalubres y no tienen acceso a los recursos médicos necesarios, a menudo del tipo más básico, con el resultado de que ha aumentado notablemente el número de seres humanos considerados "incurables".

    La Iglesia desea apoyar a los enfermos incurables y en fase terminal reclamando políticas sociales justas que ayuden a eliminar las causas de muchas enfermedades e instando a prestar una mejor asistencia a los moribundos y a los que no pueden recibir atención médica. Es necesario promover políticas que creen condiciones que permitan a las personas sobrellevar incluso las enfermedades incurables y afrontar la muerte de una manera digna. Al respecto, conviene destacar una vez más la necesidad de aumentar el número de los centros de cuidados paliativos que proporcionen una atención integral, ofreciendo a los enfermos la asistencia humana y el acompañamiento espiritual que necesitan. Se trata de un derecho que pertenece a todo ser humano y que todos debemos comprometernos a defender.

    Deseo apoyar los esfuerzos de quienes trabajan diariamente para garantizar que los enfermos incurables y en fase terminal, juntamente con sus familias, reciban una asistencia adecuada y afectuosa.

    La Iglesia, siguiendo el ejemplo del buen samaritano, ha mostrado siempre una solicitud particular por los enfermos. A través de cada uno de sus miembros y de sus instituciones, sigue estando al lado de los que sufren y de los moribundos, tratando de preservar su dignidad en esos momentos tan significativos de la existencia humana. Muchas de esas personas -profesionales de la asistencia sanitaria, agentes pastorales y voluntarios- e instituciones en todo el mundo sirven incansablemente a los enfermos, en hospitales y en unidades de cuidados paliativos, en las calles de las ciudades, en proyectos de asistencia a domicilio y en parroquias.

    Ahora me dirijo a vosotros, queridos hermanos y hermanas que sufrís enfermedades incurables y terminales. Os animo a contemplar los sufrimientos de Cristo crucificado, y, en unión con él, a dirigiros al Padre con plena confianza en que toda vida, y la vuestra en particular, está en sus manos. Confiad en que vuestros sufrimientos, unidos a los de Cristo, resultarán fecundos para las necesidades de la Iglesia y del mundo.

    Pido al Señor que fortalezca vuestra fe en su amor, especialmente durante estas pruebas que estáis afrontando. Espero que, dondequiera que estéis, encontréis siempre el aliento y la fuerza espiritual necesarios para alimentar vuestra fe y acercaros más al Padre de la vida. A través de sus sacerdotes y de sus agentes pastorales, la Iglesia desea asistiros y estar a vuestro lado, ayudándoos en la hora de la necesidad, haciendo presente así la misericordia amorosa de Cristo hacia los que sufren.

    Por último, pido a las comunidades eclesiales en todo el mundo, y particularmente a las que se dedican al servicio de los enfermos, que, con la ayuda de María, Salus infirmorum, sigan dando un testimonio eficaz de la solicitud amorosa de Dios, nuestro Padre.

    Que la santísima Virgen María, nuestra Madre, conforte a los que están enfermos y sostenga a todos los que han consagrado su vida, como buenos samaritanos, a curar las heridas físicas y espirituales de quienes sufren. Unido a cada uno de vosotros con el pensamiento y la oración, os imparto de corazón mi bendición apostólica como prenda de fortaleza y paz en el Señor.



    BENEDICTO XVI
    MENSAJE PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO
    8 de diciembre de 2006


    © Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana



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  • BENEDICTO XVI - MENSAJE PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO - 8 de diciembre de 2006



  • Ver más en:


  • BENEDICTO XVI - VISITA AL "HOSPICE FONDAZIONE ROMA" - 13 de diciembre de 2009

  • BENEDICTO XVI - DISCURSO A LOS PARTICIPANTES EN LA XIV ASAMBLEA GENERAL DE LA ACADEMIA PONTIFICIA PARA LA VIDA - 25 de febrero de 2008



  • COMENTARIO PASTORAL

    Tres testimonios venidos de Chile


    Cuando al santo chileno Alberto Hurtado le anunciaron la noticia que tenía un cáncer terminal a sus 52 años de edad, su reacción fue de júbilo: “me saqué el premio mayor de la Lotería”, exclamó de inmediato. Sabía que llegaba la hora en su vida de ir al Padre, de unir para siempre su vida a Dios, como había sido su deseo permanente.

    En la misa de funeral de la pequeña Macarena, muerta de cáncer a los cinco años, su madre tomó la palabra y nos dijo con voz entera, completamente serena, y con una sonrisa en los labios: “Doy gracias a Dios por haberme dado por cinco años a esta maravillosa hija. A través de su alegría, de su risa y de su ternura ella nos mostró durante estos años la belleza de Dios. Ella fue también el instrumento de Dios para transformar nuestras vidas y mostrarnos lo que realmente importa. La dura lucha contra su enfermedad, las largas horas pasadas en el hospital, la solidaridad de los amigos y familiares … nos permitió descubrir las cosas más importantes de la vida. Antes dábamos demasiada importancia a las apariencias, al éxito económico, a la opinión de los demás. Hoy hemos aprendido a valorizar la amistad auténtica, el estar juntos en familia, el gozar de cada día y de cada momento como un regalo maravilloso y mágico. Macarena ha sido el instrumento para acercarnos al amor dulce e inagotable de Dios, que en ningún momento nos ha abandonado, que se interesa por nuestras vidas. Hoy nos sentimos más creyentes y más cerca del Señor que antes, y sabemos que estamos amparados por su ternura. Sin tener riquezas, gracias a su providencia sorprendente pudimos costear un tratamiento carísimo y hoy ni siquiera estamos endeudados. A nombre mío y el de mi esposo, damos infinitas gracias a Dios por nuestra hija y por todo lo vivido con ella estos años. Gracias también a todos ustedes.

    Una mamá de 42 años fallece de cáncer dejando cinco hijos, con edades entre 7 y 17 años. Su esposo el viudo toma la palabra en la misa de funeral para agradecer, con voz tranquila y sincera:

    “Doy gracias al Señor [indicando con la mano el crucifijo al fondo del templo] por los hermosos 19 años que viví con Carolina, a quién he amado con todo mi corazón. Doy gracias por todos los momentos que compartimos, que fueron para mí un regalo maravilloso. Su risa, su chispa, su abnegación y entrega desinteresada en el cuidado de nuestros lindos niños, me han enseñado a vivir. Doy gracias por su familia que me acogió como uno más y me mostró un modo de vivir enraizado en Dios. Doy gracias de manera particular por los cinco maravillosos hijos que tuvimos y que ahora ella deja a mi cargo. La tarea que viene es difícil, pero ella no podrá escaparse, tendrá que hacer su parte desde el cielo.

    Estoy en paz porque ella me traspasó la enorme paz interior que tuvo en los últimos momentos. He sentido muy fuerte una entrega total en las manos de Dios, ante quien no estamos como en una prueba de fuerza, sino como alguien que nos está acompañando con gran amor. Es verdad que siempre pedimos que ella se sane, pero he pensado estos días también en la Virgen y el mismo Jesús, que aceptaron la voluntad de Dios, "que se haga según tu voluntad".

    Me permito terminar con una recomendación a quienes están hoy aquí: quiéranse mucho, aprovechen al máximo a los que tenemos al lado, disfrútenlos y ámense los unos a los otros.”

    Es verdad que estos tres testimonios nos pueden parecer sorprendentes e inhabituales. La noticia de una enfermedad terminal suele ser la peor de las noticias, y la tristeza y el desconcierto son una reacción perfectamente normal. Pero también son muchos, como los protagonistas de estos relatos, los que han sido capaces de vivir desde el dolor un proceso espiritual liberador y descubrir en la impotencia y la enfermedad una ocasión de encuentro profundo con Dios.

    El Santo Padre nos pide orar este mes para que sepamos acompañar y estar cercanos a quienes están afectados por esta tristeza, ayudándoles a reconocerse y sentirse sostenidos por el amor del Padre. Es también misión de la Iglesia, es decir, es nuestra misión, el fortalecer la fe de nuestros hermanos enfermos y mostrarles con nuestro amor que Dios no los ha abandonado.


    PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
    O EN GRUPO

  • ¿Cuál era la actitud de Jesús hacia los enfermos (ver Mt 15,29-31) y cuál ha de ser la nuestra, en hechos concretos?
  • ¿Cómo son vistos, en el ambiente en que me muevo, las enfermedades y los enfermos terminales? ¿Cuál es nuestra actitud personal ante esta realidad?
  • ¿Con qué palabras podemos ayudar a un enfermo terminal a prepararse para la muerte y el encuentro con el Señor?




  • TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION

  • Stgo 5,15-16 oración por los enfermos
  • Hch 28,7-10 Pablo visita y sana enfermos
  • 1Co 15,1-58 La resurrección de Cristo y nuestra resurrección
  • Jn 14,1-14 Jesús nos llevará consigo a la vida eterna



  • INTENCION MISIONERA - OCTUBRE

    Para que la celebración de la Jornada Misionera Mundial acreciente en el Pueblo de Dios la pasión por la evangelización y el apoyo a la actividad misionera con la oración y la ayuda económica a las Iglesias más pobres.


    Un obispo en Angola

    El mes de octubre, con la celebración de la Jornada mundial de las misiones, ofrece a las comunidades diocesanas y parroquiales, a los institutos de vida consagrada, a los movimientos eclesiales y a todo el pueblo de Dios, la ocasión para renovar el compromiso de anunciar el Evangelio y dar a las actividades pastorales una dimensión misionera más amplia. Esta cita anual nos invita a vivir intensamente los itinerarios litúrgicos y catequéticos, caritativos y culturales, mediante los cuales Jesucristo nos convoca a la mesa de su Palabra y de la Eucaristía, para gustar el don de su presencia, formarnos en su escuela y vivir cada vez más conscientemente unidos a él, Maestro y Señor. Él mismo nos dice: "El que me ame, será amado de mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré a él" (Jn 14, 21). Sólo a partir de este encuentro con el Amor de Dios, que cambia la existencia, podemos vivir en comunión con él y entre nosotros, y ofrecer a los hermanos un testimonio creíble, dando razón de nuestra esperanza (cf. 1 P 3, 15). Una fe adulta, capaz de abandonarse totalmente a Dios con actitud filial, alimentada por la oración, por la meditación de la Palabra de Dios y por el estudio de las verdades de fe, es condición para poder promover un humanismo nuevo, fundado en el Evangelio de Jesús.

    […]

    "Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21) es la petición que, en el Evangelio de san Juan, algunos griegos, llegados a Jerusalén para la peregrinación pascual, presentan al apóstol Felipe. Esa misma petición resuena también en nuestro corazón durante este mes de octubre, que nos recuerda cómo el compromiso y la tarea del anuncio evangélico compete a toda la Iglesia, "misionera por naturaleza" (Ad gentes, 2), y nos invita a hacernos promotores de la novedad de vida, hecha de relaciones auténticas, en comunidades fundadas en el Evangelio. En una sociedad multiétnica que experimenta cada vez más formas de soledad y de indiferencia preocupantes, los cristianos deben aprender a ofrecer signos de esperanza y a ser hermanos universales, cultivando los grandes ideales que transforman la historia y, sin falsas ilusiones o miedos inútiles, comprometerse a hacer del planeta la casa de todos los pueblos.

    Como los peregrinos griegos de hace dos mil años, también los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre de modo consciente, piden a los creyentes no sólo que "hablen" de Jesús, sino que también "hagan ver" a Jesús, que hagan resplandecer el rostro del Redentor en todos los rincones de la tierra ante las generaciones del nuevo milenio y, especialmente, ante los jóvenes de todos los continentes, destinatarios privilegiados y sujetos del anuncio evangélico. Estos deben percibir que los cristianos llevan la palabra de Cristo porque él es la Verdad, porque han encontrado en él el sentido, la verdad para su vida.

    Estas consideraciones remiten al mandato misionero que han recibido todos los bautizados y la Iglesia entera, pero que no puede realizarse de manera creíble sin una profunda conversión personal, comunitaria y pastoral. De hecho, la conciencia de la llamada a anunciar el Evangelio estimula no sólo a cada uno de los fieles, sino también a todas las comunidades diocesanas y parroquiales a una renovación integral y a abrirse cada vez más a la cooperación misionera entre las Iglesias, para promover el anuncio del Evangelio en el corazón de toda persona, de todos los pueblos, culturas, razas, nacionalidades, en todas las latitudes. Esta conciencia se alimenta a través de la obra de sacerdotes fidei donum, de consagrados, catequistas, laicos misioneros, en una búsqueda constante de promover la comunión eclesial, de modo que también el fenómeno de la "interculturalidad" pueda integrarse en un modelo de unidad en el que el Evangelio sea fermento de libertad y de progreso, fuente de fraternidad, de humildad y de paz (cf. Ad gentes, 8). La Iglesia, de hecho, "es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (Lumen gentium, 1).

    La comunión eclesial nace del encuentro con el Hijo de Dios, Jesucristo, que en el anuncio de la Iglesia llega a los hombres y crea la comunión con él mismo y, por tanto, con el Padre y el Espíritu Santo (cf. 1 Jn 1, 3). Cristo establece la nueva relación entre Dios y el hombre. "Él mismo nos revela que "Dios es amor" (1 Jn 4, 8) y al mismo tiempo nos enseña que la ley fundamental de la perfección humana, y por ello de la transformación del mundo, es el mandamiento nuevo del amor. Así pues, a los que creen en la caridad divina, les da la certeza de que el camino del amor está abierto a todos los hombres y de que no es inútil el esfuerzo por instaurar la fraternidad universal" (Gaudium et spes, 38).

    La Iglesia se convierte en "comunión" a partir de la Eucaristía, en la que Cristo, presente en el pan y en el vino, con su sacrificio de amor edifica a la Iglesia como su cuerpo, uniéndonos al Dios uno y trino y entre nosotros (cf. 1 Co 10, 16 ss). En la exhortación apostólica Sacramentum caritatis escribí: "No podemos guardar para nosotros el amor que celebramos en el Sacramento. Este amor exige por su naturaleza que sea comunicado a todos. Lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en él" (n. 84). Por esta razón la Eucaristía no sólo es fuente y culmen de la vida de la Iglesia, sino también de su misión: "Una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera" (ib.), capaz de llevar a todos a la comunión con Dios, anunciando con convicción: "Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros" (1 Jn 1, 3).

    Queridos hermanos, en esta Jornada mundial de las misiones, en la que la mirada del corazón se dilata por los inmensos ámbitos de la misión, sintámonos todos protagonistas del compromiso de la Iglesia de anunciar el Evangelio. El impulso misionero siempre ha sido signo de vitalidad para nuestras Iglesias (cf. Redemptoris missio, 2) y su cooperación es testimonio singular de unidad, de fraternidad y de solidaridad, que hace creíbles anunciadores del Amor que salva.

    Renuevo a todos, por tanto, la invitación a la oración y, a pesar de las dificultades económicas, al compromiso de ayuda fraterna y concreta para sostener a las Iglesias jóvenes. Este gesto de amor y de compartir, que el valioso servicio de las Obras misionales pontificias, a las que expreso mi gratitud, proveerá a distribuir, sostendrá la formación de sacerdotes, seminaristas y catequistas en las tierras de misión más lejanas y animará a las comunidades eclesiales jóvenes.

    Al concluir el mensaje anual para la Jornada mundial de las misiones, deseo expresar con particular afecto mi agradecimiento a los misioneros y a las misioneras, que dan testimonio en los lugares más lejanos y difíciles, a menudo también con la vida, de la llegada del reino de Dios. A ellos, que representan las vanguardias del anuncio del Evangelio, se dirige la amistad, la cercanía y el apoyo de todos los creyentes. "Dios, (que) ama a quien da con alegría" (2 Co 9, 7), los colme de fervor espiritual y de profunda alegría.

    […]


    BENEDICTO XVI
    MENSAJE PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES 2010
    6 de febrero de 2010


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  • BENEDICTO XVI - MENSAJE PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES 2010 - 6 de febrero de 2010



  • COMENTARIO PASTORAL

    ¿Qué pasa cuando hay una “celebración” en la Sociedad o en la Iglesia?

    Recordemos un momento la Copa Mundial de Fútbol el año pasado en Sudáfrica. En todo el mundo, aún en pequeñas aldeas, niños y jóvenes, adultos y viejos se juntaban frente al televisor para mirar los partidos. Miles de entusiastas partidarios concurrían a los distintos estadios de Sudáfrica a alentar a los jugadores y mostrar –acompañados por el ruido de las “vuvuzelas”- su apoyo, participando con gusto en las victorias, o fuerte desilusión en las derrotas. A lo largo del evento muchos experimentamos un “nuevo sentido” en la tradición deportiva: vivimos algo emocionante en un país distinto al propio; conocimos las condiciones de vida del pueblo sudafricano; experimentamos un nuevo tipo de hermandad y compañerismo; muchos renovaron su pasión por jugar fútbol y compartieron su experiencia con amigos, creando una atmósfera de entusiasmo por este deporte. Muchos compraron pelotas, zapatos y camisetas de fútbol, para mostrar su apoyo y entusiasmo. Así sucede en la sociedad humana.

    Y ¿qué pasa en la Iglesia? Recordemos la “celebración” para la muerte del venerable Papa Juan Pablo II o la bienaventurada Madre Teresa. Miles y miles de personas, cristianos y no-cristianos, reunidos junto a los restos de su querido Papa o su querida Madre, considerando el “sentido” y el “carisma” de sus vidas totalmente entregadas por los demás, soportando sufrimientos físicos y espirituales, pero siempre entregándose con coraje como lo hizo Jesús: “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos.” (Jn 15:13).

    ¿Cómo será este año la celebración del Domingo Universal de las Misiones?

    Reunirá a los miembros de la Iglesia, el Pueblo de Dios. Les ayudará una vez más a experimentar y retomar el “mandato” de Jesús: “Vayan a todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda creatura…” (Mc. 16:15). Moverá nuestro entusiasmo al ayudarnos a comprender que en dos mil años millones de personas han recibido la Buena Nueva y han optado por entrar en la Iglesia, celebrando juntos, el amor fiel y misericordioso de Dios. Fortalecerá nuestro compromiso de llevar la Buena Nueva a muchos más que aún no son cristianos. Según David Barrett del International Bulletin of Missionary Research en 2009 la población mundial se estima en 6.814.826.683. Los cristianos, católicos y protestantes son un 33.3%. Casi la mitad de estos son católicos. Los que aún no han recibido la proclamación del Evangelio, alrededor de 1,967,000,000.

    El Domingo Universal de las Misiones debería mover nuestro compromiso de entregarnos, lo que somos y tenemos, en el nombre de Jesús, compartiendo con generosidad, dando nuestros talentos y recursos, incluyendo dinero, para ayudar a los necesitados.

    Somos una familia, el Cuerpo de Cristo. Queremos celebrar esta realidad:

    - Somos uno, unidos con Cristo, “un cuerpo, muchas partes”. (I Co 12,12ss)

    - Somos uno, fortalecidos por la gracia salvadora de Cristo y por la venida del Espíritu Santo.

    - Somos uno, atentos a y preocupados por la situación concreta de cada uno.

    - Somos uno, y por lo mismo comprometidos a entregarnos para asistir a los miembros más débiles de este Cuerpo y a los más necesitados.

    Para terminar, quiero compartir la experiencia de celebrar el Domingo Misional en mi parroquia en Italia, cuando era un joven laico. Nos reunimos en torno a la Eucaristía en oración y adoración, considerando lo que Jesús mandó a sus discípulos: “Vayan y hagan discípulos de todas las naciones. ” (Mt 28,19ss)

    Nos comprometimos a repartir unas hojitas y alcancías de cartón con el tema de la evangelización preparadas para la ocasión. Las repartimos con los compañeros de curso y demás estudiantes de la escuela, en las calles y mercados, yendo de dos en dos, con camisetas pintorescas y una gran sonrisa. Invitamos a la gente a dar monedas o billetes grandes para ayudar a gente pobre lejos de nosotros en sus necesidades de estudios, medicamentos, adopciones…

    Nos comprometimos a hacerlo todo el mes de Octubre. Tuvimos una primera evaluación la víspera del Domingo Misional, con un informe escrito que se leyó en las misas del Domingo –cuántos panfletos y alcancías se repartieron, cuánto se recaudó. Y en oración frente a Jesús en la Eucaristía, nos comprometimos a seguir hasta fin de mes, trabajando igual y más. Al final hubo una segunda evaluación y ofrecimos a Jesús en la Eucaristía lo que habíamos hecho. El mes de octubre se convirtió para nosotros en el “Mes para la Evangelización.”

    Durante todo el proceso, tuvimos la experiencia de sentirnos apóstoles, enviados en misión, compañeros y amigos. Sentimos además el amor y el poder de Jesús para mover los corazones de tanta gente que oró (Hch 6,5;1,24;Fil 4,6) y dio dinero para apoyar la obra de la evangelización.(1Co 16:1ss; Rm 15:26-28; Gal 2:10; II Co 8:9; Hch 24:17) Agradecemos a Dios por poder experimentar un gran gozo y un nuevo sentido de ser Iglesia.


    Gino Picca, S.J.
    (misionero italiano, Secretario Nacional del AO/MEJ en Taiwán,
    donde ha vivido los últimos 40 años)





    INTENCION GENERAL - NOVIEMBRE


    Un santuario en Siria

    Por las Iglesias católicas orientales, para que su venerable tradición sea reconocida y estimada como riqueza espiritual por toda la Iglesia.



    Hoy el Papa agradece de nuevo a los orientales su fidelidad pagada con sangre, de la que quedan páginas admirables a lo largo de los siglos hasta el martirologio contemporáneo. Les asegura, a su vez, que quiere estar siempre a su lado. Y reafirma la profunda estima hacia las Iglesias orientales católicas por su singular papel de testigos vivos de los orígenes (cf. Orientalium Ecclesiarum, 1), pues sin una constante relación con la tradición de los orígenes la Iglesia de Cristo no tiene futuro.

    Son las Iglesias orientales quienes de modo especial conservan el eco del primer anuncio evangélico; las más antiguas memorias de los signos realizados por el Señor; los primeros reflejos de la luz pascual y el resplandor del fuego nunca apagado de Pentecostés. Su patrimonio espiritual, arraigado en la enseñanza de los Apóstoles y de los Padres, ha dado vida a venerables tradiciones litúrgicas, teológicas y disciplinares, mostrando la capacidad del "pensamiento de Cristo" de fecundar las culturas y la historia.

    Precisamente por esto también yo, al igual que mis predecesores, miro con estima y afecto a las Iglesias de la Ortodoxia: "Ya nos une un vínculo muy estrecho. Tenemos en común casi todo; y tenemos en común sobre todo el anhelo sincero de alcanzar la unidad" (Orientale lumen, 3). Desde lo más profundo de nuestro corazón se eleva el deseo de que ese anhelo llegue pronto a realizarse plenamente.

    La Iglesia universal encuentra en el patrimonio de los orígenes la capacidad de hablar también al hombre contemporáneo de modo unánime y convincente: "Las palabras de Occidente necesitan las palabras de Oriente para que la palabra de Dios manifieste cada vez mejor sus insondables riquezas" (ib., 28).

    El concilio ecuménico Vaticano II expresó el deseo de que las Iglesias orientales "florezcan y desempeñen con renovado vigor apostólico la misión que les ha sido confiada (...) de promover la unidad de todos los cristianos, sobre todo de los orientales, según el decreto sobre el ecumenismo, principalmente con la oración, con el ejemplo de vida, con la escrupulosa fidelidad a las antiguas tradiciones orientales, con un mejor conocimiento mutuo, con la colaboración y estima fraterna de las cosas y de los espíritus" (Orientalium Ecclesiarum, 1 y 24).

    Las Iglesias orientales, favorecidas por una tradición de vida plurisecular, deberán afrontar el desafío interreligioso con espíritu de verdad, respeto y reciprocidad, para que las diversas culturas y tradiciones encuentren mutua hospitalidad en el nombre del único Dios (cf. Hch 2, 9-11).

    […] Reafirmo la irreversibilidad de la opción ecuménica y la inderogabilidad del encuentro a nivel interreligioso. Elogio la más correcta aplicación de la colegialidad sinodal y la verificación puntual del desarrollo eclesial suscitado por la recuperada libertad religiosa.

    Al Papa interesa mucho la prioridad de la formación, así como la actualización de la pastoral familiar, juvenil y vocacional, y la valorización de la pastoral de la cultura y de la caridad. Debe continuar, más aún, debe crecer el movimiento de caridad que, por mandato del Papa, lleva a cabo la Congregación para que, de modo ordenado y equitativo, Tierra Santa y las demás regiones orientales reciban la ayuda espiritual y material necesaria para hacer frente a la vida eclesial ordinaria y a necesidades particulares.

    Por último, también hace falta un esfuerzo inteligente para afrontar el grave fenómeno de las migraciones, que a veces priva de sus mejores recursos a las comunidades tan probadas. Es preciso garantizar a los emigrantes una adecuada acogida en el nuevo ambiente y el vínculo indispensable con la propia tradición religiosa.

    […]



    BENEDICTO XVI
    A LA CONGREGACIÓN PARA LAS IGLESIAS ORIENTALES
    9 de junio de 2007


    © Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana



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  • BENEDICTO XVI - A LA CONGREGACIÓN PARA LAS IGLESIAS ORIENTALES - 9 de junio de 2007




  • COMENTARIO PASTORAL

    Muchos católicos cultos no tienen la menor idea de lo que son las Iglesias Católicas Orientales. Dudan si obedecen al Papa o algún Patriarca, no sabiendo que hay Patriarcas en comunión con Roma, como el Maronita y el Caldeo. Se sorprenden aún más al descubrir que hay sacerdotes casados en esas Iglesias, con la aprobación del Papa y que estas Iglesias son muy autónomas en su gobierno. Sus celebraciones litúrgicas son muy distintas al rito latino; tienen otro calendario litúrgico con sus propios santos, fiestas y ayunos especiales, etc. La sorpresa se debe a que la inmensa mayoría de los Católicos pertenecen a la Iglesia Latina, pero hay otras Iglesias Católicas que celebran de diversa forma, aún reconociendo al Papa como cabeza de la Iglesia.

    La importancia de estas Iglesias es enorme, no solo por las valiosas tradiciones que conservan, que se remontan al tiempo de los Padres, sino también porque pueden ayudar a los católicos a comprender lo que son las Iglesias Ortodoxas. Algunas de ellas, como la Maronita y la Italo-Albanesa, nunca rompieron con Roma, otras, como los Malabares, reconocieron a Roma tan pronto como se dio la oportunidad. Pero la mayoría se desgajó de Iglesias Ortodoxas después del Concilio de Trento en el siglo XVI para estar en comunión con la Iglesia Universal.

    A pesar de su importancia, el conjunto de estas Iglesias forma una pequeña minoría en comparación con la Iglesia Católica Latina y como todas las minorías, ha llevado siglos para que sus derechos sean plenamente respetados. La carta magna de sus derechos les fue dada por León XIII en Orientalium Dignitas en 1894. Pero, como lo dijo un Patriarca Católico Oriental, el Melkita Maximus IV Sayegh, en tiempo del Vaticano II, tomará aún otros cien años antes que los católicos tomen plena conciencia de la existencia de estas Iglesias.

    Las oraciones de Benedicto XVI buscan acortar estos cien años. Un instrumento importante pero bastante desconocido para ayudar al Santo Padre a ayudar y apoyar el derecho de estas Iglesias a conservar su patrimonio manteniéndose abiertas a los desafíos ecuménicos de nuestro tiempo es el Pontificio Instituto de Estudios Orientales en Roma, confiado a los jesuitas, en la Plaza de Santa Maria la Mayor.

    Sin entrar en detalles, podemos decir que hay 4 grupos de Iglesias Orientales:


    (A) Dos que no vienen de una Iglesia Ortodoxa: 1. La Iglesia Maronita y 2. La Iglesia Italo-Albanesa.

    (B) Dos Iglesias derivan de otra que por su gran antigüedad se conocía simplemente como “la Iglesia del Este”, hoy la “Iglesia Asiria del Este”: 3. La Iglesia Católica Caldea y 4. la Iglesia Siro-Malabar.

    (C) Cinco Iglesias derivan de Iglesias Ortodoxas Orientales, así llamadas pues rompieron con las Iglesias Ortodoxas del Este en comunión con Constantinopla: 5. La Iglesia Católica Armenia; 6. la Católica Copta; 7. la Católica Etíope; 8. la Católica Siria y 9. la Católica Siro-Malankara.

    (D) Trece derivan de la Iglesia Ortodoxa Bizantina: 10. la Iglesia Católica Melkita; 11. la Católica Ukraniana; 12. la Católica Rutena; 13. la Católica Rumana; 14. la Católica Griega; 15. Católicos Bizantinos de la ex Yugoslavia; 16. la Católica Búlgara; 17. la Católica Eslovaca; 18. la Católica Húngara; y Comunidades Católicas Orientales sin Jerarquía propia: 19. Rusos; 20. Bielorrusos; 21. Georgianos; 22. Albanianos.

    Lista tomada del P. Ronald Roberson, CSP, Las Iglesias Cristianas de Oriente, Roma 2008, publicado por el Pontificio Instituto Oriental.


    Fr. Edward G. Farrugia, S.J.
    Dean and professor at the Pontifical Oriental Institute of Rome



    PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
    O EN GRUPO

  • "Las palabras de Occidente necesitan las palabras de Oriente para que la palabra de Dios manifieste cada vez mejor sus insondables riquezas", dice el Papa ¿A qué se refiere? ¿Cuál es la sabiduría propia de las tradiciones Orientales que Occidente necesita?
  • ¿De qué manera el conocimiento y el compartir con tradiciones cristianas diversas a la propia puede enriquecer nuestro propio modo de celebrar la fe? ¿Cómo informarnos mejor?
  • ¿Cómo puedo conocer y aprovechar mejor la riqueza de la propia tradición litúrgica, abierto a enriquecerme con otras tradiciones?




  • TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION

  • 1Co 12,4-26 En el Cuerpo de Cristo hay diversidad y unidad
  • Hch 2,1-12 Pentecostés: diversas tradiciones y culturas se encuentran
  • Lc 22,7-22 Ultima Cena – Eucaristía, fuente de nuestra unidad



  • INTENCION MISIONERA - NOVIEMBRE

    Para que el continente africano encuentre en Cristo la fuerza para realizar el camino de reconciliación y justicia señalado por el segundo Sínodo de los Obispos de Africa.


    El AO en RD del Congo

    […] Toda la Iglesia mira con atención a este encuentro con vistas a la Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, que, si Dios quiere, se celebrará el próximo octubre. El tema es: «La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz. “Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,13.14)».

    […]

    Quisiera sugerir ahora algunas reflexiones sobre el tema específico de la Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, sobre la reconciliación, la justicia y la paz.

    Según el Concilio Ecuménico Vaticano II, «la Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Lumen gentium, 1). Para llevar a cabo adecuadamente su misión, la Iglesia debe ser una comunidad de personas reconciliadas con Dios y entre ellas. Así, puede anunciar la Buena Nueva de la reconciliación a la sociedad actual, que lamentablemente padece en muchos sitios conflictos, violencias, guerras y odio. Vuestro Continente no se ha librado, y ha sido triste escenario de graves tragedias que reclaman una verdadera reconciliación entre los pueblos, las etnias y los hombres. Para nosotros los cristianos, esta reconciliación radica en el amor misericordioso de Dios Padre y se realiza a través de la persona de Jesucristo, que, en el Espíritu Santo, ha ofrecido a todos la gracia de la reconciliación. Las consecuencias se manifestarán a través de la justicia y la paz, indispensables para construir un mundo mejor.

    En realidad, en el contexto sociopolítico y económico actual del continente africano, ¿qué puede haber más dramático que las luchas, frecuentemente sangrientas, entre grupos étnicos o pueblos hermanos? Y, puesto que el Sínodo de 1994 insistió en la Iglesia-Familia de Dios, ¿cuál puede ser la aportación del de este año para la construcción de África, sedienta de reconciliación y en busca de justicia y paz? Las guerras locales o regionales, las masacres y los genocidios que tienen lugar en el Continente han de interpelarnos de manera muy especial: si es verdad que en Jesucristo formamos parte de la misma familia y compartimos la misma vida, puesto que por nuestras venas circula la misma Sangre de Cristo, que nos convierte en hijos de Dios, miembros de la Familia de Dios, no deberían existir más odios, injusticias y guerras entre hermanos.

    Al constatar el aumento de la violencia y el auge del egoísmo en África, el Cardenal Bernardin Gantin, de venerada memoria, proponía en 1988 una teología de la Fraternidad, como respuesta al clamor apremiante de los pobres y de los más pequeños (L’Osservatore Romano, ed. francesa, 12 abril 1988, pp. 4-5). Quizá pensaba en lo que escribió el africano Lactancio a comienzos del siglo IV: «El primer deber de la justicia es reconocer al hombre como hermano. En efecto, si el mismo Dios nos ha hecho y nos ha engendrado a todos de la misma condición, con vistas a la justicia y a la vida eterna, estamos unidos ciertamente por vínculos de fraternidad: quien no los reconozca es injusto» (Epitome, 54,4-5). La Iglesia-Familia de Dios que vive en África, ha hecho una opción preferencial por los pobres desde la Primera Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos. Manifiesta así que la situación de deshumanización y de opresión que aflige a los pueblos africanos no es irreversible; por el contrario, pone a cada uno ante a un desafío, el de la conversión, la santidad y la integridad.

    El Hijo, por el que Dios nos habla, es Él mismo Palabra encarnada. Esto ha sido objeto de las reflexiones de la reciente XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Hecha carne, esta Palabra está al origen de lo que somos y hacemos; es el fundamento de toda vida. Así pues, se han de valorar las tradiciones africanas a partir de esa Palabra, corrigiendo y perfeccionando su concepto de la vida, del hombre y de la familia. Jesucristo, Palabra de vida, es fuente y plenitud de todas nuestras vidas, porque el Señor Jesús es el único mediador y redentor.

    Es urgente que las comunidades cristianas sean, cada vez más, lugares de escucha profunda de la Palabra de Dios y de lectura meditativa de la Sagrada Escritura. Por medio de esa lectura meditativa y comunitaria en la Iglesia, el cristiano encuentra a Cristo resucitado que le habla y le devuelve la esperanza en la plenitud de vida que Él da al mundo.

    Por lo que se refiere a la Eucaristía, ésta hace realmente presente en la historia al Señor. Por su Cuerpo y su Sangre, Cristo entero se hace sustancialmente presente en nuestras vidas. Está con nosotros todos los días hasta el fin de los tiempos (cf. Mt 28,20) y nos envía de nuevo a las realidades cotidianas, para que podamos llenarlas con su presencia. En la Eucaristía se manifiesta claramente que la vida es una relación de comunión con Dios, con nuestros hermanos y nuestras hermanas, y con toda la creación. La Eucaristía es fuente de unidad reconciliada en la paz.

    La Palabra y el Pan de vida ofrecen luz y alimento, como antídoto y viático en la fidelidad al Maestro y Pastor de nuestras almas, para que la Iglesia en África cumpla el servicio de reconciliación, de justicia y de paz, según el programa de vida dado por el Señor mismo: «Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5,13.14). Para serlo de verdad, los fieles han de convertirse y seguir a Jesucristo, ser sus discípulos, para ser testigos de su poder salvador. Durante su vida terrena, Jesús era «poderoso en obras y palabras» (Lc 24,19). Por su resurrección, ha sometido a principados y potestades (cf. Col 2,15), a todo poder del mal, para liberar a los que han sido bautizados en su nombre. «Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado» (Ga 5,1). La vocación cristiana consiste en dejarse liberar por Jesucristo. Él ha vencido el pecado y la muerte y ofrece a todos la plenitud de la vida. En el Señor Jesús, ya no hay judíos ni gentiles, ni hombres y mujeres (cf. Ga 3,28). En su carne, ha reconciliado a todos los pueblos. Con la fuerza del Espíritu Santo, dirijo a todos este llamamiento: «Dejaos reconciliar» (2 Co 5,20). Ninguna diferencia étnica o cultural, de raza, sexo o religión, ha de ser para vosotros motivo de enfrentamiento. Todos sois hijos del único Dios, nuestro Padre, que está en los cielos. Con esta convicción será posible construir una África más justa y pacífica, a la altura de las esperanzas legítimas de todos sus hijos.


    BENEDICTO XVI
    ENCUENTRO CON EL CONSEJO ESPECIAL DEL SÍNODO PARA ÁFRICA
    19 de marzo de 2009


    © Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana



    Ver más en:

  • BENEDICTO XVI - HOMILÍA PARA LA APERTURA DE LA II ASAMBLEA ESPECIAL PARA ÁFRICA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS - 4 de octubre de 2009


  • COMENTARIO PASTORAL

    El Segundo Sínodo de Obispos para Africa se tuvo en Roma en Octubre 2009, quince años después del primero de 1994. Se planteaba la pregunta si no era demasiado pronto para convocar un segundo Sínodo. Entre las razones a favor se mencionó los conflictos armados que han ensangrentado una gran parte de Africa, antes y después del 2000. De Norte a Sur, de Este a Oeste, los conflictos armados, el sincretismo religioso, la inestabilidad política… caracterizan el fin del segundo milenio y el comienzo del tercero en Africa. La falta de paz generalizada ha mostrado que se está aún lejos de vivir como hijos reconciliados. La justicia está muy lejos de ser una realidad. Un Segundo Sínodo se consideró por lo tanto necesario.

    Los padres sinodales produjeron 57 proposiciones a partir de las cuales el Santo Padre publicará la exhortación apostólica. No han dejado de afirmar la necesidad de apurar la reconciliación entre los pueblos cuyos corazones están heridos y desgarrados. Su sanación no es sólo una necesidad sino también una urgencia. En su predicación, la Iglesia en Africa debe insistir en primer lugar en el amor al prójimo. Se ve una contradicción, cuando hermanos de un mismo país, raza e incluso aldea toman las armas para matarse, yendo contra el principio de la solidaridad africana y el de la caridad cristiana. También hay que reconocer que algunos conflictos en Africa son teledirigidos desde fuera. Las armas se fabrican y venden en el Occidente, donde hay quienes sacan provecho y fomentan los conflictos en Africa. Los padres sinodales pidieron a las Iglesias hermanas de Occidente mover sus influencias para obtener el apoyo de todos para alcanzar la verdadera paz en Africa.

    Una acción pastoral importante a realizar, como lo sugieren los Obispos, es la instauración de un día anual de reconciliación. Una tal iniciativa puede contribuir a una mayor toma de conciencia de la necesidad de reconciliación entre las personas y los pueblos. El sacramento de la reconciliación es el lugar privilegiado de la reconciliación consigo mismo, con los demás y con Dios. En efecto, prepara directamente a comulgar en el cuerpo y la sangre de Cristo. Hay un llamado a redescubrir el poder liberador de este sacramento, que es también un sacramento de sanación. Sus frutos se recogen tras una experiencia personal. Quienes se acercan a la mesa del Señor aceptan ipso facto vivir como hermanos reconciliados. ¿Cómo comulgar con el cuerpo de Cristo manteniendo rencores hacia los hermanos? La participación en este sacramento abre necesariamente al otro y compromete a luchar por la justicia, por un mundo mejor. Que la fe y la comunión con Cristo puedan ayudar a la Iglesia en Africa a apurar la verdadera justicia y reconciliación. Ella podrá ser así cada vez más el « pulmón espiritual » de la Iglesia universal.


    Padre Rigobert Kyungu, S.J.
    Secretario Nacional del Apostolado de la Oración en la RD del Congo,
    Coordinador del Apostolado de la Oración y del Movimiento Eucarístico Juvenil en Africa





    INTENCION GENERAL - DICIEMBRE


    La paz entre los pueblos

    Para que todos los pueblos de la tierra crezcan en la concordia y la paz por medio del conocimiento y el respeto mutuos.



    […]

    Pensando precisamente en los niños, especialmente en los que tienen su futuro comprometido por la explotación y la maldad de adultos sin escrúpulos, he querido que, con ocasión del Día Mundial de la Paz, la atención de todos se centre en el tema: La persona humana, corazón de la paz. En efecto, estoy convencido de que respetando a la persona se promueve la paz, y que construyendo la paz se ponen las bases para un auténtico humanismo integral. Así es como se prepara un futuro sereno para las nuevas generaciones.


    La persona humana y la paz: don y tarea

    2. La Sagrada Escritura dice: «Dios creó el hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó» (Gn 1,27). Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien, capaz de conocerse, de poseerse, de entregarse libremente y de entrar en comunión con otras personas. Al mismo tiempo, por la gracia, está llamado a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y amor que nadie más puede dar en su lugar.[1] En esta perspectiva admirable, se comprende la tarea que se ha confiado al ser humano de madurar en su capacidad de amor y de hacer progresar el mundo, renovándolo en la justicia y en la paz. San Agustín enseña con una elocuente síntesis: « Dios, que nos ha creado sin nosotros, no ha querido salvarnos sin nosotros ».[2] Por tanto, es preciso que todos los seres humanos cultiven la conciencia de los dos aspectos, del don y de la tarea.

    3. También la paz es al mismo tiempo un don y una tarea. Si bien es verdad que la paz entre los individuos y los pueblos, la capacidad de vivir unos con otros, estableciendo relaciones de justicia y solidaridad, supone un compromiso permanente, también es verdad, y lo es más aún, que la paz es un don de Dios. En efecto, la paz es una característica del obrar divino, que se manifiesta tanto en la creación de un universo ordenado y armonioso como en la redención de la humanidad, que necesita ser rescatada del desorden del pecado. Creación y Redención muestran, pues, la clave de lectura que introduce a la comprensión del sentido de nuestra existencia sobre la tierra. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, dirigiéndose a la Asamblea General de las Naciones Unidas el 5 de octubre de 1995, dijo que nosotros «no vivimos en un mundo irracional o sin sentido [...], hay una lógica moral que ilumina la existencia humana y hace posible el diálogo entre los hombres y entre los pueblos ».[3] La “gramática” trascendente, es decir, el conjunto de reglas de actuación individual y de relación entre las personas en justicia y solidaridad, está inscrita en las conciencias, en las que se refleja el sabio proyecto de Dios. Como he querido reafirmar recientemente, «creemos que en el origen está el Verbo eterno, la Razón y no la Irracionalidad».[4] Por tanto, la paz es también una tarea que a cada uno exige una respuesta personal coherente con el plan divino. El criterio en el que debe inspirarse dicha respuesta no puede ser otro que el respeto de la “gramática” escrita en el corazón del hombre por su divino Creador.

    En esta perspectiva, las normas del derecho natural no han de considerarse como directrices que se imponen desde fuera, como si coartaran la libertad del hombre. Por el contrario, deben ser acogidas como una llamada a llevar a cabo fielmente el proyecto divino universal inscrito en la naturaleza del ser humano. Guiados por estas normas, los pueblos —en sus respectivas culturas— pueden acercarse así al misterio más grande, que es el misterio de Dios. Por tanto, el reconocimiento y el respeto de la ley natural son también hoy la gran base para el diálogo entre los creyentes de las diversas religiones, así como entre los creyentes e incluso los no creyentes. Éste es un gran punto de encuentro y, por tanto, un presupuesto fundamental para una paz auténtica.


    El derecho a la vida y a la libertad religiosa

    4. El deber de respetar la dignidad de cada ser humano, en el cual se refleja la imagen del Creador, comporta como consecuencia que no se puede disponer libremente de la persona. Quien tiene mayor poder político, tecnológico o económico, no puede aprovecharlo para violar los derechos de los otros menos afortunados. En efecto, la paz se basa en el respeto de todos. Consciente de ello, la Iglesia se hace pregonera de los derechos fundamentales de cada persona. En particular, reivindica el respeto de la vida y la libertad religiosa de todos. El respeto del derecho a la vida en todas sus fases establece un punto firme de importancia decisiva: la vida es un don que el sujeto no tiene a su entera disposición. Igualmente, la afirmación del derecho a la libertad religiosa pone de manifiesto la relación del ser humano con un Principio trascendente, que lo sustrae a la arbitrariedad del hombre mismo. El derecho a la vida y a la libre expresión de la propia fe en Dios no están sometidos al poder del hombre. La paz necesita que se establezca un límite claro entre lo que es y no es disponible: así se evitarán intromisiones inaceptables en ese patrimonio de valores que es propio del hombre como tal.

    5. Por lo que se refiere al derecho a la vida, es preciso denunciar el estrago que se hace de ella en nuestra sociedad: además de las víctimas de los conflictos armados, del terrorismo y de diversas formas de violencia, hay muertes silenciosas provocadas por el hambre, el aborto, la experimentación sobre los embriones y la eutanasia. ¿Cómo no ver en todo esto un atentado a la paz? El aborto y la experimentación sobre los embriones son una negación directa de la actitud de acogida del otro, indispensable para establecer relaciones de paz duraderas. Respecto a la libre expresión de la propia fe, hay un síntoma preocupante de falta de paz en el mundo, que se manifiesta en las dificultades que tanto los cristianos como los seguidores de otras religiones encuentran a menudo para profesar pública y libremente sus propias convicciones religiosas.

    Hablando en particular de los cristianos, debo notar con dolor que a veces no sólo se ven impedidos, sino que en algunos Estados son incluso perseguidos, y recientemente se han debido constatar también trágicos episodios de feroz violencia. Hay regímenes que imponen a todos una única religión, mientras que otros regímenes indiferentes alimentan no tanto una persecución violenta, sino un escarnio cultural sistemático respecto a las creencias religiosas. En todo caso, no se respeta un derecho humano fundamental, con graves repercusiones para la convivencia pacífica. Esto promueve necesariamente una mentalidad y una cultura negativa para la paz.


    La igualdad de naturaleza de todas las personas

    6. En el origen de frecuentes tensiones que amenazan la paz se encuentran seguramente muchas desigualdades injustas que, trágicamente, hay todavía en el mundo. Entre ellas son particularmente insidiosas, por un lado, las desigualdades en el acceso a bienes esenciales como la comida, el agua, la casa o la salud; por otro, las persistentes desigualdades entre hombre y mujer en el ejercicio de los derechos humanos fundamentales.

    Un elemento de importancia primordial para la construcción de la paz es el reconocimiento de la igualdad esencial entre las personas humanas, que nace de su misma dignidad trascendente. En este sentido, la igualdad es, pues, un bien de todos, inscrito en esa “gramática” natural que se desprende del proyecto divino de la creación; un bien que no se puede desatender ni despreciar sin provocar graves consecuencias que ponen en peligro la paz. Las gravísimas carencias que sufren muchas poblaciones, especialmente del Continente africano, están en el origen de reivindicaciones violentas y son por tanto una tremenda herida infligida a la paz.

    7. La insuficiente consideración de la condición femenina provoca también factores de inestabilidad en el orden social. Pienso en la explotación de mujeres tratadas como objetos y en tantas formas de falta de respeto a su dignidad; pienso igualmente —en un contexto diverso— en las concepciones antropológicas persistentes en algunas culturas, que todavía asignan a la mujer un papel de gran sumisión al arbitrio del hombre, con consecuencias ofensivas a su dignidad de persona y al ejercicio de las libertades fundamentales mismas. No se puede caer en la ilusión de que la paz está asegurada mientras no se superen también estas formas de discriminación, que laceran la dignidad personal inscrita por el Creador en cada ser humano.[5]



    BENEDICTO XVI
    XL JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
    8 de diciembre de 2006


    © Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana



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  • BENEDICTO XVI - XL JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ - 8 de diciembre de 2006




  • COMENTARIO PASTORAL

    El Santo Padre nos pide este mes orar por la concordia y la paz entre los pueblos de la tierra. Nos propone dos medios para alcanzarlo: el conocimiento y el respeto mutuos. Esto sentará las bases para una verdadera reconciliación personal, nacional e internacional. Por eso, compartimos con ustedes una reflexión del padre Elías Lopez, sj, experto en el tema, que trabaja actualmente en Roma en el equipo central del Servicio Jesuita para Refugiados.

    No hay relación de amor o concordia (que significa literalmente "con-corazón”) sin conocimiento y respeto mutuo. No se ama verdaderamente lo que no se conoce verdaderamente. No se conoce verdaderamente lo que no se respeta en la igualdad y en la diferencia de un modo que de vida a todos. La reconciliación es necesaria cuando esta relación mutua de conocimiento profundo y de respeto discernido es rota. La reconciliación es una de las tareas que se presenta siempre como desafío en el corazón de cada cristiano, cada familia y grupo social, entre pueblos y naciones.

    Todos recibimos una vocación de brazos grandes y fuertes para abrazar el mundo roto y "re-con-ciliarlo." El significado de esta palabra es "llamar a que vuelvan juntos" aquellos que están divididos por la violencia e injusticia. Juan Pablo II expresa de forma clara cómo entendemos los cristianos el camino de la reconciliación en la construcción de la paz; él dice: "no hay paz sin justicia, ni justicia sin perdón”. El proceso de la reconciliación, que en ocasiones envuelve varias generaciones, implica sanar las relaciones discriminativas e injustas que violan los derechos humanos y la dignidad de hijos de Dios que nos hace a todos iguales, criaturas de Dios con valor absoluto.

    Esta reconciliación sanadora de las relaciones se funda en el amor radical de Jesús que dijo sobre la cruz: Padre perdónalos porque no saben lo que hacen. Para sanar radicalmente el mal hay que "excesivamente-dar" (esto es lo que significa "per-don") que es el amor en extremo que Jesús mostró la cruz. Por eso Benedicto XVI dice que el mal radical se vence con el perdón, como Dios lo hizo en Jesús sobre el mal radical de la cruz que representa tantas cruces que hoy siguen matando a la humanidad: la discriminación étnica, ecológica, religiosa, las guerras y la degradación del medio ambiente.

    La oración es ponerse en contacto directo con la fuente de amor divino que es capaz de perdonar lo imperdonable... y así sanar toda herida de división e injusticia. En el amor insondable de Dios, misteriosamente, toda reconciliación es posible. Esa es nuestra fe y esperanza, esa es nuestra alegría. No es el odio el que tiene la última palabra sino el Amor y la Paz.


    Elías López, S.J.



    PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
    O EN GRUPO

  • ¿Qué hacemos o qué podemos hacer por favorecer la paz y la reconciliación en nuestra familia? ¿y en la sociedad en que vivimos?
  • Comentemos la frase de Juan Pablo II: "no hay paz sin justicia, ni justicia sin perdón”. Apliquémosla a nuestra familia, a nuestro barrio, a nuestro país.
  • Comprometámonos a algún gesto concreto, personal o comunitario, que sea signo y contribución concreta a la paz en algún ámbito en que esta sea necesaria.




  • TEXTOS BIBLICOS PARA LA CELEBRACION

  • Sal 85,10-13 la justicia y la paz se besarán
  • Ef 2,14-22 Cristo es nuestra paz
  • Mt 5,9 los que trabajan por la paz



  • INTENCION MISIONERA - DICIEMBRE

    Para que los niños y jóvenes sean mensajeros del Evangelio y para que su dignidad sea siempre respetada y preservada de toda violencia y explotación.


    El MEJ en Polonia

    La imagen del Niño Jesús lleva inmediatamente a pensar en el misterio de la Encarnación, en el Dios omnipotente que se hizo hombre y vivió treinta años en la humilde familia de Nazaret, confiado por la Providencia a la solícita custodia de María y de José. El pensamiento se dirige a vuestras familias y a todas las familias del mundo, a sus alegrías y a sus dificultades. A la reflexión unimos la oración, invocando del Niño Jesús el don de la unidad y de la concordia para todas las familias. Pensamos especialmente en las familias jóvenes, que deben esforzarse tanto para dar a sus hijos seguridad y un futuro digno. Oramos por las familias en dificultad, probadas por la enfermedad y el dolor, por las que están en crisis, desunidas o desgarradas por la discordia y la infidelidad. A todas las encomendamos al Santo Niño de Praga, sabiendo cuán importante es su estabilidad y su concordia para el verdadero progreso de la sociedad y para el futuro de la humanidad.

    La imagen del Niño Jesús, con la ternura de su infancia, nos permite además percibir la cercanía de Dios y su amor. Comprendemos lo preciosos que somos a sus ojos porque, precisamente gracias a él, nos hemos convertido a nuestra vez en hijos de Dios. Todo ser humano es hijo de Dios y por lo tanto hermano nuestro y, como tal, debe ser acogido y respetado. Que nuestra sociedad comprenda esta realidad. Entonces cada persona sería valorada no por lo que tiene, sino por lo que es, pues en el rostro de cada ser humano, sin distinción de raza ni de cultura, brilla la imagen de Dios.

    Esto vale sobre todo para los niños. En el Santo Niño de Praga contemplamos la belleza de la infancia y la predilección que Jesucristo siempre manifestó hacia los pequeños, como leemos en el Evangelio (cf. Mc 10, 13-16). ¡Cuántos niños, en cambio, no son amados ni acogidos ni respetados! ¡Cuántos son víctimas de la violencia y de toda forma de explotación por parte de personas sin escrúpulos! Que se reserve a los menores el respeto y la atención que se les debe: los niños son el futuro y la esperanza de la humanidad.

    Deseo ahora dirigiros unas palabras en particular a vosotros, queridos niños, y a vuestras familias. Habéis venido en gran número a encontraros conmigo y os lo agradezco de corazón. Vosotros, que sois los predilectos del corazón del Niño Jesús, corresponded a su amor y, siguiendo su ejemplo, sed obedientes, amables y caritativos. Aprended a ser, como él, el consuelo de vuestros padres. Sed verdaderos amigos de Jesús y recurrid a él siempre con confianza. Rezadle por vosotros mismos, por vuestros padres, familiares, maestros y amigos, y rezadle también por mí. Gracias de nuevo por vuestra acogida y de corazón os bendigo, mientras invoco sobre todos la protección del Santo Niño Jesús, de su Madre Inmaculada y de san José.


    BENEDICTO XVI
    VISITA AL "NIÑO JESÚS DE PRAGA"
    26 de septiembre de 2009


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  • BENEDICTO XVI - VISITA AL "NIÑO JESÚS DE PRAGA" - 26 de septiembre de 2009


  • COMENTARIO PASTORAL

    Cuando el Santo Padre nos pide orar “Para que los niños y jóvenes sean mensajeros del Evangelio y para que su dignidad sea siempre respetada y preservada de toda violencia y explotación”, damos la palabra a los mismos jóvenes. Compartimos con ustedes dos tipos de testimonios de jóvenes, unos víctimas de la violencia y el abuso, que ilustra lo que ocurre cuando no se cumple lo que nos pide el Papa, y luego testimonios de jóvenes que han aprendido a ser “mensajeros del Evangelio”.


    Testimonios de niños acogidos en Caritas Congo en conjunto con Caritas Italiana


    GUARDIA DE SATANAS

    Iba con mi madre y mis hermanas por el camino que lleva al pozo, para sacar agua y comprar arroz. De pronto, los Mai-Mai saltaron fuera de la selva y nos gritaron que nos tendiéramos en tierra sin respirar. Con sus fusiles, jugaron con los cabellos de mi hermana más chica, gritándole que dejara de sollozar... poco después le dispararon decenas de balas en todo el cuerpo. Mamá les imploraba que nos dejaran… también la mataron con un golpe al corazón. Me llevaron presa como cocinera y esclava sexual. Por meses me obligaron a estar con cinco o seis hombres por día, a veces todos juntos. De noche me ponían a hacerle guardia a Satanás y a sus colaboradores, porque decían que era su Rey de las tinieblas y que nadie debía derrocarlo. Huí y encontré refugio en esta escuela. Encontraron a mi abuela y ahora vivo con ella. Nunca más supe de mi padre y hermanos.

    MULASI


    DOLORES AL PANCREAS, CAÑONES EN LAS OREJAS

    Me raptaron con dos amigos. Los enrolaron como espías y ladrones, yo como soldado porque era más robusto. Ahora sufro de dolores al páncreas y al tórax y aún siento el ruido de cañones en las orejas, porque me obligaban a llevar encima todo el día armas pesadísimas que lanzaban proyectiles ruidosos como bombas… Me mandaban salir a disparar sobre todo y a todos, sin mayor razón… Para conseguir comida y cosas, y destruir casas y personas”.

    YULU


    A VECES CINCO, A VECES CIEN

    Temo haber contraído enfermedades sexuales porque siempre me duele el vientre. Doce Mai-Mai me violaron. Creí morir. Me golpearon tan fuerte en el suelo que perdí en parte el oído. Me usaron como cocinera y cantora. Desde entonces cada noche tengo pesadillas, mi siento una nulidad. Recuerdo aún su peso, como cicatrices indelebles, y a veces quisiera arrancarme la piel. He crecido y aún querría que alguien me contase cuentos para poder dormir. Soy grande, pero a veces creo tener cinco años, a veces cien. Amo tanto la vida y la gente, no se puede entender cuánto… Quisiera lograr tener las sensaciones normales que tienen los demás, cerrar el tormento incansable de mis recuerdos, para comenzar a tener sueños serenos… como ellos.

    NGELIMA


    * Extractos de historias recogidas por Paola Briganti durante las sesiones formativas sobre la “Comunicación en el proceso de des-traumatización”, 25 al 31Julio 2008 en las escuelas de Kindu, Katako, Basoko, Mabala e Mangobo (región del Maniema, Republica Democrática del Congo) a cargo de asistentes psico-sociales y durante el encuentro con niños ex soldados y niñas ex esclavas sexuales



    Testimonio de una niña raptada en Uganda, forzada a ser niña-soldado


    Hablo para la World Vision, una organización cristiana de socorro y desarrollo que da ayuda en terreno a niños y familias necesitados, sin discriminación. […] Desde 1986, un grupo rebelde llamado the Lord’s Resistance Army, or "LRA", guiado por Joseph Kony, ha hecho la guerra contra el gobierno de Uganda de entonces, y contra nosotros, los niños del Norte de Uganda. Kony ha raptado a más de 30,000 niños, forzándolos a servir como soldados y concubinas en sus filas. Yo fui una de ellos. Por la gracia de Dios, hoy estoy libre y con ustedes.


    Mi historia

    En Octubre de 1996, el LRA atacó al St. Mary’s College, un internado femenino en Aboke Town, Distrito de Apac, norte de Uganda. Raptaron 139 niñas -incluida yo misma, que tenía 15 años. Una de la monjas del Colegio, Sister Rachelle Fassera, siguió a los rebeldes in la espesura, suplicando nuestra liberación. Soltaron a 109 de mis compañeras, pero a mí no me dejaron ir, con otras 29.

    Me forzaron a marchar al sur de Sudán. Caminamos por cuatro días con sus noches. En el sur, el LRA tenía bases dirigidas y protegidas por fuerzas aliadas con el Gobierno Sudanés en Khartoum. Las cautivas fuimos entrenadas para armar y desarmar, limpiar y usar Ias armas. Nos usaron como mano de obra esclava por el LRA y el ejército Sudanés. Nos entregaron a los comandantes del LRA como "esposas."

    Por siete meses, fui cautiva del LRA, siempre buscando la oportunidad de escapar. Le pedía constantemente a Dios que me dejara volver a mi familia antes de morir. Quería desesperadamente terminar mi educación, pero se veía difícil. A otros dos niños que trataron de escapar, vi como los mataron brutalmente, como advertencia. Una noche, nos obligaron a asaltar una aldea, me ordenaron robar comida y agua. Me desmayé de sed. Desperté horas después, enterrada viva en una tumba poco profunda. Soldados de Uganda, con la facción SPLA (Sudan People’s Liberation Army) habían atacado la base del LRA, dándome la oportunidad de escape. Caminé tres días, comiendo tierra y hojas, hasta que encontré un grupo de niños que también habían escapado. Convencí a ocho que se me unieran y logramos encontrar un grupo de aldeanos que nos cuidó y ayudó a contactar al ejército para volver a casa.

    Escapé viva del LRA, pero cinco de mis compañeras murieron cautivas. Las demás escaparon a lo largo de diez años, algunas infectadas con SIDA; muchas con hijos de los comandantes que las violaban. Dos de ellas aún siguen cautivas del LRA. Agradezco a Dios que me dejó volver a ver a mi familia y continuar mi educación. Volví a St. Mary’s, y luego comencé a estudiar en la Uganda Christian University, en el Sur, cerca de la capital de Uganda, Kampala. Luego partí al Gordon College en Boston, donde estoy sacando mi Licencia en Comunicaciones. Cuando termine quiero trabajar por un año y luego continuar con un postgrado de Relaciones Internacionales y Resolución de Conflictos. Quiero formar parte de la gente que lucha noche y día por traer la paz al mundo.

    Desgraciadamente, mi historia no es infrecuente, al contrario, ha llegado a ser tan común que ser secuestrado es un temor que define las vidas de los niños de las áreas afectadas por guerras. Como nadie los protege en el norte de Uganda, han creado sus propios medios. Miles caminan cada tarde diez millas hasta ciudades donde estar a salvo del LRA. Duermen en las calles y en improvisados campamentos. Se les conoce como "trasladados nocturnos - night commuters." Han disminuido los ataques del LRA recientemente, y también el de los night commuters. Pero tal como me raptaron a mí en medio de la noche, usualmente secuestran niños amparados en la oscuridad. Los niños de Uganda del Norte temen dormir en sus propias camas…

    Ver más: http://www.worldvision.org/content.nsf/learn/globalissues-uganda-grace



    Testimonio de Claire Boche, 16 años, miembro del MEJ Francia, Mayo, 2010


    Claire

    Si hoy quiero escribirte este mensaje es para hacerte compartir el inmenso gozo, la gran felicidad que me llena. ¡Felicidad en lo cotidiano, en una multitud de cosas, en las pequeñas atenciones, en las sonrisas, en el centro de encuentros formidables, sí, felicidad en todas las cosas! Y esto es, y lo es realmente el estallido de la luz de Cristo que cambió mi vida y mi mirada sobre la vida.

    Porque, claro, soy consciente de que las cosas no han cambiado, mi Liceo es el mismo que en todos los años, mis camaradas son sin duda muy parecidos a ellos mismos y la rutina (metro, etc.) es idéntica; ¡es mi mirada sobre todas las cosas la que cambió! La mirada sobre cada persona, y la forma en que abordo cada día!

    Es una loca aventura la que nos toca vivir, que se nos ha dado vivir. Una aventura que finalmente me lleva más lejos de lo que habría creído... Esta pequeña Luz de Dios que llena cada día, está ahí en el corazón de la vida que despierta ¡Estaba ahí desde siempre, lo sabía, pero ella recibía sólo mi indiferencia, mi desatención! Ahora sé que está ahí, esa pequeña Luz, esta presencia de Dios en todas las cosas, y eso me cambia la vida. Al comienzo no es evidente, hasta parece imposible, no hay un clic y de golpe ¡TATAM!, todo parece más bello…no, esto vino progresivamente como lo has podido ver en los mails que te envié. Poco a poco, acogí e hice mía esta pequeña Luz, este Amor desbordante, este nuevo estallido que no era para mí "habitual"; esta belleza que ilumina el corazón y el espíritu. Pues Dios no se nos impone y claro, El llegó progresivamente, sin ruido pero ¡con fuerza e impacto!

    Antes Dios y mi vida eran dos cosas, ahora sé que ¡la ruta de cada día está al lado Suyo! […] Después de algunas semanas aprendí a decirle gracias a Dios...Sí, gracias. No es obvio darle gracias, cuando se tiene la impresión que todo resbala, es tanto más simple llegar con tu pliego de peticiones...pero finalmente me di cuenta que cada día hay una infinidad de cosas por las cuales podemos agradecer a Dios...

    Descubro pues, con la oración, con otra mirada sobre el mundo, con el equipo del MEJ que acompaño... descubro ... y abro los ojos maravillados sobre un mundo que resulta no ser tan gris como yo creía... nada está asegurado, y nada será nunca descubierto de una vez para siempre, pero he ahí que ahora avanzo con una sonrisa, ¡con confianza! Mi sonrisa ya no me deja casi nunca y siento en mí que Dios ya no es un como un fardo (vergüenza de confesarme católica, la misa como una imposición...) sino como una columna, un trampolín en el que me apoyo una y otra vez y que me impulsa, más lejos en el camino de la vida, ¡Su camino! La felicidad, pues, está ahí, ¡en nuestros corazones! ¡mientras más llevo esta Pequeña Luz más allá de mi corazón, más allá de la indiferencia, ¡más feliz soy! Como que ¡dar enriquece!



    Testimonio de los jóvenes - Campamento Misionero- MEJ 2009


    MEJ Líbano

    « Yo crecí en confianza y responsabilidad… Puedo hablar sin temor del Evangelio y de Cristo. Soy en verdad un discípulo de Cristo y quiero continuar la misión en mi vida personal con el medio que me rodea.»

    Georges Adem - 16 años


    « Entendí la importancia de la vida, de los padres y amigos... Ya no me importan tanto las cosas »

    Jhon-Jacques Charo - 16 años




    «Me di cuenta de la suerte que tengo de ser una cristiana del Líbano...Traigo conmigo la felicidad de haber sembrado el gozo en los niñitos! »

    Karen Abou Assi – 16 años


    « Descubrí cuantas personas hay profundamente heridas pero que conservan la fe! Cuanta gente que necesita de nuestras oraciones... Comprendí que Dios es lo que más cuenta en la vida... ¡Está presente en cada instante de mi vida! Tenemos que poner toda nuestra confianza en El y confiarle nuestra vida... ».

    Grace Fakhry- 19 años


    « Soy una persona nueva. Traigo conmigo la satisfacción, la paz interior, la alegría a de servir, la amistad y los buenos recuerdos »

    Nour Nakhoul- 19 años




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