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Oración de entrega
Señor,
para servirte vengo,
para servirte estoy,
porque servirte quiero,
porque sirviendo estoy.
P. Javier Albisu S.J.
                                    
                                    
                                    
                                    
                                    
                                    
                                    
                                    
                                    
Ofrecimiento de la enfermedad

Te ofrezco,
Corazón amado de Jesús,
mi enfermedad.
Quisiera hacerlo siempre con alegría,
pero no es así;
cuado el mal recrudece, flaqueo.
Por eso vuelvo, una y mil veces,
mis ojos hacia Ti
para renovar mis fuerzas.
Te ofrezco cada mañana,
la esperanza renovada
de ese amor tuyo que me sana;
y por la noche, el dulce sueño
de reposar un día sobre tu Corazón.

P. Antonio Rota, S.J.
Toma mi corazón entre tus manos
Señor Jesús, Tú siempre quieres que esté cada vez más cerca de tu corazón herido. 
Quieres que de ese modo conozca la verdadera alegría y la verdadera paz. 
Gradualmente voy dándome cuenta de que en tu corazón no son contradictorios el ver y el no ver, 
el oír y el no oír, el tocar y el no tocar.
A Tomás, que escuchó tu voz, vio tus heridas y tocó tu costado herido, le dices: 
"Crees porque has visto, benditos los que creen sin haber visto.' Este, Amado Señor, 
es el misterio de tu amor. Yo no te he visto y, sin embargo, te veo realmente cada 
vez que veo los cuerpos heridos de mis compañeros, los seres humanos. 
No te he escuchado y, sin embargo, te escucho en verdad cada vez que escucho los llantos 
de dolor de los hombres, mujeres o niños. No te he tocado. pero te toco cada vez que toco 
a todos los que se me acercan desde su soledad.
En medio de todas las heridas y dolores humanos, veo, escucho y toco el corazón de la humanidad, 
de tu humanidad, de la humanidad de todas las personas abrazadas por tu amor.
Gracias, Jesús, por tu corazón. Gracias por mostrarme tu corazón. Gracias por dejar que vea 
cuando no veo; que escuche, cuando no escucho; que toque, cuando no toco. Gracias por permitir 
que crea cada día más; que tenga cada vez más confianza y que ame más.
Mi corazón es pequeño, desconfiado y muy tímido. Pero tú me dices: "Ven a mi corazón. 
Mi corazón es dulce y humilde, y, al igual que el tuyo, está muy herido. No tengas miedo. 
Ven y deja que tu corazón encuentre reposo en el mío, y confía en que todo saldrá bien."
Quiero ir y estar contigo, Jesús. Aquí estoy, Señor, toma mi corazón entre tus manos y 
deja que se trasforme en un corazón lleno de tu amor.
Henri Nouwen
Oración para ofrecer el servicio
Señor, Dios nuestro,
permíteme que sirva 
sin impertinencia.
Permíteme que ayude a otros sin humillarlos.
Haz que conozca la realidad de las cosas
y me preocupe de lo que nadie se preocupa.
Enséñame a esperar, a escuchar y a callar.
Hazme tan pequeño y tan pobre
que también los otros me puedan ayudar.
Envíame por este mundo
en busca de sinceridad y de amor,
en busca de tu nombre,
hoy y todos los días.
Amén.
P. Van Bremen, S.J.
Corazón de Jesús, déjame fundirme en ti
Déjame fundir mi historia en tu Corazón 
con toda su carga de debilidad, 
y entregar a tu misericordia lo que tu amor dejó atrás. 
Déjame fundir mis ojos en tu Corazón 
hasta mirar reconciliado mi propia realidad. 
Déjame fundir mis oídos en tu Corazón 
hasta escuchar lo que jamás imaginaron 
que podías y querías pronunciar: 
“Yo te perdono; quédate en paz”. 
Déjame fundir mi boca en tu Corazón 
hasta aprender en el silencio a decir: “abbá”. 
Déjame fundir mi rostro en tu Corazón, 
hasta encontrar hecho niño el asombro, 
con que un día me acercaba hasta tu altar. 
Y si ves que a las puertas de fundirme, 
mi miedo me detiene y te dice: “¡Basta ya!”, 
que tu mano en mi cabeza, me responda: 
“Tan sólo, déjate amar”.
P. Javier Albisu, S.J.
Acto de Consagración al Sagrado Corazón de Jesú
Rendido a estos tus pies, buen Jesús mío,
considerando las incontables 
muestras de amor que me has dado,
y las sublimes lecciones que me enseña 
como amigo, tu queridísimo Corazón,
te pido humildemente la gracia 
de conocerte, amarte y servirte
como fiel discípulo que contigo es puesto,
y quiere hacerse digno de las gracias y bendiciones
que generoso concedes a los que de verdad 
te conocen, aman y sirven.

Recuerda que soy muy pobre, buen Jesús mío,
y necesito de Ti, como el mendigo 
de la limosna que el rico le vaya a dar.
Recuerda que soy muy torpe, 
tu que eres mi Maestro
y necesito de tus sencillas enseñanzas
para darme luz y guía en mi ignorancia.
Recuerda que soy muy débil,
tu que eres poderoso refugio de los débiles,
y como caigo a cada paso, 
necesito apoyarme en Ti para no recaer.
Sélo  todo para mí, Sagrado Corazón:
socorro de mi miseria, luz de mis ojos, 
soporte de pasos, remedio de mis males,
auxilio en toda necesidad.

De ti lo espera todo mi pobre corazón.
Tú lo alentaste e invitaste,
cuando en diversos momentos dijiste 
repetidas veces en tu Evangelio:
“Vengan a Mí”, “aprendan de Mí”, 
“pidan”, “llamen”.
A las puertas de tu Corazón, vengo pues,
y llamo, y pido, y espero.
Del mío te hago, mi Señor,
firme, formal y decidida entrega.
Tómalo tú, y dame en cambio,
lo que sabes que me ha de hacer 
bueno en la tierra y dichoso en la eternidad.
Amén.
(Renovada por Javier Albisu, S.J.)
CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESUS
Sagrado Corazón de Jesús, ven a invadirme completamente,
a fin de que mis motivos sean Tus motivos, 
mis deseos Tus deseos, mis palabras Tus Palabras,
mis pensamientos Tus pensamientos.
Después, déjame cobijarme en lo más profundo de Tu Sagrado Corazón.
Aniquílame completamente. 
Yo... adoraré Tu Sagrado Corazón desde el fondo de mi corazón.
Prometo servir a Tu Sagrado Corazón con fuego en mi interior.
Te serviré con celo, con más fervor que antes.
Soy débil, pero sé que Tu Fuerza me sostendrá. 
No permitas que Te pierda de vista ni dejes que mi corazón se vuelva hacia otro lado.
Yo ... buscaré sólo Tu Sagrado Corazón y Te desearé únicamente a Ti.
Sagrado Corazón de Jesús, hazme detestar todo lo que es contrario a Tu Santidad y a Tu Voluntad.
Pásame por la criba una y otra vez, para asegurar que ningún rival permanezca dentro de mí.
A partir de hoy, estrecha los lazos de Amor con los que me prendiste
y haz que mi alma esté sedienta de Ti y mi corazón anhelante por Ti.
Sagrado Corazón de Jesús, nos esperes,
ven y consume todo mi ser en las Llamas de Tu ardiente Amor.
Que todo lo que yo haga, a partir de ahora,
sea únicamente por Tus intereses y para Tu Gloria, sin buscar nada para mí. 
Yo ... te consagro mi vida y, a partir de hoy, quiero ser el esclavo de Tu Amor;
la víctima de Tus ardientes deseos y de Tu Pasión,
un bien para Tu Iglesia, y el juguete de Tu Alma.
Haz que mis rasgos se asemejen a los de Tu crucifixión,
a través de la amargura que experimentaré ante la sordera de las almas y al verlas caer.
Da a mi alma su plenitud. 
Sagrado Corazón de Jesús, no me evites Tu Cruz, como el Padre no Te la evitó a Ti.
Detén mis ojos, mis pensamientos y mis deseos, para que sean cautivos de Tu Sagrado Corazón. 
Indigno soy y nada merezco, pero ayúdame a vivir mi acto de Consagración,
siéndote leal, invocando incansablemente Tu Santo Nombre. 
Haz que mi espíritu rechace todo lo que no seas Tú. 
Sagrado Corazón de Jesús, haz soportar a mi alma, más que nunca,
las señales de Tu Cuerpo por la conversión de las almas. 
Yo ... someto libremente mi voluntad a Tu Voluntad, ahora y por siempre. 
Amén.
G. Arias, S.J.
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